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Los médicos de A.P. ante la violencia doméstica   

maltratada.jpg (10134 bytes)El impacto de los malos tratos en la salud de cualquier persona hace que el problema se presente en la consulta médica irremediablemente, sobre todo de forma "subclínica". Si el médico no aprende a reconocerlo, este tipo de pacientes pasarán inadvertidos por la consulta o, incluso, podrán ser catalogados como "psicosomáticos". Sin embargo, los facultativos tienen que enfrentarse a una serie de obstáculos tanto para identificar estas situaciones como para intervenir en ellas. La falta de formación y entrenamiento, el miedo a ofender al paciente, o la sensación de impotencia, son algunas de las principales dificultades para manejar la violencia doméstica desde la A.P.

  MARTA AGUAR FERNÁNDEZ

Médico de Familia. Miembro de la SAMFYC. Unidad Docente de Granada

La violencia doméstica (VD), hasta hace poco tiempo considerada un asunto oculto y, por tanto, privado, ha comenzado a ser planteada como un problema de ámbito social, tomando conciencia de su trascendencia tanto la población como los profesionales que se ven involucrados (1). Es bien sabido que afecta a todas las razas y a todos los niveles socioeconómicos y culturales de la sociedad.

Se habla usualmente de violencia doméstica o malos tratos (MT), a la violencia de la que son víctimas las mujeres en el ámbito privado de la familia, de la pareja o en cualquier otro tipo de convivencia (2). En la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (3), proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1993, se define la violencia contra la mujer como "todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas para tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada". Esto incluye la violencia que se produce en la familia, como malos tratos, abusos sexuales de las niñas en el hogar, violación por el marido, y actos de violencia perpetrados por otros miembros de la familia, ente otros.

A pesar de la gravedad del problema de la VD, se desconoce su dimensión real; la mayoría de los datos de los que se dispone se basan en estimaciones o corresponden a registros (denuncias, atención en servicios de urgencias, homicidios,...), quedando la mayoría de los casos ignorados. Según Naciones Unidas (4), estudios en diferentes países arrojaron datos de entre un 17% a un 38 % de mujeres agredidas por su marido o compañero, llegando hasta un 60 % o más en otros países; las tasas fueron muy superiores cuando los estudios se realizaron mediante encuestas anónimas, y a nivel nacional.

Datos variables también se obtuvieron acerca de las agresiones sexuales a mujeres y a menores de edad. En España, según información del Ministerio del Interior y del Instituto Andaluz de la Mujer (5), en 1997 al menos 91 mujeres fueron asesinadas por sus maridos o compañeros, de las cuales el 90% ya habían roto la relación e iniciado trámites de separación o divorcio; 3 de ellas fueron asesinadas con fuego. Según el estudio "La violencia contra las mujeres", realizado para el Instituto de la Mujer (6), el 12,4% de las españolas mayores de 18 años (alrededor de 1.850.000) sufren de alguna forma maltrato familiar, casi siempre de manos de sus maridos o compañeros sentimentales.

El tratamiento de las víctimas que sufren malos tratos debe ser abordado de forma multidisciplinaria, con la colaboración de personal sanitario, policía, magistrados y abogados, psicólogos, asistentes sociales, terapeutas, etc. Los médicos, y principalmente los de Atención Primaria, se encuentran en una situación privilegiada para ofrecer ayuda y apoyo a las víctimas de malos tratos, y orientarles sobre los recursos disponibles.

El impacto de los malos tratos en la salud de cualquier persona hace que el problema se presente en la consulta de forma irremediable. Mucho se ha escrito en nuestro entorno sobre la manera de actuar en una situación de "crisis" (tanto en agresiones físicas como sexuales), con una descripción exhaustiva de las lesiones, parte judicial correspondiente, etc. (7-10). Sin embargo, es mucho más probable que estas situaciones aparezcan en la consulta de forma "subclínica", aquejando nuestras pacientes de cefaleas, cervicalgias, dolores torácicos, molestias gastrointestinales o pélvicas, síntomas de ansiedad o depresión, o molestias anodinas que no mejoran a pesar de multitud de tratamientos (11-16). Si el médico no aprende a reconocerlo o incluso si no se plantea el maltrato como un diagnóstico diferencial más, este tipo de pacientes pasarán inadvertidos por nuestra consulta o incluso podrán ser catalogados como "psicosomáticos".

Existe una serie de "obstáculos" a los que se enfrentan los profesionales de la Medicina, tanto para identificar estas situaciones como para intervenir en ellas desde la consulta de Atención Primaria. La falta de formación y entrenamiento, el miedo a ofender a nuestras pacientes, la falta de tiempo, la sensación de impotencia o a perder el control de la situación, son algunas de las principales dificultades para manejar la VD desde la consulta (17). 

