Avances en el tratamiento de
la úlcera péptica y sus perspectivas desde Atención Primaria
| LOS MÉDICOS DE ATENCIÓN
PRIMARIA SON LOS PRINCIPALES RECEPTORES DE LOS PACIENTES QUE PADECEN ESTA ENFERMEDAD. SE
CALCULA QUE DE UN 15 A UN 25 POR CIENTO DE LOS SUJETOS QUE ACUDEN A SUS CONSULTAS CON
SÍNTOMAS DISPÉPTICOS PRESENTAN UNA ÚLCERA GASTRODUODENAL. ESTA CIRCUNSTANCIA, UNIDA AL
COSTE DERIVADO DEL DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO DE ESTA ENTIDAD VIENE A REFORZAR LA
NECESIDAD DE ESTABLECER PROTOCOLOS CONJUNTOS RACIONALES, APLICABLES DESDE LA CONSULTA DE
A.P. A LA DE GASTROENTEROLOGÍA |
 |
Juan Manuel Herrerías*
Manuel Rodríguez-Téllez**
*Presidente de la Sociedad Española de Patología Digestiva
y jefe del Servicio de Aparato Digestivo
**Médico adjunto del Servicio de Aparato Digestivo. Hospital
Universitario Virgen Macarena, de Sevilla
La historia natural de la úlcera péptica (UP) indica que es
una enfermedad crónica con tendencia a la recidiva. Cursa por brotes que no siempre
producen síntomas y que suelen remitir de forma espontánea. La evolución de la
enfermedad ulcerosa péptica es muy variable y está influenciada por numerosos factores.
Puede presentar complicaciones como la hemorragia, la perforación, la estenosis y la
refractariedad al tratamiento médico. A lo largo de la Historia se han empleado
diferentes medidas generales y diseñado numerosos tratamientos farmacológicos que han
incidido en los aspectos etiológicos y fisiopatológicos más conocidos del momento, no
dejando de lado el coste y la seguridad de los mismos. Y se han alcanzado grandes logros
como una mayor rapidez en el alivio de los síntomas, un aumento en la tasa de
cicatrización y una disminución del índice de recidivas y de complicaciones.
El concepto de úlcera péptica en la actualidad va unido a
dos aspectos etiológicos íntimanente relacionados, la infección por Helicobacter pylori
y el consumo de fármacos antinflamatorios no esteroideos (AINE). Se considera que el H.
pylori es la causa más frecuente de la enfermedad ulcerosa péptica, y es a partir de la
observación de
una disminución drástica en el índice de recidivas de UP después de
tratar esta infección, cuando por vez primera se comienza a hablar de curación de la
enfermedad (1).
Los segundos agentes etiológicos en frecuencia que pueden
originar una UP son los fármacos AINE. Estos fármacos están entre los más prescritos
en el mundo, fundamentalmente a pacientes que sufren alguna patología reumática o
coronaria. A este numeroso grupo hay que añadirle el constituido por los que usan y
abusan de manera incontrolada de ellos por indicaciones incorrectas y automedicación. Se
calcula que unos 4 millones de españoles los consumen de manera regular, estando también
a la cabeza en los efectos adversos que se comunican. Existen otras causas más raras de
UP, los estados de hipersecreción, por ejemplo, el gastrinoma, así como otros grupos de
elementos genéticos y ambientales relacionados con la aparición o la cronicidad de una
úlcera péptica como el estrés o el tabaco. Pero desde los puntos de vista etiológico,
diagnóstico y terapéutico se puede trazar una división entre úlcera asociada a
infección por Helicobacter pylori y no asociada al germen. Hay que mencionar la
particular asociación úlcera péptica - consumo de AINE - infección por H. pylori, cuya
actitud más acorde con los estudios recientes se expondrá posteriormente.
Cuando se hace referencia a una entidad como la UP en
Atención Primaria (AP) surge una reflexión inmediata: los médicos de AP son los
principales receptores de los pacientes que padecen esta enfermedad. Aunque con limita-
ciones metodológicas, se calcula que de un 15 a un 25 por ciento de
los sujetos que acuden a sus consultas con síntomas dispépticos presentan una úlcera
gastroduodenal (2). Esta circunstancia, unida al coste derivado del diagnóstico y
tratamiento de esta entidad, viene a reforzar la necesidad de establecer protocolos
conjuntos racionales, aplicables desde la consulta de AP a la de Gastroenterología. Para
ello hay que dejar de lado algunas conductas erróneas adquiridas por cuestiones tales
como la presión asistencial o la mecanicidad en el acto médico.
