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  • Jueves, 08 de Diciembre de 2016

El ascenso en el estatus social eleva la inmunidad

En el estudio se comprobó que el estrés crónico de la vida puede alterar el sistema inmunológico

El ascenso en el estatus social eleva la inmunidad

Los estadounidenses más ricos y más pobres difieren en la esperanza de vida en más de una década y estas dispares desigualdades en la salud a través del espectro socioeconómico a menudo se atribuyen al acceso a la atención médica y las diferencias en hábitos como el tabaquismo, el ejercicio y la dieta. Pero un nuevo estudio en monos rhesus muestra que el estrés crónico de la vida puede alterar el sistema inmunológico, incluso en ausencia de otros factores de riesgo.

La investigación, cuyos detalles se revelan en un artículo que se publica en la revista 'Science', confirma estudios previos en animales que sugieren que el estatus social afecta la forma en que los genes se activan y desactivan dentro de las células inmunes. El nuevo trabajo va más allá mostrando que los efectos son reversibles.

El equipo de investigación analizó monos rhesus hembras adultas alojadas en el Centro Nacional de Investigación de Primates de Yerkes de la Universidad de Emory, en Druid Hills, Atlanta, Estados Unidos. Estos expertos encontraron que la infección envía células inmunes de los monos de bajo rango a toda velocidad, lo que conduce a la inflamación no deseada, pero las mejoras en el estatus social o el apoyo social puede revertir esta situación.

En la primera parte del trabajo, los científicos de Yerkes pusieron a 45 hembras no relacionadas que nunca se habían encontrado unas con otras en nuevos grupos sociales. Luego, observaron cómo estas monas se trataban de ver unas a otras, cada interacción, quién hacía 'bullying' y quién se achicaba de miedo.

Los macacos rhesus hembras en cautividad en estos grupos recién creados formaron una jerarquía en orden de antigüedad: las hembras que fueron introducidas en sus grupos más temprano tendieron a clasificarse más arriba que aquellas que vinieron más tarde.

Para descubrir cómo el rango afectó a su salud, los investigadores tomaron células inmunes de los monos y midieron la actividad de aproximadamente 9.000 genes. Más de 1.600 de ellos se expresaron de manera diferente en las hembras de rango más bajo que en las mujeres de mayor rango, particularmente en un tipo de glóbulos blancos llamados células asesinas naturales, la primera línea de defensa contra la infección.

En la segunda parte de la evaluación, los investigadores reorganizaron a las hembras en nueve nuevos grupos sociales y, una vez más, las hembras se clasificaron por orden de llegada. Las primeras que se unieron a los grupos recién formados se clasificaron más arriba que las llegadas más tarde.

En la re-clasificación, los investigadores hicieron que las hembras que estaban previamente altas en la escalera de dominancia bajaran uno o más peldaños y aquellas que estaban bajas al inicio ascendieran. Aquellas cuyo estatus mejoró se convirtieron en las socias más buscadas para el acicalamiento después de que se les promocionó, dándoles más oportunidades para aliviar el estrés a través del vínculo.

Intervenciones de mejora de la red social pueden resultar útiles

Las células inmunitarias de las hembras de rango inferior también se volvieron más como las hembras de alto rango, en términos de que los genes se encendieron o apagaron cuando mejoraron su posición social. "Esto sugiere que los efectos sobre el estado de salud no son permanentes, al menos en la edad adulta", resume la coautora del estudio, Jenny Tung, profesora asistente de Antropología Evolutiva y Biología de la Universidad de Duke, en Durham, Carolina del Norte, Estados Unidos.

Los resultados proporcionan una sólida evidencia causal de que el bajo nivel social conduce a disparidades en la salud, no sólo al revés, como algunos han argumentado. Las diferencias entre las hembras de mayor y menor rango fueron aún más pronunciadas cuando su sistema inmunológico se activó para combatir un potencial patógeno.

Cuando los glóbulos blancos de los animales se mezclaron en tubos de ensayo con una toxina bacteriana llamada lipopolisacárido, o LPS, los genes proinflamatorios en las células de las hembras subordinadas entraron en hiper activación. Respuestas similares podrían ayudar a explicar por qué las personas pobres y de la clase trabajadora registran tasas más altas de trastornos inflamatorios como cardiopatías y diabetes, dice el coautor del estudio Luis Barreiro, profesor asistente de Inmunogenómica en la Universidad de Montreal, Canadá.

"Una fuerte respuesta inflamatoria puede salvar la vida frente a los agentes infecciosos", expllica Barreiro. Pero los mismos mecanismos de autodefensa --los que hacen que el tejido infectado se hinche y esté rojo-- también puede causar daño si no se controlan adecuadamente.

Si subyacen mecanismos moleculares similares en el vínculo entre el estado social y la salud en los seres humanos, intervenciones para mejorar la red de apoyo social de una persona podrían ser igual de importantes que los medicamentos para mitigar los costos fisiológicos de un estatus bajo, según el coautor Mark Wilson, profesor de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en Emory.

"La adversidad social se pone bajo la piel --afirma el coprimer autor Noah Snyder-Mackler, investigador postdoctoral en Duke--. Si podemos ayudar a las personas a mejorar su posición social y reducir algunas de estas jerarquías, podremos ser capaces de mejorar la salud y el bienestar de las personas".

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