Interrogantes y lagunas sobre los xenotrasplantes
LOS XENOTRASPLANTES SIGUEN GENERANDO UN CIERTO GRADO DE POLÉMICA, TAL COMO SE
PUDO COMPROBAR EN UNA REUNIÓN INTERNACIONAL CELEBRADA RECIENTEMENTE BAJO EL TÍTULO
"¿SOLUCIÓN PARA EL FUTURO?". ESTA TÉCNICA, PRESENTADA COMO UNA POSIBLE
SOLUCIÓN AL PROBLEMA GENERADO POR LA CARENCIA DE ÓRGANOS DE CADÁVER O, CON MENOS
FRECUENCIA, DE DONANTE VIVO, ESTÁ RODEADA DE UNA SERIE DE INTERROGANTES Y LAGUNAS QUE HAN
HECHO NECESARIO EL DEBATE SOBRE SU VIABILIDAD
Jose I. Fernández
Tal como expuso el doctor Rafael Matesanz en el discurso inaugural de esta reunión
internacional, organizada en Madrid por la Fundación Ramón Areces, aún quedan por
resolver muchas preguntas antes de que pueda hablarse de alternativa y, entre ellas,
algunas tan importantes como el posible comportamiento de los agentes infecciosos del
animal donante en el ser humano, o la capacidad funcional de estos órganos y su posible
duración. Por otro lado, aún no han sido convenientemente solucionados todos los
problemas que el rechazo xenogénico plantea, incluido el rechazo hiperagudo.
Pero no sólo es en el plano estrictamente médico donde existen interrogantes
y lagunas: ni las normas internacionales ni las nacionales regulan convenientemente la
práctica del xenotrasplante y no existe, tampoco, ningún estudio sobre los efectos
psicosociales que una previsible fase clínica podría provocar. Todo ello ha llevado al
presidente de la Comisión de Transplantes, doctor Matesanz, a abogar por una moratoria
que dilate su ensayo en seres humanos hasta obtener las garantías suficientes que hagan
presumible el éxito. Sin embargo, no sólo son los motivos económicos, y tal vez
políticos, los que han provocado que la propuesta de moratoria no haya tenido ninguna
respuesta por parte de las autoridades internacionales competentes: si se comparan los
datos, España es el único país del mundo en el que no han crecido las listas de espera
y en el que el número de donaciones ha continuado aumentado durante los últimos cuatro
años. Esta situación llevó, incluso, a algunos países a aprobar, y posteriormente a
rectificar, medidas con el propósito de aumentar el volumen de donaciones, obligando por
ley a la donación de órganos de cadáver, como fue el caso de Brasil, mientras que en
otros como Italia aún continúan el debate con muy pocas posibilidades de prosperar.
El efecto, sin embargo, no fue el esperado, no sólo no disminuyeron las listas de
espera, sino que decreció el número de donaciones. No parece, pues, que las medidas
cohercitivas sean una solución al desfase entre oferta y demanda, obviando los problemas
jurídicos y éticos que plantean, y el caso español ha sido aún poco estudiado para que
se pueda hablar de una posible exportación de sus condiciones.
En cuanto al marco legal, en nuestro país, dos iniciativas han tratado de llenar este
vacío. Por un lado, el Congreso de los Diputados aprobó el 10 de junio del pasado año
una proposición no de ley que instaba al Gobierno a tomar medidas para el control de
estas técnicas terapéuticas. Asimismo, la Comisión de Transplantes del Consejo
Interterritorial del Sistema Nacional de Salud aprobó el 8 de mayo de 1997 la creación
de una Subcomisión para el seguimiento de las investigaciones en xenotrasplante. Esta
subcomisión se constituyó el 29 de junio del mismo año, comprometiéndose a mantener
informadas tanto a las instituciones médicas como a la comunidad científica
internacional de cualquier investigación o avance de que tuviera noticia en este campo.
