Abordaje del maltrato infantil
LA CORRECTA ATENCIÓN AL NIÑO CHOCA EN EL ÁMBITO SANITARIO CON SERIOS
OBSTÁCULOS DERIVADOS DE LA INEXISTENCIA DE UN CONJUNTO DE NORMAS LEGALES. LOS
PROFESIONALES SE ENCUENTRAN IMPORTANTES DIFICULTADES EN EL DIAGNÓSTICO Y CON UNA FALTA DE
VERDADEROS PROGRAMAS QUE PERMITAN CONOCER DOCUMENTALMENTE EL ALCANCE DEL PROBLEMA
Dr. José Ignacio Arana Amurrio, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad
Complutense de Madrid y coordinador del Programa de Atención al Maltrato Infantil en el
Hospital General Universitario "Gregorio Marañón" de Madrid
El primer problema que se plantea a la hora de
enfrentarse con los malos tratos infantiles es el de decidir y definir qué se debe
considerar como maltrato. En la mesa redonda que se celebró en Madrid durante el XVI
Congreso Español de Pediatría en 1985, se definió como "una serie de agresiones de
causa múltiple y expresión clínica asimismo múltiple, realizadas por individuos, por
instituciones o por la sociedad en su conjunto; lesiones no accidentales en las que se
incluye, asimismo, la falta de afecto y cuidado". Pocos años después, el 20 de
noviembre de 1989, se establece la Convención de los Derechos de los Niños de las
Naciones Unidas, aprobada por la Asamblea General de esta instancia internacional, y en
ella se da esta definición: "toda violencia, perjuicio o abuso físico o mental,
descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, mientras que el niño se
encuentre bajo la custodia de sus padres, de un tutor o de cualquiera otra persona o
institución que le tengan a su cargo". Y aún habría que añadir a la sociedad en
conjunto como potencial agente maltratador con lo que el concepto se amplifica hasta
extremos que hemos de ver cómo dificultan en la práctica el exacto diagnóstico y la
tipificación de cada caso concreto.
Desde el punto de vista estrictamente sanitario, el maltrato infantil era un concepto
desconocido hasta hace muy pocas décadas. Sólo a partir de 1946, el radiólogo Caffey
comenzó a describir casos de niños que presentaban múltiples lesiones óseas en
distintos grados de evolución y que no podían ser achacadas a alteraciones en la
estructura del hueso como hasta entonces se había pensado. Su discípulo Silverman
sugirió que la causa podía estar en reiterados traumatismos no accidentales por
negligencia o agresiones deliberadas. Pero fue Henry Kempe quien en 1962 acuñó el
término de "Síndrome del Niño Apaleado" para describir las lesiones que
presentaban niños que habían sufrido agresiones de tipo físico por parte de sus padres
o cuidadores. A partir de ese momento, se despertó la sensibilidad y la atención
de los pediatras y luego de la sociedad para diagnosticar cada vez más casos de este
tipo, incluyéndose poco a poco conceptos complementarios como la agresión sexual, la
negligencia, el maltrato emocional o el complejísimo Síndrome de Münchausen por
poderes, de los que luego me ocuparé con más detalle.
Pero si el término de "niño maltratado" es de acuñación reciente, su
presencia en la convivencia humana se remonta a sus orígenes, pues no es más que una
manifestación del comportamiento de los hombres y éste ha variado mucho menos que sus
características físicas a lo largo de la Historia de la Humanidad. Vamos a dar un muy
somero repaso a los acontecimientos históricos en los que el niño aparece como víctima.
