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Vacunaciones en sanitarios y en el medio laboral   

EL PERSONAL SANITARIO ES UN GRUPO DE RIESGO DE ADQUISICIÓN Y DE POSIBLE TRANSMISIÓN DE ENFERMEDADES PREVENIBLES CON VACUNAS, POR LO QUE LA PUESTA EN MARCHA DE PROGRAMAS DE INMUNIZACIÓN DIRIGIDOS A ESTE COLECTIVO DEBE SER UNA PARTE ESENCIAL DE LAS ESTRATEGIAS DE SALUD LABORAL ESTABLECIDAS EN LOS CENTROS SANITARIOS  
 
Magda Campins Martí, del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Valle de Hebrón de Barcelona y profesora asociada de Medicina Preventiva de la Universidad Autónoma de Barcelona  
 
medi_infor.jpg (13860 bytes)Los objetivos de los programas de vacunación en el personal sanitario deben ser los siguientes: proteger a los trabajadores del riesgo de adquirir infecciones transmitidas por los pacientes; evitar que los trabajadores puedan ser fuente de transmisión de determinadas infecciones a los pacientes a los que atienden, a otros trabajadores o a la comunidad; y salvaguardar la salud del personal en caso de que, por determinadas circunstancias (inmunosupresión, enfermedad crónica de base, etc) esté expuesto a un riesgo superior de contagio o de complicaciones derivadas de la adquisición de ciertas enfermedades infecciosas en el lugar de trabajo. 
 
Estos programas deben hacerse de forma integrada en los exámenes periódicos de salud realizados al personal sanitario y en estrecho contacto con el programa de vigilancia y control de infecciones nosocomiales. En ellos, se debe incluir no sólo los trabajadores del hospital, sino también a los estudiantes de Medicina y Enfermería y a todas aquellas personas que, aunque no dependan directamente del centro sanitario, realicen sus actividades en él (personal de limpieza, manipuladores de alimentos,...).
 
Según el Advisory Committee on Inmunization Practices (ACIP) y el Hospital Infection Control Practices Advisory Committee (HICPAC) de los EE.UU., las vacunas de interés en el personal sanitario se pueden clasificar en tres categorías: a) vacunas muy recomendables, dirigidas a la prevención de infecciones con especial riesgo en sanitarios; b) vacunas de indicación limitada a determinadas circunstancias; y c) vacunas recomendables a todos los adultos.
 
Vacunas muy recomendables
-Hepatitis B: El virus de la hepatitis B es el principal agente infeccioso asociado a riesgo ocupacional en los trabajadores sanitarios. Los estudios seroepidemiológicos efectuados antes de la generalización de la vacuna de la hepatitis B mostraban tasas de prevalencia de HbsAg y de marcadores de infección pasada en el vacunastx1.gif (1979 bytes)personal sanitario hospitalario significativamente más elevadas que en la población general.
 
Este riesgo es especialmente elevado en profesionales que en su trabajo están más expuestos a accidentes por inoculación, y está en relación con la duración de su actividad laboral y con el tipo de población atendida. La adquisición de una infección por el virus de la hepatitis B en el personal sanitario no sólo comporta el riesgo de desarrollar una enfermedad crónica del hígado, con la subsiguiente posibilidad de un acortamiento de la expectativa de vida, sino también la de transmitir la infección a sus pacientes, aunque este riesgo se limita en la práctica a aquellos profesionales que efectúan procedimientos invasivos predisponentes a exposiciones. Con la introducción de programas de vacunación, la incidencia de hepatitis B se ha reducido de manera espectacular en las instituciones sanitarias. Sin embargo, no se ha eliminado por completo, ya que una proporción relativamente elevada de sanitarios no se vacunan por razones diversas. Esta limitación desaparecerá en unos años, cuando inicien su actividad profesional las cohortes que han sido vacunadas durante el período de aprendizaje en las Facultades de Medicina y en las escuelas de enfermería.
 
medi_infor1.jpg (12149 bytes)La pauta de vacunación consiste en tres dosis de 20 µg, administradas por vía intramuscular en deltoides, las dos primeras separadas por un mes y la tercera a los cinco meses de la segunda. El conocimiento de la respuesta inmune a la vacuna en el personal sanitario es útil a los servicios de salud laboral de los centros hospitalarios, por si se produce una exposición accidental al VHB, con objeto de establecer las recomendaciones adecuadas de profilaxis postexposición. La revacunación no parece justificada, ya que aunque hay un declive con el el tiempo de la concentración de anticuerpos, la inmunidad inducida por la vacuna continúa siendo eficaz para la prevención de la infección.
 
