EXPLORACIONES COMPLEMENTARIAS

Analítica sanguínea

El hemograma suele ser inespecífico y no contribuye al diagnóstico. Puede haber un aumento de velocidad de sedimentación. La CPK y la CPK Mb pueden estar elevadas y traducen daño miocárdico. Los niveles de Troponina T están elevados en pacientes con miocarditis y son más fiables que los enzimas de necrosis para evaluar el daño miocárdico y se pueden correlacionar con los resultados de estudios inmunohistoquímica en estos pacientes. Aunque no se sabe muy bien el perfil temporal de aumentos de CPK, CPK Mb y de troponina se deberían medir en todos los casos en que se sospeche miocarditis. Puede haber alteración de la función hepática y renal secundaria.

Estudios virales

El diagnostico de miocarditis vírica se sustenta por la identificación del virus en heces, exudado faríngeo, sangre, miocardio o líquido pericárdico o en un incremento de 4 veces de la tasa de anticuerpos en la fase de aguda de la enfermedad. Los resultados serológicos de los estudios virales suelen ser negativos incluso en casos fulminantes. La detección de genoma vírico en muestras tisulares sería diagnóstica de miocarditis infecciosa. El genoma vírico se ha identificado en menos del 20 por ciento de pacientes con diagnóstico de presunción de miocarditis y en un 10-34 por ciento de pacientes con miocardiopatía dilatada. Puede haber falsos negativos dependiendo del número de muestras de biopsia de cada paciente. En muchos casos los estudios virales son negativos y no se puede excluir el origen infeccioso aunque no se detecte genoma vírico en la biopsia miocárdica.

Electrocardiograma

El ECG está prácticamente siempre alterado; puede presentar alteraciones de repolarización, bajos potenciales precordiales así como diversos grados de bloqueo AV así como arritmias auriculares o ventriculares (Figura 3). En algunos casos de miocarditis pueden presentarse alteraciones ECG sugerentes de infarto agudo de miocardio. En el caso de lactantes la presencia de lesiones sugerentes de isquemia hacen pensar y obligan a descartar un origen anómalo de arteria coronaria izquierda en la arteria pulmonar. Los criterios ECG sugerentes que apuntan a este diagnóstico son la presencia de ondas Q > 3 mm en derivación I, la profundidad de la onda Q > 3 mm en aVL y alteraciones del QT en aVL (Figura 1). En ocasiones puede presentarse un bloqueo AV completo como manifestación de miocarditis de diferentes etiologías (Figura 4). Las alteraciones ECG varían con la evolución del cuadro clínico. Las alteraciones más cambiantes son las arritmias; puede producirse un bloqueo completo de la conducción AV que sea transitorio y se recupere en horas o días. Las alteraciones de repolarización ventricular también son cambiantes y desaparecen con la normalización del cuadro clínico (Figura 5). En ocasiones los cambios son rápidos y en la mayoría de los casos suceden en el curso de semanas. Si las alteraciones ECG no mejoran en 6 meses es signo de evolución a miocardiopatía dilatada.

Ecocardiograma

La utilidad de los estudios ecocardiográficos es indiscutible para el diagnóstico de la miocarditis y es también muy importante para la valoración pronóstica. El estudio ecocardiográfico modo M muestra una disminución de los parámetros de función sistólica así como dilatación de cavidades e insuficiencias valvulares AV. Los hallazgos más frecuentes son hipoquinesias generalizadas, las alteraciones segmentarias de contractilidad son menos frecuentes. El cálculo de la fracción de acortamiento (diámetro telediastólico ventricular izquierdo- diámetro telesistólico/ diámetro telediastólico) es sencillo y ofrece una clara valoración de la severidad de la situación clínica. Los valores normales son de 25 a 35 por ciento (Figura 6). También se puede estimar la fracción de eyección (volumen telediastólico ventricular izquierdo volumen telesistólico/volumen telediastólico); los valores normales son de 65-75 por ciento. Se debe descartar la presencia trombos intracavitarios cuando la función contráctil está severamente deprimida. El ecocardiograma también es muy importante para descartar lesiones cardiacas congénitas en particular por origen anómalo de la arteria coronaria izquierda en arteria pulmonar y obstrucciones severas del tracto de salida del ventrículo izquierdo, especialmente en el recién nacido. En casos de disfunción severa ventricular pueden formarse trombos intracavitarios con el consiguiente peligro de embolia (Figura 7).

