cabecera.jpg (10993 bytes)num.jpg (4852 bytes) 

diario.jpg (5770 bytes) 

 
numero.gif (1368 bytes) 
numero.gif (1368 bytes) 
numero.gif (1368 bytes) 
numero.gif (1368 bytes) 
numero.gif (1368 bytes) 
numero.gif (1368 bytes)

 informe.jpg (4516 bytes) 

 

Incidencia de la dieta en los trastornos capilares 
 

LA SALUD Y LA NUTRICIÓN SIGUEN SIENDO PROBLEMAS DE ÁMBITO MUNDIAL, PAREJOS CON ELLAS SE ENCUENTRAN, EN LOS PAÍSES INDUSTRIALIZADOS, LOS PROBLEMAS CAPILARES Y LOS ESFUERZOS POR SOLUCIONARLOS 

 Dr. Ángel Pita 
 

El siglo que se va acercando a su fin ha supuesto, por lo menos para la población de los países industrializados, la casi desaparición del fantasma del hambre. No se ven ya en amplias zonas del planeta aquellas figuras de ojos hundidos y con la piel poco menos que extendida sobre los huesos que hace no demasiado tiempo aparecían una y otra vez en la obra, primero de plumilla y más tarde fotográfica, de los cronistas gráficos. Ahora bien, el que haya desaparecido el hambre no significa que se haya cumplido, ni de lejos, ese ideal de la Organización Mundial de la Salud que apareció como declaración programática hace algunos años y que proclamaba y reclamaba "Salud para Todos en el Año 2000". 

comida.jpg (34908 bytes)Conviene resaltar que esa desaparición del hambre ni es general en toda la geografía del globo, ni siquiera es general en la población de los países industrializados. Se trata de una de esas "verdades estadísticas" que, en realidad, ocultan graves desequilibrios de distribución. Basta para darse cuenta de ello observar con algún detenimiento nuestro propio continente. Dejando a un lado las zonas azotadas por la guerra, que se ha hecho casi permanente en el área de los Balcanes, una observación poco más que superficial hace patente que hay evidentes diferencias en la distribución del bienestar, de la alimentación suficiente, a medida que se progresa desde el Norte hacia el Sur, y desde el Oeste hacia el Este. 

Ahora bien, alimentación suficiente no es un término sinónimo de alimentación adecuada. Este es un punto que conviene resaltar, ya que su influencia en la salud es indudable. Si se centra la atención tan sólo en el consumo calórico, la diferencia de distribución antes señalada es evidente. Sin embargo, en los países del Norte y del Oeste ese consumo calórico suficiente, y probablemente incluso excesivo, ha dado lugar al desarrollo de una serie de patologías, como la obesidad, la aterosclerosis, la hipertensión arterial, y una incidencia manifiestamente elevada de accidentes cardiovasculares y cerebrovasculares, que denotan que ese consumo calórico "adecuado o más que adecuado" no es equivalente a "salud". Hace ya algún tiempo se acuñó, para englobar esta singular constelación de alimentación suficiente y, sin embargo, incidencia aumentada de determinadas situaciones patológicas, la designación de "affluence syndrome", el "síndrome del bienestar". 

vichytx1.GIF (1608 bytes)Por consiguiente, hay que re-evaluar los términos de referencia, y volver a examinar ese bienestar a todas luces espúreo. Esas mismas poblaciones en las que el consumo calórico parece ser suficiente, pero en las que se da esa acumulación de patologías, cantan las excelencias de la "Dieta Mediterránea" como panacea para yugular el incremento de la patología cardiovascular. Sin embargo, si se la considera con imparcialidad, esa Dieta Mediterránea es singularmente deficitaria precisamente en calorías y, desde luego, en grasas y proteínas de origen animal. En cambio, es considerablemente más rica en grasas y proteínas vegetales, y desde luego en componentes vitamínicos y minerales. Y, por supuesto, está asociada a una incidencia muy considerablemente más baja de patología cardiovascular y de patología carencial, así como a la casi total ausencia de una serie de problemas que no están tan claramente encadenados con la dieta propiamente dicha, sino con el entorno en que esa dieta se consume. Se trata de las patologías por estrés y por lo que se ha dado en llamar un "estado hiperoxidante". 

La alimentación occidental, la de la "sociedad acomodada" de nuestros días, debe entonces considerarse, si bien suficiente desde un determinado punto de vista, a todas luces errónea desde otros. No se puede entonces hablar de desnutrición, puesto que ésta, al menos en nuestra sociedad Europea, prácticamente ha desaparecido, sino más bien de malnutrición. O mejor, ya que el término de "malnutrición" tiene en Medicina un contenido muy determinado, de mala nutrición, con todos los problemas que esta acarrea. 

