Incidencia de la dieta en los trastornos capilares
LA SALUD Y LA NUTRICIÓN SIGUEN SIENDO PROBLEMAS DE ÁMBITO MUNDIAL, PAREJOS CON
ELLAS SE ENCUENTRAN, EN LOS PAÍSES INDUSTRIALIZADOS, LOS PROBLEMAS CAPILARES Y LOS
ESFUERZOS POR SOLUCIONARLOS
Dr. Ángel Pita
El siglo que se va acercando a su fin ha supuesto, por lo menos para la población de
los países industrializados, la casi desaparición del fantasma del hambre. No se ven ya
en amplias zonas del planeta aquellas figuras de ojos hundidos y con la piel poco menos
que extendida sobre los huesos que hace no demasiado tiempo aparecían una y otra vez en
la obra, primero de plumilla y más tarde fotográfica, de los cronistas gráficos. Ahora
bien, el que haya desaparecido el hambre no significa que se haya cumplido, ni de lejos,
ese ideal de la Organización Mundial de la Salud que apareció como declaración
programática hace algunos años y que proclamaba y reclamaba "Salud para Todos en el
Año 2000".
Conviene
resaltar que esa desaparición del hambre ni es general en toda la geografía del globo,
ni siquiera es general en la población de los países industrializados. Se trata de una
de esas "verdades estadísticas" que, en realidad, ocultan graves desequilibrios
de distribución. Basta para darse cuenta de ello observar con algún detenimiento nuestro
propio continente. Dejando a un lado las zonas azotadas por la guerra, que se ha hecho
casi permanente en el área de los Balcanes, una observación poco más que superficial
hace patente que hay evidentes diferencias en la distribución del bienestar, de la
alimentación suficiente, a medida que se progresa desde el Norte hacia el Sur, y desde el
Oeste hacia el Este.
Ahora bien, alimentación suficiente no es un término sinónimo de alimentación
adecuada. Este es un punto que conviene resaltar, ya que su influencia en la salud es
indudable. Si se centra la atención tan sólo en el consumo calórico, la diferencia de
distribución antes señalada es evidente. Sin embargo, en los países del Norte y del
Oeste ese consumo calórico suficiente, y probablemente incluso excesivo, ha dado lugar al
desarrollo de una serie de patologías, como la obesidad, la aterosclerosis, la
hipertensión arterial, y una incidencia manifiestamente elevada de accidentes
cardiovasculares y cerebrovasculares, que denotan que ese consumo calórico "adecuado
o más que adecuado" no es equivalente a "salud". Hace ya algún tiempo se
acuñó, para englobar esta singular constelación de alimentación suficiente y, sin
embargo, incidencia aumentada de determinadas situaciones patológicas, la designación de
"affluence syndrome", el "síndrome del bienestar".
Por consiguiente,
hay que re-evaluar los términos de referencia, y volver a examinar ese bienestar a todas
luces espúreo. Esas mismas poblaciones en las que el consumo calórico parece ser
suficiente, pero en las que se da esa acumulación de patologías, cantan las excelencias
de la "Dieta Mediterránea" como panacea para yugular el incremento de la
patología cardiovascular. Sin embargo, si se la considera con imparcialidad, esa Dieta
Mediterránea es singularmente deficitaria precisamente en calorías y, desde luego, en
grasas y proteínas de origen animal. En cambio, es considerablemente más rica en grasas
y proteínas vegetales, y desde luego en componentes vitamínicos y minerales. Y, por
supuesto, está asociada a una incidencia muy considerablemente más baja de patología
cardiovascular y de patología carencial, así como a la casi total ausencia de una serie
de problemas que no están tan claramente encadenados con la dieta propiamente dicha, sino
con el entorno en que esa dieta se consume. Se trata de las patologías por estrés y por
lo que se ha dado en llamar un "estado hiperoxidante".
La alimentación occidental, la de la "sociedad acomodada" de nuestros días,
debe entonces considerarse, si bien suficiente desde un determinado punto de vista, a
todas luces errónea desde otros. No se puede entonces hablar de desnutrición, puesto que
ésta, al menos en nuestra sociedad Europea, prácticamente ha desaparecido, sino más
bien de malnutrición. O mejor, ya que el término de "malnutrición" tiene en
Medicina un contenido muy determinado, de mala nutrición, con todos los problemas que
esta acarrea.
"Mala nutrición", en este contexto, debe entenderse como un aporte no
equilibrado y, en determinados casos, deficitario, de principios nutrientes concretos. Y
este aporte no equilibrado tiene mucho que ver con el estado actual de nuestra sociedad,
y, sobre todo, de nuestra cultura alimentaria.