Falta de formación y entrenamiento
La mayoría de los médicos no han recibido ningún tipo de preparación sobre VD durante la formación académica, el periodo de residencia o la formación médica continuada. Fuera de los "temas puramente médicos", situaciones como el maltrato hacen que nos sintamos perdidos e incómodos cuando nos enfrentamos a ellas (18).

Sin embargo, la VD puede ser enfocada como una "enfermedad" más, como la hipertensión o la diabetes mellitus; si nos fijamos bien, la VD puede ser analizada como cualquier otra patología: epidemiología, etiología, clínica, diagnóstico, tratamiento y prevención. Esto hace que sea un problema de salud que requiere una formación y un entrenamiento específicos, como el resto de patologías que estamos acostumbrados a manejar.

Miedo a ofender a las pacientes
Otra dificultad con la que se encuentran los médicos es el temor a que las pacientes puedan molestarse si se les pregunta sobre VD, como si se invadiera un área totalmente privada, y pudiera deteriorarse la relación médico-paciente. Incluso, piensan que las víctimas de maltrato no quieren que se les pregunte ni quieren hablar de ello. Nada más lejos de la realidad. Las pacientes no se sienten ofendidas si se les pregunta sobre VD, sino que perciben que su médico se preocupa también por este tipo de problemas (19).

violencia1.gif (1194 bytes)Es fundamental, por supuesto, la actitud del médico a la hora de abordar estas cuestiones; un ambiente de confidencialidad e intimidad unido a una actitud de seriedad, comprensión y sensibilidad son imprescindibles para preguntar sobre malos tratos. Es recomendable comenzar por preguntas "sutiles", sobre la seguridad de nuestra paciente con su pareja, tales como: "¿se siente segura con su pareja?" o "¿tiene miedo de su pareja?". Lo ideal sería hacer este tipo de preguntas a nuestras pacientes de forma rutinaria; aunque en un principio puede resultar incómodo o embarazoso, el médico puede acostumbrarse rápidamente a preguntarle a sus pacientes sobre malos tratos, incluso de forma periódica, como si del hábito de fumar o beber se tratase.

Si nuestra paciente nos revela que sufre o ha sufrido malos tratos, deberíamos intentar profundizar sobre éstos para conocer el tipo de VD sufrida (psicológica, física o sexual), la gravedad de los mismos, o al menos, el episodio más grave, la frecuencia con que se producen o producían, e incluso el uso de armas para amenazas o heridas. No olvidar preguntar por los niños que vivan en la casa, por si han presenciado o incluso sufrido amenazas o agresiones; recordemos el efecto tan negativo que los malos tratos pueden tener tanto a corto como a largo plazo sobre ellos. Todos los datos sobre VD deben quedar ampliamente documentados en la historia y también en un parte de lesiones si la agresión ha sido aguda (20).

Quizá podamos encontrarnos frente a una paciente que haya sufrido VD y se niegue a responder este tipo de preguntas. No se recomienda, en estos casos, intentar insistir sobre el tema, ya que lo único que lograríamos es hacerle sentir incomoda y que desconfiara de nosotros. Debemos tener en cuenta que estas víctimas, generalmente, se sienten avergonzadas, incomprendidas e incluso pueden llegar a pensar que son culpables de la violencia que sufren. Aunque en un primer momento la paciente rechace la ayuda que pueda ofrecerle el médico, es imprescindible "dejar la puerta abierta", estando disponibles para escuchar y ayudar cuando ésta se sienta con ánimo para hablar de ello. Aunque en principio pensemos que nuestra intervención no ha servido para nada, nuestra paciente recordará esta visita a la consulta de forma distinta, quedando en su mente una sensación de apoyo, preocupación e interés hacia ella y la posibilidad de que nos lo comente en una visita posterior.

Estereotipos y creencias sobre la violencia doméstica
Los médicos que no tienen experiencia en el manejo de VD, pueden tener dificultades a la hora de trabajar con este tipo de patología, bien porque piensen que el maltrato es algo extraño, porque no creen que pueda darse entre sus propios pacientes o que los malos tratos no se dan en "familias aparentemente normales" (21).

Otros consideran que existen "perfiles" de agresor y de víctima, fácilmente reconocibles, con una serie de peculiaridades cada uno: el agresor, hombre, de carácter violento, generalmente bebedor y de clase pobre; la víctima, mujer, de carácter débil, dependiente psicológica y económicamente y sin estudios. Si bien es verdad que existen una serie de factores que pueden influir en la VD como son el consumo de alcohol y otras drogas, el desempleo o el nivel socioeconómico y cultural bajo, recordemos que la VD puede aparecer en todos los niveles económicos, sociales y culturales, en todas las razas y a cualquier edad. El único factor de riesgo como tal, que ha sido demostrado, es haber presenciado o sufrido malos tratos durante la infancia.

