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La Atención Primaria, tabla de salvamento para la Sanidad en Iberoamérica

 

La crisis general que predomina, sobre todo en los ámbitos económico y social, en los países iberoamericanos se vuelve casi dramática en el campo de la salud. Si, de por sí, los sistemas sanitarios atraviesan problemas en todo el mundo, en Hispanoamérica aún quedan por resolver cuestiones para alcanzar en algunos aspectos lo que se considera el mínimo imprescindible, como puede ser el mero acceso a los dispositivos de salud. La mayoría de los Estados afectados han optado por apostar por la Atención Primaria, apoyándose sobre la base fundamental de que puede llegar a más ciudadanos y supone un menor desembolso económico que el modelo tradicional.

 

Antonio Morente

Con esta filosofía de fondo, recientemente, se celebraba en Sevilla la I Cumbre Iberoamericana de Medicina Familiar, de la que emanaba un documento -la Declaración de Sevilla- que va a servir de base para reestructurar los servicios sanitarios y cambiar sustancialmente sus prioridades clásicas.

Hablar de la realidad hispanoamericana es hacerlo de muchas realidades al mismo tiempo, ya que se trata de una zona con una extensión de más de 12.000 kilómetros y una población que, en 1999, superaba los 544 millones de personas repartidos en 22 países. El problema más grave es que el 43,8 por ciento de estos ciudadanos (más de 211 millones) son pobres y el 18,5 por ciento (89 millones) indigentes. Desde el punto de vista sanitario, esto se traduce en que entre el 20 y el 25 por ciento de la población (108/136 millones de personas) se encuentra excluida de la atención de salud, mientras que 218 millones de ciudadanos carecen de protección contra sus riesgos de enfermar.

Estas situaciones varían radicalmente en función del país, y sobre todo, del sistema de servicios de salud vigente en el mismo, ya que son pocos -Cuba, Costa Rica y gran parte de las naciones caribeñas de habla inglesa- los que cuentan con un dispositivo público integrado con la Seguridad Social, con una cobertura universal financiada sobre la base de impuestos, una provisión a través de prestadores públicos y una escasa presencia del sector privado. Por el contrario, en la mayoría de los países se aplica lo que se conoce como sistema segmentado: subsistemas heterogéneos de provisión y financiamiento, con escaso desarrollo de la función de aseguramiento y predominio del gasto de bolsillo como mecanismo de financiación.

Junto a los dos modelos anteriores, en algunas de las principales naciones hispanoamericanas (México, Argentina, Uruguay o Chile, por ejemplo) está vigente el sistema mixto regulado, en el que coexisten diversas formas de financiamiento, aseguramiento y provisión de servicios, a lo que se une una Seguridad Social administrada por entidades privadas, sindicales o estatales, además de un sector privado muy desarrollado y una estructura pública orientada a los más pobres. Por último, en Brasil se está aplicando lo que se ha etiquetado como sistema unificado, que persigue la cobertura universal mediante la Administración estatal, el financiamiento público y la provisión privada.

Pese a la variedad de modelos, son pocos los que están funcionando. Según un informe elaborado por Daniel López Acuña, jefe de la División de Desarrollo de Sistemas y Servicios de Salud de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y Albert Planes, ex presidente de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) y director del centro de salud Santa Eugenia de Berga, en Cataluña, una de las causas principales de este fracaso radica en la segmentación: habitualmente un subsistema público pobre y mal atendido -para pobres e indigentes- y un sector privado -con más recursos y orientado al cliente- concentrado en los segmentos más ricos, lo que "genera y profundiza las iniquidades en el acceso y financiamiento de servicios de salud". A esta segmentación hay que unir la fragmentación (eleva los costos de transacción, lo que propicia dobles y triples coberturas en el mismo grupo familiar), el predominio del pago directo parcial o total en el punto de atención o en la adquisición de medicamentos y, por último, una estructura débil o poco desarrollada, lo que provoca una insuficiente formulación de las prestaciones garantizadas.