Objetivos
A lo largo de esta revisión se expondrán las novedades de estos
aspectos mencionados, extraídas de los últimos estudios publicados y de las reuniones
internacionales de consenso. En primer lugar se llevará a cabo una descripción
actualizada de los fármacos empleados en el tratamiento de la UP. En segundo lugar, los
últimos avances terapéuticos en la úlcera péptica asociada al Helicobacter pylori, que
se han dirigido a mejorar progresivamente la eficacia de las pautas de tratamiento
erradicador, más que a la prevención de la infección. En tercer lugar, se hará una
breve descripción actualizada de la fuente principal de investigación y desarrollo en
las lesiones producidas por los AINE, que ha incidido en la profilaxis, con el diseño de
nuevos fármacos menos lesivos y la aplicación contrastada de los antisecretores con
fines preventivos. Y finalmente, se expondrán las peculiaridades de la actitud
diagnóstico-terapéutica frente a estos pacientes desde la perspectiva de AP, donde se
hace una propuesta en forma de algoritmo de un manejo racional de los pacientes con
dispepsia, la cual podría ser útil para la identificación y curación precoz y eficaz
de los sujetos con una UP.
Fármacos antiulcerosos
Los objetivos del tratamiento de la úlcera gastroduodenal son lograr
la cicatrización de la lesión ulcerosa, el alivio de los síntomas y la prevención de
las recidivas y de las complicaciones. Los fármacos antiulcerosos son los que actúan
sobre los mecanismos fisiopatológicos de la UP hasta ahora conocidos. Sólo durante su
administración cambian la historia natural de la enfermedad ulcerosa. Los más utilizados
son los que pretenden disminuir la acción de factores agresivos mediante la disminución
o supresión de la secreción ácida, éstos son, los antagonistas de los receptores H2 y
los inhibidores de la bomba de protones (IBP).
Antagonistas de los receptores H2
El primer fármaco que supuso una auténtica revolución en el
tratamiento de la enfermedad ulcerosa péptica fue un antagonista de los receptores H2
(anti-H2) de la membrana basolateral de la célula parietal, la cimetidina (3).
Posteriormente, se han sumado a este grupo de antisecretores otros como ranitidina,
famotidina, nizatidina y roxatidina, con escasas diferencias entre ellos; y otro más,
ebrotidina, con mala fortuna por la grave hepatotoxicidad que puede producir. Los anti-H2
alcanzan porcentajes de cicatrización de la lesión superiores al 80 por ciento y,
empleando una terapia de mantenimiento tan sólo con una dosis diaria, reducen las
recidivas anuales de un 60-80 por ciento a un 15-30 por ciento (4), motivo principal del
abandono casi total del tratamiento quirúrgico electivo de la UP en los años 80. Para
lograr tasas de cicatrización de las lesiones ulcerosas cercanas al 95 por ciento es
necesario el uso de los anti-H2 a dosis terapéuticas (p.ej. ranitidina 300 mg/día), 4
semanas en las duodenales y 8 en las gástricas (5). Por tanto, su indicación para el
tratamiento de la UP activa sigue vigente
en la actualidad a
pesar de la mayor eficacia de los IBP. No obstante, desde el punto de vista de la
práctica diaria, su indicación fundamental en esta entidad es el tratamiento de
mantenimiento en los casos indicados.
Inhibidores de la bomba de protones
Ha sido la inhibición del punto final de la secreción ácida
gástrica, la bomba de protones situada en la membrana subapical de la célula parietal,
lo que ha logrado una potencia antisecretora mayor y por tanto una mejoría más rápida
de los síntomas. El omeprazol fue el primer fármaco que logró reducir la secreción
ácida gástrica basal y estimulada mediante la inhibición irreversible de la enzima H+,
K+- ATP asa, con independencia de que el estímulo fuera colinérgico, histaminérgico o
gastrinérgico. Con una sola dosis al día de 20 mg se alcanzan tasas de cicatrización de
las lesiones ulcerosas duodenales y gástricas superiores al 80 por ciento, a las 4 y 8
semanas respectivamente (6). Con el tratamiento con los otros benzoimidazoles sustituidos
de aparición más tardía, lanso-
prazol y pantoprazol, a dosis de 30 y 40 mg respectivamente, se
obtienen resultados similares (7-8). El pantoprazol presentaría la ventaja teórica de
poder coadministrarse con otros fármacos con menor riesgo de interacciones (9). El
rabeprazol 20 mg, todavía no comercializado en España, no parece que ofrezca ventaja
alguna sobre los otros inhibidores de la bomba de protones (10). Los IBP reversibles
podrían constituir la próxima aportación farmacológica antisecretora, teóricamente
más fisiológicos; no obstante, no parece que vayan a ser más eficaces y, por ahora, no
está prevista su comercialización.
Otros fármacos antiulcerosos
La prescripción actual de los alcalinos en la úlcera gastroduodenal
está muy limitada. A pesar de que muestran resultados superiores a placebo y comparables
con ranitidina en la cicatrización de la lesión, se prescriben, generalmente, en esta
entidad para el control de los síntomas en espera de pruebas diagnósticas, o los
primeros tres o cinco días de tratamiento con un fármaco antisecretor. Los análogos de
las prostaglandinas como el misoprostol sólo logran la cicatrización de la úlcera a
dosis antisecretoras, con la aparición de importantes efectos secundarios como diarrea.
