PERICARDITIS AGUDA

Etiología

La pericarditis aguda se produce por inflamación del pericardio y se puede deber a distintas etiologías. Las causas más frecuentes son las infecciosas y las secundarias a pericardiotomía quirúrgica que puede suceder después de cualquier tipo de cirugía cardiaca sobre todo después de la cirugía de la comunicación interauricular y de la comunicación interventricular (Tabla 2).

En la pericarditis aguda, además de la inflamación en sí de las capas del pericardio, se acumula líquido en el espacio pericárdico. La gravedad del caso depende tanto del volumen de derrame pericárdico, de la distensibilidad del pericardio y de la velocidad con que se produzca. A nivel histológico los cambios detectados son los producidos por un proceso inflamatorio agudo con aumento de polimorfonucleares, aumento de capilaridad y fibrosis. Los cambios inflamatorios pueden afectar también al miocardio superficial.

Fisiopatología

El pericardio es una membrana rígida pero distensible. Al acumularse líquido aumenta la presión intrapericárdica lo cuál disminuye el llenado ventricular y de forma secundaria aumenta la presión venosa yugular y disminuye el volumen de eyección ventricular y la tensión arterial. De forma experimental pequeños acúmulos de líquido en el espacio pericárdico son bien tolerados y no tienen repercusión en el gasto cardiaco pero acúmulos mayores producen un gran aumento de la presión venosa central que se acompaña disminución severa del gasto cardiaco. Desde el punto de vista clínico los derrames pericárdicos leves no tienen repercusión hemodinámica pero los derrames severos se pueden acompañar acompañan de cuadros de taponamiento cardiaco.

Sintomatología clínica

Los síntomas más comúnmente referidos son el dolor torácico y la fiebre. El dolor se suele referir como opresivo o punzante. Aumenta en decúbito supino, en inspiración profunda y con la tos y disminuye en posición sentado y reclinado hacia adelante. El dolor no siempre está presente y en general es poco frecuente en niños pequeños. La fiebre es variable, puede ser elevada pero en general se trata de febrícula (Tabla 3).

Exploración física

Los signos característicos son la presencia de roce pericárdico y los tonos cardiacos apagados. El roce pericárdico es un ruido característico como el que se produce al frotar mechones de pelo entre sí. Se produce cuando la cantidad de derrame es pequeña y permite que rocen entre sí las dos hojas del pericardio. Clásicamente se describe como un ruido anormal con tres componentes que guardan relación con el movimiento cardiaco en las distintas fases del ciclo cardiaco.

Se puede distinguir de los soplos cardiacos porque la intensidad y calidad del mismo varía con la postura;

característicamente se ausculta mejor cuando el paciente se sienta y se inclina hacia delante. Cuando el derrame es mayor los tonos cardiacos pueden estar disminuidos de intensidad y se pueden advertir signos de congestión venosa como aumento del pulso venoso yugular, hepatomegalia y crepitantes basales. En situaciones graves se produce una situación de insuficiencia cardiaca severa con bajo gasto.

Exploraciones complementarias

El ECG está alterado en la inmensa mayoría de los casos y es muy orientativo para el diagnóstico. Se definen varias fases durante la evolución de un cuadro típico de pericarditis en las que lo más característico son los cambios de la repolarización ventricular. Inicialmente hay elevación del segmento ST con onda T positiva (Fig. 1), se sigue de aplanamiento del ST y de la onda T, posteriormente se invierte la onda T (Fig. 2), y en fases de recuperación la onda T se vuelve a hacer primero plana y finalmente positiva (Fig. 3). En las fases iniciales, además de los cambios en el ST y en la onda T también se observan descensos del PR. Cuando el derrame es importante el voltaje de los complejos QRS y de las ondas p y T disminuye. El 90 por ciento de los pacientes con pericarditis tienen alteraciones electrocardiográficas pero en menos de un 50 por ciento se pueden observar los cambios típicos de las cuatro fases electrocardiográficas típicas de pericarditis. Además de los cambios referidos se pueden observar disminución de voltajes en derivaciones precordiales.