"Mala nutrición", en este contexto, debe entenderse como un aporte no equilibrado y, en determinados casos, deficitario, de principios nutrientes concretos. Y este aporte no equilibrado tiene mucho que ver con el estado actual de nuestra sociedad, y, sobre todo, de nuestra cultura alimentaria. 

Hace poco apareció en determinados canales de televisión una inserción publicitaria en la que una niña era capaz de dar sin equivocarse los nombres ?comerciales, por supuesto? de una serie de "alimentos" envasados destinados al consumo infantil, pero era incapaz de reconocer y denominar una naranja. Por supuesto, el argumento era exagerado, pero retrata uno de los vicios alimentarios de la sociedad acomodada actual: un exceso de preparaciones de consumo rápido, de las que se alega que están enriquecidas con toda suerte de componentes "positivos", "energizantes", "biológicos", etcétera, etcétera. La manía de lo "biológico" ha llegado ya a cotas tan exageradas que hasta se pretende añadir "alcohol de origen biológico" a detergentes domésticos. Pero, si se examina detenidamente esta tendencia, se percibe que esta nueva ola de "biologismo" no es sino el reflejo de la deficiencia, que llega hasta carencia, de productos naturales en nuestra alimentación. Esta deficiencia se hace sentir, en la forma de patologías más o menos graves y más o menos manifiestas. 

Hay que insistir en este último punto: "más o menos manifiestas". Hay que insistir en él porque estas situaciones carenciales con las que nuestro ya casi extinto Siglo XX nos aflige son en la mayoría de los casos solapadas y encubiertas, y sólo llegan a hacerse perceptibles a través de una serie de síntomas, signos o manifestaciones que sólo un estudio serio acaba por relacionar con ellas. 

Un único ejemplo puede bastar. Un cierto síndrome de laxitud general, trastornos de las encías, fragilidad capilar y propensión a infecciones que en muchos casos dejan de ser banales está volviendo a ser, si no hallazgo diario, desde luego un problema relativamente frecuente en las consultas de Medicina General, y tanto así que vuelve a aparecer, como problema teórico, en exámenes y en las columnas de "acierte Usted el diagnóstico" de muchas publicaciones médicas. 

Ese síndrome es, por supuesto, el escorbuto, la carencia de vitamina C que se había dado por resuelta y vencida hace ya doscientos años. Sin embargo, vuelve a hacer su aparición en nuestra sociedad acomodada, de la mano de una alimentación desequilibrada y de un consumo excesivo de alcohol y tabaco (como dato nada anecdótico y que debe dar mucho que pensar, las necesidades diarias de vitamina C de un fumador que consuma una cajetilla diaria de tabaco son entre dos y media y tres veces las de un no fumador). 

A este ejemplo, que es de nuestra Europa y de nuestros días, se podrían añadir muchos otros; no hay más que señalar la cardiopatía por deficiencia de selenio prevalente en China, o los cuadros de propensión a infecciones asociados a deficiencias de determinados oligoelementos, como el cobre o el zinc. Y, sin embargo, estas patologías carenciales raras veces llegan a llamar la atención con la insistencia necesaria para que se pongan en marcha medidas preventivas. 

Ahora bien, es mucho más llamativo el caso de otras situaciones mucho más solapadas y encubiertas, en las que ni siquiera se puede hablar de patología carencial con todas sus manifestaciones, sino sólo de "deficiencia relativa". El problema, en estos casos, es que los signos y síntomas a través de los cuales estas situaciones se manifestarían no llegan a producirse, por existir un aporte de la sustancia problema que, aunque sea deficitario, es suficiente para evitar precisamente esas manifestaciones floridas. Su única manifestación es un deterioro nebuloso y subjetivo de la calidad de vida o de la imagen corporal, que en modo alguno puede calificarse de "enfermedad", pero que de ninguna manera puede entenderse como "salud". 

Es sumamente difícil realizar estudios científicos sobre estas situaciones de carencia nutricional relativa. Por una parte, es punto menos que imposible asegurar que se puedan descartar los factores de confusión derivados de la forma de vida general; por otra, el conseguir grupos de intervención y de control homogéneos y que no experimenten más variaciones que las derivadas precisamente de la intervención que se desea estudiar plantea problemas de factibilidad, y en ciertos casos de ética, que pueden llegar a ser imposibles de resolver. En España, el polémico problema del síndrome tóxico por aceite de colza desnaturalizado sólo pudo llegar a resolverse, desde el punto de vista epidemiológico, gracias al hecho fortuito de que pudieran observarse la aparición o la no aparición de los síntomas y de los cambios patológicos en determinados grupos y comunidades religiosas, cuyo régimen de vida, por casualidad, sólo se había visto alterado por la introducción en él precisamente de partidas de esos aceites. 

