La Región Europea de la Organización Mundial de la Salud
(OMS) está compuesta por 51 países, que se extienden desde Groenlandia, al Oeste, hasta
la riberas del Pacífico de la Federación Rusa, al Este. A lo largo de la última década
el número de Estados miembros de la región ha aumentado de forma notable, pasando de 31
a 51, llegando en la actualidad a albergar a una población de 870 millones. Pese a los
adelantos científicos, al elevado nivel de la investigación y al aumento de los recursos
económicos dedicados a políticas de salud, lo cierto es que durante la década de los
años 90 la esperanza media de vida de la población europea disminuyó por vez primera
desde la Segunda Guerra Mundial. La causa se encuentra en gran parte en el deterioro de
las condiciones sanitarias de los nuevos Estados miembros y algunos países del entorno de
la Europa central y oriental, afectados por procesos bélicos.
Ésta
es la gran radiografía de partida que la OMS realiza sobre la salud de los europeos. El
último documento elaborado por el citado organismo, denominado "Salud 21. Salud para
todos en el siglo XXI", asegura que la región europea ha acentuado las diferencias
entre los grupos socioeconómicos. La OMS no escatima en advertencias y da la voz de
alarma al señalar sin tapujos que 'demasiadas personas fallecen de forma prematura a
pesar de que existen los medios y los conocimientos para poder evitarlo. Las grandes
áreas de incertidumbre de Europa están relacionadas con los fenómenos de la emigración
y los conflictos sociales. No obstante, la OMS considera que los grandes conflictos
europeos tienden a remitir por lo que estima que el siglo XXI puede ser el primero en el
que los países sean capaces de hacer del desarrollo humano su principal prioridad.
"Las personas y los países señala el informe están empezando a superar el
trauma inicial provocado por los recientes cambios y están surgiendo sociedades civiles
más fuertes". El establecimiento de las políticas denominadas Salud para Todos
(SPT) es, según la OMS, el gran reto de los países miembros de Europa para mejorar los
índices sanitarios de la población.
¿De qué se morirán los europeos de principios
del siglo XXI?
Las enfermedades cardiovasculares, principal causa de muerte
en la actualidad, seguirán siendo el gran verdugo sanitario de los próximos 20 años.
Una proyección sanitaria realizada por expertos de la Organización Mundial de la Salud
con vista a las dos próximas décadas indica que la cardiopatía isquémica se situará
como la primera causa de muerte, con un porcentaje que rondará el 11,2 por ciento de la
morbilidad global, lo que supone un incremento de casi dos puntos con respeto a 1990. Le
sigue, en orden de importancia, la depresión, con una tasa del 6,1 por ciento; la
enfermedades cerebrovasculares, con un 6,2 por ciento; los accidentes de tráfico, con un
4,3 por ciento; el consumo de alcohol, con un 3,8 por ciento; la osteartritis, con un 3,5
por ciento; los cánceres de pulmón, tráquea y bronquios, con un 4,5 por ciento; la
demencia y los trastornos degenerativos del sistema nervioso central, con un 3,4 por
ciento; las lesiones autoinflingidas, con un 2,4 por ciento; y las anomalías congénitas,
con un 1 por ciento.
Cabe reseñar que los mayores incrementos en las
principales causas de carga de morbilidad se encuentran en las patologías cardíacas,
anteriormente reseñada, y en los tumores y demencias. Para las Sociedades Españolas de
Medicina Rural y Generalista (Semergen) y de Medicina Familiar y Comunitaria (semfyc) este
aumento porcentual debe adscribirse, por una parte, a conductas tabáquicas, de ahí que
se vaticine que la mortalidad por cánceres de tráquea, pulmón y bronquios vaya a
duplicarse en el plazo de veinte años. En este sentido, ambas entidades hacen especial
hincapié en el aumento de fumadoras entre la población femenina, lo que ciertamente se
dejará notar en la mortalidad de las próximas dos décadas. Por otra parte, también se
considera que el aumento de las demencias y otros trastornos del sistema nervioso central
está íntimamente relacionado con el envejecimiento de la población, un fenómeno muy
extendido en Europa y que afectará de forma especial a España.
