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  • Viernes, 23 de Junio de 2017

La hepatitis B y C pueden estar relacionadas con mayor riesgo de enfermedad de Parkinson

La hepatitis C se transmite a través de contacto sanguíneo, como compartir agujas, maquinillas de afeitar y cepillos de dientes y es transmitida al nacer por madres infectadas

La hepatitis B y C pueden estar relacionadas con mayor riesgo de enfermedad de Parkinson

Los virus de la hepatitis B y C pueden estar asociados con un mayor riesgo de enfermedad de Parkinson, según un estudio publicado este miércoles en la edición digital de 'Neurology', la revista médica de la Academia Americana de Neurología.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) estadounidenses, se estima que entre 850.000 y 2,2 millones de personas en Estados Unidos tienen una infección crónica por el virus de la hepatitis B y entre 2,7 y 3,9 millones de personas sufren de hepatitis C crónica. Aunque ambas pueden llevar a una enfermedad grave, muchas personas tienen pocos síntomas y no se dan cuenta de que portan el virus, especialmente al principio.

La hepatitis B se propaga a través del contacto con sangre y fluidos corporales de una persona infectada, como relaciones sexuales sin protección, compartir agujas, tatuarse o perforarse con herramientas no esterilizadas o compartir unas cuchillas de afeitar o cepillos de dientes con una persona infectada. La hepatitis C se transmite a través de contacto sanguíneo, como compartir agujas, maquinillas de afeitar y cepillos de dientes y es transmitida al nacer por madres infectadas.

"El desarrollo de la enfermedad de Parkinson es complejo, con factores genéticos y ambientales", dice la autora del estudio Julia Pakpoor, de la Universidad de Oxford, en Reino Unido. "Es posible que el virus de la hepatitis en sí o tal vez el tratamiento para la infección pueda desempeñar un papel en desencadenar la enfermedad de Parkinson o es posible que las personas que son susceptibles a las infecciones de hepatitis sean también más susceptibles a la enfermedad de Parkinson. Esperamos que identificar esta relación nos ayude a comprender mejor cómo se desarrolla la enfermedad de Parkinson", añade.

Para el trabajo, los investigadores examinaron los registros hospitalarios de una gran base de datos británica y buscaron registros de personas con un primer caso de hepatitis B, hepatitis C, hepatitis autoinmune, hepatitis activa crónica y virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) de 1999 a 2011. Entonces, compararon esas personas con los registros hospitalarios de las personas con intervenciones relativamente menores, como cirugía de cataratas, juanetes y cirugía de reemplazo de rodilla.

Un 76 por ciento más de riesgo de Parkinson en personas con hepatitis B

En el caso de todos los participantes, los investigadores examinaron los registros para ver quién desarrolló más tarde la enfermedad de Parkinson. Hubo casi 22.000 personas con hepatitis B, 48.000 con hepatitis C, 6.000 con hepatitis autoinmune, 4.000 con hepatitis crónica activa y casi 20.000 con VIH. Se compararon con más de 6 millones de personas con trastornos menores.

El estudio encontró que las personas con hepatitis B eran un 76 por ciento más propensas a desarrollar enfermedad de Parkinson que las del grupo de comparación y las personas con hepatitis C registraban un 51 por ciento más de probabilidades de desarrollar Parkinson. Un total de 44 personas con hepatitis B desarrollaron la enfermedad de Parkinson, en comparación con 25 casos que se esperaría en la población general.

Para las personas con hepatitis C, 73 personas desarrollaron la enfermedad de Parkinson, donde se esperaban unos 49 casos en la población general. Las personas con hepatitis autoinmune, hepatitis crónica activa y VIH no tuvieron un aumento en la tasa de enfermedad de Parkinson.

Un estudio previo de Taiwán mostró una relación entre la hepatitis C y la enfermedad de Parkinson, pero no detectó ninguna relación con la hepatitis B. Pakpoor señala entre las limitaciones del estudio actual que no pudieron ajustarlo a los factores de estilo de vida como el consumo de tabaco y el alcohol, que podrían afectar el riesgo de enfermedad de Parkinson, y que el análisis se basó únicamente en las personas que fueron evaluadas en un hospital.

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