Su indicación principal es la prevención de las lesiones gástricas que aparecen con la
ingesta de AINEs. También se han empleado fármacos anticolinérgicos no selectivos como
la pirenzepina y la telenzepina, escasamente difundidos en la actualidad.
Algunos fármacos, sin actuar sobre la secreción ácida,
logran la cicatrización de la úlcera. Aunque no todos los estudios así lo afirman,
parece que el sucralfato, el acexamato de zinc y el subscitrato de bismuto coloidal
favorecen las defensas de la mucosa. Hay que señalar que el bismuto además actúa frente
al Helicobacter pylori, y ha formado parte de una de las pautas de tratamiento que mayor
porcentaje de erradicación ha conseguido. La última incorporación al grupo de fármacos
antiulcerosos, aunque especialmente diseñado para la erradicación del H. pylori, es la
Ranitidina Bismuto Coloidal (RBC), que, además, ha demostrado su eficacia como fármaco
antiulceroso en las lesiones ulcerosas gastroduodenales no asociadas a la infección (11).
Por último, mencionar otros fármacos que desde hace varios
años aparecen fundamentalmente en trabajos de investigación básica, los antagonistas
benzodiazepínicos selectivos de los receptores de la colecistoquinina-B, como el
L-365,260, que inhiben la secreción ácida mediante la interacción la proteina quinasa A
dependiente de AMP-cíclico en el interior de la célula parietal (12). No obstante,
aunque se ha probado su tolerancia en el hombre a una dosis de 50 mg, parece que va a ser
difícil por el momento superar la eficacia global de los antisecretores IBP
irreversibles.
Manejo racional de los fármacos antiulcerosos
Por tanto, se puede afirmar que de los fármacos mencionados, si la
intención es lograr la cicatrización de la lesión ulcerosa activa, los de elección son
los antisecretores. Si el objetivo además es la erradicación del H. pylori, en las
terapias triples se puede emplear un IBP ó RBC. Una vez tratada la enfermedad ulcerosa
péptica, y por tanto, erradicado el H. pylori en caso de su existencia previa, puede
ocurrir que la lesión no cicatrice. En estos casos se deberá pensar en la asociación de
otras enfermedades como el síndrome de Zollinger-Ellison, una enfermedad de Crohn, o bien
la nada infrecuente toma subrepticia de AINE. Una vez descartadas estas causas, en los
casos de refractariedad al tratamiento, o de complicaciones previas de la UP, en pacientes
mayores de 60 años, si el paciente sufre dos o tres recurrencias anuales, o precisan
tratamiento continuado con AINE o anticoagulantes, se debe emplear un tratamiento de
mantenimiento. Ésta es la principal indicación de los anti-H2 en la enfermedad
ulcerosa péptica en la actualidad.
Úlcera péptica e infección por H. pylori
El antro gástrico del 90 al 100 por cien de las úlceras duodenales, y
entre el 60 y el 80 por ciento de las gástricas, está infectado por el Helicobacter
pylori. El dato más relevante de esta asociación desde el punto de vista clínico y
socioeconómico es la constatación de la disminución de las recidivas ulcerosas a un 4-5
por ciento anual si se logra eliminar el germen de la mucosa. Se considera que hoy es
posible conseguir con una sola pauta terapéutica de 7-10 días los objetivos principales
para un correcto manejo de la UP; éstos son, el alivio de los síntomas, la
cicatrización de la lesión ulcerosa, la profilaxis de las recidivas y, en parte, de
alguna de sus complicaciones como la hemorragia digestiva.
Indicaciones de erradicación de Helicobacter pylori en la
UP
Nueve años después del aislamiento del germen en la mucosa gástrica,
en una Conferencia de Consenso del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos
(NIH), se estableció que "los pacientes ulcerosos con infección por Helicobacter
pylori requieren tratamiento con antimicrobianos además de antisecretores, tanto en el
primer episodio como en las recidivas". Quedó constituida en forma de consenso lo
que desde los inicios hasta la actualidad ha sido y es la indicación principal del
tratamiento erradicador, la úlcera gastroduodenal (13). La frecuencia con la que se
están sucediendo las principales Conferencias Internacionales de Consenso, una cada año
y medio o dos años, indica la rápida evolución y la necesidad de las mismas de adecuar
sus conclusiones a la credibilidad de los estudios realizados durante esos periodos. Así,
en la Conferencia de Consenso del Grupo Europeo para el Estudio del Helicobacter pylori,
celebrada en Maastricht en 1996 (14), se clasificaron todas y cada una de las indicaciones
como recomendadas, aconsejables o inciertas, según las opiniones de los expertos allí
presentes basadas en la evidencia científica total, moderada o escasa de los estudios que
las apoyaran
(ver tabla I).