Entre sus funciones se cuentan, entre otras, el conocimiento y seguimiento de los
proyectos de investigación en nuestro país, que afecten a simios y humanos, la
elaboración de recomendaciones para el desarrollo de las investigaciones, en especial en
lo referente al control de los riesgos de enfermedades transmisibles, el asesoramiento de
organismos sanitarios y no sanitarios en materia de xenotrasplante, la emisión de
informes periódicos sobre las investigaciones, así como el análisis y aprobación de
los proyectos de investigación, y el desarrollo y mantenimiento de un registro de los
receptores de xenotrasplante y las fuentes de donación.
Aparte de estas dos iniciativas, nuestro marco legal adolece de falta de normas concretas
referidas al xenotrasplante, remitiéndose a normas de carácter general: leyes básicas,
como la Ley General de Sanidad, leyes sobre manipulación genética y algunas normativas
que, acerca de la experimentación animal, se han dictado desde organismos internacionales
a comunidades autónomas.
En el ámbito internacional, lo más destacable es la
recomendación que el Pleno de la Comisión de Sanidad del Consejo de Europa aprobó en
junio de 1997 instando a los Estados Miembros a la creación de organismos para el control
del xenotrasplante. Otras recomendaciones como la adoptada en 1994 en referencia a los
bancos de tejidos humanos, o una segunda, publicada también en 1997, en relación con la
donación de órganos por donante vivo y los riesgos y posibilidades de esta práctica,
aunque insuficientes, completan algunos aspectos no mencionados explícitamente para el
xenoinjerto por la Comisión.
Por su parte, el Gobierno británico ha creado un comité para la vigilancia de
actividades relacionadas con esta terapéutica, el Comité Neuffield, que llegó también
a la conclusión de que aún no era recomendable el inicio de los ensayos clínicos dada
la falta de evidencias que aseguraran una suficiente ausencia de riesgos.
El Instituto de Salud Pública de los Estados Unidos, desarrolló una guía para la
buena práctica del xenotrasplante, aunque delegara después en las autoridades locales el
desarrollo de leyes específicas en esta materia.
Durante las dos jornadas que dedicaron a la antes citada reunión internacional se
expusieron y discutieron algunos de los aspectos más controvertidos del xenotrasplante,
interviniendo 20 ponentes de distintas nacionalidades, especialistas en las diversas
materias. En la primera jornada se trataron tanto los aspectos inmunológicos en el
xenotrasplante como lo referido a su regulación, mientras que la segunda jornada se
dedicó a los aspectos técnicos en el xenotrasplante.
Aspectos inmunológicos
En la actualidad, dos tipos de rechazo se interponen en el éxito del xenotrasplante: el
rechazo hiperagudo y el rechazo xenogénico tardío. El primero se manifiesta por edema
intersticial, hemorragia, trombosis difusa y necrosis celular y su base se encuentra en
los modelos discordantes, ya se trate de un alotransplante o de un xenotrasplante, debido
a la presencia de anticuerpos. En el xenotrasplante, las células del receptor reconocen
los antígenos del donante. Una vez reconocidas las diferencias activarán los linfocitos
T que a su vez activarán a los linfocitos B para la producción de anticuerpos. Esta
última es la inmunidad humoral, propia del xenotrasplante, a diferencia del
alotransplante en el que la inmunidad celular es su principal característica. En estos
modelos discordantes es la presencia de anticuerpos en el momento del transplante lo que
provoca el rechazo hiperagudo, al contrario que en los modelos concordantes, en los que
los anticuerpos se generan tras la exposición de los antígenos, produciéndose así el
rechazo varios días después. Por otro lado, la respuesta inmunitaria celular es mucho
más grave en el caso de los xenoinjertos que en el del alotransplante, representando,
hasta el momento, una barrera casi insuperable tanto en el rechazo hiperagudo como en el
rechazo xenogénico tardío.
