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A PESAR DE QUE LA REGULACIÓN DE LA INGENIERÍA GENÉTICA MOLECULAR ES MAYOR Y MÁS TRANSPARENTE QUE LA DE CUALQUIER OTRA TECNOLOGÍA ANTERIOR, EL DEBATE SOBRE LAS PLANTAS TRANSGÉNICAS HA ESTADO CONTAMINADO POR AFIRMACIONES CON UNA ESCASA BASE CIENTÍFICA. UN BUEN EJEMPLO DEL RIGOR CON EL QUE SE ESTÁN EXAMINANDO LOS ALIMENTOS TRANSGÉNICOS ES LA RETIRADA DEL MERCADO DE VARIEDADES DE COLZA Y JUDÍAS CON UN ELEVADO POTENCIAL ALERGÉNICO

 

 Juan-Ramón Lacadena. Departamento de Genética, Facultad de Biología Universidad Complutense de Madrid

En los organismos superiores animales o vegetales, normalmente la información genética se transmite de padres a hijos; es decir, se trata de una transmisión vertical vía gametos. Sin embargo, mediante determinadas técnicas de ingeniería genética (inyección o bombardeo de ADN, utilización de vectores apropiados tales como virus o plásmidos, etc.) puede inducirse la transmisión horizontal de los genes entre individuos de la misma especie, de especies distintas o, incluso, pertenecientes a reinos biológicos diferentes (animales, plantas, bacterias): es la transgénesis que, en la historia cronológica de la Genética, se desarrolló principalmente en el período 1990-1995 y que hoy día vemos representada, por un lado, en la obtención de las plantas y los animales transgénicos y, por otro lado, en la aplicación de la terapia génica en los seres humanos.

De la manipulación genética a la manipulación social
En la historia de la Genética, el período de 1975 a 1985, denominado de la "Nueva Genética", se caracterizó por el desarrollo de la tecnología de los ácidos nucleicos (fragmentación, hibridación, secuenciación y amplificación del ADN), que convirtió a los abstractos genes mendelianos en entidades tangibles y manipulables: los genes se pueden identificar entre la inmensa maraña molecular del genoma de los organismos, se pueden aislar, caracterizar, transferir de unas células a otras, de unos individuos a otros de la misma o de distinta especie. Es el nacimiento de la manipulación genética.
 
Cuando se habla de manipulación genética, el concepto "manipular" hay que entenderlo en la acepción que recoge el Diccionario de la Real Academia de la Lengua como "operar con las manos o con cualquier instrumento" y no con la otra acepción peyorativa de "intervenir con medios hábiles, y a veces arteros, en la política, en la sociedad, en el mercado, etc., con frecuencia para servir los intereses propios o ajenos". Precisamente, es esta segunda acepción la que sería aplicable a la manipulación social que se está produciendo en la actualidad en relación con las plantas y los alimentos transgénicos.
 
Aunque bajo el título de esta breve reflexión -"Transgénesis y salud"- habría que incluir también tanto la utilización de los animales transgénicos para la obtención de proteínas terapéuticas humanas en las llamadas granjas farmacéuticas o para la preparación inmunológica de los animales (cerdos) para un posible xenotrasplante como la terapia génica, únicamente haré referencia a los alimentos transgénicos.

Alimentos transgénicos: verdades y mentiras
La sociedad vive en un continuo estado de alarma ante determinados avances científicos, tales como la clonación en mamíferos o las plantas transgénicas y su utilización en la producción de alimentos. El debate sobre los alimentos transgénicos se ha producido como consecuencia de los intereses enfrentados de la industria biotecnológica (léase las grandes compañías multinacionales productoras de las plantas transgénicas) y los agricultores avanzados, por un lado, y los grupos ecologistas y determinadas ONG y asociaciones de consumidores, por otro lado. ¿A qué se debe el clima de desconfianza y rechazo hacia las plantas y los alimentos transgénicos que se ha producido en una buena parte de la sociedad? Como señala Moreno (1999), en cierto modo puede achacarse a la falta de transparencia informativa y a una serie de estrategias poco afortunadas por parte de los más interesados en la rápida comercialización de estos productos. Además, el debate social está contaminado por la escasa participación de los agentes sociales en su desarrollo, por el lenguaje equívoco utilizado por determinados grupos de presión en forma de metáforas inapropiadas (por ejemplo, "transgénico como sinónimo de alterado", "transgénico como sinónimo de dañino", "lo natural como sinónimo de inocuo, y lo artificial de nocivo") y por el exceso de contenido retórico y falta de rigor científico y técnico en los argumentos utilizados. Por ejemplo, publicar en los medios de comunicación que se ha demostrado -sin que haya una publicación científica seria que lo avale- que los alimentos transgénicos son dañinos (por aquello de "calumnia que algo queda") o asegurar que las plantas trangénicas atentan contra la biodiversidad o magnificar los riesgos y apelar al "principio de precaución" para aconsejar la prohibición de los cultivos transgénicos o tachar de "vendidos a las multinacionales" a los científicos que honradamente defienden la utilización de plantas y alimentos transgénicos. Todo ello supone una enorme y grave manipulación social. 
 
