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  • Viernes, 26 de Mayo de 2017

La profesionalización de directivos, motor para la calidad, eficiencia y sostenibilidad del sistema sanitario

El día 29 arranca el XX Congreso Nacional de Hospitales y Gestión Sanitaria en Sevilla, donde se ponen encima de la mesa los temas que más preocupan a los profesionales de la gestión

La profesionalización de directivos, motor para la calidad, eficiencia y sostenibilidad del sistema sanitario

Teniendo en cuenta el informe “La salud y el sistema sanitario en 100 tablas”, publicado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en julio de 2016, se dispone de 0,8 médicos de Atención Primaria por cada 1.000 habitantes, de 1,7 médicos de Atención Especializada por cada 1.000 habitantes, de 0,8 enfermeras de Atención Primaria por cada 1.000 habitantes y de 2,9 enfermeras de Atención Especializada por 1.000 habitantes. Además, nuestro país cuenta con 3.038 centros de salud y 10.106 consultorios locales, 791 hospitales, de los cuales 451 son del Sistema Nacional de Salud, con un total de 158.566 camas. La mayor parte, 106.340 las ocupan pacientes agudos. Todos estos datos se recogen en el documento “Retos prioritarios en gestión sanitaria”, que han elaborado expertos de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA) y la Asociación Nacional de Directivos de Enfermería (ANDE) en el marco de los trabajos que se han llevado a cabo para la cita de Sevilla, donde acudirán más de dos mil directivos y gestores sanitarios de toda España.

Por eso, los grandes retos que afrontan los gestores sanitarios pasan por integrar los aspectos sanitarios con los sociales, mejorar la organización del proceso asistencial más allá del hospital, donde el paciente forme parte de la toma de decisiones sobre su salud; sin olvidar la evaluación de los resultados en salud y económicos con indicadores estándar para validar los resultados de organización de los recursos y la actividad sanitaria.

En este contexto, hay que tener en cuenta que el 80 por ciento del gasto sanitario está dedicado a los pacientes crónicos y se estima que tres de cada cuatro visitas a los servicios de urgencias son de personas con enfermedades crónicas. La tendencia va a más, puesto que dentro de ocho años, el 25 por ciento de la población española superará los 65 años, con todo lo que esto conlleva.

Educación para la salud

Los profesionales apuestan por llegar a una homogenización de los modelos de atención a personas crónicas desde el principio; es decir, fomentando la Medicina preventiva y la educación para la salud. Esto tiene que empezar en las primeras etapas de la vida, donde tanto la familia como el colegio tienen que implicarse. En la promoción de la salud, también tiene mucho que decir enfermería, ya que es un pilar básico en la atención a las personas con enfermedades crónicas.

Por eso, modificar los modelos organizativos para hacer frente a la cronicidad es uno de los grandes reto del sector. En esta línea, Jordi Varela, editor de Avances en Gestión Clínica y ponente del congreso, apunta que habría que avanzar en la integración de equipos multidisciplinares mixtos -sociales y sanitarios-, que deberían adoptar metodologías de alineación de objetivos asistenciales y elaboración conjunta de planes individualizados, siguiendo el modelo propuesto por Edward Wagner.

Según el experto, para lograr la efectividad de los planes individualizados se deben utilizar métodos de entrevista motivacional y de decisión clínica compartida, para así conseguir que dichos planes se adapten a la manera de ser y de ver las cosas de cada persona. Las motivaciones personales y las preguntas que realmente preocupan a cada paciente deben ser la inspiración de los objetivos asistenciales. “Creo que hay dos verbos que deberían ser trending: escuchar y comprender, por encima de informar y formar”, apunta.