Hace poco apareció en determinados canales de televisión una inserción publicitaria
en la que una niña era capaz de dar sin equivocarse los nombres ?comerciales, por
supuesto? de una serie de "alimentos" envasados destinados al consumo infantil,
pero era incapaz de reconocer y denominar una naranja. Por supuesto, el argumento era
exagerado, pero retrata uno de los vicios alimentarios de la sociedad acomodada actual: un
exceso de preparaciones de consumo rápido, de las que se alega que están enriquecidas
con toda suerte de componentes "positivos", "energizantes",
"biológicos", etcétera, etcétera. La manía de lo "biológico" ha
llegado ya a cotas tan exageradas que hasta se pretende añadir "alcohol de origen
biológico" a detergentes domésticos. Pero, si se examina detenidamente esta
tendencia, se percibe que esta nueva ola de "biologismo" no es sino el reflejo
de la deficiencia, que llega hasta carencia, de productos naturales en nuestra
alimentación. Esta deficiencia se hace sentir, en la forma de patologías más o menos
graves y más o menos manifiestas.
Hay que insistir en este último punto: "más o menos manifiestas". Hay que
insistir en él porque estas situaciones carenciales con las que nuestro ya casi extinto
Siglo XX nos aflige son en la mayoría de los casos solapadas y encubiertas, y sólo
llegan a hacerse perceptibles a través de una serie de síntomas, signos o
manifestaciones que sólo un estudio serio acaba por relacionar con ellas.
Un único ejemplo puede bastar. Un cierto síndrome de laxitud general, trastornos de
las encías, fragilidad capilar y propensión a infecciones que en muchos casos dejan de
ser banales está volviendo a ser, si no hallazgo diario, desde luego un problema
relativamente frecuente en las consultas de Medicina General, y tanto así que vuelve a
aparecer, como problema teórico, en exámenes y en las columnas de "acierte Usted el
diagnóstico" de muchas publicaciones médicas.
Ese síndrome es, por supuesto, el escorbuto, la carencia de vitamina C que se había
dado por resuelta y vencida hace ya doscientos años. Sin embargo, vuelve a hacer su
aparición en nuestra sociedad acomodada, de la mano de una alimentación desequilibrada y
de un consumo excesivo de alcohol y tabaco (como dato nada anecdótico y que debe dar
mucho que pensar, las necesidades diarias de vitamina C de un fumador que consuma una
cajetilla diaria de tabaco son entre dos y media y tres veces las de un no fumador).
A este ejemplo, que es de nuestra Europa y de nuestros días, se podrían añadir
muchos otros; no hay más que señalar la cardiopatía por deficiencia de selenio
prevalente en China, o los cuadros de propensión a infecciones asociados a deficiencias
de determinados oligoelementos, como el cobre o el zinc. Y, sin embargo, estas patologías
carenciales raras veces llegan a llamar la atención con la insistencia necesaria para que
se pongan en marcha medidas preventivas.
Ahora bien, es mucho más llamativo el caso de otras situaciones mucho más solapadas y
encubiertas, en las que ni siquiera se puede hablar de patología carencial con todas sus
manifestaciones, sino sólo de "deficiencia relativa". El problema, en estos
casos, es que los signos y síntomas a través de los cuales estas situaciones se
manifestarían no llegan a producirse, por existir un aporte de la sustancia problema que,
aunque sea deficitario, es suficiente para evitar precisamente esas manifestaciones
floridas. Su única manifestación es un deterioro nebuloso y subjetivo de la calidad de
vida o de la imagen corporal, que en modo alguno puede calificarse de
"enfermedad", pero que de ninguna manera puede entenderse como
"salud".
Es sumamente difícil realizar estudios científicos sobre estas situaciones de
carencia nutricional relativa. Por una parte, es punto menos que imposible asegurar que se
puedan descartar los factores de confusión derivados de la forma de vida general; por
otra, el conseguir grupos de intervención y de control homogéneos y que no experimenten
más variaciones que las derivadas precisamente de la intervención que se desea estudiar
plantea problemas de factibilidad, y en ciertos casos de ética, que pueden llegar a ser
imposibles de resolver. En España, el polémico problema del síndrome tóxico por aceite
de colza desnaturalizado sólo pudo llegar a resolverse, desde el punto de vista
epidemiológico, gracias al hecho fortuito de que pudieran observarse la aparición o la
no aparición de los síntomas y de los cambios patológicos en determinados grupos y
comunidades religiosas, cuyo régimen de vida, por casualidad, sólo se había visto
alterado por la introducción en él precisamente de partidas de esos aceites.
Esta "solución epidemiológica", sin embargo, es aún refutada por algunos
investigadores que sostienen que esos mismos datos son válidos para muchos otros posibles
factores, desde insecticidas hasta abonos nitrogenados. Y, además, esta solución
epidemiológica no se ha acompañado, todavía, de una solución etiológica. Siguen sin
conocerse el factor o factores inmediatamente causales, ni se conoce tampoco el mecanismo
de causación.