Se han utilizado otras técnica no invasivas para demostrar miocarditis. La gamagrafía cardiaca con anticuerpos antimiosina sirve para detectar lesión miocárdica y se ha utilizado para evaluar el daño miocárdico en pacientes con miocarditis víricas o en el estudio de rechazo celular en pacientes trasplantados de corazón. También se puede calcular la fracción de eyección ventricular por medios isotópicos y tiene utilidad en casos de mala visualización ecocardiográfica o en presencia de disquinesias segmentarias en los que el cálculo ecardiográfico de la fracción de eyección ventricular ofrece limitaciones técnicas.

Estudios invasivos: Cateterismo cardiaco

El papel del cateterismo cardiaco en los casos de miocarditis y miocardiopatías se basa en la exclusión de lesiones isquémicas cuando los hallazgos ECG y analíticos lo sugieran. Tiene utilidad también para realizar biopsia miocárdica y poder confirmar el diagnóstico clínico y para estudio funcional de resistencias vasculares pulmonares y sistémicas de cara a inclusión en lista de trasplante cardiaco.

La biopsia se ha convertido en el parámetro diagnóstico por excelencia dado que en muchas ocasiones cuadros clínicos aparentemente agudos de miocarditis pueden corresponder a miocardiopatías dilatadas establecidas. Las muestras de biopsia se obtienen de punta de ventrículo derecho por cateterismo venoso utilizando un catéter especial de biopsia; se deben obtener varias muestras para su estudio anatomopatológico. Los cambios que se detectan en la biopsia se caracterizan por presentar un infiltrado inflamatorio con necrosis celular de los miocitos adyacentes no típicos de daño isquémico. Las alteraciones patológica de las miocarditis se definen por los criterios de Dallas que clasifican los procesos como miocarditis activa, situación borderline o ausencia de miocarditis. La biopsia se debe hacer en la fase aguda de la enfermedad (1-3 semanas) de lo contrario puede ser inespecífica. Se pueden estudiar las muestras buscando partículas virales y también se pueden realizar técnicas de hibridación in situ y PCR para distintos virus. Con estas técnicas se está demostrando una etiología viral más frecuentemente y el apartado de miocarditis idiopática tiende a disminuir. La indicación de la biopsia en la fase aguda de una miocarditis está discutida porque no está exenta de riesgos y su utilidad residiría en el establecimiento de tratamientos específicos en caso confirmación diagnóstica. Se han utilizado diversos inmunosupresores en la fase aguda de la miocarditis con resultados inciertos.

Evolución

La miocarditis aguda se presenta en general de dos formas. La más frecuente, que afecta al 70-80 por ciento de los pacientes, se caracteriza por sintomatología de insuficiencia cardiaca de origen agudo con cardiomegalia moderada y con evidencia de disfunción ventricular izquierda. La biopsia miocárdica realizada precozmente mostraría datos de miocarditis activa o border-line siguiendo los criterios de Dallas. La mayoría de los pacientes experimentan una mejoría progresiva con normalización de la funcion ventricular en 1-3 meses (Figura 5 y 8). Algunos pacientes muestran una recuperación incompleta y evolucionan hacia una miocardiopatía dilatada (Figura 6).

Un 20-30 por ciento de los pacientes pueden tener un curso fulminante con aparición brusca de un cuadro de shock cardiogénico con sintomatología severa, situación crítica acompañada de edema agudo de pulmón, cardiomegalia severa y disfunción ventricular izquierda severa (Figura 9). Aproximadamente 1/3 de estos pacientes fallece en la fase aguda de la enfermedad; la mayoría se recuperan después de tratamientos intensivos que pueden incluir la necesidad de ECMO o asistencia ventricular y una minoría presenta recuperación incompleta y evolución hacia una miocardiopatía dilatada. Los pacientes en situación crítica pueden beneficiarse de tratamientos de soporte ventricular como puente al trasplante cardiaco (Figura 10).

El seguimiento clínico a largo plazo y los estudios de biopsias seriadas han puesto de manifiesto la evolución de miocarditis a miocardiopatía dilatada en un 10-20 por ciento de los pacientes con miocarditis aguda. La supervivencia de pacientes adultos con miocardiopatía dilatada oscila entre el 23 y el 40 por ciento a los 5 años, mientras que la supervivencia a los 5 años de los pacientes diagnosticados de miocarditis aguda es de 44-85 por ciento. La supervivencia de los niños con miocarditis aguda es difícil de precisar ya en algunas series el diagnóstico es clínico mientras que en otras es histológico. La serie de pacientes pediátricos diagnosticados de miocarditis más numerosa es la del Hospital de Toronto. Estudiaron a todos los niños con insuficiencia cardiaca aguda sin causa clara desde 1984 a 1998 por medio de biopsia diagnóstica. La incidencia de miocarditis histológica en esta población fue del 13 por ciento (35 de 273 pacientes estudiados). La supervivencia libre de trasplante fue del 86 por ciento al mes y del 79 por ciento a los dos años. La inmensa mayoría de los pacientes recuperaron la función cardiaca totalmente.

