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El calcio como factor clave en la prevención y tratamiento de la osteoporosis 
 

poblacion.jpg (14518 bytes)LA OSTEOPOROSIS, ENFERMEDAD QUE AFECTA EN ESPAÑA A MÁS DE TRES MILLONES Y MEDIO DE PERSONAS Y PROVOCA 33.000 FRACTURAS DE FÉMUR AL AÑO, ES DURANTE MUCHO TIEMPO ASINTOMÁTICA. LA EDAD, EL SEXO, LA RAZA, LOS ANTECEDENTES FAMILIARES Y  EL ESTILO DE VIDA SON ALGUNOS DE LOS FACTORES DE RIESGO DE ESTA PATOLOGÍA 
 
Dra. Isabel Herreros. Médico de Atención Primaria 
 

La osteoporosis (OP) o enfermedad del sistema esquelético, caracterizada por la pérdida de masa ósea y deterioro de la microarquitectura del tejido óseo que condiciona una fragilidad y una mayor susceptibilidad a las fracturas, es la enfermedad metabólica ósea más frecuente. Si bien su incidencia real no se conoce, puesto que su curso asintomático y las múltiples etiologías del proceso dificultan la identificación de todos los individuos que padecen osteoporosis, se estima que afecta al 30-40 por ciento de todas las mujeres postmenopáusicas, y a casi la mitad de las personas mayores de 76 años. 

Por tanto, la OP es un problema en constante crecimiento dado que la esperanza de vida en los países industrializados es cada vez mayor y la OP es un trastorno estrechamente relacionado con la edad en la mayoría de los casos. 

Clasificación 
Existen distintas clasificaciones de la osteoporosis basadas en diferentes criterios como su extensión (generalizada o localizada) y etiología (primaria o secundaria). 

En cuanto a la etiología, en base a los hallazgos realizados, Riggs y Melton en 1983 diferenciaban 2 grandes grupos de osteoporosis primaria con distintas características (Tabla I): la tipo I relacionada con la menopausia (OP postmenopáusica), y la tipo II o senil que aparecía en la senectud. 
 
Por lo que respecta a la extensión, la osteoporosis generalizada se observa en la edad postmenopáusica y en la senectud, y muy rara vez en la edad juvenil; mientras que la osteoporosis regional o localizada puede aparecer a cualquier edad y está relacionada con la inmovilidad, la distrofia simpático- refleja y cuadros transitorios o migratorios. 

Importancia de la osteoporosis 
osteo-txt1.gif (8639 bytes)La osteoporosis constituye un problema de salud pública, de gran importancia en todos los países industrializados y por tanto en nuestro país. La OP es el azote de la tercera edad, una de las enfermedades que más afectan la calidad de vida de los ancianos, y que en gran manera afecta también al bienestar psicoemocional y la habilidad psicosocial. El incremento de la esperanza de vida en nuestro país provoca que el número de personas afectadas sea cada vez mayor; y en opinión de expertos más de 3’5 millones de personas en España presentan osteoporosis. 

El gran problema de la osteoporosis radica más en sus complicaciones que en la propia enfermedad. Así, las fracturas vertebrales y más aún la fractura de fémur constituyen la complicación más importante, tanto por su incidencia (Tabla II) como por la morbi-mortalidad (Tablas III y IV) que genera. 

En España, dado que al año se producen unas 33.000 fracturas osteoporóticas de fémur, se calculan unos costes de 16.000 millones de pesetas tan sólo en el tratamiento y cuidados médicos de la fase aguda de las fracturas. Si se tienen en cuenta además los costes de los cuidados médicos posteriores, las pérdidas de las garantías ocasionadas por la fractura y el coste de la evaluación para determinar el riesgo de la fractura, nos daría una idea del impacto social ?en lo que a costes se refiere? que supone la fractura osteopórotica, y de la necesidad de aplicar medidas preventivas urgentes. 

Factores de riesgo 
Los factores de riesgo (Tabla V) se pueden dividir en factores no modificables (edad, sexo, raza y antecedentes familiares de OP), y factores modificables o ambientales. Los factores ambientales o de estilo de vida interactúan con los factores genéticos en la determinación del pico de masa ósea y son también importantes en relación a las tasas de pérdida ósea. 

Por lo que respecta a los factores no modificables, la OP es más frecuente en el sexo femenino, diferencia que se hace más evidente con la edad. Las personas de raza negra tienen valores de masa ósea superiores a la blanca y asiática y niveles séricos de calcitonina más elevados. Por último, en cuanto a factores genéticos, se ha comprobado en diferentes estudios que los hijos de osteoporóticos presentan una masa ósea inferior a la población normal. 