Esta "solución epidemiológica", sin embargo, es aún refutada por algunos investigadores que sostienen que esos mismos datos son válidos para muchos otros posibles factores, desde insecticidas hasta abonos nitrogenados. Y, además, esta solución epidemiológica no se ha acompañado, todavía, de una solución etiológica. Siguen sin conocerse el factor o factores inmediatamente causales, ni se conoce tampoco el mecanismo de causación. 

Con este ejemplo sólo se han querido destacar las dificultades a que se enfrenta el desarrollo de cualquier estudio que pretenda abordar el tipo de problemas antes aludido, tanto por lo sutil y escurridizo de las manifestaciones a detectar como por la dificultad de abarcar poblaciones lo suficientemente grandes como para poder subsanar, dentro de los límites de lo razonable, todos los posibles sesgos y todas las posibles disparidades inherentes en los grupos estudiados. Sin embargo, existe un estudio de estas características. 

El estudio SU.VI.MAX 

población.jpg (17572 bytes)Este estudio, el mayor realizdo en Europa a nivel epidemiológico e iniciado en Francia y posteriormente ampliado a otros países (Bélgica, Alemania, España), abarca una población de 17.000 sujetos presumiblemente sanos de ambos sexos y de edades comprendidas entre los 35 y 60 años, en el caso de las mujeres, y entre los 45 y los 60 en el caso de los hombres. Se le ha dado el nombre de SU.VI.MAX haciendo alusión a uno de sus aspectos, el de investigar los efectos de suplementos vitamínicos y minerales antioxidantes. Sin embargo, el alcance de este estudio es más amplio que esta simple suplementación. Una vez seleccionados los sujetos, la mitad de ellos reciben la suplementación dietética citada (vitaminas C y E, b-caroteno, selenio y zinc) a dosis preestablecidas, mientras que la mitad restante recibe un placebo. Desde el momento de su entrada en el estudio, todos los participantes deben cumplimentar controles de eventos mensuales y cuantificaciones de los aportes alimentarios individuales con carácter bimensual, y someterse a exámenes médicos anuales para determinación de parámetros objetivos. 

vichytx2.GIF (1549 bytes)El objetivo del estudio es comprobar los efectos de la suplementación dietética sobre la incidencia de enfermedades neoplásicas, enfermedades cardiovasculares, catarata, patología infecciosa y morbilidad objetiva (es decir, en general aquellas situaciones patológicas en las que se ha postulado un estado hiperoxidante). Adicionalmente, el protocolo del estudio prevé la posibilidad de que se realicen en su seno otras averiguaciones, siempre que éstas no interfieran con sus objetivos primarios. De uno de estos estudios asociados nos ocuparemos más adelante. El estudio se inició en 1994, y está previsto que continúe hasta el año 2002; en ese momento, el banco de datos observacionales acumulado supondrá una contribución importante al conocimiento de lo que se entiende como "salud dietética" en la Europa de nuestros días. 

Algunas de las observaciones intermedias (datos el estudio referidos a octubre de 1998, es decir, a aproximadamente la mitad de su trayecto) confirman investigaciones epidemiológicas anteriores, y confirman igualmente la validez del procedimiento de recogida de datos. 

vichytx4.GIF (1129 bytes)Así, por ejemplo, en el caso de las enfermedades neoplásicas, se han objetivado un total de 273 nuevos casos de cáncer. Esta proporción, en cuatro años y en un estudio sobre 17.000 sujetos, es la esperada o, tal vez, algo menor que la esperada. La distribución de estos casos, sin embargo, debe hacer pensar a cualquier médico de atención primaria. Así, 171 de estos nuevos casos de cáncer (el 62%) se han dado en mujeres, y entre estos se han contado 79 casos de cáncer de mama y 6 de cuello uterino. No hace falta señalar que una exploración mamaria sistemática debe formar parte de la exploración clínica de toda mujer que acude al médico, y que esta exploración ?o una auto-exploración por parte de la paciente, que puede orientarla a acudir al médico al haber advertido alguna anomalía- debe repetirse a intervalos regulares. 

De los 102 casos detectados en varones, 17 (el 16%) han sido cánceres de próstata. Vale aquí el mismo comentario que en el caso de las mujeres: un tacto rectal a tiempo, junto a unas determinaciones analíticas que hoy son de práctica habitual, puede hacer que estas neoplasias sean detectadas en estadios precoces, cuando la intervención médica puede realmente ser curativa. De hecho, más de 70 neoplasias de todos los tipos se detectaron en estadios precoces en el curso del estudio SU.VI.MAX, gracias a los controles médicos anuales. 