Sin embargo, al hablar de xenoinjerto no es posible hacer una distinción categórica
entre especies concordantes y especies discordantes. Humanos del grupo A son concordantes
con babuínos del mismo grupo sanguíneo, mientras que otros del grupo O podrían ser
discordantes. Esta distinción sólo es útil para indicar la presencia o ausencia de
anticuerpos preformados en el receptor y, por tanto, de la posibilidad de rechazo
hiperagudo durante la aplicación del xenoinjerto. Por otro lado, cuanto mayor es la
distancia filogénetica entre dos especies, mayor es la posibilidad de que existan
anticuerpos preformados. A priori, la utilización de primates como posibles donantes en
el xenotrasplante parecía presentarse como la solución más conveniente, dada la
proximidad entre especies, y teniendo en cuenta, además, sus similitudes anatómicas y
funcionales. Otros factores, sin embargo, desaconsejan esta práctica. Los primates se
reproducen lentamente en cautividad, pueden transmitir graves infecciones a los humanos, y
la misma proximidad filogenética y el hecho de que algunas especies estén en peligro de
extinción plantean no sólo problemas de tipo médico sino también de índole ética.
Así, el animal donante debería estar comprendido en
una especie relativamente alejada filogenéticamnte del hombre, pero que, al mismo tiempo,
le sirviera de alimento. La elección del cerdo como este animal donante resuelve muchos
de los problemas planteados, desde el suficiente alejamiento filogenético hasta cierta
similitud fisioanatómica, además de reproducirse con mayor facilidad y crecer más
rápidamente que los primates.
Algunos experimentos previos, como la utilización de un hígado bioartificial preparado
mediante la fijación de hepatocitos de cerdo en un paciente con hepatitis fulminante,
órgano que fue capaz de realizar correctamente sus funciones aunque por un corto espacio
de tiempo, hacen prever su posible buen funcionamiento en los seres humanos.
Por otro lado, las investigaciones realizadas durante los últimos cinco años en
primates a los que se le han transplantados órganos de cerdo han permitido concretar dos
aspectos en la base de la discordancia entre estas especies.
En primer lugar hay que destacar la importancia de los anticuerpos naturales en el
inicio del rechazo hiperagudo, en el que la identificación del antígeno de cerdo hacia
el que se dirigen los anticuerpos humanos, ha permitido que sean reconocidos los
xenoanticuerpos que inician la reacción del rechazo. Así la inmonoglobulina IgM, es la
mediadora en el rechazo hiperagudo de órganos de cerdo en primates, mientras que las
inmunoglobulinas IgG lo son en el alotransplante. Estas conclusiones has partido del
estudio de los anticuerpos naturales anti Galalfa1-3Gal, ya que aunque sería lógico
pensar que los xenoanticuerpos reconocen un gran número de antígenos de cerdo, cerca del
80 por ciento de los anticuerpos humanos capaces de fijar complemento sólo identifican la
estructura de este disacárido. El Galalfa1-3Gal, además, se encuentra presente en todos
los mamíferos inferiores y en los monos, en los que sustituye a los azúcares
responsables del grupo sanguíneo ABO. Por otro lado, la infusión de grandes cantidades
de IgM humanas prolongan la supervivencia en primates con xenoinjerto al interaccionar con
el complemento y evitar que parte de éste reaccione con el órgano.
Un segundo aspecto consiste en el conocimiento de que la activación del complemento es
fundamental en todos aquellos xenotrasplantes en los que existe un rechazo hiperagudo. En
todos los primates a los que se ha transplantado un órgano de cerdo el complemento se
activa por la vía clásica, es decir, por la unión de un anticuerpo con un antígeno. La
reacción se inicia por el depósito de xenoanticuerpos naturales. A su vez, más de la
mitad de las proteínas que constituyen el complemento son reguladoras de otras
proteínas. Algunas, como el CD59, o el factor acelerador de la degradación (DAF), no son
solubles y forman parte de la pared
celular,
siendo, asimismo, específicas de cada especie. El rechazo hiperagudo se produce, en
parte, por la incapacidad de las células del xenoinjerto para controlar la actividad de
las proteínas del receptor.