En la Edad Antigua aparece el maltrato dado a los niños con caracteres de hecatombe,
señalándose en la Historia varias matanzas verdaderamente espeluznantes. El rey Nimrod
de Babilonia ordena el exterminio de 70.000 niños de corta edad, deseoso de eliminar a
uno a quien desconoce pero que, según le aseguran sus cortesanos, habrá de hacerle
perder el trono. Bien se ve la similitud de este caso con el de la matanza de los Santos
Inocentes decretada por Herodes: el mismo motivo, el mismo fruto de sangre. Este tema
reiterado del niño que puede
poner
en peligro el trono de un rey y que pretende ser eliminado por éste ha pasado, sin esos
tintes sangrientos, pero adornado con la belleza del mito, a la Literatura, compañera
inseparable de la Historia.
Los personajes de Edipo o el calderoniano Segismundo están en la mente de todos
nosotros. Algo distinto es el móvil que lleva al faraón a enviar a la muerte a los
primogénitos del pueblo de Israel, salvándose Moisés a través de las aguas del Nilo;
en este caso era el temor al crecimiento desmedido de un pueblo sometido. Pertenece
también a la Edad Antigua el sacrificio ritual del menor. El niño, en su inocencia y en
su indefensión, es la víctima propiciatoria elegida en numerosas ocasiones para la
ofrenda. Bástenos recordar la historia de Isaac llevando a cuestas el hatillo de leña
para la pira en que será sacrificado por su padre Abraham; o el terrible dios púnico
Baal a cuya boca de llamas se entregaban niños impúberes de ambos sexos. La América
precolombina y, sobre todo, el Méjico precortesiano conocieron, entre el continuo baño
de sangre de sus pirámides, el derramamiento de muchos niños. No olvidemos tampoco
aquella sociedad espartana de la Grecia clásica que llevará a los niños que nacen
débiles o con algún defecto que les vede su dedicación a la actividad bélica a lo alto
del monte Taigeto y, arrojándolos al vacío, quedará convencida de haber prestado un
gran servicio al procomún.
La Edad Media apenas nos transmite testimonios del trato dado a los niños durante sus
varias centurias; pero podemos deducirlo de lo que conocemos de su vida cotidiana. Son
tiempos de guerra y de precariedad económica y, por tanto, no muy propicios para una
infancia feliz. Son sociedades con muy escasos medios de subsistencia en los que el hijo
varón y sano es una bendición, pero el hijo enteco o la hija son una carga que no puede
asumir la comunidad. En estas circunstancias, el niño correría el riesgo de recibir la
mayor suerte de maltrato: el abandono. Una institución de la máxima preeminencia social,
la Iglesia, toma sobre sí, en muchos casos, la misión de cuidar de estas criaturas y
surgen por doquier los hospicios de regimiento eclesiástico.
La Edad Moderna, la que se origina con el Renacimiento, va a prestar mayor atención
que las anteriores a la infancia. Pero es tiempo de terribles contrastes, y junto a los
hermosos y bien cuidados niños que vemos en los cuadros de Rafael, contemplamos los
pilluelos que nos pinta Murillo o los protagonistas de nuestra Literatura picaresca:
muertos de hambre, maliciados desde la cuna, azacaneados por el malvivir cotidiano,
recibiendo palos y puñadas de todas partes como Lázaro o Don Pablos.
La Edad Contemporánea trajo consigo la revolución industrial y, al menos en sus
primeros tiempos y de forma especial en el siglo XIX, la necesidad apremiante de mano de
obra. Surge con ello una nueva forma de explotación del niño, que si hasta entonces se
había limitado a ciertos grupos familiares o sociales circunscritos, se extenderá a muy
amplios sectores humanos. El niño es requerido para trabajos muy por encima de sus
capacidades físicas y ello, además, con la contrapartida de un salario inferior al de un
trabajador adulto y el hacinamiento junto a éstos en núcleos de población sin calidad
alguna de vida. El trabajo de los niños, por cuanto les sustrae un tiempo y un esfuerzo
que habrían de ser empleados en su formación humana en los años críticos de la vida,
constituye una plaga de la infancia que, lejos de haber sido erradicada en nuestros días,
se la ve recrudecer por las especiales condiciones socioeconómicas de nuestra
sociedad.