Tabla I: INDICACIONES DE TRATAMIENTO
ERRADICADOR.
CONFERENCIA DE CONSENSO DE MAASTRICHT, 1996 |
| Patología |
Recomendación
|
Evidencia
científica |
| Enfermedad
ulcerosa péptica |
A |
A |
| Úlcera sangrante |
A |
A |
| Linfoma MALT bajo
grado |
A |
A |
| Gastritis con
importantes cambios |
A |
B |
| Resección
gástrica en ca. precoz |
A |
B |
| Histora familiar
cáncer gástrico |
B |
C |
| Dispepsia
funcional |
B |
C |
| Tratamiento con
AINE |
B |
C |
| Tratamiento
prolongado IBP |
B |
B |
| Resección
quirúrgica por úlcera |
B |
B |
| Petición del
paciente |
B |
C |
| Patología
extradigestiva |
C |
C |
| Sujetos
asintomáticos |
C |
C |
| Recomendación:
|
A:
recomendada
B. aconsejable
C: incierto |
|
| Evidencia
científica: |
A:
inequívoco
B: moderado soporte
C: escaso soporte |
|
La Conferencia de Consenso de Asia Pacífico celebrada
en 1997 en Singapur (15) tenía el objetivo, como las demás, de establecer unas pautas de
actuación diagnósticas y terapéuticas propias ante la infección por Helicobacter
pylori, y para ello las indicaciones para erradicar la infección se clasificaron según
la evidencia científica de los estudios aleatorizados en la escala de Sackett (A,B o C) o
en la buena práctica clínica (BPC)
(ver tabla II).
Tabla II: INDICACIONES DE TRATAMIENTO ERRADICADOR.
CONFERENCIA DE CONSENSO DE asia pacífico, 1997 |
| Patología |
Grado
de evidencia científica de Sackett |
| Enfermedad ulcerosa péptica |
A |
| Historia de complicación
ulcerosa |
A |
| Historia ulcerosa que precisen
AINE |
C |
| Dispepsia funcional |
C |
| Resección gástrica por ca.
precoz |
C |
| Linfoma MALT bajo grado |
C
|
| Historia familiar de cáncer
gástrico |
BPC
|
| Petición del paciente |
BPC
|
En la Tabla III se esquematiza la escala de Sackett. En
estas dos últimas reuniones internacionales la indicación con mayor soporte científico
ha sido, como en la primera, la úlcera gastroduodenal y también una de sus
complicaciones, la hemorragia digestiva.
Tabla III: escala de evidencia científica de
sackett |
| Grado de
evidencia |
Procedencia de los
datos |
| A |
amplios ensayos controlados
aleatorizados |
| B |
ensayos aleatorizados menos
amplios y no definitivos |
| C |
estudios no controlados no
aleatorizados |
| BPC |
no asignable a ninguno previo
|
| BPC:buena
práctica clínica |
Tabla IV: PAUTAS DE ERRADICACIÓN DE
HELICOBACTER PYLORI |
| Pauta y
duración |
% erradicación (IC
95%)
(intención de tratamiento) |
| BMT (1 semana) |
79-83 |
| BMT + antisecretor (2 semanas) |
84-93 |
| RBC + C (2 semanas) |
78-87 |
| RBC + AC (1 semana) |
85-91 |
| MOC ó MLC ó MPC (1 semana) |
83-89 |
| AOC ó ALC ó APC (1 semana) |
82-91 |
Triple
clásica:
BMT: bismuto, metronidazol y tetraciclina.
Terapia cuádruple:
BMT + antisecretor: bismuto, metronidazol y
tetraciclina, más un
antisecretor.
Doble terapia más eficaz:
RBC + C: ranitidina citrato bismuto más
claritromicina.
Triples terapias cortas:
AOC: amoxicilina, omeprazol y claritromicina.
ALC: amoxicilina, lansoprazol y
claritromicina.
APC: amoxicilina, pantoprazol y
claritromicina.
MOC: metronidazol, omeprazol y claritromicina.
MLC: metronidazol, lansoprazol y
claritromicina.
MPL: metronidazol, lansoprazol y
claritromicina.
RBC + AC: ranitidina citrato bismuto,
amoxicilina y claritromicina. |
La Conferencia de Consenso de Maastricht se celebró en
el momento de mayor auge de utilización de pautas terapéuticas por la comunidad
científica. Participaron numerosas especialidades médicas, entre las que destacan
Aparato Digestivo, Medicina Interna y Atención Primaria. En países como Alemania
aproximadamente el 40 por ciento de los tratamientos los prescriben médicos de Atención
Primaria. Este hecho, unido a otros como la inicialmente supuesta inocuidad de la
erradicación, o bien la ilusionante idea de lograr la curación de ésta y otras
muchas enfermedades gastrointestinales con la erradicación masiva del germen,
probablemente fueron algunos de los motivos que llevaron a numerosos expertos a aconsejar
la erradicación en entidades como la dispepsia funcional (DF), la enfermedad por reflujo
gastroesofágico (ERGE) que precisara tratamiento con IBP a largo plazo, o en los casos de
necesidad de seguir un tratamiento continuado con AINE.