Éstas son para la OMS las diez primeras causas de muerte
en Europa para el año 2020, lo que no supone, por cierto, cambio significativo alguno
(además del incremento porcentual de algunas patologías) con respecto a las previsiones
que sobre carga de morbilidad se habían realizado para 1990. Lo que sí cabe destacar, y
en esto la Organización Mundial de la Salud dedica un amplio apartado del documento, es
que las principales causas de mortandad para las dos próximas décadas están
relacionadas con enfermedades no transmisibles.
Primera estrategia
Como primera estrategia para mejorar la salud de los europeos, la
OMS recomienda a los Estados miembros la puesta en marcha de políticas centradas en los
períodos o etapas críticas de las personas: nacimiento, transición a la educación
primaria, adolescencia, abandono del hogar paterno, establecimiento de la propia
residencia, incorporación al mercado laboral, nacimiento y educación de los hijos,
inseguridad laboral, cambio o pérdida de los puestos de trabajo, aparición de
enfermedades crónicas, salida del mercado laboral y pérdida del cónyuge y de los amigos
cercanos. En este sentido, la OMS indica que las políticas sociales, económicas y de
otro tipo, de los poderes públicos, deben crear entornos que garanticen que las personas
puedan alcanzar, en todas las etapas de su vida, plenamente su potencial de salud. La
inversión temprana en la protección de la salud generalmente produce beneficios más
adelante. Aspectos importantes de la salud mental y física se desarrollan en una etapa
temprana de la vida, con un legado de la madre en relación con el desarrollo prenatal; de
ambos progenitores con respecto a la herencia genética y a los cuidados post-natales.
Sobre este punto, las estrategias de SPT deben centrarse
en la reducción de las tasas de embarazos no deseados. Asimismo, la totalidad de los
Estados miembros deben alcanzar una tasa de mortalidad infantil no superior al 20 por mil.
Por otra parte, en el citado documento la OMS recuerda
también la necesidad de mejorar la atención obstétrica e insiste en alertar que la
costumbre de separar a las madres de los bebés en el mismo momento del nacimiento y de
poner demasiado énfasis en la regularidad, la disciplina y la higiene interfiere en los
mecanismos fisiológicos de protección, y que, por lo tanto, debe evitarse.
Por lo que respecta a la etapa juvenil, la OMS considera
que los esfuerzos deben ir dirigidos a fomentar conductas saludables, reducir los índices
de violencia, así como los accidentes de tráfico, principal causa de muerte entre este
sector de la población. En relación con la etapa adulta, se considera que las políticas
sanitarias deben contribuir a que las personas hagan frente a las patología que pueden
aparecer a lo largo de esta etapa vital. La prevención de las enfermedades y de la
mortalidad prematura mediante el tratamiento de las causas subyacentes y de los factores
de riesgo debe, sin embargo, constituir una base importante de todas las estrategias
sanitarias. Existen factores comunes de riesgo a las enfermedades relacionadas con las
principales causas de muerte, tales como las patologías cardiovasculares, el cáncer y la
diabetes. Estos factores son el tabaquismo, el consumo de alcohol, las dietas inadecuadas,
la falta de ejercicio físico y la irrupción cada vez más fuerte del estrés. Es por
ello, que se considera altamente necesario que los países de Europa adopten una
perspectiva integrada y desarrollen una amplia promoción de la salud y prevención de las
enfermedades anteriormente descriptas.
Envejecer en buena salud
y mejorar la salud mental
Una mención especial requiere el relacionado con el
envejecimiento de la población, un fenómeno cada vez más marcado en Europa y,
especialmente, en España. De hecho, la OMS recuerda que 18 de los 20 países del mundo
con los mayores porcentajes de personas mayores están situados en la Región Europea de
la OMS. En estos países, entre el 13,2 por ciento y el 17,9 por ciento de la población
tiene más de 65 años. En los próximos 20 años, se producirá un significativo
incremento de las tasas de envejecimiento poblacional, principalmente, en el tramo de las
personas de más de 80 años. Las estimaciones realizadas por diferentes organismos
internacionales es que en los próximos 30 años, es decir, para el 2030, el porcentaje de
personas con una edad superior a los 80 años aumentará en el conjunto de Europa desde un
22 por ciento a más de un 30 por ciento.
