EXPLORACIONES
COMPLEMENTARIAS
Identificación
de la infección por estreptococo beta-hemolítico del grupo A
Frotis
faringeo
Ante la sospecha de fiebre reumática aguda y antes de iniciar
antibioterapia se realizará cultivo de exudado faringeo para confirmar
el diagnóstico de faringitis por S. pyogenes. Además, si el cultivo
es positivo, existe la posibilidad de serotipar el aislamiento. Sin embargo solo
un 10-25 por ciento de los enfermos tienen cultivo positivo debido a que cuando
se manifiesta la fiebre reumática muchas veces ya ha desaparecido el estreptococo
de la faringe o el paciente ha sido tratado con antibióticos. El aislamiento
tampoco asegura la infección previa por la alta tasa de portadores faringeos.
Test
de detección rápido de antígeno estreptocócico en
faringe
Tiene una especificidad mayor del 95 por ciento, por lo que su
positividad indica presencia del estreptococo en la faringe.
Sin embargo,
la sensibilidad es más baja (60-90 por ciento), por lo que ante un resultado
negativo se debe realizar siempre cultivo faringeo ante la posibilidad de falsos
negativos.
Determinación de anticuerpos antiestreptocócicos
Los
hallazgos clínicos de la fiebre reumática aguda comienzan cuando
los niveles de anticuerpos antiestreptocócicos son más elevados.
Por tanto, su determinación es muy útil para confirmar la infección
estreptocócica previa. La sensibilidad aumenta con la determinación
de varios tipos de anticuerpos: antiestreptolisina O (ASLO), antidesoxirribonucleasa
B (antiDNAsa-B), antihialuronidasa, antiestreptoquinasa, antiestreptococo esterasa,
antinicotinamida adenosin dinucleótido (anti-NAD). En general, los títulos
aumentan durante el primer mes tras la infección, se mantienen elevados
durante 3 a 6 meses y vuelven a valores normales después de 6 a 12 meses.
La prueba más utilizada y mejor estandarizada es la determinación
de los títulos de antiestreptolisina O (ASLO) mediante una técnica
de inhibición hemolítica. Los resultados se expresan en unidades
que representan la inversa de la dilución máxima del suero problema
que inhibe el test en uso.
Se consideran valores normales hasta 250 U
Todd en adultos y 333 U en niños. Su elevación se encuentra en el
80 por ciento de las infecciones por S. pyogenes, pero no es específico,
pues también se detectan en niños sanos y en enfermos con artritis
crónica juvenil, enfermedad de Lyme, panarteritis nodosa y arteritis de
Takayasu. Lo único que indica un título aislado de ASLO elevado
es una infección previa estreptocócica, y su persistencia no es
indicativa de actividad reumática per se, sino un recuerdo inmunológico
persistente tras esa infección. Se considerará significativo de
infección reciente su aumento en dos determinaciones seriadas con un intervalo
de 2 a 3 semanas. No hay relación entre el grado de elevación y
duración de los títulos y la severidad de la enfermedad y, por tanto,
una vez establecido un título elevado no hay razón para repetir
las titulaciones. En un 25 por ciento de los pacientes el ASLO es normal y en
estos casos se realizarán determinaciones de otros anticuerpos. Los más
utilizados son los anticuerpos anti-DNAsa B, con una sensibilidad levemente superior
al ASLO (90 por ciento) y los anticuerpos antihialuronidasa, que suelen aumentar
precozmente y persisten durante mucho tiempo, siendo frecuentemente positivos
en enfermos con fiebre reumática y títulos de ASLO normales.
Otro
método diagnóstico es la prueba de antiestreptozima (ASTZ), que
consiste en una reacción de hemaglutinación frente a un concentrado
de cinco productos antigénicos estreptocócicos extracelulares, absorbidos
por hematíes (hemaglutinación pasiva). Es un método rápido,
sencillo, con elevado índice de especificidad y bastante sensibilidad,
que ha sido utilizado en los últimos años de forma rutinaria como
prueba de screening. Esta prueba es un indicador sensible de infección
estreptocócica reciente; prácticamente todos los pacientes con fiebre
reumática aguda tienen títulos superiores a 200 unidades por mililitro,
y existe buena correlación con los títulos elevados de ASLO y antiDNAsa
B.
Posteriormente se han desarrollado métodos para detectar anticuerpos
frente a diferentes antígenos estreptocócicos somáticos.