-Gripe: La transmisión del virus influenza en el medio hospitalario es uno de los principales motivos de absentismo laboral entre el personal sanitario. Además, los trabajadores sanitarios pueden transmitir el virus a pacientes de alto riesgo para esta infección, ya sea durante el período de incubación o en fase subclínica de la enfermedad. Un reciente estudio realizado en EE.UU. indica que en un 17,2 por ciento de los pacientes hospitalizados con gripe, ésta es de origen nosocomial. Este hecho enfatiza la importancia de indicar la vacunación en todos los trabajadores del medio sanitario, especialmente en aquéllos que atienden pacientes con alto riesgo de complicaciones de la gripe, en los que trabajan en instituciones geriátricas o de enfermos crónicos y en los sanitarios mayores de 65 años o afectos de patologías de base consideradas como de alto riesgo. 
 
La necesidad de vacunar al personal que trabaja en instituciones geriátricas se refleja en los datos aportados por Potter y colaboradores en un estudio realizado en ancianos residentes en 12 centros geriátricos en el que se demuestra cómo la inmunización del personal se asocia a una reducción de la mortalidad global de los pacientes (17 por ciento versus 10 por ciento) (OR=0,56; IC95%:0,40-0,80).
 
Se recomienda la inmunización con una única dosis administrada por vía intramuscular y con periodicidad anual. Existen en el mercado tres tipos de vacuna: de virus enteros, de virus fraccionados y de subunidades del antígeno. En adultos puede utilizarse cualquiera de ellas.
 
-Sarampión: Aunque el sarampión se ha convertido en los últimos años en una infección muy poco frecuente y de aparición predominante en los últimos años de la infancia y en el adulto joven, se considera que su riesgo de adquisición en el personal sanitario es 13 veces superior al de la población general. En EE.UU., durante el período 1990-1991, el 4,8 por ciento de los casos de sarampión fueron nosocomiales, correspondiendo a personal sanitario el 37 por ciento. Hasta hace pocos años, eran frecuentes las publicaciones de brotes de sarampión en hospitales, en los que el caso índice solía ser un estudiante de Medicina o un residente, lo que vacunastx2.gif (1980 bytes)indica que el pequeño número de susceptibles existente en la actualidad debe buscarse especialmente en estos colectivos.
 
A pesar de que la mayoría de estudios seroepidemiológicos muestran que más del 95 por ciento de los adultos poseen inmunidad frente al sarampión, la principal medida de control es la inmunización de todo el personal susceptible. Los sanitarios que no tengan evidencia de inmunidad deberían vacunarse antes de su incorporación al trabajo, independientemente de la edad y del área de trabajo. Teniendo en cuenta la elevada fiabilidad del antecedente del sarampión y del de la vacunación en la historia clínica no se considera costo-efectivo realizar cribado serológico prevacunal.
 
La vacuna triple vírica es el preparado de elección si los receptores son susceptibles a los tres virus. La administración de una única dosis de vacuna por vía subcutánea proporciona una protección de larga duración en más del 95 por ciento de los vacunados para el sarampión y la rubéola y del 90 por ciento para la parotiditis. Al tratarse de una vacuna atenuada, su uso está contraindicado durante el embarazo y en personas inmunodeprimidas. Se aconseja evitar el embarazo durante los tres meses siguientes a la administración de la vacuna.
  
-Rubéola: La incidencia de rubéola ha disminuido de forma notable desde la incorporación de la vacuna en los calendarios de inmunización sistemática infantil. A pesar de ello, entre el 10 y el 15 por ciento de adultos jóvenes en nuestro país siguen siendo susceptibles a esta infección. Estudios seroepidemiológicos realizados en personal sanitario han mostrado porcentajes de susceptibilidad del 6-8 por ciento.
 