Dispepsia funcional, ERGE y su relación con el H. pylori
merecen amplias revisiones aparte que se escapan de los objetivos de este trabajo, pero la
coexistencia de una úlcera gastroduodenal con la ingesta de AINE en un paciente que
además presenta una infección por Helicobacter pylori, es precisamente uno de los
aspectos más debatidos en la actualidad respecto a la indicación de instaurar un
tratamiento erradicador o no. Todavía no se sabe si las acciones lesivas de ambos agentes
se suman, o por el contrario el H. pylori, o al menos algún subtipo, ejerce un papel
protector en algunas circunstancias. Por un lado, las conclusiones extraídas de un
estudio controlado aconsejan la erradicación previa al tratamiento continuado con AINE
(16). Sin embargo, en un estudio multicéntrico posterior se observa un retraso en la
cicatrización de las úlceras gástricas producidas por AINE en pacientes erradicados
(17). Otros trabajos no corroboran este retraso en la cicatrización de las úlceras
sangrantes producidas por AINE al erradicar la bacteria (18). Por lo que una vez más se
pone de manifiesto la necesidad de incluir en estudios, siempre que sea posible
controlados, a todos los pacientes que vayan a ser sometidos a tratamiento erradicador en
estas circunstancias especiales.
Pautas de erradicaciónde Helicobacter pylori
Quizás no exista una infección con tantas posibilidades terapéuticas
para lograr su curación. Algunos autores piensan que no existe la pauta de erradicación
ideal. Ésta debería ser segura, la mayoría lo son; barata, la mayoría lo son según
los datos extraídos de los estudios coste-beneficio realizados en los pacientes con UP,
aunque el resto de indicaciones no están evaluadas totalmente en este aspecto. La pauta
de tratamiento ideal debería ser también de fácil cumplimiento, corta duración y buena
tolerancia, características que van íntimamente unidas y que cumplen la mayoría de las
pautas actuales con un IBP o RBC más dos antibióticos, dos veces al día durante 7 ó 10
días. Además, una pauta terapéutica debe lograr tasas de erradicación del germen de al
menos el 80 por ciento de los casos si se realiza el análisis según la intención de
tratamiento (ITT), exigencia mínima extraída de las Conferencias de Consenso del NIH, de
Maastricht y de Asia Pacific; o bien, como se añade en este último foro de expertos, al
menos el 90 por ciento si el análisis se hace según las tasas de erradicación
observadas por protocolo (PP). Por último, el tratamiento ideal debe inducir un grado
reducido de resistencias bacterianas tanto primarias como secundarias.
Las opciones terapéuticas estudiadas y utilizadas para la
erradicación de H. pylori incluyen, por un lado, las sales de bismuto, ranitidina citrato
bismuto (RBC), antagonistas H2 (anti-H2) y los inhibidores de la bomba de protones (IBP)
ome- prazol, lansoprazol y pantoprazol; y por otro, los
antimicrobianos, principalmente amoxicilina, tetraciclina, nitroimidazoles (metronidazol,
tinidazol) y macrólidos (claritromicina, azitromicina). La combinación de uno de los
primeros con uno o dos de los segundos constituye la opción terapéutica más frecuente.
En la Tabla IV se presentan las pautas de tratamiento más empleadas, con sus porcentajes
de erradicación (ITT).
In vitro, H. pylori es muy sensible a la mayoría de
los antimicrobianos, a las sales de bismuto, a los IBP, y a RBC. Estos resultados no son
en absoluto extrapolables in vivo. Así, se ha demostrado un fracaso rotundo de las
monoterapias, con tasas de erradicación de 0 a 14 por ciento, y de la gran mayoría de
las terapias dobles, que alcanzan cifras de curación inferiores al 70 por ciento. Sólo
RBC 400 mg y claritromicina 500 mg dos veces al día logra tasas de erradicación del 82
por ciento (ITT) o 91 por ciento (PP) (19). Es posible que en un futuro cercano se
demuestre la eficacia terapéutica de otra terapia doble, omeprazol más nitazoxanida,
éste último un compuesto tiazólico antiparasitario con actividad anti-toxina
vacuolizante del Helicobacter pylori y con tasas de erradicación del 83 por ciento en
estudios piloto en voluntarios (20, 21). Las triples terapias clásicas, denominadas así
por ser las primeras que consiguieron tasas de erradicación superiores al 85 por ciento
de los casos consisten en la administración, durante 14 días, de dicitrato o
subsalicilato de bismuto coloidal y un nitroimidazol (metronidazol o tinidazol), asociados
a tetraciclina o amoxicilina. La elevada frecuencia de efectos secundarios que produce,
las resistencias al metronidazol y la necesidad de tomar hasta catorce pastillas al día
han limitado su uso. Su indicación está reservada, asociada a antisecretores (terapia
cuádruple), para aquellos casos en los que no se logre la erradicación con las pautas
actuales.