Tras esta breve panorámica histórica del maltrato a los niños, con las
características más acusadas en cada época, queda por reseñar un aspecto que no
entiende de edades históricas, sino que planea por igual sobre todas ellas. Me estoy
refiriendo al maltrato de que es víctima un niño concreto no por su pertenencia a una
sociedad determinada, sino por las condiciones de su propia
biografía. El acrecentamiento de este tipo de sevicias va unido a las crisis de las
culturas. Si por cultura entendemos la forma de explicarse el hombre o una sociedad a sí
mismos su propia existencia, no puede caber duda de que cuando ésta es estable, cuando la
explicación es clara y coherente, se verá en el niño el proyecto de futuro de esa
existencia y se respetará en él, con mayor esmero, lo que respetamos en nosotros mismos.
Pero cuando el sentido existencial pierde nitidez, tanto en el hombre individual como en
una sociedad, el niño cae de esa hornacina y comienza a sufrir los desahogos de quienes,
mayores que él, con más angustia acumulada, le rodean. En ocasiones, se le acusará de
culpabilidad en los problemas que los mayores no saben o no pueden resolver; en otras,
simplemente se aprovechará su debilidad cuando la flaqueza cobarde del adulto no le deje
arrostrar a sus iguales. En todos los casos, si se escarba, siempre se encuentra el deseo
de eliminar al testigo de nuestro propio fracaso. Y no olvidemos que no hay testigo más
impresionante y acusador que los ojos de un niño.
Tipos de maltrato
1. Prenatales: son aquellas circunstancias de vida de la madre, siempre que exista
voluntariedad o negligencia, que influyan negativa y patológicamente en el embarazo y
repercutan en el feto. En este punto se incluyen los hábitos tóxicos de la madre
(alcohol, drogas) o el no prestar la adecuada atención médica al seguimiento del
embarazo. Y aquí quisiera hacer siquiera un brevísimo apunte de algo que no se encuadra
exactamente en la definición arriba citada pero que a mi juicio corresponde al máximo
grado de maltrato que es posible inferir a una criatura: hablo del aborto, de la negación
del elemental derecho a la vida por mala que ésta se piense que vaya a ser; no quiero
salirme de los límites "académicos" del concepto de malos tratos pero sería
morderme la lengua si no sacara a colación este tema.
2. Postnatales: corresponde a la mayoría de los casos descubiertos y podemos
dividirlos a su vez en los siguientes apartados:
- Maltrato por acción: es el más fácil de detectar desde el punto de vista clínico
y hasta por personas ajenas a la profesión médica y, por lo tanto, el que con más
asiduidad se diagnostica. Se define como cualquier intervención, no accidental, que
provoque daño físico o enfermedad en el niño o le coloquen en situación de grave
riesgo de padecerlo. Las formas de presentación pueden ser: lesiones cutáneas
(excoriaciones, equímosis, heridas, hematomas, escaldaduras, quemaduras muy
frecuentemente con la forma del objeto productor: cigarrillo, plancha, etc., mordeduras,
alopecia por arrancamiento), fracturas, zarandeo, asfixia mecá-nica, arrancamiento de
uñas o intoxicaciones.
- Maltrato por omisión o negligencia: consiste en dejar o abstenerse de atender las
necesidades vitales o sanitarias del niño o los deberes de guarda y protección. La forma
extrema de este tipo de maltrato es el abandono que llenaría todo un amplio capítulo de
la infancia maltratada en el que debería incluirse la historia de las inclusas,
hospicios, orfanatos, etc. Otra forma a incluir en este mismo apartado lo constituye el
retraso de crecimiento o de desarrollo estaturoponderal en ausencia de enfermedad
orgánica y como consecuencia de la falta de atención a las necesidades nutricionales,
afectivas y sociales, que todas juntas condicionan el correcto desarrollo físico
infantil.