El pico de masa ósea es uno de los factores de riesgo más importantes. Se alcanza a los 25-30 años y disminuye gradualmente a partir de los 35 años. Otros factores importantísimos, sin duda, son la dieta y el estilo de vida, factores por otra parte modificables. 

Dentro de la dieta es evidente que el calcio juega un papel fundamental puesto que sin calcio no habría esqueleto, o al menos no estaría mineralizado. La ingesta de calcio durante la etapa de osteo-txt2.gif (9142 bytes)desarrollo esquelético va a condicionar el pico de masa ósea, y los cambios en la ingesta dietética de calcio serán capaces de inducir cambios en la tasa de renovación ósea. 
 
Por otro lado, la ingesta alta de proteínas ha demostrado en varios estudios que puede incrementar el riesgo de osteoporosis, y lo mismo sucede con dietas ricas en fosfatos. En cuanto a los hábitos tóxicos (tabaco, alcohol, y café), son también factores de riesgo. Y con respecto al ejercicio físico, las personas que realizan una actividad física con regularidad tienen mayor masa ósea y menor número de factores que los que hacen vida sedentaria. 
 
En el caso de la mujer, su estado hormonal va a desempeñar también un papel crítico como factor de riesgo y se consideran situaciones favorecedoras de la aparición de OP la menopausia, la nuliparidad y la amenorrea.

Por último, no hay que olvidar otros factores de riesgo como la existencia de diferentes enfermedades y la ingesta de determinados fármacos, como la terapia con corticoides. 
 
Detección y diagnóstico 
Como en toda patología, una completa anamnesis en el caso de sospecha de OP es fundamental. El facultativo debe investigar síntomas como dolor, fracturas previas y disminución de la tabla, así como antecedentes familiares y antecedentes personales: edad, sexo, raza, sedentarismo, hábitos nutricionales y tratamientos farmacológicos previos y actuales. 
 
Por lo que respecta a la clínica, en la OP se puede perder masa ósea durante años - incluso hasta extremos importantes - sin que aparezcan manifestaciones clínicas. Es decir, durante mucho tiempo es una enfermedad asintomática hasta que aparecen las microfracturas o lo que es aún más grave, las fracturas. 
 
En la exploración clínica se debe realizar una exploración general registrando talla y peso del paciente y comparándolo  con la talla y pesos anteriores; y una exploración local con el enfermo de pie, buscándose deformaciones del tronco y palpando las apófisis espinosas vertebrales. 
 
Las pruebas de laboratorio son en su mayoría absolutamente normales, y tan sólo en ocasiones los marcadores de recambio óseo (fosfatasa alcalina, osteocalcina, hidroxiprolina, FART), están discretamente elevados. 
 
La radiología convencional aporta datos tan sólo en fases ya muy avanzadas, y como método de diagnóstico de osteopenia no sirve, pues es necesario una rarefacción del tejido óseo de por lo menos un 20 por ciento para que sea visible radiológicamente. 
 
La densitometría ósea es el método diagnóstico por excelencia a partir de las guías emitidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1994, entendiendo por densitometría o absorciometría la capacidad que tienen los rayos energéticos de ser absorbidos o atenuados al atravesar un cuerpo sólido. Los tipos de energía o de rayos utilizados en la densitometría pueden ser varios. Así, si se utiliza energía emitida por isótopos radioactivos estaríamos ante una Densitometría Fotónica Simple (DFS) (en la que se usa yodo 125), o una Densintometría Dual Fotónica (DPS) (si el isótopo utilizado es el gadolinio 15). Se habla de absorciometría por Rayos X de doble energía o DXA si los rayos utilizados son rayos X. Finalmente, la densitometría por ultrasonidos es capaz de ofrecer información sobre la arquitectura y elasticidad óseas. De todas las técnicas densitométricas, la más aceptada ha sido la DXA por su alta precisión (3 por ciento), mayor reproductibilidad (1 por ciento), fácil manejo y capacidad de medir masa ósea en la mayor parte del organismo. 
 
No obstante, hay que señalar que no se debe utilizar la DXA como método diagnóstico indiscriminado, sino que existen una serie de indicaciones para su utilización: existencia de factores graves de riesgo; evidencia radiológica de osteopenia, deformidad vertebral o ambas; existencia de fracturas previas por traumatismos mínimos en columna vertebral, cadera o radio; monitorización del tratamiento, en casos de utilización de nuevos fármacos o para investigación; y seguridad de que el diagnóstico de osteoporosis va a conllevar una decisión terapéutica. 
 
Por último, hay que señalar como otros métodos de diagnóstico la tomografía axial computerizada que permite, operando cuantitativamente, la medición de la masa ósea trabecular, principalmente de columna vertebral y fémur; y la Resonancia Magnética Nuclear o los ultrasonidos, cuya aplicación clínica generalizada no esta todavía indicada. 
 
