Patogenia de la endocarditis infecciosa

El endotelio cardiaco intacto produce un estimulo débil, para el inicio de los mecanismos de la coagulación de la sangre y de la colonización por las de bacterias. Sin embargo, cuando está dañado, el endotelio es un inductor muy potente de la trombogénesis y proporciona una base donde las bacterias pueden adherirse, formando una vegetación infectada. En niños con cardiopatía, una lesión grave asociada a un flujo de sangre de alta velocidad, pueden dañar por sí mismos el endotelio. La trombogénesis da lugar al deposito de plaquetas, de fibrina y de las células sanguíneas, originando una endocarditis trombótica no bacteriana (ETNB). Esta también se puede producir en niños con catéteres intravenosos, que lesionen el endocardio de las cavidades derechas.

La bacteriemia por si sola, incluso en presencia de ETNB no produce siempre EI, porque las bacterias deben ser suficientemente numerosas para poder adherirse al endocardio y proliferar. Después, se van a depositar plaquetas y fibrina, aumentando el tamaño de la vegetación. Por ultimo, los microorganismos proliferan, alcanzando concentraciones de hasta 107 a 1.010 unidades formadoras de colonias por gramo de tejido.

En general, las lesiones cardiacas congénitas que producen flujos de sangre de alta velocidad y las cardiopatías en que se ha utilizado algún material artificial para la corrección, se asocian a un riesgo mayor de desarrollar una EI. Así, los pacientes con cardiopatías complejas a los que se les ha realizado un cortocircuito paliativo o se les ha colocado un conducto, son el grupo de mayor riesgo, si bien, cualquier lesión asociada a flujos turbulentos, puede asociarse a EI.

La lesión de la válvula aórtica es común en niños que desarrollan EI, a pesar de no tener ningún antecedente quirúrgico.

Además, el riesgo de EI en niños con CIV aumenta substancialmente, si se asocia con regurgitación aórtica. Al contrario, en el ostium secundum, que no se asocia a flujos de alta velocidad y en la estenosis pulmonar leve, la endocarditis es excepcional.

La infección del endocardio puede progresar a nivel local, provocar una perforación de la válvula, producir microabscesos en el anillo valvular o extenderse hacia el tabique interventricular, pudiendo dar lugar a un bloqueo AV por afectación del tejido de conducción o incluso perforar el tabique. También, se pueden producir roturas de las cuerdas tendinosas y de los músculos papilares.

Cuando las vegetaciones son grandes y su base de implantación en el endocardio es pequeña, existe riesgo de que se produzcan émbolos a distancia. La EI producida por hongos es potencialmente la más embolígena.

La endocarditis neonatal se produce habitualmente en el lado derecho del corazón y se asocia con frecuencia a lesiones del endocardio producida por el trauma causado por el empleo de catéteres venosos. Por otra parte, los recién nacidos tienen con frecuencia episodios transitorios de bacteriemia de distintas causas. La combinación de daño endotelial y de bacteriemia es esencial para la inducción de EI.

Los microorganismos más frecuentemente responsables de EI son, el Streptococcus viridans, Staphylococcus aureus y epidérmidis, seguido del neumococo, enterococo, Streptococcus beta hemolítico, bacilos Gram negativos y hongos (Tabla 1).



 

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