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En busca de un modelo europeo de salud  

consulta_1.jpg (8487 bytes)La globalización no ha llegado a los sistemas de salud de Europa, al menos, en lo que a su desarrollo y evolución se refiere. Los distintos procesos de reforma sanitaria aplicados en los países europeos en los últimos veinte años arrojan un panorama poco homogéneo, por lo que no se puede hablar de un Estado del Bienestar Europeo. La diferenciación es clara cuando se mira hacia países del Norte, donde los modelos sanitarios han evolucionado hacia sistemas nacionales de salud dirigidos a todos los ciudadanos. Mientras, en los del Sur aún perviven viejas fórmulas de aseguramiento social o profesional. Más notaria es la distancia cuando se trata de analizar sistemas sanitarios de la Europa del Este, donde la capacidad de acceso y la calidad de los servicios sanitarios se han visto notablemente dañadas por los problemas de índole socio-política. Las principales diferencias se encuentran en los criterios de cobertura, que no son totalmente homogéneos para toda la población de Europa, así como en la proporción del gasto público sobre el gasto total, que no responde al principio de universalización de un sistema dirigido a todos los ciudadanos.

  

LAURA FONSECA

Si hay algo en que los expertos coinciden es en que el acceso a las prestaciones sanitarias no es igual en toda la Europa comunitaria. Incluso, las distancias son aún más sangrantes si se analizan los sistemas de salud de los países del Este, donde no está garantizada la universalidad ni la financiación pública de los servicios sanitarios. Los procesos de reforma iniciados a mediados de la década de los 80 con la intención de transformar los viejos sistemas en servicios nacionales de salud muestran una evolución dispar, de ahí que en Europa convivan diferentes modelos sanitarios con peculiaridades propias.

Al hablar de sistemas sanitarios europeos se debe hacer una diferenciación entre los países que pueden considerarse pioneros en la puesta en marcha de sistemas nacionales de salud y aquéllos que no se sumaron a la 'renovación sanitaria' hasta finales de los años setenta. Entre los 'adelantados' cabe destacar el caso de Gran Bretaña, que creó su Sistema Nacional de Salud en el año 1946. Pocos años después se apuntarían a la reforma sanitaria Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca. A fecha de hoy, sólo Gran Bretaña, Irlanda, los países escandinavos y los mediterráneos cuentan con servicios nacionales de salud. El resto de los países de la UE mantienen sus sistemas sanitarios de Seguridad Social.

Según señala la profesora titular de Sociología de la Universidad de Oviedo, Ana Guillén 'en España, Portugal y Grecia, las crisis del petróleo coincidieron con procesos de transición de un régimen autoritario a uno democrático. Fue en ese contexto de rápido e intenso cambio político, económico y social cuando sus sistemas sanitarios fueron universalizados'. Dicha experta analiza en un trabajo presentado en las XXI Jornadas de la Asociación de Economía de la Salud, celebradas en Oviedo, la evolución de los sistemas sanitarios en Europa, con especial referencia a los países del Sur europeo donde el proceso de reforma sanitaria aún está inconcluso.

España, de hecho, fue uno de los últimos países en sumarse a este movimiento. Italia inició su proceso de reforma en el año 1978. Portugal lo haría un año más tarde y Grecia en 1983. En España habría que esperar hasta 1986 para que los responsables políticos sentaran las bases del que sería el nuevo sistema sanitario de salud. Precisamente, a partir de la década de los 70 la pretensión de todos los países del Sur de Europa era la de avanzar hacia la creación de un sistema nacional de salud dirigido a toda la población y financiado mediante impuestos. Sin embargo, 20 años después puede observarse que su grado de desarrollo muestra notables distancias entre países. Así, España que fue uno de los últimos países en sumarse a la denominada 'revolución sanitaria' es, junto a Italia, el país que muestra mayor grado de evolución en la puesta en práctica del nuevo modelo sanitario. Más lejos se sitúan Portugal y Grecia donde tan sólo se han hecho efectivas algunas de las medidas legales aprobadas.
 