Con este ejemplo sólo se han querido destacar las dificultades a que se enfrenta el
desarrollo de cualquier estudio que pretenda abordar el tipo de problemas antes aludido,
tanto por lo sutil y escurridizo de las manifestaciones a detectar como por la dificultad
de abarcar poblaciones lo suficientemente grandes como para poder subsanar, dentro de los
límites de lo razonable, todos los posibles sesgos y todas las posibles disparidades
inherentes en los grupos estudiados. Sin embargo, existe un estudio de estas
características.
El estudio SU.VI.MAX
Este
estudio, el mayor realizdo en Europa a nivel epidemiológico e iniciado en Francia y
posteriormente ampliado a otros países (Bélgica, Alemania, España), abarca una
población de 17.000 sujetos presumiblemente sanos de ambos sexos y de edades comprendidas
entre los 35 y 60 años, en el caso de las mujeres, y entre los 45 y los 60 en el caso de
los hombres. Se le ha dado el nombre de SU.VI.MAX haciendo alusión a uno de sus aspectos,
el de investigar los efectos de suplementos vitamínicos y minerales antioxidantes. Sin
embargo, el alcance de este estudio es más amplio que esta simple suplementación. Una
vez seleccionados los sujetos, la mitad de ellos reciben la suplementación dietética
citada (vitaminas C y E, b-caroteno, selenio y zinc) a dosis preestablecidas, mientras que
la mitad restante recibe un placebo. Desde el momento de su entrada en el estudio, todos
los participantes deben cumplimentar controles de eventos mensuales y cuantificaciones de
los aportes alimentarios individuales con carácter bimensual, y someterse a exámenes
médicos anuales para determinación de parámetros objetivos.
El objetivo del
estudio es comprobar los efectos de la suplementación dietética sobre la incidencia de
enfermedades neoplásicas, enfermedades cardiovasculares, catarata, patología infecciosa
y morbilidad objetiva (es decir, en general aquellas situaciones patológicas en las que
se ha postulado un estado hiperoxidante). Adicionalmente, el protocolo del estudio prevé
la posibilidad de que se realicen en su seno otras averiguaciones, siempre que éstas no
interfieran con sus objetivos primarios. De uno de estos estudios asociados nos ocuparemos
más adelante. El estudio se inició en 1994, y está previsto que continúe hasta el año
2002; en ese momento, el banco de datos observacionales acumulado supondrá una
contribución importante al conocimiento de lo que se entiende como "salud
dietética" en la Europa de nuestros días.
Algunas de las observaciones intermedias (datos el estudio referidos a octubre de 1998,
es decir, a aproximadamente la mitad de su trayecto) confirman investigaciones
epidemiológicas anteriores, y confirman igualmente la validez del procedimiento de
recogida de datos.
Así, por ejemplo,
en el caso de las enfermedades neoplásicas, se han objetivado un total de 273 nuevos
casos de cáncer. Esta proporción, en cuatro años y en un estudio sobre 17.000 sujetos,
es la esperada o, tal vez, algo menor que la esperada. La distribución de estos casos,
sin embargo, debe hacer pensar a cualquier médico de atención primaria. Así, 171 de
estos nuevos casos de cáncer (el 62%) se han dado en mujeres, y entre estos se han
contado 79 casos de cáncer de mama y 6 de cuello uterino. No hace falta señalar que una
exploración mamaria sistemática debe formar parte de la exploración clínica de toda
mujer que acude al médico, y que esta exploración ?o una auto-exploración por parte de
la paciente, que puede orientarla a acudir al médico al haber advertido alguna anomalía-
debe repetirse a intervalos regulares.
De los 102 casos detectados en varones, 17 (el 16%) han sido cánceres de próstata.
Vale aquí el mismo comentario que en el caso de las mujeres: un tacto rectal a tiempo,
junto a unas determinaciones analíticas que hoy son de práctica habitual, puede hacer
que estas neoplasias sean detectadas en estadios precoces, cuando la intervención médica
puede realmente ser curativa. De hecho, más de 70 neoplasias de todos los tipos se
detectaron en estadios precoces en el curso del estudio SU.VI.MAX, gracias a los controles
médicos anuales.
Las restantes neoplasias detectadas siguen la distribución que en esta población y
durante este periodo sería de esperar: 65 casos de cánceres cutáneos, 27 en el aparato
digestivo, 26 casos hematológicos, 17 cánceres de tiroides, 9 de pulmón (cifra
singularmente baja) y 9 de aparato urinario.
En cuanto a los
eventos cardiovasculares, que constituyen otro de los puntos finales del estudio, la
incidencia y distribución han sido también del orden esperado. Se han detectado, así,
un total de 196 eventos cardiovasculares, con un predominio neto (136:60) en el sexo
masculino. De estos eventos, 64 (el 32,6%) han sido eventos coronarios, y aquí la
distribución por sexos es mucho más manifiesta: 57 casos en varones y 7 en mujeres. Hay
que recordar, al apuntar estas cifras, el hecho conocido de que las mujeres en edad
fértil parecen estar "protegidas" en el sentido de los eventos cardiovasculares
y, en particular, en el de la patología coronaria.