Las restantes neoplasias detectadas siguen la distribución que en esta población y durante este periodo sería de esperar: 65 casos de cánceres cutáneos, 27 en el aparato digestivo, 26 casos hematológicos, 17 cánceres de tiroides, 9 de pulmón (cifra singularmente baja) y 9 de aparato urinario. 

vichytx3.GIF (2207 bytes)En cuanto a los eventos cardiovasculares, que constituyen otro de los puntos finales del estudio, la incidencia y distribución han sido también del orden esperado. Se han detectado, así, un total de 196 eventos cardiovasculares, con un predominio neto (136:60) en el sexo masculino. De estos eventos, 64 (el 32,6%) han sido eventos coronarios, y aquí la distribución por sexos es mucho más manifiesta: 57 casos en varones y 7 en mujeres. Hay que recordar, al apuntar estas cifras, el hecho conocido de que las mujeres en edad fértil parecen estar "protegidas" en el sentido de los eventos cardiovasculares y, en particular, en el de la patología coronaria. 

Sobrepeso 

La incidencia de sobrepeso, de obesidad y de delgadez ha seguido también distribuciones dentro de lo que cabría haber esperado. Se ha objetivado así que el 8,5% de los varones y el 7,5% de las mujeres en el estudio eran obesos (índice de masa corporal >30 kg/m2), y que el 45% de los varones y el 21% de las mujeres evidenciaban sobrepeso (índice de masa corporal comprendido entre 25 y 30 kg/m2). Por fin, se han considerado delgados reseñables (índice de masa corporal <18 kg/m2) el 4,9% de las mujeres y sólo el 1,5% de los varones. Esta distribución no hace sino confirmar la apreciación subjetiva de muchos médicos de que la mujer, en nuestros días, tiende a preocuparse mucho más por su peso que el varón. 

Colesterolemia y glucemia 

Los valores de colesterolemia y de glucemia objetivados en este estudio han mostrado también una evolución interesante: Si en el momento de la inclusión en el mismo, por ejemplo, el 27% de las mujeres y el 36% de los varones podían considerarse hipercolesterolémicos (>6,5 mmol/l), esta proporción, dos años más tarde, es del 20% y el 25%, respectivamente. Adicionalmente, las cifras medias de colesterol son ligeramente menores, en la evaluación a los dos años, que las observadas en el momento del ingreso en el estudio. 

 Dado que este aspecto del estudio era estrictamente observacional, es decir, que la intervención con suplementación dietética no interfería en modo alguno en este parámetro, esta reducción de los niveles medios resulta significativa. No es posible, sin embargo, concretar si esa reducción se debe a una mayor sensibilización acerca de los problemas asociados con el colesterol dentro de la cohorte estudiada, que sin duda se habría visto favorecida por el hecho de los exámenes periódicos y por el propio hecho de participar en un estudio amplio de salud, o si esa sensibilización es de un ámbito más amplio y abarca a la población en general. Una evolución parecida se ha observado respecto a las cifras de glucemia. 

Hipertensión arterial 

En el caso de la hipertensión arterial, los datos del estudio se asemejan mucho a lo que era de esperar. El 8% de las mujeres y el 12% de los varones comprendidos en el estudio están en seguimiento por hipertensión, y la prevalencia de la misma aumenta claramente con la edad y con el estado ponderal (desde un 8,5%, globalmente, en los sujetos de peso normal, hasta un 24% en los obesos, combinando ambos sexos). Esto no hace sino reflejar una serie de fenómenos que han hecho que, en nuestro país, se haya dado a la hipertensión arterial el nombre de "enfermedad del 50%": el 50% de la población tiene hipertensión (dejando, de momento, a un lado consideraciones de importancia de la misma); el 50% de esta población es consciente de que la padece; el 50% de esta población está en tratamiento por tal motivo (es decir, el 12,5% del total, cifra muy similar a la recogida en el estudio citado), y sólo en el 50% de esa población el tratamiento consigue un control tensional. 

Aporte de nutrientes 

Sería innecesariamente prolijo seguir enumerando todos y cada uno de los aspectos y de las observaciones recogidas en este balance intermedio del estudio SU.VI.MAX, y no es ese el propósito de este trabajo. Sin embargo, sí merece la pena, a la luz de las consideraciones planteadas al principio acerca de la "mala nutrición" de nuestras poblaciones, una serie de datos acerca de la ingesta alimentaria. 

Los resultados promediados de un total de 18 encuestas alimentarias llevadas a cabo en el curso de tres años arrojan los resultados siguientes: en el varón, la ingesta media de energía es de 2431 ± 569 kilocalorías/día. La composición en términos de macronutrientes es la siguiente: un 38,7% en forma de glúcidos, un 36,3% en forma de proteínas, un 15,8% en forma de lípidos, y un 9,2% del aporte total diario de energía en forma de alcohol. En las mujeres, la ingesta calórica media es de 1787 ± 438 kcal/día, y la composición porcentual es del 40,4% como glúcidos, 38,3% como proteínas, 16,4% como lípidos, y 4,8% en forma de alcohol. 