Cobertura y gasto público
 
La mayor parte de los países de la UE han establecido la cobertura universal como principio básico de sus sistemas, independientemente de que se trate de un modelo de aseguramiento profesional o de servicios nacionales de salud. Según datos del OECD Health correspondientes al año 2000, sólo Alemania, con un 92,2 por ciento y Holanda, con un 71,8 por ciento, mostraban una tasa de cobertura por debajo del promedio medio de la comunidad europea, que se sitúa en el 97,4 por ciento. Por lo que respecta a España, la tasa de cobertura de su sistema sanitario alcanzó en el año 1995 un 99,5 por ciento. 

La evolución de la cobertura sanitaria en la UE entre los años 1960 y 1995 muestra una evolución al alza que ha discurrido de la mano de los diferentes procesos de reforma aplicados en cada uno de los países. En este sentido, cabe señalar que durante la década de los 60, el promedio de cobertura sanitaria de la UE se situaba en el 72,2 por ciento y que países como Grecia, Portugal e, incluso España, tenían índices por debajo del 50 por ciento.

Atendiendo a las particularidades de cada país o región, la socióloga Ana Guillén indica que 'la cobertura, la persistencia de algunos de los rasgos de los sistemas profesionales anteriores se da en todos los países, aunque en grados diferentes'. Así, en 1978 Italia suprimió las denominadas 'cajas de enfermedad' e incluyó a toda la población residente en el servicio nacional de salud. En España, la cobertura alcanza ahora al 99,7 por ciento de la población, sin embargo, esta experta señala dos rasgos peculiares. Por una parte, la existencia de una bolsa de 200.000 personas con elevadas rentas que permanecen fuera del sistema público y, por otro, la posibilidad de que los funcionarios públicos puedan elegir entre la provisión pública o privada, en ambos casos, financiada con fondos públicos.

Un pormenorizado análisis por países nos permite ver como el grado de desarrollo, tanto en cobertura como en gasto público, es completamente diferente. Los casos más heterogéneos se encuentran en Grecia y Portugal, donde aún persisten las antiguas 'cajas de enfermedad', lo que hace que el aseguramiento sanitario de la población resulte una estructura altamente compleja. En el caso de Portugal se da incluso una situación peculiar, como es el hecho de que los empleados públicos sean atendidos por sistemas privados. Por su parte, Grecia es el país del Sur europeo más alejado del modelo de servicio nacional de salud. En este país, el aseguramiento depende básicamente de grandes cajas de enfermedad y de servicios de beneficencia para aquellos que no tienen o han tenido relación con el mercado de trabajo. Además, existen dos modelos diferenciados, el llamado IKA para la zona urbana, y el OGA para la rural. El único sistema universalizado en Grecia es el hospitalario, ya que la Atención Primaria y Especializada sigue en manos de proveedores privados.

Un rasgo que sí es característico a buena parte de los países del Sur de Europa es la coexistencia de modelos públicos y privados. Así, mientras que los servicios nacionales de salud tradicionales, como los existentes en Gran Bretaña, Irlanda, Finlandia o Suecia, han incluido la mayor parte de los recursos sanitarios en el sistema público, los países del Sur de Europa no han sabido fortalecer lo suficiente sus redes de atención pública como para poder prescindir del sector privado. Así las cosas, cabe señalar que la proporción de gasto público dedicado a conciertos con instituciones privadas alcanzaba casi el 40 por ciento en Portugal en el año 1987 y el 37,5 por ciento en Italia en 1989. En España la proporción es menor, con un 11 por ciento.