- El abuso sexual: es una de las formas más frecuentes de maltrato infantil y, sin duda
alguna, el que más suele soliviantar a la opinión pública cuando tiene conocimiento de
su existencia. Además y, desgraciadamente, es también la que está protagonizando un
mayor auge en nuestra sociedad apoyándose incluso en los medios de
comunicación, desde los habituales hasta los más sofisticados
como el Internet, en donde cada día se descubren nuevas redes de proxenetismo que
utilizan a menores para su negocio.
-El maltrato emocional: aunque cualquier otra forma de maltrato tiene repercusión sobre
el área psico-emocional del niño, éste se reconoce como una entidad clínica en sí
misma y se define como toda acción, omisión o negligencia de carácter afectivo capaz de
originar cuadros psicológicos o psiquiátricos en el pequeño. Incluye actitudes como
rechazar, ignorar, aterrorizar, aislar o corromper al niño; también la privación de
cariño, estabilidad, seguridad, estimulación y autoestima. En el mismo apartado hay
quien incorpora el "abuso pedagógico" cuando se extreman las exigencias
académicas sin contar con sus posibilidades e impidiendo otras actividades tan
importantes en su formación como el juego o la relación con otros niños de su edad.
- Explotación laboral: antes hice mención a ella en el recuerdo histórico del maltrato
infantil. Se refiere al desempeño de cualquier trabajo que entorpezca su educación o sea
nocivo para su salud y su correcto desarrollo físico y emocional.
- Maltrato institucional: es el derivado de cualquier legislación, programa,
procedimiento, actuación u omisión de los poderes públicos que comporte abuso,
negligencia, detrimento de la salud, la seguridad, el estado emocional, el bienestar
físico, la correcta maduración o que viole los derechos básicos del niño.
- Síndrome de Münchausen por poderes: Aunque lo he dejado para el final podría y quizá
debiera incluirse entre las formas de maltrato físico. El término de Síndrome de
Münchausen - en alusión al célebre personaje novelesco de Gottfried A. Bürger - fue
creado por Asher en 1951 para describir a los adultos que ingresaban en los hospitales
refiriendo una sintomatología aguda que posteriormente se demostraba falsa, autoprovocada
o inventada por el propio paciente que de esa manera buscaba por lo general una
satisfacción a una demanda de atención. El Síndrome de Münchausen por poderes se
utiliza para definir el cuadro similar aparecido en niños pero cuando son los padres u
otro adulto los que provocan -de las formas más sofisticadas y hasta crueles- los
síntomas en el paciente infantil. Las manifestaciones físicas pueden ser muy complejas,
casi siempre se salen de cualquier entidad clínica reconocible y obligan a someter al
niño a numerosas pruebas complementarias que no aclaran nada, y muchas veces a una
hospitalización prolongada. Aquí quien obtiene el beneficio es el familiar provocador y
el llegar a un diagnóstico de este síndrome se suele convertir en un auténtico trabajo
detectivesco.
Diagnóstico
El número real de casos de maltrato infantil que se da en la población es prácticamente
imposible de cuantificar. A esta situación, que ya suponía con acierto Kempe en sus
primeras descripciones, contribuyen varios factores: 1) muchos casos se producen dentro de
la familia; 2) los niños pequeños no tienen autonomía para denunciarlo; 3) existe miedo
en muchos profesionales y ciudadanos a las implicaciones que puede originar la denuncia;
4) desconocimiento de la cuestión por gran parte de la población, incluso de personal
sanitario, de sus distintas manifestaciones, así como de las situaciones de riesgo que
pueden favorecer el maltrato; 5) dificultad en la identificación como maltrato del
abandono y la negligencia en los cuidados del niño, así como
de la utilización de disciplinas inadecuadas, educación en la
violencia, etc.
Se ha utilizado acertadamente la imagen del iceberg para aludir a ese gran número (más
del 80 por ciento según algunas estimaciones fiables) de casos que pasan desapercibidos.