Lo sucedido con las investigaciones del Dr. Pusztai del Instituto Rowett, Aberdeen, Escocia, y su posiblemente mal interpretado experimento con ratas alimentadas con patatas transgénicas es un ejemplo de lo que no debería ocurrir. Hace unos meses, los medios de comunicación daban a conocer el informe de un consejo científico británico que invalidaba el experimento del Dr. Pusztai, aduciendo deficiencias en su protocolo. El Gobierno británico, a la vista del informe elaborado a lo largo de cinco meses por sus máximos asesores científicos, presentó el 21 de mayo de 1999 en la Cámara de los Comunes su conclusión de que "no hay pruebas que sugieran que los alimentos modificados genéticamente son dañinos". 
 
En este contexto, es importante hacer alusión al peligroso papel que están jugando los medios de comunicación social como sustitutos de las revistas científicas, ya que en numerosas ocasiones los científicos dejan filtrar o informan a la prensa de los resultados de sus investigaciones y luego no es posible encontrar el hecho fehaciente de la publicación científica seria que los avale, posiblemente porque nunca se sometieron o no pudieron superar el juicio crítico del comité editorial de la revista científica. 

Aspectos bioéticos y jurídicos de la utilización de alimentos transgénicos
Desde el punto de vista sanitario, en el caso del maíz transgénico portador del gen Bt procedente de la bacteria Bacillus thuringiensis que le confiere resistencia al insecto del "taladro", se ha hablado mucho del riesgo teórico que supone que dicho gen se haya incorporado al genoma del maíz junto con otro gen que da resistencia a los antibióticos beta-lactámicos (ampicilina), con el riesgo de que éste pueda pasar a bacterias del tracto intestinal humano directa o indirectamente vía bacterias del tracto intestinal de los animales que se alimenten con el maíz transgénico no procesado. ¿Justificaría ese riesgo potencial, que tiene una probabilidad de prácticamente cero, la prohibición del maíz transgénico con el gen Bt de Bacillus thuringiensis? Posiblemente no. Por otro lado, nunca se ha demostrado que un gen consumido por boca haya sido transmitido a una bacteria del tracto intestinal.
Como señalaba Jones en el British Medical Journal del 27 de febrero de 1999, 
 
"en el fragor del debate es fácil olvidar que el ADN es ­y siempre lo ha sido­ parte de nuestra dieta diaria. Diariamente, cada uno de nosotros consume millones de copias de miles de genes. Muchos de estos genes son totalmente funcionales en el momento de la consumición y en la mayoría de los casos no conocemos su función. ¿Cuánta gente se detiene a considerar los genes desconocidos y todavía funcionales que comemos en el tomate, el pepino o en la lechuga de una ensalada, los genes bovinos de un filete de carne, el ADN fragmentado de muchos alimentos procesados y los genes de multitud de microorganismos que respiramos y tragamos?". 
 
A este respecto, y como exponente de la falta de información y desconocimiento de un buen número de ciudadanos, podría mencionarse aquí que, en encuestas sociológicas realizadas sobre alimentos transgénicos, muchos encuestados respondían que ellos solamente querían comer "tomates sin genes". También puede ser procedente recordar que el aceite obtenido de las semillas de soja transgénica no lleva ni ADN ni proteínas, de modo que su condición transgénica per se no puede resultar nociva para la salud.
 