En el manejo de los crónicos, enfermería es el profesional que por formación y motivación está más preparado para conseguir la efectividad clínica en los pacientes crónicos, tanto en prevención como en el manejo de las personas con cronicidades complejas o con fragilidad geriátrica. El mismo Edward Wagner, médico de familia, reconoce que cuando la cronicidad evoluciona hacia la complejidad y los elementos sociales y familiares empiezan a jugar en contra, el médico no es quien debería dirigir el equipo multidisciplinar, “puesto que el manejo del proceso clínico ya no es el prioritario, sino más bien los aspectos humanos, los de cuidados y los logísticos, que acabarán siendo los que van a influir más en la calidad de vida de las personas afectadas; y este es el terreno donde las enfermeras son cruciales”.

Despolitización

Para poder alcanzar los objetivos planteados, es imprescindible la profesionalización, ya que los directivos de la salud profesionalizados son el motor de la evolución que el modelo sanitario necesita para que la calidad, la eficiencia y la sostenibilidad sean una realidad. El Informe SEDISA sobre profesionalización de 2013 señala que el 71 por ciento de los directivos consultados consideraba que la selección de estos profesionales dependía en mayor medida de su afinidad política que de su experiencia en la gestión gerencial y/o clínica. Para cambiar esta situación es necesario poner las bases de un enfoque estratégico de la sistematización de la profesionalización de la gestión para que se pueda aplicar en cualquier sistema o modelo sanitario, independientemente del partido político que gobierne. Los expertos también son partidarios de un desarrollo normativo para que la profesionalización vaya más allá de la mera declaración de intenciones, desde un punto de vista global y estratégico, enmarcado en cada sistema sanitario autonómico, donde prime la despolitización de nombramientos y ceses, la publicidad y transparencia en la selección de cargos directivos, y la evaluación por resultados y cumplimiento de objetivos.

Formación acreditada

El ponente del congreso Alejandro López del Val, decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad San Jorge, de Zaragoza, explica a EL MÉDICO que  la experiencia y/o formación se acredita mediante certificados de servicios prestados o mediante títulos emitidos por instituciones formativas. Estos son hechos objetivos irrefutables. Para despolitizar los nombramientos, López del Val recuerda que “nos hemos dotado de un sistema electoral democrático para elegir a nuestros responsables políticos. A partir de ahí se produce una cascada de puestos de rango alto y medio nombrados por dichos políticos. Y no hay que perder la perspectiva que, con las transferencias sanitarias, el entorno de búsqueda suele ser local, habiéndose perdido el hábito que existía a finales del siglo XX donde un interesante elenco de gestores a nivel nacional se movía por la geografía nacional. Ahora, casi todo está impregnado de localismo, lo que limita enormemente la capacidad de elección”.

Con estas premisas, continúa el experto, “el campo de elección es el siguiente: la circunscripción suele ser la comunidad autónoma, además dentro de mi partido o afines y, principalmente, en función de los contactos y/o apoyos que tenga el candidato. A veces cumplidos los dos primeros criterios, al tercero también puede añadírsele la experiencia o formación”.

Para cambiar esta situación, habría que modificar el modo que se nombra cualquier alto cargo de cualquier consejería autonómica, pues es un hecho generalizado. “Por todo ello, lo veo difícil, si no imposible, en el marco administrativo actual de la Sanidad pública”. Además hay otros dos matices importantes que, de algún modo, magnifican la dificultad del cambio en los nombramientos. “Primero, a los gestores públicos no se les evalúa por hechos objetivos, a excepción del de no dar muchos problemas y no salir en la prensa. Al fin y al cabo son directamente dependientes de la política, que vive de los votos. Mientras no exista una evaluación objetiva de la función directiva el sistema difícilmente cambiará y segundo,  la gestión, la sanitaria también, está más cerca de ser un “arte” que una profesión científica, por lo que puedo tener varios másteres y haber conseguido regentar por mis contactos variadas gerencias, pero no por eso seré un buen líder”.