Existen numerosas pautas con eficacias similares o superiores
a estas terapias clásicas, mejor toleradas y de más fácil cumplimiento, como la de una
semana inicialmente propuesta por Bazzoli (22). Los tratamientos de erradicación más
frecuentes que se emplean como primera opción terapéutica actualmente en España
incluyen un antisecretor o RBC y dos antibióticos que se administran durante 7 o 10
días. Las tasas obtenidas con las triples terapias IBP más dos antibióticos
(generalmente claritromicina y amoxicilina en España por el mencionado porcentaje de
resistencias al metronidazol) administradas durante 7 días alcanzan las cifras exigidas
en la Conferencia de Consenso de Maastricht, ésto es, más del 80 por ciento (ITT). Estas
triples terapias de una semana no muestran diferencias si el IBP empleado es omeprazol,
lansoprazol o pantoprazol (8), o si la combinación con los dos antibióticos se realiza
con RBC en lugar de un IBP (23)
Los antibióticos más utilizados son claritromicina,
azitromicina, amoxicilina, metronidazol y tinidazol, constituyendo la claritromicina el
factor común en nuestro medio (24). En España, por el alto índice de resistencias a
metronidazol, alrededor del 35 por ciento, no debe administrarse como primera opción
terapéutica. Un problema acuciante son las tasas de resistencias bacterianas a
claritromicina, actualmente situadas entre el 0 y el 15 por ciento en Europa, que podría
disminuir la tasa de éxito terapéutico en más del 50 por ciento (25). Datos que
contrarrestan estas cifras negativas son los extraídos de trabajos que demuestran una
menor inducción de resistencias primarias y secundarias si se emplea RBC en la
erradicación (26). En esta línea, la nitazoxanida no induciría la aparición de resis-
tencia cruzada al metronidazol, y, además, preservaría del uso de
otros antibióticos actualmente considerados de primera línea como la claritromicina,
hecho que podría constituir un avance importante una vez comprobada su eficacia junto con
el omeprazol en las tasas de erradicación. Estos problemas de resistencias bacterianas
unido a la escasa pero no por ello descreciable tasa de fracasos terapéuticos (5-10 por
ciento) hacen que cada vez se esté más cerca en el intento de hallar una vacuna, aunque
continúa el objetivo a corto y medio plazo de encontrar un único agente eficaz, seguro y
bien tolerado, para lo que se siguen realizando ensayos clínicos multicéntricos
internacionales.
Manejo racional de las terapias erradicadoras
De lo expuesto en este apartado se puede concluir que las pautas
terapéuticas más aceptadas son las triples terapias de 7-10 días con RBC o un IBP
asociadas a claritromicina y amoxicilina.
(Figura 1)

La única doble terapia que se acepta como eficaz en la
actualidad es la RBC más claritromicina durante 14 días, y quedan pendientes los
resultados que se obtengan con la nitazoxanida más omeprazol. Tras un fracaso de las
terapias de elección mencionadas se prescribirá una cuádruple terapia, o bien repetir
la misma pauta que se indicó inicialmente, aunque preferentemente con RBC. Si existe un
segundo fracaso terapéutico se deben realizar las pruebas de sensibilidad microbianas
para conocer las resistencias bacterianas e indicar los antibióticos adecuados
(27).
Úlcera péptica y AINE
Los efectos adversos gastrointestinales derivados del consumo de AINE
son de diversa índole, desde un 20 a un 30 por ciento de sujetos que presentan síntomas
dispépticos durante el tratamiento, hasta un 2 por ciento que pueden sufrir
complicaciones graves como una hemorragia digestiva alta (HDA) o una perforación.
Aproximadamente, una cuarta parte de los pacientes con síntomas dispépticos tras la
ingesta de AINE van a tener una endoscopia digestiva alta normal, la mayoría presentarán
lesiones agudas de la mucosa gástrica leves y de un 10 a un 30 por ciento tendrán una
úlcera gástrica o duodenal (28). Por tanto, las medidas terapéuticas a emplear van a
tener como objetivos principales, por un lado aliviar estos síntomas dispépticos como la
pirosis, el dolor y las molestias epigástricas, las náuseas y vómitos secundarios a la
ingesta de AINE, y por otro prevenir y tratar las lesiones y complicaciones derivadas de
su consumo. A diferencia de la UP asociada al H. pylori, los avances terapéuticos
asociados a la ingesta de AINE van dirigidos, principalmente, a la profilaxis de las
lesiones y de sus complicaciones. En líneas generales, hacia dos campos diferentes; por
un lado, al diseño de fármacos AINE más inocuos, y por otro, a la aplicación de
protectores de la mucosa y antisecretores con este fin preventivo. En este sentido, uno de
los objetivos trazados para evitar la aparición de las lesiones por AINE ha sido
contrarrestar los mecanismos implicados en la fisiopatología de las lesiones. Ésto es,
por un lado, disminuir la secreción ácida, preferiblemente con los IBP (29-30), y por
otro, favorecer el mantenimiento de los mecanismos protectores de la mucosa dependientes
de las prostaglandinas mediante la administración de misoprostol (31).