Hay quien, incluso, puede pensar que la víctima que sufre maltrato puede haber provocado alguna situación para que éste se haya producido. Si hay algo que necesitan estas personas es nuestro respeto y compresión, asegurándoles que no están solos, que la violencia no está justificada en ningún caso y que nadie merece ser maltratado. Pueden utilizarse distintas técnicas de entrevista clínica, como la validación o la empatía, para intentar reforzar la pobre autoestima que estas pacientes tienen (22).

Impotencia y frustración
Otra dificultad con la que se enfrentan los médicos a la hora de abordar este tema es el sentimiento de impotencia por la complejidad del mismo, por no saber qué hacer con este tipo de problemas o el sentirse "desbordado" por sobrepasar las capacidades de médico. Este tipo de dificultades va más unido a la falta de formación y entrenamiento, y al desconocimiento de técnicas y herramientas terapéuticas para manejar la VD en la consulta.

Algunos no logran entender por qué estas víctimas no abandonan al agresor, a pesar incluso de ofrecerles recursos. Hay que comprender la complicada situación de estas pacientes y los obstáculos para abandonar una relación con VD. Muchas víctimas tienen miedo y temen por su propia seguridad y la de sus hijos, sufriendo amenazas y agresiones si intentan huir; es más, el hecho de huir no significa necesariamente "seguridad". Además, pueden sentirse avergonzadas, humilladas e incluso pensar que están solas y que no tienen a nadie a quien recurrir o que nadie va a creerlas. A esto se suman las promesas de cambio que hace el agresor, tras un episodio violento, cuando se entra en el llamado periodo de "luna de miel", hasta que vuelve a aumentar la tensión en el hogar y de nuevo se desencadena otro ciclo de violencia. Se añaden otras circunstancias como pueden ser la falta de recursos económicos o trabajo para mantenerse, o el aislamiento al que pueden llegar estas víctimas incluso de sus familiares o amigos más íntimos (23).

Una vez comprendida la situación en la que se encuentra la víctima, será más fácil acercarnos a ella asegurándole siempre confidencialidad y comprensión, y sin hacer "juicios de valor"(no se deben hacer comentarios del tipo "si yo estuviera en tu lugar habría dejado a mi pareja" o "no sé como todavía no le has dejado"). No olvidemos la sensación que ellas tienen de pérdida del control de su vida; es fundamental ofrecer una serie de recursos, incluyendo un plan de seguridad por si en algún momento tiene que huir rápidamente, pero siempre haciendo que la paciente tome las decisiones, y esto incluye el momento de abandonar la casa. Esta actitud, en la que ella debe tomar parte activa sobre sus propias decisiones, consigue crear un poderoso refuerzo y la sensación de que comienza a recuperar las riendas de su vida (24).

Otro motivo por el que algunos médicos pueden sentirse frustrados es por el hecho de no ver cambios importantes en la vida de nuestra paciente a pesar del esfuerzo que realizan, como cuando intentamos que un paciente deje de fumar o beber porque ese hábito está dañando seriamente su salud. También puede sentirse uno impotente al ver que no puede controlar las circunstancias de su vida (no puede ofrecerle un trabajo, dinero, cariño, etc.).

Es importante tener claro que uno forma parte de un equipo multidisciplinario, con una serie de recursos (sociales, legales, apoyo psicológico y/o psiquiátrico,...) y que no trabaja solo. El trabajar en equipo, intentando adaptarse a las peculiaridades de cada caso, es una norma básica para no caer en el error de sentirse desbordado y frustrado frente a la VD.

Miedo a perder el control de la situación
violencia1.gif (1194 bytes)Para muchos médicos, la VD resulta un problema demasiado complejo de manejar en la consulta, y produce una sensación incómoda de que se les pueda ir de las manos y que puedan empeorar la situación, aumentando incluso la gravedad de la violencia. Incluso, algunos pueden sentir miedo por si se pone en peligro su propia integridad, ya que es muy frecuente que el agresor sea también paciente nuestro. Como hemos dicho antes, el médico forma parte de un gran equipo; somos el eslabón de una gran cadena de profesionales y recursos para ayudar a estos pacientes. Nuestra función no es resolver su situación ni su vida. Nuestra función incluye hacer un screening de VD entre nuestros pacientes, dar apoyo emocional y compresión a las víctimas de malos tratos, tratar sus problemas médicos si es preciso y orientarles sobre los recursos que están a su disposición. Otra función imprescindible, y primordialmente de los médicos de Atención Primaria, es realizar una prevención primaria para intentar evitar situaciones de VD entre nuestros pacientes.