En España, por ejemplo, unas cifras recogidas en el año 1995 aportan 8.575 expedientes
por malos tratos; pero si extrapolamos esta cifra con la teoría del iceberg, estaríamos
hablando de más de 400.000 casos de niños maltratados de una forma u otra, número que
debe sensibilizar cualquier conciencia.
A la hora de diagnosticar un caso de maltrato infantil va a ser necesaria una
especialísima agudeza por parte del personal sanitario que asista a niños, no sólo para
saber captar los datos físicos, sino para apercibirse de ciertos indicadores sugestivos
en el comportamiento del paciente y también del acompañante o del cuidador. Se trata, ya
se ha avisado, en ocasiones de una labor que sobrepasa la puramente asistencial para
extenderse a la de investigador social. Como ayuda puede observarse el cuadro 1, bastante
práctico, de indicadores de maltrato y abandono que todo médico debería tener presente
física y mentalmente cuando los niños llegan a su consulta o a los servicios de urgencia
hospitalarios.
Cuadro 1. Indiadores de maltrato infantil
Categoria |
Indicadores fisicos en el niño. |
Indicadores comportamentales del niño |
Conducta del cuidador. |
| Maltrato físico. |
-Magulladuras o
moratones. - Quemaduras.
- Fracturas.
- Heridas o raspaduras.
- Lesiones abdominales :
hinchazón del abdomen, dolor localizado, vómitos recidivantes.
- Mordedura humana.
- Intoxicaciones.
- Síndrome de Münchausen por poderes. |
- Cauteloso
respecto al contacto físico con adultos. - Se muestra aprensivo cuando otros niños
lloran.
- Muestra conductas extremas (ej. : agresividad o rechazo extremos).
- Parece tener miedo de sus padres.
- Dice que su padre o madre le ha causado alguna lesión. |
- Ha sido
objeto de maltrato en su infancia. - Utiliza una disciplina severa, inapropiada para la
edad, falta cometida y condición del niño.
- Parece no preocuparse por el niño.
- Percibe al niño de manera significativamente negativa (ej. : malo, perverso, un
monstruo, etc.).
- Psicótico o psicópata.
- Abusa del alcohol u otras drogas.
- Intenta ocultar la lesión del niño o proteger la identidad de la persona
responsable de ésta. |
| Negligencia u omisión. |
-
Constantemente sucio, escasa higiene, hambriento o inapropiadamente vestido. - Constante
falta de supervisión, especialmente cuando el niño está realizando acciones peligrosas
o durante largos periodos de tiempo.
- Cansancio o apatía permanentes.
- Problemas físicos o necesidades médicas no atendidas (ej. : heridas sin curar
o infectadas) o ausencia de los cuidados médicos rutinarios necesarios.
- Es explotado, se le hace trabajar en exceso o no va a la escuela.
- Ha sido abandonado. |
-
Comportamientos autogratificantes. - Hiperactividad, agresividad.
- Tendencia a la fantasía.
- Raras veces asiste a la escuela.
- Dice que no hay nadie que le cuide.
- Conductas dirigidas a llamar la atención del adulto.
- Comportamientos antisociales (ej. : vandalismo, prostitución, toxicomanías,
etc.). |
- La vida en el
hopgar es caótica. - Muestra evidencias de apatía o inutilidad.
- Está mentalmente enfermo o tiene un bajo nivel intelectual.
- Tiene una enfermedad crónica que impide la correcta atención al niño.
- Fue objeto de negligencia en la infancia. |
| Abuso sexual. |
- Dificultad
para andar y sentarse. - Ropa interior rasgada, manchada o ensangrentada.
- Se queja de dolor o picor en la zona genital.
- Contusiones o sangrado en los genitales externos, zona vaginal o anal.
- Tiene una enfermedad venérea.
- Tiene la cerviz o la vulva hinchados o rojos.
- Tiene semen en la boca, genitales o en la ropa.