La radiografía de tórax muestra cardiomegalia de forma triangular por el acúmulo de derrame en las bases del corazón (Fig. 4). La severidad de la cardiomegalia no refleja el grado de compromiso hemodinámico que depende más de la velocidad de acumulación del derrame y de la distensibilidad del pericardio. Una radiografía normal no excluye el diagnóstico de pericarditis.

El ecocardiograma es fundamental para el diagnóstico. La ecografía modo M puede mostrar un espacio libre de ecos por detrás de la pared ventricular que persiste durante todo el ciclo cardiaco (Fig. 5B). La ecografía bidimensional ofrece una imagen mucho más clara de la cantidad de líquido contenido en el pericardio (Fig. 5A). El derrame inicialmente se deposita en las bases, en la cara diafragmática y detrás de la aurícula derecha. Cuando el derrame es severo se pueden observar signos ecocardiográficos que traducen un gran aumento de la presión intrapericárdica y que son signos premonitorios de taponamiento cardiaco. Cuando la presión intrapericádica supera la presión intracavitaria se producen colapsos de la pared auricular o ventricular en diástole (Fig. 5B). Además la ecocardiografía bidimensional permite detectar grandes acúmulos de fibrina en el derrame o detectar derrames loculados. En algunos casos también se pueden detectar masas pericárdicas o en la vecindad cardiaca que puede facilitar el diagnóstico etiológico. En ocasiones no se objetiva derrame aparente y únicamente se observa aumento de la señal del pericardio que aparece engrosado sin derrame.

También se puede evaluar la presencia de derrame pericárdico con otras técnicas de imagen como el TAC o la RM aunque su utilidad en casos de pericarditis aguda es muy limitada porque la ecocardiografía ofrece imágenes muy claras con rarísimas excepciones.

Estudios de laboratorio

El hemograma suele mostrar leucocitosis con desviación izquierda. Suele haber un aumento de la velocidad de sedimentación que tiene utilidad en el seguimiento del paciente en la fase de convalecencia con retorno gradual de la misma a valores normales. Se deben realizar cultivos de sangre, heces y orina en fase aguda y convalescente (3-4 semanas después) así como serología y PCR para virus y Mantoux. Se deben también realizar crioaglutininas para descartar infecciones por mycoplasma y anticuerpos heterófilos para descartar mononucleosis y se deben estudiar los ANA y factor reumatoide. Se debe realizar una analítica general con función renal y en caso necesario hormonas tiroideas. Los pacientes con pericarditis aguda pueden presentar elevaciones leves de las enzimas cardiacas.

La pericardiocentesis diagnóstica no está indicada de rutina en las pericarditis agudas en inmunocompetentes. Su rendimiento diagnóstico es inferior al 5 por ciento y no está justificada salvo sospecha de pericarditis purulenta o en casos de deterioro hemodinámico severo. Es de gran utilidad en el diagnóstico de la pericarditis TBC y en las pericarditis secundarias a tumores. El estudio del líquido cuando se realice debe incluir estudio citológico, bioquímico (proteinas, glucosa, colesterol y triglicéridos), bacteriológico para bacterias, hongos y cultivos virales y determinación de ADA. Los valores de ADA superiores a 50 Un/ml son sugerentes de pericarditis TBC. Se ha comprobado que se aumenta la eficacia diagnóstica cuando se combina el estudio citoquímico, el ADA y la biopsia pericárdica. En nuestro medio los pacientes con derrame pericárdico y Mantoux positivo en su mayoría tienen una pericarditis aguda no tuberculosa sino que se suele tratar de pacientes que han tenido contacto con TBC pero que tienen una pericarditis de otra etiología.

Tratamiento

El tratamiento de la pericarditis es principalmente médico y se basa en reposo y antiinflamatorios. Normalmente se controlan con aspirina a dosis antinflamatorias (60-100 mg/kg/día). También se puede utilizar indometacina (2 mg/kg/día) o ibuprofeno (15-30 mg/kg/día). La administración de indometacina en niños se ve limitada porque su forma de presentación es en cápsulas. La duración del tratamiento es de 1 a 2 semanas. Si el derrame es moderado- severo o no se controla con antiinflamatorios no esteroideos se puede tratar con corticoides (metilprednisolona a 1-2 mg/kg/dia durante 1 semana con reducción paulatina según respuesta).

