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  • Viernes, 22 de Septiembre de 2017

Sanitarizar los servicios de emergencias agiliza la atención al accidentado

Sanitarizar los servicios de emergencias agiliza la atención al accidentado

La muerte súbita es una de las situaciones críticas por excelencia y dentro de su extrema gravedad hay motivos para el optimismo derivados de un mejor conocimiento de las causas que la pueden provocar y que facilita la tarea de reconocimiento –y por tanto de prevención- de las personas en riesgo de fallecer repentinamente. “Sabemos que muchas de las enfermedades que pueden desembocar en muerte súbita son genéticas, transmisibles de padres e hijos y que hay que detectarlas para evitar futuros eventos en la familia”, subraya Josep Brugada, jefe de la Sección de Arritmias del Hospital Pediátrico Sant Joan de Deu, de Barcelona, y descubridor junto a sus hermanos Pedro y Ramón de un síndrome causante de muerte súbita (denominado síndrome de Brugada). Además de genes implicados en estas afecciones, la investigación ha permitido determinar algunos marcadores de riesgo fiables para identificar a individuos susceptibles de morir súbitamente, unos marcadores que “se pueden observar en un simple un electrocardiograma y que nos permiten avanzar en el reconocimiento de familias que puedan estar afectadas por trastornos genéticos que provoquen muerte súbita”, insiste.

Para difundir ese relevante conocimiento entre los profesionales de emergencias, Josep Brugada impartirá una conferencia en el Congreso de Atención al Paciente Crítico, que tendrá lugar del 4 al 6 octubre en Gijón. Además, el cardiólogo participará en un taller centrado en el estudio del ECG en el que enseñará a los participantes a fijarse en ciertos aspectos que “avisan de que algo en el sistema eléctrico de ese corazón que funciona correctamente. Si somos capaces de identificar adecuadamente esos marcadores, podremos detectar a las personas en riesgo”, ha insistido Brugada durante el acto de presentación del congreso, celebrado en Madrid, y ha enfatizado que el objetivo es que “se pierda el miedo a mirar el ECG”, una tarea que corresponde no solo al especialista, sino también al médico, al enfermero y a otros profesionales de emergencias. “Hay que mirar el ECG con ojos capaces de reconocer marcadores de muerte súbita. Esto se está popularizando y el ECG se tiene que democratizar y popularizar”, y para ello “tenemos que ofrecer mensajes muy sencillos y muy claros”.

José María Arévalo, enfermero especialista de Urgencias y Cuidados Pediátricos y presidente de la Sociedad Española de Atención al Paciente Crítico (SEAPAC) -organizadora del encuentro- ha expuesto que la prioridad de la cita de Gijón es favorecer la participación de cualquier profesional implicado en las tareas de rescate (sanitarios, bomberos, pilotos, etc.) en las sesiones y en los talleres formativos que tendrán lugar durante el congreso. A la vez, se darán a conocer las tareas concretas que realiza cada uno de los colectivos (por ejemplo, salvamento marítimo) y hasta donde llega esa actuación para ceder el testigo al personal sanitario. “Queremos que toda la maquinaria de rescate esté engrasada y permanentemente actualizada”, ha destacado Arévalo, una necesidad acuciante en el momento actual en el que la amenaza terrorista está siempre presente. “Durante nuestra formación académica no recibimos ninguna enseñanza en este sentido, y ahora es nuestra responsabilidad de cara al ciudadano estar preparados para responder a estas situaciones y redoblar el esfuerzo”.

Tal vez menos alarmantes, pero sí más habituales, los rescates en la montaña o en alta mar son un claro ejemplo de atención urgente. El piloto Gustavo Cifuentes, con 3.000 horas de vuelo en helicóptero de rescate (10 años), ha reclamado la necesidad de sanitarizar los rescates. “Hemos comprobado cómo se atiende a las víctimas y cuál es su evolución después de la atención inicial y difiere mucho según quién preste esos primeros auxilios”, ha dicho. “Si un profesional es capaz de hacer un diagnóstico en un primer momento y orientar a los que vienen después, se avanza mucho y disminuye el riesgo de complicaciones graves”, ha asegurado, y ha lamentado que solo Castilla y León Asturias y Aragón sean las únicas Comunidades que cuentan con un médico o un enfermero en el equipo de rescate.

El piloto ha insistido en la necesidad de que se haga extensiva la sanitarización de los rescates –una convicción que surge de su experiencia a lo largo de los años- y ha asegurado que su empresa (Habock) cuenta con dos rescatadores enfermeros -“y no dos enfermeros rescatadores”, ha subrayado-, una formación que permite cubrir todas las necesidades médicas que se pueden presentar en un rescate pero también las de tipo técnico –“cómo transportar una camilla hasta el helicóptero o cómo colocar la sábana para que no sea succionada por el motor”- y que además evita cuestiones administrativas como “tener que pedir un profesional sanitario a un centro de referencia, que este lo autorice y que el médico o enfermero sea después capaz de desenvolverse en condiciones adversas”.

Todos los especialistas en atención urgente saben que cada segundo cuenta y que sus acciones deben ser tan rápidas como eficaces. La tensión se acentúa cuando el paciente es un niño, “en esa situación todos gritan y no quitan ojo a todo lo que hace el sanitario”, relata Helena Herráiz, enfermera del SUMMA 112 y profesora de la Universidad Rey Juan Carlos. En ese escenario, “hay que hacer fácil lo difícil y simplificar”, y para ello recomienda crear imágenes mentales y esquemas con lo que es prioritario hacer. “Recordar muchos aspectos a la vez impide ver cuáles son las acciones claras que hay que ejecutar”, insiste. La experta ha enfatizado en que “hay que hacer las cosas lo más sencillas posibles, pero también lo más exactas, porque un niño es mucho más vulnerable que un adulto ante cualquier fallo de cálculo”. Concretamente, Herráiz se refiere a la precisión que hay que tener a la hora de administrar un fármaco a un menor, para lo que “previamente debemos crear una cultura de seguridad y trabajar con ella a lo largo del tiempo”, elaborando unas tablas de dosificación personalizadas para poder aplicarlas con facilidad en una atención urgente.

Sin embargo, los profesionales sanitarios conocen muy bien que con el rescate de un accidentado no acaba una situación crítica, más bien al contrario, “es a partir de ahí cuando ese paciente puede desestabilizarse, las lesiones se pueden agravar con sólo moverlo”, ha dicho el doctor Julio Ruiz, del SUMMA, por ello es fundamental planificar el trabajo in situ “del técnico, del enfermero y de los equipos de rescate, y priorizar los cuidados entre los accidentados”.

En esos equipos multidisciplinares, los técnicos en emergencias sanitarias son una nueva categoría profesional que está surgiendo, “somos los apagafuegos de los servicios de urgencias”, ha comentado David Matesanz, codirector de la reunión, “llegamos donde no llegan los profesionales sanitarios para facilitarles que puedan hacer su trabajo”. La filosofía de los técnicos de emergencias es “generar equipo”, que es la pieza fundamental para liderar una atención integral, un fin que se ha convertido en el lema del Congreso de Gijón.

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