El objetivo principal de la vacunación frente a la rubéola es la prevención de la infección congénita. Por este motivo, los programas de prevención de la rubéola en el hospital se habían centrado en la inmunización del personal sanitario femenino en edad fértil y de aquellos trabajadores en contacto con embarazadas. En la actualidad, se recomienda la vacunación de todo el personal susceptible, tanto varones como mujeres, independientemente de la edad y del lugar de trabajo.
 
A diferencia del sarampión, en este caso está indicado realizar cribado prevacunal, ya que como muestran Polk y colaboradores, el antecedente de inmunidad a partir de la historia clínica posee una baja capacidad de predicción de la presencia o ausencia de anticuerpos.
 
Se recomienda el uso preferencial de la vacuna triple vírica.
 
-Parotiditis: La transmisión nosocomial de la parotiditis se ha descrito  con relativa frecuencia en los últimos años, aunque, en general, han sido casos esporádicos. En la actualidad, una importante proporción de casos se da en adolescentes no vacunados y en adultos jóvenes, habiéndose descrito brotes en centros universitarios vacunastx3.gif (1718 bytes)y en colectividades, incluso con coberturas vacunales elevadas, lo que se atribuye a fallos vacunales primarios.
 
Al poderse administrar esta vacuna de forma combinada con la del sarampión y la de la rubéola (vacuna triple vírica) es prudente asegurar también la inmunidad frente a este virus en el medio sanitario. No se recomienda la realización sistemática de cribado prevacunal.
 
-Varicela: La transmisión del virus varicela zoster en el hospital es un hecho frecuente, siendo las fuentes de infección tanto los pacientes como el personal sanitario o las visitas durante el período de incubación de la infección. En áreas pediátricas, el caso índice suele ser un niño con varicela y en servicios de hospitalización de adultos es frecuente la transmisión a partir de pacientes afectos de herpes zoster diseminado, infección frecuente en enfermos inmunodeprimidos. A pesar de que la mayoría de adultos son inmunes a la infección, en caso de susceptibilidad la forma de presentación es más severa que en los niños, y puede revestir especial gravedad en determinados grupos de individuos. En una reciente revisión, Weber y colaboradores mostraron que entre el 1 y el 7 por ciento de los sanitarios eran susceptibles, y que después de la exposición nosocomial al virus entre el 2 y el 16 por ciento desarrollaban la varicela.
 
Por tanto, entre las estrategias para el control de la varicela nosocomial se incluye la identificación del personal susceptible antes de su incorporación al trabajo y la inmunización, especialmente, en aquéllos que trabajen en áreas en las que se atienda a pacientes con alto riesgo de complicaciones por esta infección:
 
 1-Neonatos prematuros hijos de madres susceptibles.
2-Prematuros de menos de 28 semanas de gestación o con peso inferior a 1.000g.
3-Embarazadas.
4-Inmunodeprimidos.
 
La utilización de inmunoglobulina específica no confiere protección total y, además, prolonga el período de vacunastx4.gif (1774 bytes)incubación en unos siete días, lo que aumenta el absentismo laboral del personal susceptible expuesto.
 
La vacuna de la varicela está elaborada con virus vivos atenuados de la cepa OKA, y la pauta vacunal del adulto incluye dos dosis separadas entre sí 4-8 semanas, administradas por vía subcutánea. No se requiere tal confirmación serológica de inmunidad después de la vacunación, ya que la inmunogenicidad vacunal tras la segunda dosis es superior al 90 por ciento.
 
El cribado serológico prevacunal del personal con historia negativa o incierta de varicela se considera costo-efectivo. Según un reciente estudio, la vacunación frente a la varicela del personal sanitario susceptible genera un ahorro neto de 59 dólares por persona, manteniéndose la razón coste-efectividad positiva, incluso, si se realiza cribado serológico prevacunal.
 