Otro aspecto sanitario a tener en cuenta es el de la aparición de alergias insospechadas por el consumo de alimentos transgénicos. Por ejemplo, los planes que se habían hecho para comercializar colza y judías genéticamente modificadas para aumentar su valor nutritivo incrementando su contenido en cisteína y metionina, usando la albúmina de reserva 2S rica en metionina, procedente de la nuez de Brasil, se abandonaron al descubrirse su elevado poder alergénico. También se ha citado el caso de alergias producidas por soja transgénica manipulada con genes de la nuez de Brasil o de fresas resistentes a las heladas por llevar incorporado un gen de pescado (un pez que vive en aguas árticas a bajas temperaturas). En este segundo supuesto, las personas alérgicas al pescado podrían sufrir una crisis alérgica al ingerir las fresas transgénicas en el caso de que la proteína que confiere la resistencia a las heladas fuera ella misma alérgena. Lo cual no tiene por qué ser así.
 
En relación con los problemas alérgicos, las autoridades que han de establecer la normativa adecuada con-fían que el efecto alergénico de las proteínas no ensayadas pueda ser predicho con cierta fiabilidad por su análisis estructural. La mayoría de las proteínas alergénicas tienen un peso molecular comprendido entre 10 y 70 kilodalton, comparten ciertas secuencias de aminoácidos y resisten la degradación por el calor, así como la digestión ácida y por peptinasa que semejan las condiciones naturales del estómago.
 
La capacidad de los alimentos alergénicos de alcanzar la mucosa intestinal es un prerrequisito para su alergenicidad y ello implica, obviamente, su supervivencia a la digestión gástrica producida por la pepsina secretada en el estómago. Por ello, son de mucho interés los estudios de estabilidad de los alimentos alergénicos a la digestión in vitro con un fluido gástrico simulado (Astwood et al., 1996).
 
Las situaciones anteriormente descritas justificarían la petición hecha por organizaciones de consumidores y ecologistas de que los productos elaborados con plantas transgénicas lleven la etiqueta correspondiente. Y, en efecto, lo consiguieron: el 15 de Mayo de 1997 entró en vigor el Reglamento CE nº 298/97 "sobre nuevos alimentos y nuevos ingredientes alimentarios" aprobado por el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea el 27 de Enero de 1997. En el Art. 1.2 la normativa dice que el Reglamento se aplicará, entre otros, a:
 
a) "alimentos e ingredientes alimentarios que contengan organismos modificados genéticamente con arreglo a la Directiva 90/220/CEE, o que consistan en dichos organismos";
b) "alimentos e ingredientes alimentarios producidos a partir de organismos modificados genéticamente, pero que no los contengan".
 
El Artículo 3 dice que los alimentos e ingredientes alimentarios no deberán
- "suponer ningún riesgo para el consumidor
- inducir a error al consumidor
- diferir de otros alimentos e ingredientes alimentarios a cuya sustitución se destinen de tal manera que su consumo normal implique desventajas para el consumidor desde el punto de vista de la nutrición"
 
Más adelante, el Artículo 8.1 indica los requisitos específicos suplementarios en materia de etiquetado para información del consumidor sobre:
 
a) "las características o propiedades alimentarias (composición, valor o efecto nutritivo, uso al que se destina) en cuanto hagan que un nuevo alimento o ingrediente alimentario deje de ser equivalente a un alimento o ingrediente alimentario existente... En este caso, el etiquetado deberá llevar la mención de estas características o propiedades modificadas junto con la indicación del método por el cual se haya obtenido esta característica o propiedad";
b) "la presencia en el nuevo alimento o ingrediente alimentario de materias que no estén presentes en un producto alimenticio equivalente existente y que puedan tener consecuencias para la salud de determinados grupos de población", como sería el caso de alergias originadas por los productos derivados de la presencia del gen transferido, tal como se señalaba anteriormente;
c) "la presencia en el nuevo alimento de materias que no están presentes en el producto alimenticio equivalente existente y que planteen una reserva de carácter ético", como podría ser el caso de una planta transgénica que llevara algún gen animal (por ejemplo, cerdo) y pudiera contravenir las creencias religiosas o filosóficas de alguna persona;
d) "la presencia de un organismo modificado genéticamente mediante técnicas de modificación genética". 
 
En España, el Real Decreto 951/1997, de 20 de Junio, por el que se aprueba el Reglamento General para el Desarrollo y Ejecución de la Ley 15/1994, de 3 de Junio, "por la que se establece el régimen jurídico de la utilización confinada, liberación voluntaria y comercialización de organismos modificados genéticamente, a fin de prevenir los riesgos para la salud humana y el medio ambiente", supone la actualización y puesta en obra de la normativa comunitaria y, además, crea la Comisión Nacional de Bioseguridad, como órgano colegiado de carácter consultivo adscrito al Ministerio de Medio Ambiente. Esta importante Comisión debería haberse creado en el plazo de tres meses a partir de la entrada en vigor de la Ley 15/1994; así pues, sólo ha nacido con tres años de retraso. 
 