Sobrepeso
La incidencia de sobrepeso, de obesidad y de delgadez ha seguido también
distribuciones dentro de lo que cabría haber esperado. Se ha objetivado así que el 8,5%
de los varones y el 7,5% de las mujeres en el estudio eran obesos (índice de masa
corporal >30 kg/m2), y que el 45% de los varones y el 21% de las mujeres evidenciaban
sobrepeso (índice de masa corporal comprendido entre 25 y 30 kg/m2). Por fin, se han
considerado delgados reseñables (índice de masa corporal <18 kg/m2) el 4,9% de las
mujeres y sólo el 1,5% de los varones. Esta distribución no hace sino confirmar la
apreciación subjetiva de muchos médicos de que la mujer, en nuestros días, tiende a
preocuparse mucho más por su peso que el varón.
Colesterolemia y glucemia
Los valores de colesterolemia y de glucemia objetivados en este estudio han mostrado
también una evolución interesante: Si en el momento de la inclusión en el mismo, por
ejemplo, el 27% de las mujeres y el 36% de los varones podían considerarse
hipercolesterolémicos (>6,5 mmol/l), esta proporción, dos años más tarde, es del
20% y el 25%, respectivamente. Adicionalmente, las cifras medias de colesterol son
ligeramente menores, en la evaluación a los dos años, que las observadas en el momento
del ingreso en el estudio.
Dado que este aspecto del estudio era estrictamente observacional, es decir, que
la intervención con suplementación dietética no interfería en modo alguno en este
parámetro, esta reducción de los niveles medios resulta significativa. No es posible,
sin embargo, concretar si esa reducción se debe a una mayor sensibilización acerca de
los problemas asociados con el colesterol dentro de la cohorte estudiada, que sin duda se
habría visto favorecida por el hecho de los exámenes periódicos y por el propio hecho
de participar en un estudio amplio de salud, o si esa sensibilización es de un ámbito
más amplio y abarca a la población en general. Una evolución parecida se ha observado
respecto a las cifras de glucemia.
Hipertensión arterial
En el caso de la hipertensión arterial, los datos del estudio se asemejan mucho a lo
que era de esperar. El 8% de las mujeres y el 12% de los varones comprendidos en el
estudio están en seguimiento por hipertensión, y la prevalencia de la misma aumenta
claramente con la edad y con el estado ponderal (desde un 8,5%, globalmente, en los
sujetos de peso normal, hasta un 24% en los obesos, combinando ambos sexos). Esto no hace
sino reflejar una serie de fenómenos que han hecho que, en nuestro país, se haya dado a
la hipertensión arterial el nombre de "enfermedad del 50%": el 50% de la
población tiene hipertensión (dejando, de momento, a un lado consideraciones de
importancia de la misma); el 50% de esta población es consciente de que la padece; el 50%
de esta población está en tratamiento por tal motivo (es decir, el 12,5% del total,
cifra muy similar a la recogida en el estudio citado), y sólo en el 50% de esa población
el tratamiento consigue un control tensional.
Aporte de nutrientes
Sería innecesariamente prolijo seguir enumerando todos y cada uno de los aspectos y de
las observaciones recogidas en este balance intermedio del estudio SU.VI.MAX, y no es ese
el propósito de este trabajo. Sin embargo, sí merece la pena, a la luz de las
consideraciones planteadas al principio acerca de la "mala nutrición" de
nuestras poblaciones, una serie de datos acerca de la ingesta alimentaria.
Los resultados promediados de un total de 18 encuestas alimentarias llevadas a cabo en
el curso de tres años arrojan los resultados siguientes: en el varón, la ingesta media
de energía es de 2431 ± 569 kilocalorías/día. La composición en términos de
macronutrientes es la siguiente: un 38,7% en forma de glúcidos, un 36,3% en forma de
proteínas, un 15,8% en forma de lípidos, y un 9,2% del aporte total diario de energía
en forma de alcohol. En las mujeres, la ingesta calórica media es de 1787 ± 438
kcal/día, y la composición porcentual es del 40,4% como glúcidos, 38,3% como
proteínas, 16,4% como lípidos, y 4,8% en forma de alcohol.
Hay que hacer constar que se ha apreciado una reducción progresiva de la ingesta
calórica total a lo largo de estos tres años de seguimiento, pero también un incremento
de la fracción que dentro de ese aporte calórico constituyen los glúcidos y el alcohol.
No es este el lugar para disertar acerca de los efectos de la ingesta etílica sobre todos
los aspectos de la vida de la sociedad o sobre la siniestralidad vial. Baste con apuntar
esas cifras y desear que, en el balance final del estudio, en lugar de un incremento
ligero se haya llegado a apreciar una disminución significativa.