Hay que hacer constar que se ha apreciado una reducción progresiva de la ingesta calórica total a lo largo de estos tres años de seguimiento, pero también un incremento de la fracción que dentro de ese aporte calórico constituyen los glúcidos y el alcohol. No es este el lugar para disertar acerca de los efectos de la ingesta etílica sobre todos los aspectos de la vida de la sociedad o sobre la siniestralidad vial. Baste con apuntar esas cifras y desear que, en el balance final del estudio, en lugar de un incremento ligero se haya llegado a apreciar una disminución significativa. 
 
 

Fig 1. Consumo (g/día) en varones, 
por trimestres
Fig 2. Consumo (g/día) en mujeres, 
por trimestre
figura1.jpg (18345 bytes) figura2.jpg (20488 bytes)

 

Un aspecto puramente anecdótico, pero que refleja muy bien las influencias a que se ven sometidos nuestros hábitos alimentarios, es el del consumo de la carne de bovino y el efecto que sobre él ha tenido la epizootia de la encefalopatía espongiforme bovina, el "mal de las vacas locas" (Figuras 1 y 2). En el curso de los tres años que abarca este primer balance, el consumo de productos alimentarios, en todas sus categorías, se ha mantenido muy estable. Sin embargo, y sobre todo en Francia y en Bélgica (los datos referentes a Alemania y España no abarcaban todavía este periodo), la declaración del embargo sobre la importación de productos cárnicos de origen bovino procedentes de Inglaterra en marzo de 1996 ha tenido como consecuencia una disminución del 20% en el consumo de estos productos. Hay que destacar que el embargo citado se refería sola y exclusivamente a los productos procedentes de Inglaterra, y no a la propia producción nacional en esos dos países. Aún así, el temor inicial a ingerir productos "de antes del embargo" y, subsiguientemente, a que hubiesen tenido lugar importaciones fraudulentas, ha hecho que el consumo de bovino en estos países, si bien ha mostrado un ligero incremento en años posteriores, haya permanecido muy por debajo de los niveles iniciales. 

Pero, aparte de los macronutrientes, hay un detalle llamativo en los datos recogidos en el SU.VI.MAX, y este dato es el aporte de vitaminas y minerales. Recuérdese que en este aspecto, y en el momento del balance intermedio, sólo se han dado a conocer los datos observacionales del estudio, y que la valoración de los resultados de la intervención deberá esperar hasta que el estudio concluya, en el año 2002, y a que se lleguen a valorar en todos sus aspectos los datos recogidos. 

Tabla1. Deficiencia en el aporte dietético de determinados minerales y vitaminas. 

A. Varones 
 
 

Nutriente Cantidad Recomendada Diaria Aporte dietético inferior a la CRD pero superior a 2/3 de la misma  Aporte dietético inferior a 2/3 de la CRD 
Vitamina E 12 mg 42,5% 18,7%
Vitamina B1 1,5 mg 56,5% 18,1% 
Vitamina B2 1,8 mg 39,5% 5,6%
Niacina 18 mg 35,8% 4,0%
Vitamina B6 2,2 mg 60,3% 16,0%
Folacina (vit. B9) 300 µg  39,7% 8,3%
Vitamina B12 3 µg 2,7% 0,6%
Vitamina C 80 mg 29,4%  17,4% 
Calcio 900 mg 34,1% 8,2%
Hierro 10 mg 9,2% 1,0% 

B. Mujeres 
 
 

Nutriente Cantidad Recomendada Diaria Aporte dietético inferior a la CRD pero superior a 2/3 de la misma  Aporte dietético inferior a 2/3 de la CRD
Vitamina E 12 mg 42,8% 38,0%
Vitamina B1 1 1,3 mg 56,3% 25,8%
Vitamina B2 1,5 mg 41,2% 7,1% 
Niacina  15 mg 44,9% 9,4% 
Vitamina B6 2 mg 54,9% 36,2%
Folacina (vit. B9) 300 µg 51,0% 20,6% 
Vitamina B12 3 µg  10,7% 2,7% 
Vitamina C 80 mg  29,3% 27,4% 
Calcio 900 mg 43,8% 16,4% 
Magnesio 330 mg 37,0%  19,0% 
Hierro 18 mg 30,9% 45,1% 

 

La Tabla 1 señala los resultados de las observaciones derivadas de las encuestas de aporte dietético. Los datos que en ella se recogen no pueden ser más aleccionadores. Con la excepción del hierro y de la vitamina B12, el aporte medio de las vitaminas y minerales contemplados no llega a alcanzar las cantidades diarias recomendadas en un porcentaje de los casos que llega, para algunos de estos componentes, al 60%. Si nos restringimos a aquellos casos en que la ingesta no cubre ni siquiera las dos terceras partes de las cantidades recomendadas, se perciben deficiencias en hasta un 45% de los encuestados (el caso del hierro en las mujeres). 