Continua transformación

con esta base de partida, hay que tener en cuenta, además, que una de las características de Latinoamérica en el terreno sanitario viene de la mano de "los intensos procesos de transformación" que se están produciendo en opinión de Javier Domínguez del Olmo, presidente de la Confederación Iberoamericana de Medicina Familiar (CIMF). Estos cambios pasan por la disminución de las tasas de fecundidad, el descenso de la mortalidad (en general, pero especialmente infantil y materna) y el incremento de la esperanza de vida por encima de los 70 años en algunos países, "lo que incide en una transformación epidemiológica" propiciada por una población que cada vez envejece más pero que, a su vez, todavía está constituida en un 25 por ciento por adolescentes.

Latinoamérica asiste en la actualidad
a intensos procesos de transformación en el terreno sanitario


Así, y mientras han disminuido las enfermedades infecciosas transmisibles (debido sobre todo al incremento de la cobertura vacunal, un abastecimiento más seguro de agua potable y unas mejores instalaciones de saneamiento), se han incrementado los problemas crónicos no transmisibles.

Junto a estos cambios se están produciendo transformaciones políticas, sociales y financieras que, a su vez, empujan a la búsqueda de nuevos modelos sanitarios para estos nuevos tiempos. Para el doctor Domínguez del Olmo, pueden considerarse agotados los "sistemas de salud tradicionales, superespecializados y basados en atender el daño, y es que ni la población está satisfecha, ni los gerentes pueden mantener los actuales costes y ni siquiera los profesionales pueden enfrentarse a la actual problemática sanitaria. Es por ello por lo que se apuesta por "atender la salud más que la enfermedad, no atender el daño sino prevenirlo, para lo que hay que sacar el trabajo de los hospitales basarlo en la comunidad".

Merced a esta sucesión de acontecimientos acaba apostándose por la Atención Primaria y, dentro de ella, por una Medicina de Familia que debe ejercer el liderazgo del sistema porque "permite atender mejor la salud a lo largo del ciclo vital de la persona y su familia". En un estudio que el propio doctor Domínguez del Olmo ha coordinado junto a Vincenç Thomas, presidente de la semFYC, se destaca que la superespecialización de la Medicina ha fragmentado la atención, por lo que se requiere una perspectiva más amplia que sólo puede aportar el generalista, y es que la especialización "no sólo ha producido una descontextualización de los problemas, sino que también ha traído aparejado una desintegración o negación de la esfera psicosocial de las personas y, en muchos casos, una despersonalización profunda de la atención con deterioro de la relación médico-paciente".

El problema es que, en muchos países, "el ejercicio profesional del médico de familia se ha considerado tradicionalmente de poco interés desde el punto de vista académico y científico", un argumento incorrecto pero que "hace ver la necesidad e importancia de mejorar la calidad de la Atención Primaria y reforzar la idea de que es posible dar una asistencia de calidad en este campo". Es decir, que para que los países apuesten decididamente por este modelo hay que acabar con uno de los "mitos" de este nivel asistencial según el cual, en palabras del doctor Domínguez del Olmo, "es la Medicina de los pobres y la hospitalaria la de los ricos".

Desde su punto de vista, "la inversión en prevención y promoción de la salud va a garantizar mejores resultados" que los que ahora ofrecen los modelos basados en la atención hospitalaria, y es que "muchos de los problemas de salud están condicionados por malos hábitos" que se adquieren en la infancia y la adolescencia. Tal y como indica el doctor Sergio Solmesky, vicepresidente de la Región Mercosur de la CIMF, en la Atención Primaria se tratan entre el 80 y el 90 por ciento de las acciones de salud, de ahí que se apueste por una "reasignación de los recursos para llevarlos a donde hay necesidades más imperiosas."