- Embarazo (especialmente al inicio de la adolescencia). |
- Parece
reservado, rechazante o con fantasías o conductas infantiles ; incluso puede parecer
retrasado. - Tiene escasas relaciones con los compañeros.
- Comete acciones delictivas o se fuga.
- Manifiesta conductas o conocimientos sexuales extraños, sofisticados o inusuales.
- Dice que ha sido atacado sexualmente por un padre o cuidador. |
-
Extremadamente protector o celoso del niño. - Alienta al niño a implicarse en actos
sexuales o prostitución en presencia del cuidador.
- Sufrió abuso sexual en su infancia.
- Experimenta dificultades en su matrimonio.
- Abusa de drogas o de alcohol.
- Está frecuentemente ausente del hogar. |
| Maltrato emocional. |
- Retraso no
orgánico del crecimiento estaturoponderal o de algunas áreas madurativas. |
- Parece
excesivamente complaciente, pasivo, nada exigente. - Es extremadamente agresivo,
exigente o rabioso.
- Muestra conductas extremadamente adaptativas que son o bien demasiado "de
adulto" (ej. :hacer el papel de padre de los niños) o demasiado infantiles
(ej. : mecerse constantemente, chuparse el pulgar, enuresis).
- Retrasos en el desarrollo físico, emocional e intelectual.
- Intentos de suicidio. |
- Culpa o
desprecia al niño. - Es frío o rechazante.
- Niega amor.
- Trata de manera desigual a los hermanos.
- Parece no preocupado por los problemas del niño.
- Tolera absolutamente todos los comportamientos del niño sin ponerle límite alguno. |
Tratamiento
El tratamiento del niño maltratado debe incluir obligadamente varios tipos de actuación
y, por lo tanto debería ser siempre multiprofesional. Desde luego, no puede ser un
tratamiento exclusivo del síntoma o de las lesiones observadas en un momento concreto,
sino que abarcará junto con este tratamiento, muchas veces urgente, la atención del
conjunto del problema, desde sus factores predisponentes a los desencadenantes. Por lo
mismo, debe prestar atención tanto al niño como a su familia, al medio en que se
desenvuelve su existencia y a las instituciones con capacidad para prestar ayuda.
A modo de síntesis podemos decir que el tratamiento se aplicará en los siguientes
puntos: 1) atención a las lesiones; 2) prestar apoyo emocional y tratamiento
psicológico; 3) apartar cuanto antes al niño de las personas causantes del maltrato, por
ejemplo, con su hospitalización aun cuando no la requiriese la gravedad objetiva de las
lesiones; 4) intervención de los servicios sociales y, si es preciso, de los policiales o
judiciales; 5) realizar un seguimiento posterior del niño y de su familia; y 6) abocar
siempre a la prevención, pues está demostrado en todos los estudios que el maltrato
tiende a repetirse una vez vuelto el niño a su medio habitual y que esta reiteración
supone una gravísima amenaza que puede llevar hasta la muerte del pequeño.
Indicadores del maltrato físico por acción
-
Retrasos en la búsqueda de asistencia sanitaria.
- Niños generalmente lactantes o menores de 3 años.
- Historia inaceptable, discordante o contradictoria.
- Hematomas en distintas fases evolutivas. Otras lesiones asociadas.
- Asistencia sucesiva por distintos centros sanitarios.
- Signos de higiene deficiente, malnutrición, lesiones en zonas
ocultas.
- Déficit psicomotor, trastornos del comportamiento, retraso
estaturoponderal. |
Indicadores clínicos
Consulta (Atención
Primaria, Enfermería). |
-
Incomparecencia a consultas ambulatorias.
- Insistencia en ingresos hospitalarios.
- Inadecuación de las dietas.
- Inadecuación del vestuario a la climatología.
- Engaños familiares en temas de salud, sociales, etc.
- Repetición de accidentes.
- Propios relatos del niño.