Fig 1. Consumo (g/día) en varones,
por trimestres |
Fig 2. Consumo (g/día) en mujeres,
por trimestre |
 |
 |
Un aspecto puramente anecdótico, pero que refleja muy bien las influencias a que se
ven sometidos nuestros hábitos alimentarios, es el del consumo de la carne de bovino y el
efecto que sobre él ha tenido la epizootia de la encefalopatía espongiforme bovina, el
"mal de las vacas locas" (Figuras 1 y 2). En el curso de los tres años que
abarca este primer balance, el consumo de productos alimentarios, en todas sus
categorías, se ha mantenido muy estable. Sin embargo, y sobre todo en Francia y en
Bélgica (los datos referentes a Alemania y España no abarcaban todavía este periodo),
la declaración del embargo sobre la importación de productos cárnicos de origen bovino
procedentes de Inglaterra en marzo de 1996 ha tenido como consecuencia una disminución
del 20% en el consumo de estos productos. Hay que destacar que el embargo citado se
refería sola y exclusivamente a los productos procedentes de Inglaterra, y no a la propia
producción nacional en esos dos países. Aún así, el temor inicial a ingerir productos
"de antes del embargo" y, subsiguientemente, a que hubiesen tenido lugar
importaciones fraudulentas, ha hecho que el consumo de bovino en estos países, si bien ha
mostrado un ligero incremento en años posteriores, haya permanecido muy por debajo de los
niveles iniciales.
Pero, aparte de los macronutrientes, hay un detalle llamativo en los datos recogidos en
el SU.VI.MAX, y este dato es el aporte de vitaminas y minerales. Recuérdese que en este
aspecto, y en el momento del balance intermedio, sólo se han dado a conocer los datos
observacionales del estudio, y que la valoración de los resultados de la intervención
deberá esperar hasta que el estudio concluya, en el año 2002, y a que se lleguen a
valorar en todos sus aspectos los datos recogidos.
Tabla1. Deficiencia en el aporte dietético de determinados minerales y
vitaminas.
A. Varones
| Nutriente |
Cantidad Recomendada Diaria |
Aporte dietético inferior a la CRD
pero superior a 2/3 de la misma |
Aporte dietético inferior a 2/3 de
la CRD |
| Vitamina E |
12 mg |
42,5% |
18,7% |
| Vitamina B1 |
1,5 mg |
56,5% |
18,1% |
| Vitamina B2 |
1,8 mg |
39,5% |
5,6% |
| Niacina |
18 mg |
35,8% |
4,0% |
| Vitamina B6 |
2,2 mg |
60,3% |
16,0% |
| Folacina (vit. B9) |
300 µg |
39,7% |
8,3% |
| Vitamina B12 |
3 µg |
2,7% |
0,6% |
| Vitamina C |
80 mg |
29,4% |
17,4% |
| Calcio |
900 mg |
34,1% |
8,2% |
| Hierro |
10 mg |
9,2% |
1,0% |
B. Mujeres
| Nutriente |
Cantidad Recomendada Diaria |
Aporte dietético inferior a la CRD pero
superior a 2/3 de la misma |
Aporte dietético inferior a 2/3 de la CRD |
| Vitamina E |
12 mg |
42,8% |
38,0% |
| Vitamina B1 |
1 1,3 mg |
56,3% |
25,8% |
| Vitamina B2 |
1,5 mg |
41,2% |
7,1% |
| Niacina |
15 mg |
44,9% |
9,4% |
| Vitamina B6 |
2 mg |
54,9% |
36,2% |
| Folacina (vit. B9) |
300 µg |
51,0% |
20,6% |
| Vitamina B12 |
3 µg |
10,7% |
2,7% |
| Vitamina C |
80 mg |
29,3% |
27,4% |
| Calcio |
900 mg |
43,8% |
16,4% |
| Magnesio |
330 mg |
37,0% |
19,0% |
| Hierro |
18 mg |
30,9% |
45,1% |
La Tabla 1 señala los resultados de las observaciones derivadas de las encuestas de
aporte dietético. Los datos que en ella se recogen no pueden ser más aleccionadores. Con
la excepción del hierro y de la vitamina B12, el aporte medio de las vitaminas y
minerales contemplados no llega a alcanzar las cantidades diarias recomendadas en un
porcentaje de los casos que llega, para algunos de estos componentes, al 60%. Si nos
restringimos a aquellos casos en que la ingesta no cubre ni siquiera las dos terceras
partes de las cantidades recomendadas, se perciben deficiencias en hasta un 45% de los
encuestados (el caso del hierro en las mujeres).