A su juicio, este paso se habría dado aunque los países latinoamericanos no estuviesen en crisis económica, ya que hasta la fecha "se le ha concedido más importancia a las cosas poco frecuentes y caras", que tienen su paradigma en el hospital. Eso sí, para que esto sea realidad hace falta una "decisión política" del Gobierno de turno, y por ello se subraya que el desafío actual está en situar en el centro de la agenda política gubernamental la protección social en salud. Junto a esto hay que mejorar el financiamiento (organizar solidariamente las diferentes fuentes financieras) y reestructurar el aseguramiento, ya que la evidencia indica que la existencia de un asegurador público, junto a mecanismos unificados de afiliación al sistema y un conjunto de prestaciones garantizado, son elementos potentes para reducir los riesgos de exclusión, a lo que habría que sumar que se garantice la provisión de servicios de salud.

Cambio de modelo

En líneas generales, entre las recomendaciones de los expertos se encuentran que el asegurador sea público, que se facilite la accesibilidad real y que el sistema sanitario dé una atención longitudinal, integrada, global y eficiente. Asimismo, habría que ofrecer atención prioritaria a ancianos, mujeres y niños, que se mantienen como los colectivos más desfavorecidos.

La Declaración de Sevilla

La I Cumbre Iberoamericana de Medicina Familiar concluyó con lo que se ha bautizado como "Declaración de Sevilla", un documento de 23 puntos que se quiere utilizar como base de actuaciones no sólo corporativas sino también políticas, ya que en él se recogen recomendaciones para que los países latinoamericanos afronten mejor el rediseño de sus sistemas sanitarios. Con el epígrafe de 'Comprometidos con la salud de la población', el texto propone líneas de trabajo que parten de una doble premisa básica: la necesidad de centrar las organizaciones sanitarias en el ciudadano y de potenciar el papel del médico de familia.

Para hacer efectivas las reformas emprendidas, hay que tener en cuenta, sobre todo, que "la atención hospitalaria, para ser eficiente, deberá definirse como complementaria del primer nivel", que no es otro que el de la Atención Primaria. La apuesta es en este sentido porque se considera esta fórmula como la mejor para asegurar una atención longitudinal, integrada, global y eficiente, "ofreciendo servicios accesibles, descentralizados, polivalentes y permanentes".
con esta base, se apuesta por un incremento de los actuales niveles de calidad como algo imprescindible para hacer creíble y garantizar las reformas.



De esta manera, el modelo al que tienden los países hispanoamericanos debería contar con un primer nivel asistencial (Primaria) descentralizado, permanente y polivalente, ofertando una asistencia no sólo accesible sino también de calidad. Por su parte, un hospital nunca debe funcionar como servicio de primer nivel, ya que entonces se propiciará una atención ineficiente, perderá valor tecnológico y provocará que la Atención Primaria se convierta en un simple centro de paso.

Todo esto debe descansar en equipos multidisciplinares que trabajen como una unidad capacitada para prestar los servicios y que tengan como referencia al médico de familia que tendría que asumir un rol como auténtico líder del sistema sanitario.

En base a ello, se apuesta por aumentar el poder resolutivo de los médicos de familia, de tal manera que no se centren sólo en la limitación del daño producido por la enfermedad. En este sentido, los expertos apuestan por una cartera de servicios en la que se incluyan la identificación y jerarquización de factores de riesgo, la atención prepatogénica (lo que incluiría la promoción de la salud y la protección específica) y la atención al periodo patogénico, que debería caracterizarse por un diagnóstico precoz, una eficaz limitación del daño y un seguimiento del paciente para su control y evaluación, y todo ello con una actitud humanista que preste más atención a la persona que a la enfermedad que pueda sufrir.

Todo esto, que en definitiva es la base de la Medicina de Familia, se ve en la actualidad por los países iberoamericanos como "la mejor acción posible para hacer accesibles los servicios sanitarios a toda la población", explica Albert Planes. Pese a que América Latina "tiene buenos hospitales" no se garantiza una correcta atención, y para conseguir esto "la manera más fácil es contar con un primer nivel de atención que sea potente y bien formado", lo que se completa con una importante cuestión en la actual situación de crisis económica: "la Medicina de Familia puede desenvolverse con menos recursos, ya que utiliza baja tecnología y además poca".