- Actitud temerosa hacia sus padres. |
Programas de atención al maltrato infantil
Lo cierto es que la correcta atención al niño maltratado choca en el ámbito sanitario,
y por ende en el social, con serios obstáculos derivados por una parte de la inexistencia
de un conjunto de normas legales que regulen con precisión los conceptos y las
responsabilidades; por otro lado, por las dificultades que se mencionaron al hablar del
diagnóstico; y por último, por la falta de verdaderos programas integradores que con la
colaboración de muy distintos profesionales e instituciones permitan conocer
documentalmente el alcance del problema y coordinen el trabajo de todos aquéllos en una
misma línea de actuación.
En este sentido, la Comunidad de Madrid, a través de su Consejería de Sanidad y Asuntos
Sociales y del Instituto Madrileño del Menor y la Familia de ella dependiente, iniciaron
en 1998 un ambicioso Programa de Atención al Maltrato Infantil desde el Ámbito Sanitario
que pretende en el plazo de cinco años alcanzar los siguientes objetivos:
1.- Sensibilizar y formar a los profesionales sanitarios en los problemas psicosociales de
la infancia y la detección precoz del maltrato infantil.
2.- Conocer las características epidemiológicas de los malos tratos infantiles que
pueden ser detectados desde el ámbito sanitario y su morbi-mortalidad, a través de un
sistema de registro.
3.- Disponer de datos fiables que permitan la elaboración de programas destinados a la
promoción de los derechos y bienestar de la infancia, y la prevención, detección y
tratamiento de los malos tratos infantiles.
4.- Crear una red de informantes que a partir de este programa puedan continuar
desarrollando esta labor de sensibilización y vigilancia epidemiológica.
5.- Mejorar la atención sanitaria a los niños maltratados considerando las
particularidades de este problema e identificando y atendiendo los casos desde la
situación de niños o familias en riesgo.
6.- Prevenir el maltrato infantil, tanto de la aparición de casos como a través de la
detección precoz y de las intervenciones sobre las secuelas y posibles repeticiones.
7.- Atender a los niños en acogimiento residencial según sus necesidades de salud en
forma protocolizada.
8.- Incrementar la participación activa en los programas de detección desde otros
ámbitos: escuela, servicios sociales, etc.
Junto con la adecuada atención a cada caso en particular, lo más destacable de este
Programa es quizá la creación de un Registro de casos mediante una hoja protocolizada; y
la elaboración, edición y difusión de un documento guía sobre maltrato infantil para
los profesionales que desarrollan su actividad en el área sanitaria así como otra
específica para el área de salud mental. Como corolario, cabría destacar también toda
la labor que este Programa puede y debe hacer sensibilizando a la sociedad en general
sobre el problema real y dramático del maltrato a la infancia.
Bibliografía
1.- "Atención al Maltrato Infantil desde el
Ámbito Sanitario". José A. Díaz Huertas, et al. Madrid. Instituto Madrileño del
Menor y la Familia. Consejería de Sanidad y Servicios Sociales, 1998.
2.- "El diagnóstico de las lesiones por maltrato en lactantes y niños de corta
edad". D.L. Chatwick. MTA Pediatría. Sept. 1993. Vol. 14, n.º 9.
3.- "El niño maltratado". Robert M. Reece (Director). Clínicas Pediátricas de
Norteamérica. Vol. 4/1990. Madrid. Interamericana. 1990.
4.- "El niño maltratado". L. Torregrosa. Anales Españoles de Pediatría. Supl.
23. Vol. 22 Mayo, 1985.5.-"Guía para la atención del Maltrato a la Infancia por los
profesionales de la salud". Madrid. Consejería de Salud de la C.A.M. 1993.6.-
"Los malos tratos". Revista Infancia y Sociedad. Madrid. Centro de Publicaciones
del Ministerio de Asuntos Sociales. 1990.7.- "Niños maltratados". Juan Casado
Flores, et al. Madrid. Díaz de Santos, 1997 |
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