Tratamiento  
El tratamiento ideal sería aquel que consiguiese aumentar la masa ósea del individuo, o como mínimo detener o reducir el descenso progresivo de ésta, y de esa forma el riesgo de fractura. En la actualidad se dispone de tres tipos de medidas: medidas higiénico-dietéticas y de rehabilitación no farmacológicas (que entrarían en gran parte en el campo de la prevención), medidas farmacológicas y medidas sintomáticas. 
 
Centrándose en las medidas farmacológicas, existen tres grandes grupos de preparados para tratar la osteoporosis. 
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1.- Fármacos que disminuyen la reabsorción ósea: estrógenos, calcitonina, calcio y bifosfonatos. 
 2.- Fármacos que estimulan la formación ósea (fluoruros), hormona parotiroidea y factores de crecimiento. 
3.- Fármacos de acción combinada: anabolizantes, vitamina D y derivados, y progestagenos. 
 
Son muchos los estudios que se han realizado y la utilidad de todas las terapias se ha comprobado, ya sea de forma generalizada o en determinados grupos de población, pero sin duda existe controversia en algunos temas relacionados con el calcio y la vitamina D. Por lo que respecta al calcio y su utilidad en la OP, son numerosos los estudios que han demostrado que los suplementos de calcio son capaces de retardar la tasa de pérdida ósea en mujeres después de la menopausia con o sin fracturas osteoporóticas. 
 
En mujeres premenopáusicas de 30 a 42 años seguidas durante tres años, Baran y colaboradores (1990) refieren que aquellos en cuya dieta habitual se aumentaba la ingesta de calcio, mantenían la misma densidad ósea que al inicio del estudio, mientras que los que no recibieron esa ingesta mayor de calcio perdían significativamente masa ósea que no era apreciada hasta transcurrido un año y medio de seguimiento. 
 
En una revisión de 36 artículos realizados por Cumming (1990) se llegaba a la conclusión de que un suplemento de calcio de unos 1000 mg / día en las mujeres postmenopáusicas puede prevenir la pérdida de aproximadamente un 1 por ciento de la masa ósea al año. Por otro lado, el aporte de calcio (1000 mg / día) podría ser beneficioso en la reducción de la pérdida de masa ósea en pacientes con enfermedades reumáticas sometidos a tratamiento con dosis bajas de corticoides, tal y como se desprende de los resultados del estudio llevado a cabo por Buckley y colaboradores (1996). 
 
Además, todos los expertos coinciden en la necesidad de una ingesta de calcio adecuada durante la infancia y la adolescencia para conseguir un mayor pico de masa ósea (estimulando el desarrollo de la masa esquelética) y en la necesidad de mantener esa ingesta adecuada a lo largo de la vida, teniendo en cuenta que las necesidades se elevan de nuevo en la postmenopausia y en la edad avanzada. 
 
Hay que recordar que la dieta es la manera más apropiada de ingerir calcio y que con ello puede obtenerse una cantidad adecuada del mismo, especialmente con todos los derivados lácteos (Tabla VI); pero en aquellos casos en los que se sospeche que no se alcanza con la dieta habitual una ingesta diaria de 1000- 1200 mg de calcio (de 1500 mg en la vejez), sea cual sea el motivo, son indispensables los suplementos de calcio, valorando todos aquellos factores capaces de modificar su absorción. Es decir, se debe valorar la ingesta de calcio de cada persona y recomendar un aumento en la ingesta hasta alcanzar las dosis recomendadas para su edad (según las recomendaciones del National Institutes of Health Consensus Panel (Tabla VII), bien a través de productos lácteos, de alimentos enriquecidos en calcio o de suplementos de calcio, y si bien la osteoporosis establecida se discute si el calcio sólo es suficiente como tratamiento, lo que sí está claro es que la administración de calcio es esencial como acompañante de cualquier otro tratamiento farmacológico. 
 
Son numerosos los preparados de calcio disponibles en nuestro país y se formulan como carbonato, fosfato, lactogluconato, pidolato  o en forma más compleja como hidroxiapatita. Las diferencias a nivel de absorción entre los diferentes preparados  prácticamente no existen, o son mínimos, si se ingieren como alimentos; pero sí hay notables diferencias en cuanto a cantidad de calcio que contienen (Tabla VIII), cantidades necesarias de cada uno de ellos para conseguir 1 gramo de calcio elemento (Tabla IX) y costes por gramo de calcio. 
 