Iberoamérica será la sexta región de la WONCA

El peso específico que está adquiriendo la zona de América Latina va a tener su repercusión en la propia estructura de la Organización Mundial de Médicos de Familia (WONCA), que apuesta por la creación de una región específica para todo este territorio. Así lo ha anunciado su presidente, Michael Boland, quien subraya que de esta manera se convertirá en la sexta región de la organización, ya que en la actualidad están las de África, Estados Unidos, Asia-Pacífico, Europa y el Sureste Asiático.

La zona será totalmente independiente, puesto que no se integrará en la que ahora forma Estados Unidos, única región existente en el continente americano. Otro rasgo distintivo, y muy importante para Boland, es que se tratará de la primera región en todo el mundo en la que el inglés no será el idioma oficial, ya que se apuesta por el español.



para la doctora María de los Ángeles Ortiz Camúñez, representante de la semFYC en la CIMF, una Atención Primaria bien desarrollada es la única manera de garantizar la equidad y la accesibilidad, a lo que une la ventaja de que la Medicina de Familia "no es un modelo sino una herramienta, un tipo de práctica acoplable a cualquier sistema", de ahí la apuesta que están haciendo por él la práctica totalidad de las naciones americanas. Por su parte, el doctor Daniel López acuña señala que una apuesta por la Medicina de Familia es hacerlo por la prevención, ya que además funciona como "puerta de entrada racionalizadora del sistema" y presta un servicio más cercano y atento a las "necesidades emergentes" de los ciudadanos.

La calidad como reto

para conseguir estos fines es necesario "un compromiso muy amplio en los servicios de salud que involucre a todos los actores potenciales", según se resalta en el estudio coordinado por Javier Domínguez y Vinceç Thomas, en el que se subraya que sólo hay un camino posible: conseguir la máxima calidad. Para ello se parte de la base de que el usuario debe adquirir un mayor protagonismo, para lo que primero hay que establecer métodos que permitan conocer sus necesidades y expectativas, para a continuación proceder a una planificación que será objeto de una evaluación continua.

Los trabajos realizados hasta la fecha han determinado que el ciudadano tiene una visión muy precisa de lo que entiende por calidad, un concepto en el que se incluye la capacidad de respuesta, la fiabilidad, la empatía, la profesionalidad, la longitudinalidad y continuidad y, por último, una serie de elementos tangibles muy importantes, donde se incluyen percepciones como la apariencia de las instalaciones, de los aparatos, del personal, de los materiales de comunicación y de los productos de la atención, es decir, lo que se lleva de la consulta: dietas, recomendaciones, recetas... Además, para lograr buenos resultados los expertos insisten en que es una "premisa básica" una organización del sistema sanitario en tres niveles bien definidos: primario (Atención Primaria y emergencias), secundario (Atención de las especialidades, procedimientos diagnósticos y terapéuticos e internación) y terciario (alta complejidad).

Entre las líneas de acción que se proponen para mejorar la eficiencia de los sistemas sanitarios destaca, en primer lugar, la necesidad de un fortalecimiento organizacional, ya que utilizando los recursos disponibles de manera más eficiente, las mejoras en calidad pueden generar importantes ahorros financieros. Para ello hay una serie de principios básicos que empiezan a asimilar la mayoría de sistemas sanitarios, como pueden ser la reorganización de los subsistemas a través del alineamiento de procesos, la participación del personal en las propuestas de cambio, la toma de decisiones basada en información confiable y el mejoramiento de la comunicación y la coordinación interna y externa.

Con esta base, se apuesta por medidas como el mejoramiento de los sistemas de atención basados en la Medicina de Familia y de los dispositivos de asignación de recursos para las unidades profesionales que trabajan en este ámbito, algo para lo que es necesario establecer mecanismos que incluyan no sólo parámetros de infraestructura, sino también condiciones de trabajo de los proveedores, esquemas salariales y sistemas de desarrollo profesional. La relación de cuestiones a tener en cuenta en este grupo es amplia, ya que se subraya la necesidad de adecuar las normas de funcionamiento de los sistemas de Medicina de Familia para facilitar la labor del médico, la mejora de los mecanismos de información añadiendo cuestiones cuantitativas y no sólo cualitativas y la construcción de indicadores de infraestructura, proceso, resultados e impacto adecuados, para así poder comparar lo que se hace con lo que estaba previsto.