Manejo racional de la profilaxis y el tratamiento de la UP
por el consumo de AINE
El fármaco y las dosis de los mismos a emplear van a depender del
objetivo que se proponga el clínico. En primer lugar, han demostrado la prevención de
aparición de lesiones gástricas el misoprostol 800 mg/día (31), omeprazol 20 mg/día
(32), y también famotidina 40 mg/12 horas (33). No obstante, la mejor tolerancia y la
menor tasa de recidiva ulcerosa hacen preferible el uso de omeprazol que de misoprostol
(32). En segundo lugar, si el objetivo es tratar los síntomas dispépticos originados
tras la ingesta de AINE se prescribirá, bien un anti-H2, bien un IBP mientras dure la
terapia antiinflamatoria. En tercer lugar, el tratamiento de las lesiones erosivas o
ulcerativas irá encaminada a lograr la cicatrización de las mismas. Para ello, si se
suspende el tratamiento con AINE, podrá utilizarse un IBP como el omeprazol 20 mg/día, o
bien un anti-H2 como ranitidina 300 mg/día, 4 semanas en las úlceras duodenales, 8 en
las gástricas. Si el proceso o enfermedad impide la interrupción del tratamiento con
AINE, el grupo farmacológico de elección indicado será IBP a altas dosis, o bien
anti-H2 a altas dosis o por tiempo prolongado. Si existe infección concomitante por H.
pylori, y según los estudios mencionados previamente, en la actualidad se acepta la
erradicación en la úlcera duodenal, sin olvidar las reservas hacia esta actitud en
aquellos casos de úlcera gástrica, así como los posibles cambios futuros de esta
actitud con la próxima aparición de nuevos trabajos controlados (34).
La úlcera péptica en Atención Primaria
Excepto aquellos pacientes que se presentan con una complicación como
hemorragia o perforación, la mayoría de los pacientes con UP acudirán a su médico de
Atención Primaria con síntomas dispépticos. Algunos con síntomas típicos que sugieren
la presencia de una úlcera gastroduodenal, aunque la mayoría no. En un estudio reciente
realizado sobre una población de 123.610 pacientes en el Sistema Nacional de Salud
danés, se observó una incidencia anual de dispepsia funcional de 3,4 por ciento. De
ellos, se ha estimado una pre-
valencia de 11,7 por ciento de pacientes con síntomas de alarma, 34
por ciento de dispepsia tipo dismotilidad, 17 por ciento tipo ulcerosa y 3 por ciento de
dispepsia no clasificable (35). Una cuestión muy debatida es la decisión inicial que
debe tomar el médico receptor de cada uno de estos pacientes que consulta por vez
primera: tratar de manera empírica, solicitar una consulta especializada o realizar
alguna prueba diagnóstica. En este sentido, la disponibilidad de cada área de Atención
Primaria para solicitar de manera directa y sin dificultad protocolaria métodos
diagnósticos tales como la endoscopia o la ecografía digestivas, van a definir en gran
medida su límite en el manejo de estos pacientes. Cualquiera de las tres actitudes
mencionadas puede ser correcta, pero debe estar precedida y condicionada por un
cuestionario clínico inicial estructurado que identifique, en primer lugar, los síntomas
y signos de alarma acompañantes, así como las características particulares del dolor
abdominal y su interferencia con la calidad de vida. Las numerosas propuestas y la validez
constatada de muchos de estos cuestionarios deben invitar al clínico a elegir uno de
ellos (36) o diseñar uno propio para la clasificación homogénea de sus pacientes (37).