Es cierto que las CDR, las Cantidades Diarias Recomendadas, tienen el objetivo de cubrir las necesidades de prácticamente toda la población, y que, por consiguiente, estas recomendaciones pueden estar sesgadas hacia cantidades más altas que las necesidades reales de la media. Aún así, estos consumos deficitarios deben llamar la atención e inducir a emprender un consejo dietético en una serie de casos concretos. Hay que recordar que tanto en la población europea en general como en la española en particular, la incidencia de osteoporosis y de anemia en la mujer postmenopáusica es alta, y que estos dos problemas están estrechamente asociados a la ingesta alimentaria ?a todas luces no suficiente- de calcio y de hierro. 

Por supuesto, será necesario esperar a que se conozcan los resultados finales del estudio para poder valorar si estas deficiencias y desviaciones nutricionales tienen también una repercusión biológica, al igual que será necesario esperar hasta ese momento para comprobar si la intervención prevista en el estudio tiene resultados sobre la detección de las patologías que constituyen sus puntos finales. 

Se ha señalado que el protocolo del estudio SU.VI.MAX preveía la posibilidad de servirse de la población estudiada para llevar a cabo otros estudios concretos en subgrupos, siempre que éstos no modificasen las condiciones del estudio principal. Uno de estos estudios paralelos se ha referido a la salud cutáneo-capilar. En concreto, y dentro del estudio SU.VI.MAX, se han llevado a cabo realmente dos estudios satélites sobre este tema: uno de ellos, que abarca aproximadamente 10.000 sujetos, se refiere al estado de salud capilar y ungueal; el otro, sobre aproximadamente 2.200 sujetos, se refiere a la caída del cabello. Dadas las condiciones limitantes del estudio principal, estos dos estudios paralelos son igualmente, y por necesidad, de índole observacional. Sin embargo, sus resultados son aleccionadores. 

Estudio sobre salud capilar y ungueal 

Este primer estudio epidemiológico sobre este tema, en el que han participado 6.200 mujeres y 3.400 varones comprendidos en la cohorte del estudio principal y de edades que abarcaban desde los 35 hasta los 60 años revela una serie de datos interesantes (Tablas 2 y 3). Hay que recordar y resaltar que, al tratarse de un estudio realizado mediante encuesta, sus resultados describen observaciones no sólo objetivas sino subjetivas. 

Tabla 2. Problemas percibidos de salud capilar en el varón 
 
 

Problema percibido Población: 3.400 varones 
   Es motivo de preocupación para (%) 
Dificultad para peinarse  11,0 
Cabello frágil 48,6
Cabello seco 10,4 
Cabello deslustrado 4,7 
Puntas rotas o hendidas  1,3 
Pérdida de cabello 52,4 
Cabello excesivamente fino 45,9 
Alopecia parcial/total 41,0 
Encanecimiento 49,8
Caspa 41,3 
Cabello graso 44,7 

Tabla 3. Problemas percibidos de salud capilar en la mujer. 
 
 

Problema percibido Población: 6.200 mujeres
Es motivo de preocupación para (%)
Dificultad para peinarse 19,0 
Cabello frágil 21,0 
Cabello seco 24,0
Cabello deslustrado 19,3 
Puntas rotas o hendidas 9,7
Pérdida de cabello 59,9
Cabello excesivamente fino 22,9
Alopecia parcial/total 1,0
Encanecimiento 71,1
Caspa 43,0 
Cabello graso 46,9

Uno de los primeros datos que llaman la atención es la disparidad subjetiva en cuanto al problema de salud capilar (los datos de salud ungueal no están aún disponibles) que más preocupa: En el varón, el problema más preocupante es el de la caída del cabello, la alopecia (se muestran preocupados por este problema el 52,4% de los varones encuestados). En la mujer, constitucionalmente más resistente a la alopecia, el problema más acuciante es el encanecimiento (lo es para el 71,1% de las encuestadas). 

Aunque, en una primera consideración, estos dos problemas parezcan banales respecto a la salud general, hay que resaltar que los dos son problemas relacionados con la propia imagen corporal y con la autoestima. Para el varón, la persistencia de una masa capilar está relacionada con su masculinidad, con su virilidad, y la pérdida de la misma es sinónima de senescencia. Por mucho que se haya hecho hincapié en que la alopecia viril poco o nada tiene que ver con la virilidad, salvo en el aspecto de estar relacionada con los niveles de andrógenos, la teoría ancestral que prefiere varones pilosos sigue vigente. 