Varias son, pues, las estrategias posibles para superar el rechazo hiperagudo. Una de
ellas es la inhibición de la interacción entre los xenoanticuerpos y el endotelio, bien
por la absorción de los anticuerpos anti Gala1-3 mediante columnas que expresan este
disacárido, bien por la infusión intravenosa de carbohidratos que lo contengan. Por otro
lado, es posible la obtención de cerdos que no expresen este antígeno; aunque
técnicamente es difícil, se ha conseguido generar cerdos transgénicos que expresan una
enzima, la alfa 1,2-fucosiltransferasa que reduce el nivel de Galalfa1-3Gal. También se
puede inhibir la activación del complemento mediante la producción de cerdos
transgénicos para las proteínas reguladoras del cuerpo humano DAF y CD59 expresadas en
las mebranas de sus células. No se produce el rechazo en la forma hiperaguda, aunque
éste se produzca, después, al quinto día. Los tratamientos inmunosupresores, con
ciclofosfamida para la producción de anticuerpos y ciclosporina para evitar la respuesta
de los linfocitos T han permitido supervivencias superiores a los 90 días, aunque el
mismo tratamiento inmunosupresor, por las elevada dosis, se asocie con graves efectos
tóxicos.
Asimismo, los factores que inician el rechazo xenogénico tardío no están claros. Los
anticuerpos naturales podrían activar a los factores de coagulación aunque no activaran
el complemento y así hacer intervenir ciertos elementos celulares como macrófagos y
células NK (Natural Killer), una subpoblación de células que tienen la particularidad
de destruir a otras células (preferentemente tumorales o infectadas por virus) sin que el
antígeno tenga que activar previamente otros elementos. En cualquier caso, este rechazo
vascular agudo, que se manifiesta histiopatológicamente por un depósito de anticuerpos y
fibrina en el endotelio vascular y un infiltrado celular en el que predominan las células
polimorfonucleares, así como los monocitos y las células NK, se ha convertido en la
segunda barrera a salvar tras el rechazo hiperagudo.
Adaptación de órganos animales al cuerpo humano
Otra de las interrogantes abiertas es la capacidad de adaptación y funcional a largo
plazo de un órgano animal, en especial de cerdo transgénico, dentro del organismo
humano. Los datos conseguidos hacen prever que un órgano o un riñón de cerdo podría
funcionar correctamente en humanos, al menos por períodos cortos de tiempo.
Uno de los primeros problemas es el que se deriva de la bipedestación en el
hombre, en especial al referido al xenotrasplante de pulmón. La diferente distribución
del lecho vascular conlleva, a su vez, una diferente distribución de las presiones que,
en el cerdo, a diferencia del hombre, no parten del vértice hacia la base, lo que crea
ciertas incógnitas en cuanto a su posible capacidad funciona en el hombre. Asimismo,
aunque existen similitudes entre los sistemas cardiovasculares del hombre y del cerdo, la
adaptación de un corazón de cerdo a los volúmenes y presiones que soporta el de un ser
humano no están bien establecidos, aunque existen datos sobre comparaciones de válvulas
cardíacas de cerdo y canguro, para un idéntico diámetro, en el que las válvulas de
este último son un 17 por ciento más eficaces que las de cerdo. Comparaciones entre los
porcentajes permitirían una correspondencia adecuada de forma preoperatoria entre el
animal donante y el paciente.
En cuanto al riñón, en experiencias con primates, se ha conseguido que éste mantenga
una homeostasis casi normal durante más de dos meses, llegando en las últimas
experiencias realizadas en Cambridge a una supervivencia cercana a los tres. Las
experiencias se realizaron con cerdos transgénicos para DFK-DAF humano, con un
tratamiento con inmunosupresores, después de practicarse en los primates una nefroctomía
bilateral. Los inmunosupresores utilizados fueron ciclosfamida, ciclosporina y esteroides,
con adición en algunos de los animales de eritropoyetina. A pesar de que el xenoinjerto
tenía una producción normal de eritropoyetina, los primates a los que no se suministró
esta sustancia desarrollaron una anemia severa, lo que demuestra la incapacidad de la
producida por el órgano del cerdo para estimular la médula ósea del primate.
Respecto al hígado, aunque las expectativas son buenas, sobre todo debido a la
utilización clínica de insulina depurada obtenida a partir de células pancreáticas de
cerdo, no se puede hablar de una sustitución fisiológica completa. Aunque las funciones
de síntesis y depuración, las actividades metabólicas básicas, se desarrollen de forma
similar en la mayoría de los mamíferos (control del PH, osmolaridad, gasto cardíaco,
etc.), las diferentes vías metabólicas están controladas por mensajeros intercelulares
específicos de cada especie, y también son específicos algunos procesos de activación
y deshinibición enzimática. No parece pues, que el hígado de cerdo transgénico pueda
ser satisfactoriamente utilizado en el xenotrasplante.