Vacunas de indicaciones limitadas
­Hepatitis A: La hepatitis A es una infección ocupacional poco frecuente en el personal sanitario y su presentación en forma de brotes intrahospitalarios se ha descrito en escasas ocasiones, afectando principalmente a nurseries o servicios de neonatología, donde la transmisión se ha producido a partir de recién nacidos con infección asintomática. Se ha sugerido que la excreción fecal del virus es más prolongada en niños que en adultos y algunos estudios de laboratorio han mostrado que un 30 por cien del inóculo sobrevive en las manos durante más de cuatro horas. Los principales factores de riesgo implicados en la transmisión nosocomial del virus se relacionan con el incumplimiento de las medidas higiénicas básicas de control de la infección, como el lavado de manos, el comer o beber en la unidad y la no utilización de guantes al manipular secreciones.
 
medi_infor2.jpg (10124 bytes)Estudios seroepidemiológicos realizados en personal sanitario no han mostrado un aumento de la prevalencia de la infección en comparación con otros colectivos profesionales ni con la población en general. De todas formas, el cambio epidemiológico que se ha producido en nuestro país en los últimos años en relación a esta infección ha comportado un aumento creciente del porcentaje de casos que se producen en el adulto joven, siendo previsible un aumento de la incidencia de hepatitis A con expresividad clínica, ya que la proporción de formas sintomáticas es mucho mayor en adultos que en niños. Este hecho podría también tener traducción en el personal sanitario. Así, según datos de los últimos estudios publicados la prevalencia de adultos jóvenes con anticuerpos frente a este virus ha disminuido del 50 por ciento a finales de la pasada década a menos del 20 por ciento en la actualidad.
 
En un futuro próximo, probablemente, se considerará la inmunización universal de la población, pero en estos momentos la vacuna está restringida a determinados grupos de alto riesgo de contraer la infección. En el personal sanitario se consideran las indicaciones siguientes: manipuladores de alimentos del hospital, personal de laboratorio de microbiología en contacto con el virus o primates infectados, trabajadores que deban viajar a áreas de alta endemicidad, grupos de ayuda humanitaria, personal de instituciones para deficientes mentales, personal de limpieza y de recogida de residuos. Teniendo en cuenta la baja prevalencia de la infección en estudiantes de Medicina y de Enfermería podría considerarse también la inmunización de estos colectivos, con la utilización de la vacuna combinada de las hepatitis A y B.
 
Recientemente, Navas y colaboradores, en un estudio dirigido a investigar la eficiencia de la detección prevacunal de anticuerpos frente al virus de la hepatitis A en los programas de vacunación, recomiendan el cribado sistemático únicamente en grupos en que se esperen prevalencias de anti-VHA superiores al 27 por ciento. Así, el colectivo de estudiantes de Medicina y Enfermería podría vacunarse sin estudio prevacunal, lo cual abarata el coste del programa. Estudios del costo-efectividad de la vacunación frente a la hepatitis A en estudiantes de Medicina realizados en EE.UU. muestran, sin embargo, que a pesar de evitarse un número importante de casos, la inmunización no resulta coste-efectiva.
 
La vacuna contiene 1440 U. ELISA y la pauta consiste en 2 dosis administradas por vía intramuscular en deltoides con un intervalo de 6-12 meses.
 
Enfermedad meningocócica
La transmisión nosocomial de Neisseria meningitiditis es muy rara, aunque en algún caso se ha descrito la transmisión desde pacientes con sepsis o meningitis meningocócica al personal, a través del contacto directo con las secreciones orofaríngeas. La principal medida de prevención se basa en la quimioprofilaxis del personal expuesto. La vacunación no se recomienda de forma sistemática, únicamente se considerará en caso de sanitarios que viajen a áreas de alta endemicidad (especialmente si el contacto con la población local va a ser prolongado y durante los meses de diciembre a junio), y en trabajadores de laboratorios clínicos o de investigación que estén expuestos de forma continuada a aerosoles de N.meningitis serogrupos A o C.
 
Fiebre tifoidea
La salmonelosis es una infección nosocomial frecuente, especialmente en servicios pediátricos en que se atiende a niños incontinentes. La principal vía de transmisión en estos casos son las manos del personal sanitario, por lo que el lavado de manos antes y después del contacto con los pacientes contribuye a minimizar de forma importante el riesgo de transmisión. En estos últimos años se han descrito algunos casos de fiebre tifoidea en trabajadores de laboratorios de microbiología.
 