Otros médicos piensan que se debe citar a la consulta al marido o incluso a la pareja (agresor y víctima) en situaciones "activas" de malos tratos. Esta actitud sí puede hacer que la situación se nos vaya de las manos. Debe evitarse el citar al agresor o el intentar una terapia de pareja, en situaciones de crisis de VD, ya que puede delatar a la víctima, romper el vínculo de confidencialidad e intimidad entre médico y paciente, puede poner en peligro su seguridad y producir un aumento en la gravedad de las lesiones (21).

Trabajar contrarreloj
Si aun no eran suficientes los obstáculos que teníamos que salvar, se suma a todo ello el problema del tiempo. Muchos médicos, y más aun en Atención Primaria, trabajan diariamente con un tiempo muy ajustado para cada paciente debido a la gran demanda que tienen en la consulta. Para ellos es imposible intentar entrar en un tema como éste cuando es obvio que no podrá darse una solución ni en cinco ni en diez minutos. 
Para otros simplemente es "mejor no pararse en estas cuestiones porque no tienen tiempo para ello". Piensan que no es rentable entretenerse en preguntar sobre VD, con la escasez de tiempo con la que se trabaja (17).

Todas estas dificultades u obstáculos frenan a muchos médicos a abordar situaciones de malos tratos en la consulta. Aunque nos enfrentemos a algo nuevo y tremendamente complejo, no podemos quedarnos al margen de la violencia doméstica. Queramos o no, nos incumbe también a nosotros. Debemos formarnos y entrenarnos en el tema, al igual que nos hemos formado en otras patologías, y conocer los recursos disponibles con los que contamos para ofrecerles a nuestros pacientes. Tenemos que dar un paso adelante y participar de forma activa en la lucha contra los malos tratos. No olvidemos que podemos ser el primer apoyo para las víctimas y incluso para algunas la única oportunidad, de salir de esta situación.

Bibliografía
1. Plan de Actuación del Gobierno Andaluz para la erradicación de la Violencia contra la Mujer. Sevilla, 1.998.
2. Council on ethical and juridical affairs, American Medical Association. Physicians and domestic violence. Ethical considerations. JAMA. 1992;267:3190-93.
3. Asamblea General de Naciones Unidas. Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer. 20 de Diciembre de 1.993; resolución 48/104, artic. 1 y 2.
4. Naciones Unidas. Situación de la Mujer en el Mundo, 1995. Tendencias y Estadísticas. Nueva York, 1995.
5. Instituto Andaluz de la Mujer. Día internacional de la mujer. Informe 1998. Sevilla, 1998.
6. Iribar A. Radiografía de la española maltratada. EL PAIS. 9 de abril de 2.000: 30.
7. Rodríguez Pata N., Rizo Martínez S. y Arribas Blanco J.M. Agresiones sexuales: Manejo por el médico de familia (I). Conducta general en adultos. JANO 1.998 Mayo; 1.257 (LIV): 45-46.
8. Rodríguez Pata N., Arribas Blanco J.M. Agresiones sexuales: Manejo por el médico de familia (II). Actuación en niños. JANO 1.998 Mayo; 1.258 (LIV): 45-46.
9. Arribas Blanco J.M. y Baos Vicente V. El médico ante una víctima de violación-agresión sexual. ¿Cómo actuar ...?. MEDIFAM 1.995; 5:195-202.
10. Voces García D., Real Pérez M.A. y Barajas Gutiérrez M.A. Atención a la mujer maltratada. FMC 1.999 Febrero; 2(6): 87-92.
11. Flitcraft A. Learning from the Paradoxes of Domestic Violence. JAMA. 1997; 277:1400-1401.
12. McCauley J., Kern D.E., Kolodner K., Dill L.,Schoeder A.F. The "Battering Syndrome": Prevalence and Clinical Characteristics of Domestic Violence in Primary Care Internal Medicine Practices. Ann Intern Med.1995; 123:737-746.
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19. Hamberger LK, Ambuel B., Marbella A., Donze J. Physician interaction wiht battered woman; the women´s perspective. Arch Fam Med. 1998;7:575-582.
20. Council on Scientific Affairs, American Medical Association. Violence against women: relevance for medical practitioners. JAMA. 1.992; 267: 3184-3189.
21. Alpert E. J. Violence in intimate relatioships and the practicing internist: new "disease" or new agenda. Ann Intern Med. 1995;123:774-781.
22. Parnell T. F. Domestic Violence: How Do You Know and What Do You Do?. ACP-ASIM- Florida Chapter- Domestic Violence CME. Online: http://www.acponline.org/chapters/fl/cme/toc.htm
23. McCauley J., Yurk R.A., Jenckes M.W., Ford D.E. Inside "Pandora´s Box". Abused women´s experiences with clinicians and Health Services. J Gen Intern Med 1.998;13:549-555.
24. Ambuel B., Hamberger L.K. Family Peace Project, Family & Community Medicine, Medical College of Wisconsin. 1.995. Online: http:// www.family.mcw.edu/ahec/ec/medviol.html 

 

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