La tendencia inflacionista puede
repercutir gravemente en una inversión, aunque ésta dé
beneficios, si su tasa de interés es inferior al crecimiento del
coste de la vida. Para evitar sorpresas existen opciones, tales como
invertir a largo plazo o en valores que históricamente han dado una
rentabilidad mayor al crecimiento de la inflación.
2004 no ha sido un buen año para
los precios en España. El Gobierno no cree que a finales del
ejercicio la inflación termine por encima del 3,5 por ciento.
Normalmente, el inversor no es del todo consciente del impacto
negativo que tiene la inflación sobre sus ahorros.
Cierto efecto ilusorio le lleva al
convencimiento de que se han obtenido rentabilidades positivas
cuando muchas veces éstas no han existido, ya que la inflación ha
sido superior a los tipos de interés con los que se retribuye el
ahorro. La inflación actúa de forma implacable sobre el ahorro,
consiguiendo, en realidad, una reducción del patrimonio real o
efectivo. Conviene tenerla en cuenta, aunque ello no implique,
necesariamente, la modificación de un óptimo criterio de inversión.
Siempre se ve mejor con un ejemplo:
si se tiene garantizada una rentabilidad anual del 3 por ciento en
un depósito a plazo fijo de 6.000 euros. En teoría, al final del
periodo recibiría como retribución un interés de 180 euros, que
sería la retribución bruta. Pero además de contar con Hacienda,
se tiene que tener en cuenta la inflación de ese año. Supongamos
que al final es del 3,5 por ciento. Esto implicaría una pérdida de
poder adquisitivo de medio punto porcentual, la diferencia entre la
tasa de inflación y el tipo de interés abonado.
Por tanto, no basta con obtener una
alta rentabilidad sino que además se debe lograr que ésta sea
mayor que la inflación. Teniendo en cuenta que la inflación anual
prevista para este año terminará próxima al 3,5 por ciento, habrá
que intentar al menos igualar esa rentabilidad. Existen varias
opciones. En primer lugar, sería bueno ampliar el plazo de la
inversión. Normalmente por el hecho de mantener unos ahorros
durante más tiempo se remunera con un mayor tipo de interés. Esa
rentabilidad, por ejemplo, actualmente podría rondar el 3 por
ciento para un plazo de tres años y del 4 por ciento si se coloca
el dinero a 10 años. Es importante invertir a un plazo en el que se
sepa que no se va a necesitar el dinero. El inconveniente principal
de esta inversión es que si se necesita disponer del dinero antes
del vencimiento los gastos de penalización serán importantes.
Otra opción es aprovechar las
ofertas que algunas entidades financieras hacen por Internet: las
rentabilidades pueden oscilar entre el 4 y el 6 por ciento en cuenta
corriente. La ventaja de esta alternativa es que se puede disponer
del dinero en el momento deseado. El inconveniente es que las
ofertas suelen hacerse a corto plazo (unos 3 meses máximo) y sólo
para nuevos clientes, por lo que en el momento que pase ese periodo
es más que probable que la rentabilidad baje. También se puede
apostar por el mercado de renta fija y comprar obligaciones de
empresas solventes. Algunas compañías, para poder financiarse,
emiten bonos y pagan al inversor una rentabilidad que normalmente es
superior a la ofrecida por la deuda del Estado. En este punto, se
deben elegir bonos cuyo vencimiento se aproxime al tiempo que se
pretenda tener el dinero inmovilizado y de empresas de reconocida
solvencia. Los expertos recomiendan en este punto apostar por bancos
y concesionarias de autopistas. Otra alternativa es acudir a la
renta variable y comprar acciones de compañías con beneficios
estables y alta rentabilidad por dividendo. Pero es renta variable,
por lo que siempre se corre el riesgo derivado de la fluctuación
del precio de las acciones. El día que se quieran vender pueden
valer más o menos dinero.
Invertir en depósitos
estructurados o fondos de inversión garantizados es otra opción.
Se trata de productos que normalmente garantizan que no se perderá
dinero e incluso obtener una rentabilidad mínima que puede ser
mayor si sube la Bolsa. Estos productos suelen ser a plazos de entre
dos y tres años. Su inconveniente es que la rentabilidad final está
condicionada a la evolución de los mercados y que su cancelación
anticipada muchas veces no es posible, y si lo es, hay que pagar una
alta comisión.
Todas estas alternativas y otras
están disponibles. Siempre dependerán de la rentabilidad que se
pretenda obtener, del riesgo que esté dispuesto a asumir, del plazo
al que desee invertir y del importe de la inversión. Como siempre,
es recomendable asesorarse bien antes de tomar una decisión.
CONSEJOS
PRÁCTICOS
Diciembre,
buen mes para invertir
En los últimos 10 años noviembre
y diciembre han sido mayoritariamente alcistas. Buen augurio, pero
con dudas: el mercado ha crecido un 15 por ciento desde verano y algún
analista cree que se ha agotado.
El
Ibex crecerá pese al petróleo
Los expertos creen que cuanto menos
se consolidará el nivel actual del Ibex y algunos estiman que se
alcanzarán los 8.900 enteros en diciembre. Según los analistas, el
mercado ha aprendido a convivir con un petróleo caro.
Cuanto
más grande, mejor
Los inversores se centran en los
grandes valores. Cuando se aproxima el cierre del año rediseñan
sus carteras para obtener más rentabilidad o reducir pérdidas. Las
estadísticas dicen que el dinero suele centrarse en los valores de
mayor peso.
Teleco
y energía, apuestas seguras
Por sectores, los analistas
apuestan por las telecomunicaciones. También creen en el recorrido
de las eléctricas y las energéticas por posibles movimientos
corporativos.
Un
problema: la fuerza del euro
La apreciación del euro no suele
sentar bien a la renta variable europea. Las grandes exportadoras
alemanas son las más perjudicadas. El petróleo puede dar algún
susto.
DiarioMédico.com
Gestión
02/12/04