(ver tabla V)
Tabla V: EJEMPLO DE CUESTIONARIO CLÍNICO DIRIGIDO A
LOS PACIENTES CON DISPEPSIA FUNCIONAL |
| Antecedentes |
- Familiares de patología
digestiva
- Tabaco
- Alcohol
- Consumo de AINE u otros fármacos
- Enfermedades sistémicas |
| Edad |
- Menos de 45 años
- Más de 45 años |
Síntomas y
Signos de alarma |
- Pérdida de
peso
- Anemia
- Hemorragia digestiva
- Disfagia, odinofagia
- Vómitos persistentes
- Masa abdominal, adenopatías
- Ictericia
- Otros |
| Síntomas Ejemplos:
Dolor abdominal que
se alivia con ingesta
Distensión abdominal
Saciedad precoz, etc |
- Intensidad*
- Duración (más o menos de 2-3 semanas)
- Frecuencia (primera consulta o recidivas) |
| * Existen
diferentes sistemas de cuantificación para valorar la intensidad de los síntomas, por
ejemplo, puntuación de cada síntoma de 1 a 7 en escala visual - Caballero et al (37)-, o
bien de 1 a 10, u otros. |
Una vez catalogado y clasificado el paciente con
dispepsia funcional según los criterios clínicos descritos, unido a los antecedentes, la
edad, el consumo previo de AINE y otros aspectos, podemos establecer un algoritmo para el
manejo global hasta remitir al paciente al gastronterólogo si así fuese necesario
(Figura 2). Como se puede observar en este esquema, no se hace referencia al diagnóstico
y tratamiento de la infección por Helicobacter pylori en esta fase inicial. Y la razón
puede extraerse de lo ya expuesto previamente. A pesar de que, por un lado las
recomendaciones del Consenso de Maastricht (14) inducen a pensar que el germen siempre es
perjudicial, y por otro que los estudios coste-eficacia realizados hasta el momento son
favorables a la erradicación de los dispépticos H. pylori positivos sin necesidad de
realizar estudio endoscópico alguno, lo razonable una vez más es esforzarse en realizar
protocolos de actuación de manera conjunta y unánime, sin diferencias entre Atención
Primaria y Gastroenterología. Datos que apoyan esta actitud más racional son los
extraídos de estudios controlados con gran número de pacientes publicados recientemente,
que indican la ausencia de asociación causal de la infección con la dispepsia (38-39).
Lo que se une a lo anteriormente mencionado respecto a los AINE, y también a la ERGE. Por
tanto la colaboración entre todos debe ser contínua, y siempre que sea posible en
estudios controlados para que en un futuro próximo se puedan aplicar las recomendaciones
extraídas de la evidencia de los mismos.
Manejo racional del paciente dispéptico
Por un lado, si el paciente debuta con dispepsia con más de 45 años,
o presenta síntomas o signos de alarma, el médico de Atención Primaria lo enviará al
gastroenterólogo, o bien, si el área sanitaria que ejerce se lo permite, solicitará
directamente una endoscopia. Y por otro lado, una vez identificado el síntoma
predominante, excluidos los síntomas y signos de alarma, si el paciente tiene menos de 45
años, lo más habitual es instaurar un tratamiento empírico.
(Figura 2)

Esta actitud llevada a cabo por la gran mayoría de los
médicos de Atención Primaria (40) está justificada además por estudios que comparan el
tratamiento empírico frente a la realización de una endoscopia seguida de tratamiento y
evalúan coste-eficacia. Los resultados de uno de estos trabajos describen el alivio de
los síntomas en un 5 por ciento más de pacientes con DF y un coste inferior al 8 por
ciento, ambos datos favorables al grupo de tratamiento empírico (41).
Cuando no existe indicación de realizar una prueba
diagnóstica inicialmente, la mayoría recomienda en primer lugar medidas
higienico-dietéticas por el alivio sintomático que producen en muchas ocasiones, a pesar
del escaso soporte científico de las mismas (42). El tratamiento empírico actual suele
ir dirigido a aliviar el síntoma principal referido por el paciente. Así, los pacientes
que refieren síntomas de dispepsia tipo dismotilidad serán candidatos al tratamiento con
procinéticos como la cisaprida, y los de tipo ulceroso, a los antagonistas H2 (anti-H2) o
inhibidores de la bomba de protones (IBP). Los pacientes con dispepsia inclasificable,
inespecífica, pueden responder al tratamiento alternativo con estos fármacos. En los
pacientes que se identifique claramente un componente ansioso o depresivo como
desencadenante de los síntomas pueden emplearse ansiolíticos o antidepresivos
respectivamente.
En un estudio canadiense sobre 195 médicos de Atención
Primaria, el tiempo medio que se consideró oportuno para remitir el paciente al
gastroenterólogo en caso de ausencia de respuesta al tratamiento empírico fue de 5
semanas (40). Aunque no existe acuerdo en este tiempo, se debe considerar esta posibilidad
a partir de la tercera semana sin resultados. En este mismo estudio los pacientes fueron
remitidos al especialista de Digestivo para la realización de una endoscopia digestiva
tras una media de 2,5 ciclos de tratamiento empírico. Una vez que el paciente está
diagnosticado definitivamente, ya sea de DF, de UP u otra entidad, y finalizado el
tratamiento (figura 1), el seguimiento debe estar coordinado por el médico de Atención
Primaria, de tal manera que permita una información actualizada del proceso al paciente y
al gastroenterólogo, que detecte las recidivas sintomáticas graves o la aparición de
otros síntomas y complicaciones, que evite la repetición de visitas y exploraciones
complementarias innecesarias, y que en un momento preciso derive al paciente a otras
consultas especializadas. En la úlcera péptica, entidad que perdurará siempre, se pone
de manifiesto una vez más la necesidad de establecer una coordinación metodológica y
asistencial unánime en el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de los pacientes.
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