En relación con el aspecto de la salud humana, es importante poner de manifiesto que desde 1990 organizaciones como la FAO, la OMS y la FDA norteamericana vienen evaluando con rigor los pros y los contras de los alimentos transgénicos y no se han opuesto a su utilización. De cualquier manera, es posible que la presión a la que se han visto sometidas determinadas cadenas comerciales de alimentación para retirar los productos transgénicos no haya sido realizada con medios éticos. De todas formas, puede suceder que -a no ser por razones alérgicas o de tipo ético, incluyendo una postura ecologista antitransgénica visceral- los consumidores reaccionen ante el etiquetado transgénico como los fumadores que compran las cajetillas de tabaco donde se anuncia claramente que el fumar perjudica seriamente la salud; es decir, que no hagan caso a la advertencia. 
 
Las plantas y los alimentos transgénicos son un reto de la Biotecnología actual que ha creado un cierto grado de alarma social consecuencia, en cierto modo, del temor a lo desconocido y novedoso. De todas formas, es bueno y necesario que se plantee en la sociedad un debate serio y riguroso, sin "ecologismos" demagógicos, que permita el avance de la ciencia, evitando a la vez peligros y riesgos innecesarios. De cualquier manera, en relación con el riesgo es importante tener en cuenta algunos de los aspectos que destacaba el Profesor García-Olmedo (1998) en relación con las plantas transgénicas:
 
- En general, la ciencia ha avanzado a ciegas en cuanto al riesgo, pero alerta a sus síntomas.
- Hay que distinguir entre el riesgo de la investigación básica y el riesgo de la aplicación del conocimiento adquirido.
- No existe el riesgo cero: toda actividad humana conlleva un cierto riesgo que ha de ser evaluado en función de los beneficios que tal actividad reporta.
Además, como ya he mencionado anteriormente, hay que tener en cuenta también que:
- Natural no es sinónimo de inocuo: hay productos naturales que llevan substancias mutagénicas y cancerígenas; por ejemplo, la pimienta negra (safrol), las setas comestibles (hidrazinas), el apio (psolareno), los frutos secos (aflatoxinas de hongos), etc.
- No todo lo artificial es nocivo: ninguno de los conservantes autorizados llega a ser tan peligroso como las toxinas que pueden producir las bacterias y los hongos que el conservante evita.
Finalmente, entre las paradojas que se están produciendo en el debate social de los alimentos transgénicos (Dixon, 1999), podría mencionarse que los titulares alarmistas de los medios de comunicación social contrastan con el hecho de que la regulación de la ingeniería genética molecular es mayor y más transparente que la de cualquier otra tecnología del pasado.

 

Bibliografía

ASTWOOD,J.D.; LEACH,J.N.; FUCHS,R.L. 1996. Stability of food allergens to digestion in vitro. Nature Biotechnology, 14:1269-1273
DIXON,B. 1999. The paradoxes of genetically modified foods. British Medical Journal, 318:547-548
GARCIA OLMEDO,F. 1998. La tercera revolución verde. Plantas con luz propia. Editorial Debate S.A..,209 pp.
JONES,L. 1999. Science, medicine, and the future. Genetically modified foods. British Medical Journal, 318:581-584
LACADENA, J.R. 1997. El mercado de transgénicos. Nueva Revista (Madrid), 52 : 61-75
LACADENA,J.R. 1999. Alimentos transgénicos: verdades y mentiras. En Alimentación y nutrición (B. Sanz y G. Varela eds.), Real Academia de Farmacia, Madrid (en prensa)
MORENO,M. 1999. Argumentos, metáforas y retórica en el debate sobre los alimentos transgénicos. Comunicación presentada en las Jornadas sobre Ciencia, Tecnología y Valores. Santa Cruz de Tenerife, 5-9 Abril 1999
NORDLEE,J.A.; TAYLOR,S.L.; TOWNSEND,J.A.; THOMAS,L.A.; BUSH,R.K. 1996. Identification of a Brazil-nut allergen in transgenic soybeans. N.Engl.J.Med.,334:688-692

     

 

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