Algo parecido puede decirse respecto a la mujer y las canas. En el momento en que el color del pelo empieza a decaer para ceder su lugar a un gris más o menos uniforme (y peor aún, a un blanco uniforme), la mujer empieza a sentirse añosa. Los datos estadísticos lo demuestran: mientras que, en la mujer, la alopecia sólo afecta a un 1% de la población (frente a un 41% en el varón), no menos del 60% de las mujeres encuestadas se consideran afectadas por la caída del cabello. Por el contrario, y dado que, por término medio, su cabello es de color naturalmente más claro, el encanecimiento no empieza a preocuparlas hasta que ya afecta a un porcentaje apreciable de la masa pilosa. 

El que la salud del cabello, como símbolo de vitalidad, preocupa, se hace manifiesto en los hábitos de higiene y de limpieza. También se hace manifiesta, sin embargo, una cierta resignación al hecho de que, con la edad, la calidad del cabello decae, al igual que se perciben claras diferencias regionales que, por el momento, no es posible definir como puramente subjetivas o con base en verdaderas diferencias fisiológicas. Así, la higiene del cabello es más manifiesta en la población joven, y disminuye a medida que avanza la edad. De igual modo, se aprecian diferencias entre las poblaciones que residen más al Norte y más al Sur dentro de un mismo país: estas últimas se lavan el cabello con mayor frecuencia que las primeras. 

Estudio sobre la caída del cabello 

En este estudio, y junto a constataciones que refrendan tanto el saber popular como los conocimientos científicos, se han dado algunos hallazgos que vale la pena destacar. Pasemos a comentar, en primer lugar, las constataciones subjetivas. 

Tabla 4. Origen atribuido a la caía del cabello 
 
 

Origen atribuido Varones (%) Mujeres (%) 
Periodo de estrés 19 29
Cambio de estación 21 13
Cansancio  10 3
Hereditario 50  
Gestación / parto    10
Menopausia   7
No sabe / no relaciona   28

Tabla 5. Grado percibido de pérdida de cabello.  
 
 

Grado percibido Varones (%)  Mujeres (%)
Mucho 18 63
Poco  82 37

Las Tablas 4 y 5 señalan dos características habituales en cuanto a la caída del cabello. La primera es que este fenómeno, pese a tener una componente hereditaria conocida en el 50% de los casos, se relaciona con situaciones concretas. La segunda es que las mujeres consideran, en un porcentaje mucho mayor de los casos, que pierden mucho pelo. Una vez más, hay que resaltar que se trata de observaciones subjetivas, que pueden tener relación con el hecho de que en determinadas situaciones se presta mayor atención a fenómenos que en otros casos generarían muy poca preocupación. Sin embargo, la correlación entre situaciones de estrés y la pérdida acentuada del cabello es un hecho que se ha constatado una y otra vez. Todos los libros de historia recogen el hecho anecdótico de que la Reina María Antonieta de Francia encaneció "de la noche a la mañana" en vísperas de su ejecución. Este hecho es real, pero su interpretación no hace sino reflejar la observación citada: lo que en realidad ocurrió fue una pérdida masiva y rápida del cabello (defluvium capitis) ante la situación de estrés citada, que dio lugar a que persistiera aquella porción del cabello que ya era cana, y que es en general más resistente a la caída. 

También es observación general que las mujeres, que suelen prestar mayor atención a su cabellera y la peinan y cepillan más a menudo que el varón, suelen encontrar en el cepillo un número mayor de cabellos desprendidos todas las mañanas. Pero también hay que recordar que la densidad de folículos pilosos por centímetro cuadrado es en general mayor en la mujer: la pérdida porcentual es en general similar a la del varón, y de hecho suele ser menor. 

Sin embargo, un aspecto novedoso del estudio paralelo citado sí es digno de destacarse. Se trata de la identificación de un signo clínico que parece ser un predictor de caída del cabello. 

En este estudio, se desarrolló un dispositivo fotográfico que permitía recoger imágenes rigurosamente normalizadas del cuero cabelludo ?y del propio cabello, en el punto en que emerge del mismo? en zonas predeterminadas del vértex (la "coronilla") y de la cúpula del cráneo. Se registraron así no menos de 5.000 fotografías de los casi 2.200 sujetos participantes, que se evaluaron y clasificaron según una escala de alopecia basada en el recuento de cabellos (escala de Hamilton para los varones, y escala de Ludwig para las mujeres). 

Con la ayuda de estas imágenes ("fototricogramas") se han podido concretar dos signos asociados a la pérdida futura de cabello. El primero es una modificación del diámetro del cabello (ese cabello "arrosariado" o "en signo de admiración" al que hacen referencia todos los textos de dermatología). El segundo, que constituye una completa novedad, es la existencia de un halo perifolicular más oscuro alrededor de aquellos folículos que posteriormente se vieron afectados por la alopecia (Figuras 3 y 4). 
 