Es cierto que las CDR, las Cantidades Diarias Recomendadas, tienen el objetivo de
cubrir las necesidades de prácticamente toda la población, y que, por consiguiente,
estas recomendaciones pueden estar sesgadas hacia cantidades más altas que las
necesidades reales de la media. Aún así, estos consumos deficitarios deben llamar la
atención e inducir a emprender un consejo dietético en una serie de casos concretos. Hay
que recordar que tanto en la población europea en general como en la española en
particular, la incidencia de osteoporosis y de anemia en la mujer postmenopáusica es
alta, y que estos dos problemas están estrechamente asociados a la ingesta alimentaria ?a
todas luces no suficiente- de calcio y de hierro.
Por supuesto, será necesario esperar a que se conozcan los resultados finales del
estudio para poder valorar si estas deficiencias y desviaciones nutricionales tienen
también una repercusión biológica, al igual que será necesario esperar hasta ese
momento para comprobar si la intervención prevista en el estudio tiene resultados sobre
la detección de las patologías que constituyen sus puntos finales.
Se ha señalado que el protocolo del estudio SU.VI.MAX preveía la posibilidad de
servirse de la población estudiada para llevar a cabo otros estudios concretos en
subgrupos, siempre que éstos no modificasen las condiciones del estudio principal. Uno de
estos estudios paralelos se ha referido a la salud cutáneo-capilar. En concreto, y dentro
del estudio SU.VI.MAX, se han llevado a cabo realmente dos estudios satélites sobre este
tema: uno de ellos, que abarca aproximadamente 10.000 sujetos, se refiere al estado de
salud capilar y ungueal; el otro, sobre aproximadamente 2.200 sujetos, se refiere a la
caída del cabello. Dadas las condiciones limitantes del estudio principal, estos dos
estudios paralelos son igualmente, y por necesidad, de índole observacional. Sin embargo,
sus resultados son aleccionadores.
Estudio sobre salud capilar y ungueal
Este primer estudio epidemiológico sobre este tema, en el que han participado 6.200
mujeres y 3.400 varones comprendidos en la cohorte del estudio principal y de edades que
abarcaban desde los 35 hasta los 60 años revela una serie de datos interesantes (Tablas 2
y 3). Hay que recordar y resaltar que, al tratarse de un estudio realizado mediante
encuesta, sus resultados describen observaciones no sólo objetivas sino subjetivas.
Tabla 2. Problemas percibidos de salud capilar en el varón
| Problema percibido |
Población: 3.400 varones |
| |
Es motivo de preocupación para (%) |
| Dificultad para peinarse |
11,0 |
| Cabello frágil |
48,6 |
| Cabello seco |
10,4 |
| Cabello deslustrado |
4,7 |
| Puntas rotas o hendidas |
1,3 |
| Pérdida de cabello |
52,4 |
| Cabello excesivamente fino |
45,9 |
| Alopecia parcial/total |
41,0 |
| Encanecimiento |
49,8 |
| Caspa |
41,3 |
| Cabello graso |
44,7 |
Tabla 3. Problemas percibidos de salud capilar en la mujer.
| Problema percibido |
Población: 6.200 mujeres |
|
Es motivo de preocupación para (%) |
| Dificultad para peinarse |
19,0 |
| Cabello frágil |
21,0 |
| Cabello seco |
24,0 |
| Cabello deslustrado |
19,3 |
| Puntas rotas o hendidas |
9,7 |
| Pérdida de cabello |
59,9 |
| Cabello excesivamente fino |
22,9 |
| Alopecia parcial/total |
1,0 |
| Encanecimiento |
71,1 |
| Caspa |
43,0 |
| Cabello graso |
46,9 |
Uno de los primeros datos que llaman la atención es la disparidad subjetiva en cuanto
al problema de salud capilar (los datos de salud ungueal no están aún disponibles) que
más preocupa: En el varón, el problema más preocupante es el de la caída del cabello,
la alopecia (se muestran preocupados por este problema el 52,4% de los varones
encuestados). En la mujer, constitucionalmente más resistente a la alopecia, el problema
más acuciante es el encanecimiento (lo es para el 71,1% de las encuestadas).
Aunque, en una primera consideración, estos dos problemas parezcan banales respecto a
la salud general, hay que resaltar que los dos son problemas relacionados con la propia
imagen corporal y con la autoestima. Para el varón, la persistencia de una masa capilar
está relacionada con su masculinidad, con su virilidad, y la pérdida de la misma es
sinónima de senescencia. Por mucho que se haya hecho hincapié en que la alopecia viril
poco o nada tiene que ver con la virilidad, salvo en el aspecto de estar relacionada con
los niveles de andrógenos, la teoría ancestral que prefiere varones pilosos sigue
vigente.