Infecciones relacionadas con el xenotrasplante
La preocupación sobre el riesgo que el xenotrasplante pueda suponer en cuanto a la
transmisión de enfermedades víricas surgidas por el cruce de especies no es una
cuestión nueva. Sin embargo, la confirmación de los primates como origen del sida, ya
sospechada desde el comienzo aunque no confirmada hasta hace poco tiempo, reaviva, sin
duda, el debate sobre los peligros que este tipo de prácticas pueda ocasionar. De hecho
es conocido, ya que retrovirus endógenos pueden ser inocuos para la especie y producir,
sin embargo, enfermedades en el nuevo huésped; incluso se ha demostrado que ARNs de
distintos retrovirus pueden encapsidarse e intercambiar información genética. Aunque
este último caso, en la práctica, ocurre raras veces,
no hay
por ello que olvidar que la capacidad patógena de un virus surgido en estas condiciones
es aún desconocida y que, de hecho, debe ser tomada en consideración en el
xenotrasplante.
Los xenoinjertos provenientes de cerdo transgénico no están, a su vez, exentos de
este riesgo. Un informe publicado por el Ministerio de Sanidad Americano en 1996, en el
que se incluían los trabajos de Murphy, demostró que un retrovirus endógeno del cerdo
podía infectar células humanas, teniendo en cuenta, además, que tejidos provenientes de
este animal ya han sido implantados en seres humanos. Estas consideraciones ya hicieron
plantearse a Michels y Simmonds una ampliación del término zoonosis, con el de
xenozoonosis, en el que los agentes patógenos se transmitirían inadvertidamente a los
hombres a partir del xenotrasplante. Un ejemplo son los herpesvirus, entre ellos el virus
herpes B de los macacos que, en el hombre, puede producir una mielitis ascendente fetal.
Así también, otros virus herpes como los CMV de babuínos y cerdos y el EBV deben
tenerse en cuenta en el caso del xenotrasplante.
Por otra parte, la incidencia de los retrovirus es un factor importante en la transmisión
entre especies, aunque pueda existir variabilidad en la expresión de la enfermedad. El
VIH-2 humano puede transmitirse a los baubuínos e infectar monocitos de la sangre
periférica del animal, produciendo una enfermedad muy similar al sida en esta especie.
Por otro lado, el SIV de los babuínos se transmitió a tres técnicos que manipulaban
sangre infectada de estos primates, y aunque ninguno desarrolló ninguna enfermedad
similar a la anterior si desarrolló una dermatitis cuya importancia clínica es aún
desconocida.
Se considera imposible, sin embargo, eliminar completamente el problema de las
infecciones interespecies, aunque sí sea posible su reducción. Factores como el cuidado
y el mantenimiento de los animales y el control de los vectores son básicos para
conseguir esta disminución del riesgo, teniendo en cuenta, además, que muchos de las
infecciones en los primates se deben al contagio por el hombre, lo que haría muy
recomendable un seguimiento de las personas que se encargan de su cuidado. Otro posible
campo de acción es la cría de animales libres de gérmenes y patógenos específicos, ya
ampliamente utilizada con animales pequeños de laboratorio y cuya experiencia se amplía
ahora a cerdos y babuínos.
Marco legal y aspectos éticos
No existe ninguna prohibición expresa que impida el xenotrasplante en seres humanos en
ninguna legislación. Ninguna normativa ha regulado convenientemente este campo,
remitiendo habitualmente a normas de carácter general o basándose en recomendaciones. El
Comité Neuffield, subcomisión creada por el Gobierno británico desaconsejó el inicio
de los ensayos clínicos del xenotrasplante en seres humanos, y mantuvo la preeminencia
del alotransplante, y la búsqueda de otras técnicas como los órganos artificiales y la
terapia génica. Concluyó, además, que, por razones éticas, el uso de primates en el
xenoinjerto era inaceptable, aunque si lo fuera el de cerdos, incluyendo cerdos
transgénicos. En Estados Unidos, la capacidad para regular esta materia ha sido cedida a
las autoridades locales, no obstante, a pesar de la publicación por el Instituto de Salud
Pública de un informe con recomendaciones acerca de una buena práctica del
xenotranplante.
