Clínica de la endocarditis infecciosa

Las manifestaciones clínicas de la EI en niños, se relacionan con 4 fenómenos fundamentales, la bacteriemia o fungemia, la valvulitis, la respuesta inmunológica y la presencia de émbolos.

El cuadro clínico de la EI es variable y depende de la virulencia del microorganismo causal así como de su zona de asentamiento, de su progresión local y de sí se producen émbolos a distancia. Cursa con fiebre baja, la mayor parte de las veces es insidiosa y de larga duración. Se suele acompañar de una serie de signos y síntomas (Tabla 2).

La afectación valvular puede dar lugar a cambios en la auscultación cardiaca o a insuficiencia cardiaca congestiva. Las lesiones son más frecuentes en la válvula aórtica y en la válvula mitral.

Las manifestaciones extracardiacas de la EI son menos frecuentes en niños que en adultos. Las alteraciones renales pueden deberse a un proceso embólico o inmune.

En ocasiones, la presentación clínica de la EI puede ser fulminante, con síntomas rápidamente progresivos, precisando un tratamiento urgente.

Los émbolos pueden producir síntomas asociados a isquemia, a la hemorragia, o a ambas. Un 20 por ciento de los pacientes puede presentar afectación neurológica, por la embolización de una vegetación cardiaca.

La EI en ADVP asienta sobre el lado derecho del corazón, especialmente en la válvula tricúspide. Suele producir vegetaciones grandes y pueden embolizar en el pulmón.

Las manifestaciones clínicas de la EI en los recién nacidos son inespecíficas, pudiendo confundirse con una septicemia o con la insuficiencia cardiaca congestiva. Suelen presentar soplos e hipotensión.

Se acompañan a menudo de trastornos alimenticios, dificultad respiratoria y taquicardia. Los síntomas neurológicos y los fenómenos producidos por émbolos sépticos son frecuentes.

La artritis es infrecuente y no se han descrito los nodos de Osler, los puntos de Roth, las lesiones de Janeway y las hemorragias en astilla.



 

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