Algo parecido puede decirse respecto a la mujer y las canas. En el momento en que el
color del pelo empieza a decaer para ceder su lugar a un gris más o menos uniforme (y
peor aún, a un blanco uniforme), la mujer empieza a sentirse añosa. Los datos
estadísticos lo demuestran: mientras que, en la mujer, la alopecia sólo afecta a un 1%
de la población (frente a un 41% en el varón), no menos del 60% de las mujeres
encuestadas se consideran afectadas por la caída del cabello. Por el contrario, y dado
que, por término medio, su cabello es de color naturalmente más claro, el encanecimiento
no empieza a preocuparlas hasta que ya afecta a un porcentaje apreciable de la masa
pilosa.
El que la salud del cabello, como símbolo de vitalidad, preocupa, se hace manifiesto
en los hábitos de higiene y de limpieza. También se hace manifiesta, sin embargo, una
cierta resignación al hecho de que, con la edad, la calidad del cabello decae, al igual
que se perciben claras diferencias regionales que, por el momento, no es posible definir
como puramente subjetivas o con base en verdaderas diferencias fisiológicas. Así, la
higiene del cabello es más manifiesta en la población joven, y disminuye a medida que
avanza la edad. De igual modo, se aprecian diferencias entre las poblaciones que residen
más al Norte y más al Sur dentro de un mismo país: estas últimas se lavan el cabello
con mayor frecuencia que las primeras.
Estudio sobre la caída del cabello
En este estudio, y junto a constataciones que refrendan tanto el saber popular como los
conocimientos científicos, se han dado algunos hallazgos que vale la pena destacar.
Pasemos a comentar, en primer lugar, las constataciones subjetivas.
Tabla 4. Origen atribuido a la caía del cabello
| Origen atribuido |
Varones (%) |
Mujeres (%) |
| Periodo de estrés |
19 |
29 |
| Cambio de estación |
21 |
13 |
| Cansancio |
10 |
3 |
| Hereditario |
50 |
|
| Gestación / parto |
|
10 |
| Menopausia |
|
7 |
| No sabe / no relaciona |
|
28 |
Tabla 5. Grado percibido de pérdida de cabello.
| Grado percibido |
Varones (%) |
Mujeres (%) |
| Mucho |
18 |
63 |
| Poco |
82 |
37 |
Las Tablas 4 y 5 señalan dos características habituales en cuanto a la caída del
cabello. La primera es que este fenómeno, pese a tener una componente hereditaria
conocida en el 50% de los casos, se relaciona con situaciones concretas. La segunda es que
las mujeres consideran, en un porcentaje mucho mayor de los casos, que pierden mucho pelo.
Una vez más, hay que resaltar que se trata de observaciones subjetivas, que pueden tener
relación con el hecho de que en determinadas situaciones se presta mayor atención a
fenómenos que en otros casos generarían muy poca preocupación. Sin embargo, la
correlación entre situaciones de estrés y la pérdida acentuada del cabello es un hecho
que se ha constatado una y otra vez. Todos los libros de historia recogen el hecho
anecdótico de que la Reina María Antonieta de Francia encaneció "de la noche a la
mañana" en vísperas de su ejecución. Este hecho es real, pero su interpretación
no hace sino reflejar la observación citada: lo que en realidad ocurrió fue una pérdida
masiva y rápida del cabello (defluvium capitis) ante la situación de estrés citada, que
dio lugar a que persistiera aquella porción del cabello que ya era cana, y que es en
general más resistente a la caída.
También es observación general que las mujeres, que suelen prestar mayor atención a
su cabellera y la peinan y cepillan más a menudo que el varón, suelen encontrar en el
cepillo un número mayor de cabellos desprendidos todas las mañanas. Pero también hay
que recordar que la densidad de folículos pilosos por centímetro cuadrado es en general
mayor en la mujer: la pérdida porcentual es en general similar a la del varón, y de
hecho suele ser menor.
Sin embargo, un aspecto novedoso del estudio paralelo citado sí es digno de
destacarse. Se trata de la identificación de un signo clínico que parece ser un
predictor de caída del cabello.
En este estudio, se desarrolló un dispositivo fotográfico que permitía recoger
imágenes rigurosamente normalizadas del cuero cabelludo ?y del propio cabello, en el
punto en que emerge del mismo? en zonas predeterminadas del vértex (la
"coronilla") y de la cúpula del cráneo. Se registraron así no menos de 5.000
fotografías de los casi 2.200 sujetos participantes, que se evaluaron y clasificaron
según una escala de alopecia basada en el recuento de cabellos (escala de Hamilton para
los varones, y escala de Ludwig para las mujeres).