La Comisión de Sanidad del Consejo de Europa, por su parte, aprobó en junio de 1997
una recomendación instando a los gobiernos de los Estados Miembros a la creación de
organismos de control en materia de xenotrasplante. Ésta es la única recomendación de
Consejo de Europa que se refiere específicamente a esta materia, aunque sí existen otras
cuyo significado puede ser, en cierta medida, extrapolado.
Así, considerando los alotransplantes, y más concretamente las donaciones de órganos
por donante vivo, advierte de los posibles riesgos y pide el consentimiento expreso no
sólo del donante sino también del receptor. También ha tenido en cuenta el Consejo de
Europa la necesidad de crear registros de los bancos de tejidos humanos que recojan todas
las actividades relacionadas con su utilización: organización, procedimiento, control de
calidad, conservación, almacenamiento, distribución, etc., recomendando, además, que el
control sea ejercido por instituciones de carácter no lucrativo (aunque prevé la
posibilidad, en caso de necesidad, de un control por parte de instituciones privadas).
Ambas recomendaciones pueden ser tomadas en consideración para la
regulación del xenotrasplante: necesidad de consentimiento expreso y de creación de un
registro para cualquier tipo de tejido u órgano proveniente de animal.
En España, sin embargo, no existe aún regulación concreta para el xenotrasplante, sólo
aquellas de caráter general que pueden encontrarse tanto en leyes básicas: Ley General
de Sanidad (Ley 14/1986, de 25 de abril), Ley sobre Extracción y Transplante de Organos
(Ley 30/1979 de 27 de Octubre); y un Real Decreto (411/1996, de 1 de marzo) sobre
utilización de tejidos humanos; como en las leyes referidas a manipulación genética.
Así la Ley 15/1994 , de 3 de junio, en la que se establece el Régimen Jurídico de la
utilización confinada, liberalización voluntaria y comercialización de órganos
modificados genéticamente; el Real Decreto 951/1997, que aprueba el Reglamento General
para el Desarrollo y Ejecución de la ley anterior; y las Leyes 35/1998, de 22 de
noviembre, sobre técnicas de reproducción asistida, y 35/1998, de 28 de diciembre, de
donación y utilización de embriones y fetos humanos.
Por otro lado, casi todas las comunidades autónomas poseen regulación expresa sobre
protección de animales, aunque suelen excluir lo referente a investigación y
experimentación científica (excepto en el caso de Cataluña que regula esta materia en
su Ley 5/1995, de 21 de julio). En este caso, se remiten al Real Decreto 223/1998, de 14
de marzo, sobre la protección de los animales utilizados para experimentación y otros
fines científicos. La Orden de 13 de octubre de 1989 desarrolla las normas de registro de
los establecimientos de cría, suministradores y usuarios de animales de experimentación
de titularidad estatal.
Recomendaciones de la Subcomisión de xenotrasplante
Durante su participación en estas jornadas, Rafael Matesanz expuso la necesidad de lograr
una moratoria antes de que comenzaran los ensayos clínicos. Adujo, para ello, muchos de
los interrogantes expuestas cuya resolución aún dista de ser segura e incluso enjuició
la viabilidad real del xenotrasplante como terapia sustitutoria, hoy por hoy, del
alotransplante. No obstante, ninguno de los ponentes negó la necesidad de continuar
investigando técnicas que podrían convertirse en una alternativa a las grandes listas de
espera que ha generado la donación de órganos de cadáver, sin dejarse presionar por
motivaciones económicas o políticas.