Por lo que se refiere a la proporción de gasto público, un análisis pormenorizado permite concluir que pese al crecimiento del gasto público destinado a la Sanidad, los países del Sur de Europa se encuentran aún a cierta distancia de los que gozan de una amplia experiencia en materia de sistemas nacionales de salud. El aumento del gasto público en España, Grecia, Portugal e Italia comenzó a experimentarse en la segunda mitad de los años 80, coincidiendo, precisamente, con los procesos de reforma sanitaria y la ampliación de la cobertura a toda la población. El gasto en servicios sanitarios como porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB) era, en 1997, del 4,9 por ciento en Portugal; del 5,3 por ciento en Grecia e Italia, y del 5,8 por ciento en España. Dichas tasas se sitúan todas ellas por debajo del promedio de la UE, que alcanza el 6,5 por ciento.

Asimismo, España es el país del Sur de Europa que muestra una mayor proporción de gasto público sobre el gasto sanitario, ya que un 79 por ciento del gasto sanitario español es de carácter público, frente al 60 por ciento de Portugal, 70 por ciento de Italia y 75 por ciento de Grecia.
La evolución de la cobertura sanitaria en la UE en los últimos años muestra una evolución al alza, motivada, en parte, por los diferentes procesos de reforma aplicados en los distintos países

La financiación tampoco es homogénea en estos países, donde en España la principal fuente de la financiación del gasto sanitario es a través de impuestos. Sin embargo, en Italia el cambio ha sido mucho menos acentuado hasta 1998, año en que se estableció una tasa regional que ha supuesto la financiación total a través de impuestos, ya sea a través de transferencias del Estado (30 por ciento) o de la propia recaudación de las regiones (70 por ciento). En este análisis suprarregional de la financiación, llama la atención el caso de Grecia, donde la atención hospitalaria se costea a través de impuestos, mientras que el resto de los servicios sanitarios se financian con contribuciones. Esto supone que la financiación global se realice, más o menos, al 50 por ciento a través de impuestos y contribuciones sociales. Por lo que respecta a Portugal, al financiación está repartida entre un 55,2 por ciento vía impuestos, un 6 por ciento mediante contribuciones y un 38 por ciento a través del copago de los usuarios.

Pero tampoco en los servicios nacionales de salud tradicionales la financiación se realiza en un 100 por cien a través de impuestos. En Reino Unido y Finlandia la aportación vía impuestos representaba en la década de los noventa el 80 por ciento del gasto sanitario total.
 
Los procesos de reforma 

Los países del Sur de Europa han vivido dos procesos importantes de reforma sanitaria. La primera gran revolución tuvo lugar en las décadas de los 70 y los 80, donde amparados en sucesos sociopolíticos internos, se pusieron en marcha leyes que supusieron un cambio de modelo de atención sanitaria. Se iniciaba así el camino hacia los sistemas nacionales de salud, cuyo objetivo principal era el de facilitar cobertura sanitaria a toda la población, al margen de su nivel de rentas o de su condición social. El segundo proceso de cambio llegó de la mano del Tratado de MaasTricht y del desarrollo de la integración europea. La creciente preocupación por el aumento del gasto condujo a los gobiernos a la introducción de diversas medidas encaminadas a mejorar la eficiencia y racionalizar los costes, intentando no dañar los niveles de equidad alcanzados. Cada uno de los países de la Europa del Sur siguió su propio camino, lo que dio lugar a la obtención de distintos resultados en materia de equidad y eficiencia.

Transcurridos más de 20 años desde que estos países iniciaran sus respectivos procesos de reforma, los expertos señalan que mientras España e Italia están caminando de forma decidida hacia la construcción de sistemas nacionales de salud, en Grecia y Portugal el sector privado continúa ganando protagonismo. A la hora de buscar definiciones, la socióloga Ana Guillén no duda en asegurar que los sistemas sanitarios español e italiano son sistemas nacionales 'con reminiscencias del pasado'. Sin embargo, considera que los sistemas griego y portugués han evolucionado de un modo que 'no permite calificarlos como sistemas de aseguramiento sanitarios menos desarrollados que los del centro de Europa, sino más bien como sistemas a tres bandas, con una mezcla de provisión pública, aseguramiento profesional y provisión privada'.