La inmunización sistemática no se recomienda, se considerará únicamente en el personal de laboratorios de microbiología que manipula con frecuencia Salmonella typhi, o en caso de sanitarios que viajen a áreas de alta endemicidad. Hay tres tipos de vacuna: la oral atenuada elaborada por la cepa Ty21 de S.tryphi (4 cápsulas tomadas a días alternos), la parenteral inactivada con fenos y calor (2 dosis subcutáneas administradas con un intervalo de un mes) y la parenteral de polisacáridos capsulares (1 dosis intramuscular). En condiciones de exposición mantenida se recomienda la administración de dosis de recuerdo cada cinco años en el caso de la vacuna oral, cada 3 en el de la parenteral inactivada y cada 2 sí se utiliza la de polisacáridos.
 
-Poliomielitis: No se ha descrito un incremento de riesgo de infecciones por poliovirus en el personal sanitario, por lo que la vacunación sólo está indicada en personal de laboratorio que trabaja con poliovirus. En estos casos se utilizará la vacuna inactivada, a excepción de que el individuo haya realizado la primovacunación con vacuna atenuada.
 
-Tuberculosis: El aumento en los últimos años de la endemia tuberculosa en todo el mundo desarrollado, influenciada especialmente por la aparición del sida, ha comportado también un incremento del problema de la transmisión nosocomial de esta infección. Se han publicado varios brotes de tuberculosis multirresistente en hospitales que han afectado tanto a pacientes como a personal sanitario, con una letalidad muy elevada. La principal medida de prevención y control de la tuberculosis en el hospital se basa en el diagnóstico precoz y en el correcto tratamiento de los enfermos. La vacunación con BCG  del personal sanitario únicamente debe considerarse en las siguientes situaciones: personal que trabaja en áreas de elevada prevalencia de tuberculosis multirresistente; la transmisión de las cepas resistentes al personal sanitario es probable (malas condiciones de aislamiento); y se han implantado medidas de control de la infección pero no han sido eficaces.
 
-Tos ferina: La tos ferina es una enfermedad altamente contagiosa, cuya transmisión en centros sanitarios está bien documentada. En la actualidad, un elevado porcentaje de casos se dan en adultos, considerándose como un importante reservorio para la diseminación y posterior transmisión de la enfermedad. Las actuales vacunas antipertussis (enteras y acelulares) sólo están indicadas en niños de edad inferior a seis años, aunque si los estudios en marcha demuestran la inmunogenicidad y seguridad de las vacunas acelulares en adultos, probablemente, se establecerá como indicación su administración al personal sanitario.
 
-Viruela: Esta vacuna sólo está indicada para el personal de laboratorio que trabaja con orthopoxvirus.
 
Vacunas recomendables a todos los adultos
Con respecto a otras infecciones (tétanos, difteria y enfermedad neumocócica) el personal sanitario tiene el mismo riesgo que la población general, por lo que deben seguir las pautas de inmunización general recomendadas a todos los adultos.
 
-Tétanos y difteria: La pauta vacunal del adulto consiste, en caso de primovacunación, en tres dosis de vacuna dT administradas con un intervalo de 4-8 semanas entre las dos primeras y de 6-12 meses entre la primera y la tercera. Se recomienda una dosis de recuerdo cada 10 años.
 
-Enfermedad neumocócica: La vacuna antineumocócia se recomienda en los siguientes casos: personas mayores de 65 años; personas mayores de dos años con patología cardiovascular o respiratoria crónica, diabetes mellitus, alcoholismo, hepatopatía crónica, fístulas de LCR, asplenia anatómica o funcional, insuficiencia renal crónica o síndrome nefrótico; y personas mayores de dos años inmunodeprimidos (infección por VIH, neoplasias hematológicas, mieloma, cáncer diseminado, trasplantados, en tratamiento quimioterápico o con corticoides). 
 
La revacunación sistemática no se recomienda, únicamente se considerará una dosis de recuerdo en las personas de muy alto riesgo transcurridos cinco años de la primera dosis.
 
Ponencia presentada en las VII Jornadas Internacionales sobre actualización en vacunas.


 

Bibliografía


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