Por lo que respecta a la cantidad de calcio que contienen los distintos preparados, el carbonato cálcico es el que proporciona una mayor cantidad de calcio elemento, con un porcentaje del 40 por ciento seguido de fosfato cálcico (38 por ciento) y cloruro cálcico (27 por ciento); y según los datos de un estudio comparativo entre las diferentes sales de calcio, publicado en el " bit " (Boletín de Información Farmacoterapéutica de Navarra) en julio de 1997 es el suplemento que origina un menor coste por gramo de calcio a PVP. Los autores del trabajo señalan que deberían ser la cantidad de calcio y el coste respectivo de los diferentes suplementos los que orienten la elección de una u otra sal de calcio; y que el momento idóneo para la administración del suplemento son las comidas. 
 
Otro punto controvertido en el tratamiento de la osteoporosis es la necesidad o no de administrar de forma sistemática un suplemento de vitamina D en todos los individuos con OP. A este respecto, no hay que olvidar que dosis altas de vitamina D pueden tener muchos efectos secundarios (hipercalcemia, hipercalciuria, deterioro renal) y aumenta la resorción, por lo que dicha administración debería realizarse tan sólo en aquellos casos en los que se sospeche una ingesta insuficiente o en individuos institucionalizados con malnutrición y escasa exposición a la luz solar. 
 
La vitamina D es una vitamina liposoluble que puede ser sintetizada en el organismo humano por una reacción fotoquímica en la que se convierte el 7 ? dehidrocolesterol en provitamina D por la acción de los rayos ultravioletas; y seguidamente, por efecto térmico, en vitamina D3 o colecalciferol que tras sufrir dos hidroxilaciones en hígado y riñón se transforma en calcitriol o metabolito activo de la vitamina D. 
 
La cuantía de la vitamina D en el organismo va a depender en gran parte en los sujetos normales, del tiempo de exposición al sol cuando éste se encuentra más de 30° sobre el horizonte, y del área expuesta a la luz solar. Así, la breve exposición de cara, brazos y manos es suficiente para adquirir una dosis de 200 VI; y si la exposición es total y determina cierto eritema cutáneo, la dosis adquirida es de 10.000 VI/ día. Por otro lado, con determinados alimentos (pescado graso, aceites, hígado y leche) también se aporta una pequeña cantidad de vitamina D . 
 
Sabiendo que las necesidades de vitamina D difieren según la latitud, habitualmente se considera que 400 VI son suficientes para cubrir el metabolismo fisiológico del calcio. No obstante, en latitudes similares a las de nuestro país, como es el caso de la ciudad de Boston, se ha constatado que con dietas conteniendo aceptables cantidades de calcio, las mujeres postmenopáusicas tendrían suficiente para cubrir sus necesidades con 200 VI / día. 
 
A la vista de todos los datos anteriores podría asumirse que el déficit de vitamina D va a ser infrecuente en la población adulta, incluso en las mujeres postmenopáusicas, siempre que mantengan una alimentación "normal" y una exposición suficiente a la luz solar. Por lo tanto, la administración de suplementos de vitamina D será necesaria sólo en aquellos casos en que se constate una malabsorción del calcio o en la población anciana institucionalizada malnutrida y con escasa o nula exposición a la luz solar. 
 
Por lo que respecta a los preparados de vitamina D, existen solos o en asociación con diferentes sales de calcio. las asociaciones comercializadas en España tienen la ventaja de la comodidad para el paciente, pero la desventaja de no permitir la modificación de dosis de forma independiente de cada uno de los componentes para ajustar el tratamiento. 
 
Prevención 
La prevención constituye, sin duda, el medio más eficaz y económico en la lucha sanitaria frente a la OP, y tiene como objetivos incrementar el pico de masa ósea o detener la pérdida ósea por encima de los niveles en que aparece la fractura en los casos de osteoporosis instaurada. 
 
osteo-txt4.gif (8642 bytes)Existen tres niveles de prevención: primario, secundario y terciario. La prevención primaria va dirigida a intervenir en los factores de riesgo modificables que afectan al normal desarrollo de la masa ósea con el fin de lograr el mayor pico de masa ósea alcanzable genéticamente, y muy concretamente a conseguir una nutrición con aporte adecuado de calcio desde la primera infancia. 
 
Hay que valorar los casos de "riesgo" en los que va a ser necesario un aporte suplementario de calcio. Se debe incidir igualmente sobre los beneficios del ejercicio físico en todas las edades, preferiblemente al aire libre y con exposición moderada al sol para mejorar el estado de la vitamina D, y hay que insistir en la importancia de abandonar hábitos tóxicos capaces de reducir la masa ósea. 
 
La prevención secundaria esta relacionada con la utilización de las medidas farmacológicas necesarias en cada caso de OP; y la prevención terciaria, orientada a prevenir las fracturas en la OP ya establecida. 

 

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