Dicha experta realiza un análisis sociopolítico en su trabajo y concluye que 'la presencia de partidos de izquierdas en los gobiernos cuando las reformas sanitarias fueron aprobadas fue de crucial importancia'. Estos partidos consideraban que los servicios de bienestar debían universalizarse, de ahí que comenzaran a abandonar los modelos tradicionales alemán o francés de aseguramiento social, para imitar la experiencia de los países escandinavos, principalmente a la hora de universalizar la cobertura y ampliar la cartera de prestaciones.
En algunos países de la UE, como Grecia y Portugal, se observa que el sector privado continúa ganando terreno en el ámbito sanitario

En Grecia y Portugal, por ejemplo, jugaron un papel determinante, aunque de manera negativa, el colectivo médico. Los facultativos ostentaban mucho poder y aunque no lograron parar la reforma sanitaria, sí se puede afirmar que ralentizaron su aplicación. Sin embargo, en España e Italia las cosas discurrieron de forma completamente diferente. En ambos países las comunidades y regiones jugaron un papel crucial a la hora de dibujar el nuevo mapa sanitario, que en el territorio español acabará de cuajar cuando se concluya el proceso de transferencias a las diez comunidades que actualmente se encuentran en proceso de negociación.
 
El caso de Francia
 
Especial atención merece dentro de este contexto el caso de Francia, cuyo gobierno introdujo el pasado año un nuevo sistema denominado Cobertura Médico Universal (CMU) y que busca facilitar el acceso a la atención médica a través de reformas financieras. Precisamente, en el país francés el acceso limitado a la cobertura sanitaria por parte de las personas con escasos recursos ha sido durante mucho tiempo una cuestión de inquietud. Un estudio que data del año 1995 indica que el 14 por ciento de los entrevistados no tenía seguro suplementario, que es aquel que en Francia cubre la contribución individual a las consultas médicas, gastos de hospital y costes de medicamentos, ni gozaba, por tanto, de exenciones por estos gastos. De hecho, un 30 por ciento de los parados y un 28 por ciento de los obreros señalaron en el mismo informe, que habían decidido no seguir ciertos tratamientos médicos, ya que el nivel de reembolso de los mismos era demasiado bajo. Cabe destacar que en Francia, a diferencia de los países analizados anteriormente, las personas con bajos salarios reciben un menor número de tratamientos caros o mal reembolsados. Además, son atendidos mayormente en hospitales y consumen menos medicamentos.

El nuevo sistema, el CMU está pensado para garantizar la atención sanitaria a un amplio colectivo ahora excluido del actual modelo. Va destinado a los residentes franceses, a condición de que se encuentren en una situación estable y con permiso de residencia legal en el país, pero que no tienen ningún seguro sanitario. El modelo sanitario desarrollado en Francia se basa en la cobertura del trabajador y su familia. La legislación dejó sin cobertura a ciertos grupos de población, que posteriormente fueron incluidos, tales como minusválidos o desasistidos sociales. Esto dio nacimiento al denominado 'seguro personal de pobreza'. Sin embargo, su aplicación es tan compleja (se basa en cálculos fiscales), que más de 150.000 personas seguían sin ningún tipo de cobertura.

El CMU pretende paliar esta situación y ofrecer cobertura a aquellas personas con recursos salariales muy bajos o nulos. Sin embargo, su aplicación también resulta complicada, ya que el gasto médico se reembolsa a los facultativos a través del seguro sanitario. Esto puede conllevar en el futuro a que los médicos rechacen pacientes por el sólo hecho de pertenecer al grupo de los CMU.

Como se observará, el panorama de los sistemas de salud en Europa es variopinto. Los expertos aseguran que no se puede hablar de un sistema sanitario europeo, ya que las diferencias en materia de cobertura, financiación y provisión de servicios son notables entre países. No obstante, se observa una tendencia, cada vez más marcada desde el Tratado de Maastricht, de avanzar hacia la universalización y equidad en los sistemas sanitarios.

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