CONCEPTO

La pericarditis es una enfermedad inflamatoria de etiología fundamentalmente vírica que afecta al pericardio, estructura a modo de saco que recubre al corazón y los grandes vasos. El curso de la pericarditis suele ser agudo, se manifiesta clásicamente por febrícula y dolor torácico y se suele resolver en dos a cuatro semanas sin dejar secuelas. En ocasiones puede producir cuadros graves si se asocia con derrame pericárdico severo, especialmente cuando se desarrolla de forma brusca, pudiendo llegar a producir shock cardiogénico y el fallecimiento del paciente si no se establecen las medidas terapéuticas adecuadas.

Funciones del pericardio

El pericardio está compuesto por dos capas de tejido fibroso: el pericardio visceral que recubre el corazón y el origen de los grandes vasos y el pericardio parietal que lo separa de las estructuras vecinas y que se adhiere al esternón y al diafragma y lo fija en el tórax. El pericardio parietal tiene tres capas: la capa interna se continua con el pericardio visceral y está separada de ella por el espacio pericárdico, la capa media es de tejido fibroso constituido fundamentalmente por colágeno y la capa externa está constituida por tejido conectivo. El espacio pericárdico contiene entre 15 y 50 cc de líquido pericárdico en adultos y una cantidad menor en niños; sus características son de ultrafiltrado del plasma.

La función primordial del pericardio es de protección cardiaca, tanto mecánica como de aislamiento frente a infecciones y tumores de estructuras vecinas (Tabla 1). El pericardio también juega su papel en la hemodinámica cardiaca especialmente en el llenado ventricular. Por una parte limita la distensibilidad cardiaca en situaciones de sobrecarga aguda de volumen y por otra contribuye a una adecuada interdependencia en los llenados de ambos ventrículos. En situaciones normales la presión intrapericárdica varía entre -5 y 5 cm de agua en las distintas fases del ciclo cardiaco y respiratorio y no afecta el llenado ventricular.

El pericardio protege al corazón de una dilatación excesiva en situaciones de sobrecarga aguda de volumen, como por ejemplo una insuficiencia valvular aguda. En casos de aumento brusco del volumen intrapericárdico, como en situaciones de derrame pericárdico severo de carácter agudo, aumentaría la presión intrapericárdica, limitaría severamente el llenado ventricular y alteraría gravemente la hemodinámica llevando a shock cardiogénico, cuadro que se conoce clinicamente como taponamiento cardiaco. Cuando se produce un aumento lento y gradual del volumen intrapericárdico como en los casos de derrame pericárdico subagudo el pericardio se distiende y permite aumentos grandes de volumen sin un aumento muy significativo de la presión intrapericárdica. El llenado ventricular no se altera de forma significativa ni se modifica la hemodinámica cardiaca hasta que se supera un dintel por encima del cuál se produciría un aumento de la presión intrapericárdica con reducción del llenado ventricular.

La respuesta del pericardio ante la infección incluye inflamación aguda o crónica, que en general se acompaña de derrame pericárdico; se pueden producir también adherencias entre ambas capas del pericardio o fibrosis del mismo que puede llegar a producir una pericarditis constrictiva.

 

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