Con la ayuda de estas imágenes ("fototricogramas") se han podido concretar
dos signos asociados a la pérdida futura de cabello. El primero es una modificación del
diámetro del cabello (ese cabello "arrosariado" o "en signo de
admiración" al que hacen referencia todos los textos de dermatología). El segundo,
que constituye una completa novedad, es la existencia de un halo perifolicular más oscuro
alrededor de aquellos folículos que posteriormente se vieron afectados por la alopecia
(Figuras 3 y 4).
| Fig. 3 |
Fig.4 |
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No es posible, todavía, establecer una correlación entre este hallazgo y eventuales
factores asociados. Se desconoce cuál es su papel y su significado, o si éstos pueden
ser diferentes en uno y otro sexo; se desconocen, en general, sus correlaciones
biológicas, y serán necesarios estudios mucho más amplios y más dirigidos para
concretarlas. Sin embargo, la presencia de estos halos perifoliculares puede servir ya hoy
de indicador para establecer una diferencia entre lo que no es sino una pérdida de pelo
transitoria y sin mayor importancia y lo que constituye ya una alopecia definida e
importante.
Hay, sin embargo, otro hallazgo no relacionado con este estudio que podría estar
relacionado con la explicación. Ya en 1992, Kligman describió un fenómeno de
"rigidificación" de la raíz del cabello en asociación con la alopecia.
Estudios posteriores demostraron que esta rigidificación se corresponde con un aumento
(hasta el doble) del colágeno en la vaina radicular. Por usar un símil de todos los
días, esta vaina folicular engrosada y rigidificada parecía "ahogar" el
cabello que en ella nacía (Figuras 5 y 6). La presencia de esta rigidificación, de este
aumento del colágeno, parecía entonces presagiar una ruptura del ciclo capilar y la
pérdida progresiva de folículos funcionantes y en fase de crecimiento (anagen). Dado que
en situación normal el 85% de los folículos pilosos se encuentran en esta fase, el paso
a una de degeneración o pérdida conduce, necesariamente, a la alopecia. Hay que recordar
que el "capital piloso" no es eterno: Cada bulbo piloso, cada cabello, tiene una
vida media de 25 ciclos en los cuales se suceden crecimiento, degeneración y pérdida; si
aumenta la proporción de folículos en esta última situación, en detrimento de la
primera, el resultado es evidente e irreversible.
Fig. 5 |
Fig. 6 |

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No es posible aún decir si este aumento del colágeno, esta rigidificación, está
asociada con la observación en el fototricograma del halo perifolicular, pero la idea es
ciertamente sugerente.
¿Qué se puede hacer al respecto?
La lucha contra la pérdida del cabello es probablemente casi tan antigua como la
Humanidad. No en vano la iconografía que nos han dejado civilizaciones pasadas hace una y
otra vez hincapié en la presencia de una mata de pelo y (en el caso del varón) de una
barba frondosos. Este ideal de la pilosidad ha llegado en el pasado hasta el punto de que,
en la época de la República de Roma, durante un tiempo las mujeres se dejaron crecer la
barba, como signo de honor y respeto hacia sus cónyuges.
El número de remedios y preparaciones destinados al cuidado del cabello, y más aún a
preservarlo, es ingente y lo ha sido siempre. Sin embargo, los resultados obtenidos no han
sido de ninguna manera positivos. Hay tan sólo tres casos en los cuales se haya
demostrado una eficacia aceptable en este contexto.
El primero de estos tres casos son las manipulaciones dietéticas. Basta recordar los
resultados antes apuntados del estudio SU.VI.MAX para percibir que la dieta occidental
actual dista mucho de lo que se puede llamar saludable. A la espera de los resultados
finales de ese estudio, en cuanto a los efectos de la suplementación con vitaminas y
minerales antioxidantes, parece obvio que las modificaciones de la dieta en el mismo
sentido deberán tener una repercusión favorable sobre el estado de salud en general, y
sobre la salud capilar en particular.
El segundo, que data ya de hace algunos años, son los efectos de determinados
vasodilatadores, observados en un principio como efecto colateral no deseable y
seguidamente aprovechados en este sentido concreto. Sin embargo, parece obvio que estos
vasodilatadores más o menos "pilo-específicos" no hacen sino facilitar el
acceso al bulbo piloso de nutrientes que le son esenciales, por lo que su mayor o menor
eficacia está necesariamente ligada al ya citado aspecto dietético.
El tercer caso es bastante más reciente, y se trata de una molécula (Aminexil®)
cuyos efectos no parecen depender del estado nutricional. Aunque no es posible todavía
concretar su mecanismo o mecanismos de acción, en un estudio controlado desarrollado en
el Hospital General Amersham, en Inglaterra y en el Hospital Saint Louis y en la
Fundación Rotschild en Francia, se ha apreciado que Aminexil® incrementa en un 8% el
número de folículos pilosos que se mantienen en fase de crecimiento en comparación con
el grupo placebo. Asimismo, su eficacia se hace particularmente manifiesta en dos periodos
en los que la caída de cabello es más acentuada, es decir, en Primavera y en
Otoño.
Será necesario esperar hasta disponer de estudios más amplios acerca de estas
observaciones. Sin embargo, y hasta el momento actual, Aminexil® parece ser el único
tratamiento preventivo de la alopecia respecto al cual se pueda hablar de una eficacia
contrastada.