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  • Viernes, 22 de Septiembre de 2017

Vivir en ciudades, el azúcar y beber alcohol incrementa la mortalidad y morbilidad

Expertos en Epidemiología propondrán nuevas formas de trabajar para mejorar la calidad de vida durante la XXXV Reunión Anual de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), que se celebra hasta este viernes en Barcelona

Vivir en ciudades, el azúcar y beber alcohol incrementa la mortalidad y morbilidad

El papel de la ciencia como impulsora de cambios estructurales que supongan cambios en la salud pública será el punto central de la XXXV Reunión Anual de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), que se celebra hasta este viernes en Barcelona. “Tenemos que ver cómo cambia la esperanza de vida de la población en función del lugar en el que vive. Por ello tenemos que seguir trabajando en los determinantes de salud como la nutrición, el cambio climático y el calentamiento global” explica Carmen Vives, presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología.

Las ciudades saludables, las bebidas azucaradas y el impacto del alcohol y las drogas en la salud han sido temas que se han abordado durante la reunión. Asimismo, los especialistas han tratado la reemergencia de las enfermedades de transmisión sexual y el VIH, las consecuencias del envejecimiento de la población en las políticas sanitarias o la pobreza y su repercusión en la salud infantil.

El incremento de bicicletas mejora la salud

Mark Nieuwnhuijsen, del Instituto de Salud Global de Barcelona, apuntaba entre los diferentes factores a la congestión de vehículos como uno de los principales generadores de problemas para la salud. “Además está el problema de dónde aparcarlos, cuando el 95% del tiempo no están en marcha”. Para Nieuwnhuijsen una solución pasa por apostar por las bicicletas. “Con ellas se reduce la contaminación del aire, los problemas de ruido y además aumentan la actividad física que se realiza”. Según los datos aportados en la conferencia, más de 15.000 muertes se han prevenido en ciudades que han incrementado el uso de la bicicleta entre su población.

Por su parte, Carme Borrell, de la Agència de Salut Pública de Barcelona, señalaba que existen solidas evidencias que apuntan a que las desigualdades sociales en las ciudades suponen desigualdades en materia sanitaria. “Ahora se han puesto en marcha algunas iniciativas, como el Plan de Barrios, que pretenden disminuir las desigualdades territoriales y para la que se ha dotado un presupuesto de 150 millones de euros”.

Impacto negativo de las bebidas azucaradas

Esther López, de la Universidad Autónoma de Madrid, dejaba claro en su exposición que más allá de cualquier duda queda claro el negativo impacto del consumo de bebidas azucaradas en la salud. “Aquellas personas que consumen una bebida azucarada al día tienen un 29 por ciento más de riesgo de mortalidad cardiovascular. La hipertensión, la dislipidemia o la obesidad también están claramente relacionadas. Reducir su consumo puede no ser la solución a la obesidad, pero puede tener un impacto claro y cuantificable en su prevención”.

Una de estas medidas sería la implantación de un impuesto sobre este tipo de bebidas. Vicente Ortún, de la Universidad Pompeu Fabra, apuntaba que esta medida si se adoptaba de una forma adecuada puede resultar beneficiosa.

Miguel Ángel Martínez, de la Universidad de Navarra, también apuntaba al efecto pedagógico que tienen este tipo de medidas. “Sirve para que la ciudadanía se dé cuenta de que existe un problema con estas bebidas, que no son inocuas. Evidentemente, también es necesario un trabajo desde los investigadores”. En este sentido, Martínez se mostró muy crítico con la financiación que reciben los propios investigadores y que muchas veces acaba condicionando los resultados de sus investigaciones.

El alcohol, asociado hasta con 200 enfermedades

El alcohol está asociado hasta con 200 enfermedades y complicaciones, siendo un factor de riesgo de primer orden. Miguel Gili Miner, de la Universidad de Sevilla, presentó por ejemplo los resultados de un estudio sobre el impacto de los trastornos por consumo de alcohol (TCA) en un servicio de urgencias hospitalario. Según los datos expuestos, estos pacientes necesitan un 31,6 por ciento más de tiempo de atención, además de presentar un mayor número de reingresos, más asociación con situaciones de mayor gravedad o mayor mortalidad, tanto en urgencias como luego en ingresos hospitalarios. “Es necesario por tanto implantar nuevos sistemas de vigilancia de los TCA en Urgencias o la posibilidad de intercambiar información y alertas de forma más ágil entre los diferentes niveles asistenciales, aunque esto puedo suponer un problema de cara a la vulneración de la intimidad que debería estudiarse”, añade.

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