La supervivencia de los niños con miocarditis aguda varía dependiendo de las series entre un 0 y un 30 por ciento. La mayoría de las muertes suceden en la fase aguda de la enfermedad. La evolución hacia miocardiopatía dilatada puede suponer entre el 10 y el 20 por ciento (Figura 11). En un estudio realizado en Australia un 35 por ciento (25/70) de los pacientes pediátricos diagnosticados de miocardiopatía dilatada tenían miocarditis linfocitaria. El pronóstico de la miocardiopatía dilatada en la infancia es variable Los datos de supervivencia en niños son diferentes y mejores que los datos de adultos especialmente en pacientes menores de dos años. Clásicamente se ha descrito que 1/3 de los pacientes con miocardiopatía dilatada sin distinción de edad ni de diagnóstico de base mejoraban, 1/3 tenían una situación estable y 1/3 fallecían. La supervivencia al año de niños con miocardiopatía dilatada es de 60-70 por ciento y a los 5 años de 35-56 por ciento. Dado que la evolución de estos pacientes puede variar entre la recuperación completa y el fallecimiento es muy importante detectar factores pronósticos adversos para planear estrategias terapéuticas para cada paciente; la identificación de pacientes con riesgo alto de fallecimiento ayudaría en la toma de decisiones para su inclusión en listas de espera de trasplante. La supervivencia es mayor en pacientes con miocarditis que en pacientes sin miocarditis y se han descrito diversos factores de riesgo en este grupo de pacientes, especialmente la edad de presentación (mayor riesgo en > 2 años), la peor situación en el momento del diagnóstico y la falta de recuperación de la función ventricular.

Tratamiento

El tratamiento de la miocarditis es fundamentalmente de soporte y es el mismo que se instaura en cualquier tipo de paciente en insuficiencia cardiaca dependiendo de su gravedad. Se basa fundamentalmente en digoxina, diuréticos y vasodilatadores, especialmente inhibidores de la angiotensina y betabloqueantes. El papel de la digoxina está discutido dado que se ha encontrado evidencia experimental en modelos murinos de posible aumento de mortalidad secundario a su utilización. En muchos casos se deben utilizar drogas vasoactivas por vía IV y en los casos saciados a arritmias ventriculares severas puede ser necesaria la utilización de amiodarona u otros antiarrítmicos. Los pacientes con bloqueo AV pueden precisar la implantación de catéteres de marcapasos transitorios. Es poco frecuente la necesisdad de estimulación permanente dado que el bloqueo AV suele ser transitorio en la mayoría de los casos.

Se han discutido muchos tratamientos a base de antiinflamatorios no esteroideos o esteroideos y sobre la utilización de tratamientos inmunosupresores con corticoides, ciclosporina y azatioprina en monoterapia o terapia combinada. Los resultados de un estudio multicéntrico de pacientes adultos publicados en 1995 no ofrecieron diferencias entre los pacientes tratados y los no tratados ni en la mortalidad ni en la evolución a miocardiopatía dilatada. Algunos estudios pediátricos posteriores han mostrado buena evolución con tratamientos inmunosupresores durante la fase aguda de la enfermedad por lo que algunos grupos han preconizado su utilización así como la indicación de biopsia en la fase aguda de la enfermedad para utilizar los resultados histológicos como guía para el tratamiento. La mayoría de la evidencia de estudios controlados, sin embargo, no ha conseguido demostrar la utilidad de los inmunosupresores durante la fase aguda de la miocarditis por lo que no se utilizan de rutina en la actualidad.

Algunos estudios, publicados como casos clínicos han llamado la atención sobre la utilidad de agentes antivirales en el tratamiento de la miocarditis y su utilidad está en la actualidad siendo evaluada en un estudio controlado (European Study of Epidemiology and Treatment of Cardiac Inflamatory Disease) en los que se está estudiando la utilidad de interferon alfa.

Un punto de debate importante es en qué momento se puede esperar un deterioro progresivo y cuál es el momento óptimo de inclusión de un paciente en lista de trasplante. Se debe recordar que en ocasiones los cuadros graves se recuperan totalmente pero también que los casos moderados pueden evolucionar hacia una miocardiopatía dilatada.

Únicamente un control cercano del paciente ayudará en la toma de decisiones para tratamientos agresivos que pueden incluir la asistencia ventricular y el trasplante cardiaco.

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