El envejecimiento poblacional obligará a Europa a poner
en marcha políticas destinadas a los mayores y tendentes a reducir los niveles de
dependencia e incapacidad. En este sentido, el gran reto de la OMS es incrementar en un 50
por ciento el porcentaje de octogenarios que sean capaces de disfrutar de un nivel de
salud en un entorno doméstico, permitiéndoles mantener su autonomía, su autoestima y su
lugar en la sociedad.
Pero además del aumento de la edad de la población, la
OMS también considera un elemento a tener en cuenta el relacionado con el aumento de las
patología de salud mental, especialmente, el suicidio, que constituye en la actualidad
una de las causas frecuente de muerte en los adolescentes y adultos jóvenes. El suicidio
es el responsable del 15 por ciento de los fallecimientos en el grupo de edad de 15 a 24
años, y a menudo, está relacionado con el consumo de drogasy alcohol. Asimismo, también
se ha observado que aumentan las tentativas y suicidios entre la población de más de 85
años. Los datos disponibles muestran que el suicidio está estrechamente relacionado con
la depresión, y que el diagnóstico y el tratamiento deficientes de la depresión
constituyen un importante factor de fondo en relación con tasas de suicidio elevadas. Los
pacientes con depresión y con tendencias suicidas están fundamentalmente en contacto con
médicos de familia, pero sólo en una pequeña parte de los casos son objeto de un
adecuado diagnóstico y tratamiento. De hecho, la OMS advierte que los factores de riesgo
para los problemas psiquiátricos están aumentado. La pobreza, el desempleo, la
inmigración, la migración, los cataclismos políticos, las crecientes tensiones entre
grupos étnicos, el aumento de las personas sin hogar, el aumento del consumo de drogas y
alcohol, la soledad y la ruptura de las redes sociales, actúan como un claro disparador
de los trastornos psiquiátricos entre la población general.
Reducir las enfermedades transmisibles
Otro de los grandes retos de la OMS es la reducción y, en
casos concretos su completa erradicación, de las enfermedades transmisibles. La
Organización Mundial de la Salud pone como un claro ejemplo de este exponente la
desaparición de la viruela. En este sentido, las autoridades sanitarias internacionales
han puesto fecha de desaparición a patologías tales como la poliomielitis, que se espera
erradicar este mismo año.
El tétanos neonatal también tiene los días contados, ya que
aunque se sigue declarando un pequeño número de casos, esta situación solo afecta a
cuatro de los 51 Estados miembros. Asimismo, el sarampión y la hepatitis B figuran en la
lista de patologías a erradicar. La mayor parte de los países europeos han puesto en
marcha diferentes programas sanitarios tendentes a prevenir esta enfermedad, cuya
incidencia ha caído por debajo de un caso por cada cien mil habitantes. El resto de
patologías cuya desaparición o disminución de la incidencia se propone son la difteria,
rubéola, la parotiditis, la meningitis, la tuberculosis y el VIH/sida.
En otro orden de cosas, la OMS realiza una llamada de
atención sobre la reformas emprendidas en los sistemas de salud de toda la Región. La
separación entre compradores y proveedores, la introducción de elementos de competencias
en los servicios sanitarios y de diversos mecanismos de pago son algunas de las
perspectivas adoptadas. Las diferencias en la provisión de servicios sanitarios entre los
países, así como entre las regiones y los grupos sociales de cada país, están
aumentado y, en muchos países de la parte oriental, la situación es crítica en la
actualidad. A menudo, la capacidad de acceso y la calidad de los servicios sanitarios se
han visto perjudicados. Se puesto, por tanto, demasiado énfasis en la propia atención
sanitaria, dejando a un lado la promoción de la salud, la prevención de enfermedades y
las actividades de rehabilitación.
Finalmente, la OMS recuerda que nunca antes Europa había
tenido un futuro tan prometedor y nunca antes el desafío relativo a la creación de un
modelo de desarrollo político eficaz y con capacidad de liderazgo había sido tan grande.
En la actualidad, los máximos responsables de la salud pública deben asumir su papel de
liderazgo. Europa debe centrar sus políticas de salud en la solidaridad, la equidad, el
fomento de conductas saludables, la reducción de las patologías mentales y las
enfermedades transmisibles, así como las no transmisibles, la disminución de las
conductas tabáquicas, el acercamiento de los recursos sanitarios y movilización de los
agentes de salud. Sólo así se logrará mejorar la salud de los 870 millones que residen
en la región europea.