Por este motivo, la Subcomisión redactó unas recomendaciones que asegurarán un
correcto desarrollo de los estudios e investigaciones en xenotrasplante, proponiendo,
además, unas garantías mínimas necesarias antes de llevar a cabo ningún tipo de
experimentación en seres humanos. El intento de extender este documento al Consejo de
Europa no ha tenido, hasta el momento, ninguna respuesta, ni el citado Consejo se ha
pronunciado en forma alguna sobre la necesidad de una moratoria; es más, y éste es una
de las quejas del actual presidente
de la
Comisión de Transplantes, el Consejo parece promover cualquier tipo de investigación en
el campo del xenotrasplante.
Por ello, la Comisión definió un protocolo clínico para todas aquellas
investigaciones que incluyeran seres humanos. Entre sus requisitos, aún no logrados,
incluía los siguientes: haber demostrado la supervivencia y función de las células,
tejidos u órganos injertados en el animal receptor durante un período mínimo de seis
meses, así como la ausencia de transmisión de agentes infecciosos durante el mismo
período. Por otro lado, si hubiera transmisión de agentes infecciosos un seguimiento
mínimo de un año para evaluar las consecuencias de dicha transmisión, tanto en el
animal como en su entorno; además de asegurar la ausencia de transmisión no accidental
de agentes infecciosos a los cuidadores y personal implicado en la experimentación.
Particular importancia (como podría deducirse también de las recomendaciones del
Consejo de Europa) tiene el apartado del consentimiento del receptor. Según las
recomendaciones los receptores de órganos de procedencia animal deberían expresar su
asentimiento por escrito, después de recibir una información veraz sobre el
procedimiento y sus posibles consecuencias, entendiendo, además, que la confidencialidad
es casi imposible en este tipo de terapéutica. Existen, por otro lado, dos problemas más
específicos del xenotrasplante. El primero es la voluntariedad, frente a la falta de
alternativa, sobre todo cuando se plantee para órganos diferentes al riñón, en el cuál
cabe aún la diálisis. Un segundo problema sería la necesidad de un consentimiento
informado por los familiares, ante los potenciales problemas de transmisión de
infecciones. Tema aparte, que Rafael Matesanz citó explícitamente en la conferencia, es
la posibilidad de que el xenotrasplante cree transplantados de "primera y segunda
clase", sobre todo por desigualdades económicas. Así, las recomendaciones exigen
que el paciente que renuncie a un xenotrasplante no sea discriminado como receptor de un
alotransplante.
El documento recoge, asimismo, diversas recomendaciones para las instalaciones
hospitalarias que lleven a cabo los ensayos clínicos o el xenoinjerto, así como para los
profesionales que tomen parte en estas actividades, y los procedimientos a seguir para
evitar los posibles riegos generados por la transmisión de enfermedades infecciosas.
Define también la creación de tres registros en cada centro clínico: un registro de
todos los procedimientos incluidos en el xenotrasplante (desde el animal donante y sus
características, el receptor del xenoinjerto, hasta los sanitarios que toman parte en el
proceso), un registro individual que siguiera la evolución del paciente en el
postransplante, y un tercero que recogiera las exposiciones sanitarias nosocomiales
(fechas, personas involucradas, exposiciones, etc.) que supongan un riesgo potencial de
transmisión de enfermedades xenogénicas.
En cuanto a los animales, las recomendaciones tienen en cuenta dos aspectos
diferenciados. Por un lado, la necesidad de un protocolo preclínico que regule las
investigaciones en simios como animal receptor, con un estricto seguimiento de los agentes
infecciosos conocidos, además del obligado cumplimiento de aquellas normas que regulan la
experimentación animal. Los animales donantes, por su parte, son objeto de una especial
atención. La Comisión ha extendido sus recomendaciones a diversos aspectos, desde las
necesarias garantías de las instalaciones en investigación biomédica (criterios de
admisión o aislamiento de animales, limpieza de las instalaciones, etc.), hasta el
registro de la historia médica del animal y sus muestras, con la necesidad de
almacenamiento de muestras de injerto para posibilitar un estudio retrospectivo. Otros
aspectos recogidos son normas para un despistaje preclínico para el seguimiento de los
posibles agentes infecciosos, recomendaciones sobre el mantenimiento y vigilancia del
rebaño, y criterios sobre la cualificación y estudios en animales concretos, haciendo
hincapié en una correcta cuarentena si existe aparición de elementos patógenos.
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