El tratamiento quirúrgico consiste en evacuar el derrame bien sea pericardiocentesis por punción o pericardiectomía parcial quirúrgica. Es preferible la opción quirúrgica en el caso de derrames loculados con importante acúmulo de fibrina, en los casos con poco derrame basal y en los casos de sospecha de pericarditis purulenta para hacer una buena limpieza y evitar adherencias que puedan favorecer el desarrollo de una pericarditis constrictiva posteriormente.

La pericardiocentesis se debe hacer en Unidades de Cuidados Intensivos, en quirófano o en laboratorio de hemodinámica. Se debe sedar al paciente y se le coloca semisentado con unos 30º de inclinación. Se prepara un campo quirúrgico estéril en la zona subxifoidea, tras infiltración local con lidocaina se pincha con una aguja esteril conectada con una jeringa con suero salino y se introduce lentamente en ángulo de 45º dirigiéndola hacia el hombro izquierdo y aspirando de la jeringa hasta que se aspire líquido pericárdico. Si la aguja se introduce demasiado profundamente y choca con la pared ventricular puede producir extrasístoles. En caso de perforación de cámara cardiaca se aspiraría sangre que no coagula. Se puede realizar la pericardiocentesis con control ecocardiográfico para evitar complicaciones.

Una vez dentro del espacio pericárdico se introduce un catéter a través de una guía o un tubo de drenaje que se conecta a un sistema de drenaje y se fija a piel. La incidencia de complicaciones referida en la literatura médica de la pericardiocentesis varía entre un 7 y un 55 por ciento en adultos e incluyen arritmias, lesión de arterias coronarias con hemopericardio y taponamiento cardiaco y neumopericardio. La mayoría de las complicaciones suceden en caso de realizarlas personal inexperto. Son más frecuentes las complicaciones en lactantes y recién nacidos.

La pericardiectomía quirúrgica consiste en la creación de una ventana pericárdica cuyo objetivo es drenar el líquido pericárdico al espacio pleural o peritoneal. Se practica una incisión sobre la parte anterolateral del 5º espacio intercostal izquierdo. Tras abrir los músculos intercostales aparece el pericardio y la pleura; se practica una incisión amplia en el pericardio y se deja drenar a la pleura. La incisión debe de ser amplia de lo contrario tanto el corazón como el pulmón tenderían a taponarla y se reacumularía derrame. En caso necesario se puede hacer una pericardiectomía más amplia por toracotomía media o por vía subxifoidea.

Evolución

La evolución de la pericarditis es hacia la resolución en el plazo de 2 a 4 semanas. Un 10 a un 30 por ciento de los pacientes pueden tener recidivas. En los casos de pericarditis recidivante se debe valorar si se han utilizado las dosis adecuadas de antiinflamatorios y se deben reintroducir y reducir gradualmente. Se recomienda reposo hasta que la fiebre y el dolor hayan remitido. Es muy frecuente que las recidivas se manifiesten con dolor intenso, acompañado o no de febrícula, que el paciente y sus familiares conocen perfectamente de episodios anteriores. En estas situaciones se advierten muy escasas manifestaciones a nivel de pruebas complementarias, con mínimas alteraciones electrocardiográficas y ausencia de derrame pericárdico. En los casos de pericarditis recidivante se puede añadir a los antiinflamatorios no esteroideos colchicina a dosis de 0.5 a 1.5 mg/día. Los antiinflamatorios no esteroideos se retiran gradualmente y si ha sido preciso asociar colchicina se mantiene ésta durante 6 a 12 meses. En los casos en que persista el dolor intenso a pesar de las medidas mencionadas se pueden utilizar corticoides a dosis de 1-2 mg/kg/día. Si presentan recurrencias durante la retirada de corticoides se deberá subirlos a la dosis anterior y retirarlos muy lentamente durante 2 a 3 meses.

En algunos casos puede evolucionar hacia pericarditis constrictiva y en casos severos se puede complicar con cuadros de taponamiento cardiaco que pueden comprometer la vida del paciente.

 

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