 

Fig. 3 Fig.4
figura3.jpg (27570 bytes) figura4.jpg (27211 bytes)

No es posible, todavía, establecer una correlación entre este hallazgo y eventuales factores asociados. Se desconoce cuál es su papel y su significado, o si éstos pueden ser diferentes en uno y otro sexo; se desconocen, en general, sus correlaciones biológicas, y serán necesarios estudios mucho más amplios y más dirigidos para concretarlas. Sin embargo, la presencia de estos halos perifoliculares puede servir ya hoy de indicador para establecer una diferencia entre lo que no es sino una pérdida de pelo transitoria y sin mayor importancia y lo que constituye ya una alopecia definida e importante. 

Hay, sin embargo, otro hallazgo no relacionado con este estudio que podría estar relacionado con la explicación. Ya en 1992, Kligman describió un fenómeno de "rigidificación" de la raíz del cabello en asociación con la alopecia. Estudios posteriores demostraron que esta rigidificación se corresponde con un aumento (hasta el doble) del colágeno en la vaina radicular. Por usar un símil de todos los días, esta vaina folicular engrosada y rigidificada parecía "ahogar" el cabello que en ella nacía (Figuras 5 y 6). La presencia de esta rigidificación, de este aumento del colágeno, parecía entonces presagiar una ruptura del ciclo capilar y la pérdida progresiva de folículos funcionantes y en fase de crecimiento (anagen). Dado que en situación normal el 85% de los folículos pilosos se encuentran en esta fase, el paso a una de degeneración o pérdida conduce, necesariamente, a la alopecia. Hay que recordar que el "capital piloso" no es eterno: Cada bulbo piloso, cada cabello, tiene una vida media de 25 ciclos en los cuales se suceden crecimiento, degeneración y pérdida; si aumenta la proporción de folículos en esta última situación, en detrimento de la primera, el resultado es evidente e irreversible. 
 
 

                  Fig. 5

Fig. 6

figura5.jpg (22042 bytes)

figura6.jpg (16953 bytes)

No es posible aún decir si este aumento del colágeno, esta rigidificación, está asociada con la observación en el fototricograma del halo perifolicular, pero la idea es ciertamente sugerente. 

¿Qué se puede hacer al respecto? 

La lucha contra la pérdida del cabello es probablemente casi tan antigua como la Humanidad. No en vano la iconografía que nos han dejado civilizaciones pasadas hace una y otra vez hincapié en la presencia de una mata de pelo y (en el caso del varón) de una barba frondosos. Este ideal de la pilosidad ha llegado en el pasado hasta el punto de que, en la época de la República de Roma, durante un tiempo las mujeres se dejaron crecer la barba, como signo de honor y respeto hacia sus cónyuges. 

El número de remedios y preparaciones destinados al cuidado del cabello, y más aún a preservarlo, es ingente y lo ha sido siempre. Sin embargo, los resultados obtenidos no han sido de ninguna manera positivos. Hay tan sólo tres casos en los cuales se haya demostrado una eficacia aceptable en este contexto. 

El primero de estos tres casos son las manipulaciones dietéticas. Basta recordar los resultados antes apuntados del estudio SU.VI.MAX para percibir que la dieta occidental actual dista mucho de lo que se puede llamar saludable. A la espera de los resultados finales de ese estudio, en cuanto a los efectos de la suplementación con vitaminas y minerales antioxidantes, parece obvio que las modificaciones de la dieta en el mismo sentido deberán tener una repercusión favorable sobre el estado de salud en general, y sobre la salud capilar en particular. 

El segundo, que data ya de hace algunos años, son los efectos de determinados vasodilatadores, observados en un principio como efecto colateral no deseable y seguidamente aprovechados en este sentido concreto. Sin embargo, parece obvio que estos vasodilatadores más o menos "pilo-específicos" no hacen sino facilitar el acceso al bulbo piloso de nutrientes que le son esenciales, por lo que su mayor o menor eficacia está necesariamente ligada al ya citado aspecto dietético. 

El tercer caso es bastante más reciente, y se trata de una molécula (Aminexil®) cuyos efectos no parecen depender del estado nutricional. Aunque no es posible todavía concretar su mecanismo o mecanismos de acción, en un estudio controlado desarrollado en el Hospital General Amersham, en Inglaterra y en el Hospital Saint Louis y en la Fundación Rotschild en Francia, se ha apreciado que Aminexil® incrementa en un 8% el número de folículos pilosos que se mantienen en fase de crecimiento en comparación con el grupo placebo. Asimismo, su eficacia se hace particularmente manifiesta en dos periodos en los que la caída de cabello es más acentuada, es decir, en Primavera y en Otoño. 

Será necesario esperar hasta disponer de estudios más amplios acerca de estas observaciones. Sin embargo, y hasta el momento actual, Aminexil® parece ser el único tratamiento preventivo de la alopecia respecto al cual se pueda hablar de una eficacia contrastada.