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  • Viernes, 22 de Septiembre de 2017

Identificar riesgo cardiovascular, clave para una buena prevención primaria

Identificar riesgo cardiovascular, clave para una buena prevención primaria

La prevención primaria está dirigida a reducir el riesgo cardiovascular global en individuos sin enfermedad cardiovascular manifiesta. Por eso, se recomienda estimar el riesgo cardiovascular utilizando distintas tablas como SCORE o REGICOR. Según la médico de familia Lourdes Aguirre Gorstidi, estos cálculos deben de ser periodicos, cada tres o cinco años, en personas entre 35 y 74 años.

Hay que tener en cuenta que la mayoría de los factores de riesgo cardiovascular son modificables con recomendaciones generales y medidas preventivas específicas. La prevención del infarto agudo de miocardio requiere una estrategia combinada, tal y como explica Luis Miguel Cano Castro, de Valladolid, quien recuerda que la condición subyacente es la aterosclerosis de las coronarias, que es un proceso dinámico en el que intervienen factores aterogénicos, trombóticos e inflamatorios. Por eso, la prevención primaria del IAM debe realizarse con una intervención en los factores de riesgo modificables. Pilar Aznar Tejero, de Zaragoza, los identifica como tabaquismo, niveles elevados de glucosa, colesterol, sedentarismo y  HTA, entre otros.

Porque, tal y como explica Lourdes Aguirre Gorstidi, los cambios en el estilo de vida tienen un beneficio significativo. En estas recomendaciones juega un papel fundamental el equipo de enfermería de los centros de salud. Hay que hacer hincapié en una dieta saludable, con consumo diario de fruta y verdura, reducción de consumo de grasas saturadas, “ya que varios estudios han demostrado los beneficios de la dieta mediterránea para la reducción del riesgo cardiovascular a pacientes inicialmente libres de enfermedad cardiovascular”.

Sedentarismo

También hay que prestar atención al ejercicio físico regular, en general se recomienda el ejercicio aeróbico: correr, caminar, nadar. Si es de intensidad moderada, 30 minutos cinco días a la semana o si es ejercicio de intensidad alta, 20 minutos tres días a la semana, y a la reducción de peso en obesos. La obesidad se relaciona con incremento de RCV en cuanto que contribuye a un mayor riesgo de diabetes, hipertensión y dislipemia. En el abandono del hábito de fumar, con un abordaje individual o grupal según la dependencia a la nicotina se valorará la necesidad de utilizar fármacos.

Con respecto a la hipertensión la cifra objetivo, en general es de <140/90 mm Hg. Al hipertenso se le aconseja reducir el consumo de sal, máximo 6 g al día. Todos los fármacos hipotensores son eficaces. Y con la diabetes algunas de las tablas para calcular el RCV consideran a los diabéticos como pacientes con enfermedad cardiovascular, sobre todo los que tienen más de 20 años de evolución de la diabetes con o sin otros factores de riesgo. Así, las cifras objetivo de HbA1c aunque en general son <7%, hay que individualizarlas en función del tiempo de evolución de la diabetes, de la edad del paciente, esperanza de vida, comorbilidades... En los pacientes diabéticos, el control de la tensión es más exigente, siendo deseable una presión arterial de 130-139/80-85 y hay que tener en cuenta que para el control de la hipertensión en el diabético no se consideran fármacos de primera línea los betabloqueantes y los diuréticos tiazídicos. Habitualmente se utilizan IECA/ARA II.

En cuanto al control de los lípidos, es deseable tener colesterol LDL <100 y colesterol HDL >40, aunque no hay suficientes pruebas para aconsejar el uso de aspirina en prevención primaria en la población diabética. No obstante, hay consenso en los diferentes estudios realizados sobre que el beneficio de las estatinas en prevención primaria depende más del RCV que de los niveles de colesterol por lo que su uso estaría indicado en pacientes con muy alto RCV o en pacientes con RCV moderado cuando fracasan otros.

Enfermería

En este sentido, Pilar Aznar Tejero destaca que enfermería tiene un papel fundamental e imprescindible, “ya que hay que educar a la población para que abandone los hábitos poco saludables”. En esta misma línea se manifiesta José Antonio Méndez Fernández, de Lugo, al comentar que es clave implicar a enfermería en este proceso.

Para su colega Lourdes Aguirre Gorstidi, enfermería, por su accesibilidad, juega un papel importante en la prevención primaria de las enfermedades cardiovasculares. Es indispensable a la hora de analizar al paciente en su conjunto. Muchas veces conocen también a su entorno familiar, el domicilio, problemática sociolaboral.... Se necesita una visión global de la persona. “Al paciente hay que informarle de los factores de riesgo que presenta y proponerle una serie de actuaciones para reducir el RCV. Se le explicará en un lenguaje sencillo, comprensible y de forma detallada la relación del tabaco, el exceso de colesterol, la obesidad… con el riesgo de sufrir un infarto de miocardio”.

En este proceso, se decidirá con el paciente unos cambios en su estilo de vida, recomendándole una dieta y ejercicios adecuados. La dieta debe ser variada, fomentando el consumo de fruta y verdura. La adherencia a un estilo de vida saludable es fundamental para mantener o conseguir el peso adecuado y minimizar el riesgo futuro de diabetes. Por eso, “se deben de pactar objetivos factibles, realistas, avanzando a pequeños pasos. Siempre reconociendo las dificultades de los cambios que se le exige y, así mismo, felicitándole por los logros conseguidos”, asegura la especialista.

Implicación del paciente

Una de las cuestiones que quedan por hacer en el campo de la prevención es, para Pilar Aznar Tejero, que los pacientes comprendan el papel activo que deben desempeñar en su cuidado.

Por su parte, Lourdes Aguirre Gorstidi recuerda que ya trabajan en equipos de médicos-enfermería siguiendo una serie de programas, protocolos para detectar el RCV de los pacientes, pero “todavía hay muchos pacientes hipertensos mal controlados, obesos que no acuden a las consultas. A veces, somos permisivos con las cifras de control confiamos en las promesas que nos hacen los pacientes”.

Por eso, es recomendable habilitar un tiempo cada semana para que se reúnan médicos y personal de enfermería para comentar los objetivos de control de los pacientes con factores de RCV, revisar las historias clínicas, programar citas telefónicas o presenciales con determinados pacientes que no acuden a revisiones.

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