El capítulo organizacional debería potenciarse, asimismo, con el diseño de nuevos incentivos basados en el impacto positivo en la salud, el mejoramiento de la capacidad gerencial de los responsables de unidades de Medicina de Familia con programas de capacitación y el diseño de un sistema de costeo de intervenciones, que debería incluir tanto el desarrollo de métodos e instrumentos de presupuestación como el de herramientas de evaluación de costo-beneficio de las acciones. Por último, hay coincidencia en reclamar una integración vertical entre niveles de atención a través del desarrollo de nuevos sistemas (compartiendo información en tiempo real, estableciendo planes de acción y consensos profesionales) y una complementariedad e integración en la provisión de los servicios, de tal manera que los sectores público y privado coordinen eficientemente sus intervenciones.

Abandonando el campo de la organización, otro terreno que los expertos insisten en potenciar es el profesional y técnico, sobre la base de que "ningún proceso de mejora de la calidad puede concretarse si no toma en cuenta a quienes prestan los servicios de salud", con iniciativas como el desarrollo organizacional de Sociedades Científicas de Medicina familiar y otras afines a la disciplina en Iberoamérica. Esta línea de acción se completaría con la aplicación de programas individuales de mejora constante, la creación de instrumentos para la publicación de experiencias y el desarrollo de programas integrales de educación continua.

La importancia de la formación

En lo que también coinciden los expertos es en que para obtener calidad un paso previo indispensable es contar con una buena formación, y no sólo de postgrado como hasta la fecha es lo habitual. La Medicina de Familia debe estar muy presente en la Universidad, en el pregrado, ya que las Facultades "tienen la responsabilidad particular no sólo de formar buenos médicos sino de incentivar su motivación para ocupar posiciones donde la sociedad y los sistemas de salud más lo necesitan", tal y como se recoge en un documento de trabajo realizado por especialistas de cinco países en la materia que se analizó en las jornadas celebradas en Sevilla.

Para superar el actual atraso en que se encuentran muchas de las escuelas de Medicina de los países iberoamericanos sería necesario poner en marcha un programa internacional para el desarrollo de la Medicina familiar académica, con la misión principal de estimular, apoyar y supervisar los esfuerzos nacionales en la materia y coordinar los avances que se vayan alcanzando. Además, y como paso previo, habría que realizar un estudio exhaustivo sobre la enseñanza de la Medicina de Familia en estos países para conocer realmente su situación y necesidades.

Asimismo, se aboga por convocar periódicamente reuniones de líderes políticos, directivos de servicios de salud y de educación médica para apostar por la Medicina de Familia, lo que debería traducirse en un apoyo político capaz de ejercer influencia sobre las escuelas de Medicina y el financiamiento de proyectos específicos, tanto por instituciones gubernamentales como filantrópicas.

Otra fase imprescindible es proceder a concienciar a toda la comunidad académica de la importancia de la enseñanza de la Medicina de Familia en pregrado, para lo que se esgrimirán argumentos educativos, filosóficos y científicos. De paso es necesario constituir un grupo de trabajo permanente para el estudio, promoción y monitorización de la Medicina familiar académica, que estaría integrado por profesores que representan a las escuelas de Medicina de América Latina, completándose esta estrategia con programas de excelencia y el desarrollo de estructuras académicas específicas de la especialidad -como cátedras y departamentos- en las universidades.

Otras cuestiones que los expertos consideran fundamentales son el intercambio de experiencias curriculares y la formación de docentes, aunque para ello es necesario contar con sitios y materiales educativos inalcanzables en la actualidad para muchos países, de ahí la necesidad de la cooperación internacional. Por último, hace falta desarrollar materiales educativos para estudiantes y docentes como contribución y apoyo a la enseñanza de la Medicina de Familia en pregrado en Iberoamérica, sentido en el que ayudaría mucho contar con una página web específica, según los expertos.

 



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