Así, para profesionalizar la gestión, y asumiendo que la gestión de equipos es más parecida a un “arte”, como puerta de entrada rotundamente sí deberían exigirse unos mínimos conocimientos para los puestos directivos, al menos teóricos. “El resultado práctico de la gestión, que podemos llamar experiencia, es difícil de evaluar. De hecho, lo que para algunos sería un éxito en la gestión para otros sería un fracaso”. Por eso, habría pues que establecer unos mínimos recomendables para el desempeño, y que estos mínimos sean completamente transparentes. “Pero de ahí a reglar completamente la profesión hay un trecho importante para el cual nuestro sistema sanitario pienso no está ni maduro ni preparado, puesto que la profesionalización debería conllevar el empoderamiento de los cuadros directivos, tan denostados en los tiempos que corren. Y esta asunción de un espacio de poder conllevaría necesariamente entrar en el espacio decisorio de los mentores políticos, los jefes. Es difícil que esto ocurra”.

En opinión del  decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad San Jorge, de Zaragoza, si queremos reglar el acceso a la profesionalización de los gestores sanitarios, como tan loablemente presentó y preparó SEDISA, lo primero es convencer a la clase política y a otras fuerzas vivas de la sociedad. “Esto es, generar el caldo de cultivo para que la semilla pueda germinar. De lo contrario caerá en terreno baldío”.

Para garantizar todas estas iniciativas se debe contar con un sistema que acredite objetivamente la experiencia y formación profesional para acceder a puestos directivos y establezca el mapa de competencias. Y es que los ciudadanos deben ser conscientes de la importancia de que la gestión sanitaria esté en manos de profesionales específicos cuya labor esté basada en la participación, la transparencia, la respuesta a las necesidades y expectativas de los pacientes y de los ciudadanos, la prestación del servicio con  calidad,  seguridad y la correcta gestión de los recursos humanos, materiales y económico-financieros.

Financiación

Y la financiación es uno de los caballos de batalla de los directivos. Hay que recordar que en 2015 el gasto en Sanidad supuso el 9 por ciento del PIB español, según datos de la  Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), lo que supone que  la inversión en Sanidad se ha mantenido en torno al 9 por ciento del PIB desde 2009 con variaciones mínimas. Por eso, los profesionales de la gestión apuestan por la coordinación y consolidación de la labor de una única agencia de evaluación de tecnologías sanitarias, el desarrollo de nuevas formas de pago a proveedores y la gestión estratégica de la colaboración público-privada en áreas como la innovación terapéutica, tecnológica y en gestión sanitaria.

De acuerdo con estas premisas, la investigación y transferencia de conocimiento son clave. España se sitúa en los diez primeros puestos del ranking de países con mayor número de publicaciones científicas, pero en cuestión de patentes se baja de puestos, ya que España es el número 24 de los 28 países con unas 3.000 al año, el 0,7 por ciento de todas las que se solicitan. Y es que según la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE), los recursos destinados a la ciencia cayeron un 34,69 por ciento entre  2009 y 2013.

Sin embargo, en ensayos clínicos la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) autorizó 7.688 durante el periodo 2005-2015 y casi el 78 por ciento fue autorizado a compañías farmacéuticas.

Por eso, los profesionales reunidos en Sevilla son partidarios de poner en marcha un plan para el uso del big data, de conseguir una tipificación de los datos y resultados para poder unificarlos y compararlos.

Apuesta por la investigación

En cuanto al fomento de la investigación clínica, se plantea que se facilite como un objetivo de la gestión sanitaria, dentro del marco del Real Decreto por el que se regulan en España los ensayos clínicos con medicamentos y los comités de ética de la investigación con medicamentos (RD 1090/2015), con el que se pretende impulsar y facilitar la investigación con fármacos en nuestro país, la generación de conocimiento, la transparencia, la seguridad de los participantes y la utilidad de los resultados. Además, hay que potenciar que los conocimientos de la investigación básica se trasladen a la práctica clínica de forma reglada para conseguir una mejor atención de los pacientes, teniendo en cuenta la evidencia.

Otro aspecto en el que se hace hincapié es el fomento de proyectos comunes entre el sector público y privado, donde ambos colaboren en el beneficio común del paciente.

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