El más empleado es la detección de anticuerpos frente al carbohidrato
del grupo A (ACHO). La elevación del título de este anticuerpo se
observa con más frecuencia que la elevación de los títulos
de ASLO y antiDNAsa B y vuelve a la normalidad en un periodo de tiempo de 6 a
12 meses en pacientes con fiebre reumática sin carditis. Sin embargo, en
pacientes con enfermedad valvular permanente, los títulos de anticuerpos
se mantienen elevados durante varios años.
Esta prueba puede ser
muy útil para diferenciar la valvulopatía reumática de la
enfermedad valvular congénita, insuficiencia mitral no reumática
o el prolapso mitral.
En desarrollo se encuentran la determinación
de anticuerpos dirigidos contra los constituyentes celulares de los estreptococos
del grupo A (anticuerpos antiácido teicoico o antiproteína M) y
el test de detección rápida para el aloantígeno D8/17 en
las células B, que es positivo en más del 90 por ciento de los enfermos
y permite la detección de personas de riesgo para el desarrollo de la enfermedad.
Analítica
Hemograma
Suele
objetivarse leucocitosis como reflejo del proceso inflamatorio agudo. Otro dato
de actividad reumática es la presencia de anemia normocítica y normocrómica
característica de las enfermedades inflamatorias crónicas. Suele
ser de grado leve o moderado. La supresión de la inflamación corrige
la anemia de manera parcial o completa, por lo que es un buen indicador de la
gravedad y cronicidad de la enfermedad.
Reactantes de fase
aguda
Los más utilizados son la velocidad de sedimentación
globular (VSG) y la proteína C reactiva (PCR). Estas pruebas ofrecen información
objetiva, pero inespecífica, de la presencia de un proceso inflamatorio.
Ambas se encuentran elevadas en la fiebre reumática aguda no tratada, constituyendo
uno de los criterios menores de Jones. La elevación de a PCR es precoz
y no se altera con la anemia y la insuficiencia cardiaca congestiva, como sucede
con la VSG. En los enfermos con medicación antiinflamatoria los reactantes
vuelven a la normalidad en un periodo de 10 a 12 semanas.
Otras alteraciones
analíticas
Suele objetivarse hiperfibrinogenemia, aumento del nivel
de complemento hemolítico total y del componente C3 así como de
las globulinas alfa-2 y de las inmunoglobulinas.
Pruebas
de imagen
Radiografía de tórax
Suele
ser normal, pero en ocasiones se observa cardiomegalia, signos de hipertensión
venosa pulmonar y otros signos de insuficiencia cardiaca congestiva.
Ecocardiograma
En
la fiebre reumática aguda resulta muy útil para diagnosticar la
presencia de insuficiencia mitral y aórtica, derrame pericárdico
y dilatación de las cámaras cardiacas y valorar el grado de disfunción
ventricular. En los casos de valvulopatía crónica determina el grado
de estenosis valvular y la necesidad de cirugía.
Otras
pruebas
Electrocardiograma
No tiene un patrón
característico, y nunca se hará el diagnóstico de carditis
reumática basándonos solo en alteraciones electrocardiográficas.
En alrededor de un 25 por ciento de los pacientes se produce un retraso en la
conducción AV expresada como prolongación del intervalo P-R. Esta
manifestación es tan frecuente que constituye un criterio menor de la enfermedad.
Su presencia no indica necesariamente que exista carditis clínica, y por
tanto no tiene ninguna significación pronóstica. El bloqueo auriculoventricular
suele ser de primer grado, aunque pueden objetivarse bloqueos de segundo y tercer
grado, por lo general de breve duración y desaparición espontánea.
La prolongación de la conducción AV se revierte fácilmente
con la administración de atropina, lo que lleva a pensar que esta manifestación
se debe a efectos funcionales de la enfermedad sobre la conducción AV más
que a inflamación y fibrosis directa del sistema de conducción.
Los pacientes que no presentan signos de carditis asociada se recuperan por completo
sin secuelas de cardiopatía reumática.
Además del
bloqueo AV, con frecuencia se encuentra taquicardia sinusal, aunque en ocasiones
existe bradicardia por aumento del tono vagal. En ocasiones se observan alteraciones
inespecíficas de la repolarización como elevación del segmento
ST, o inversiones de la onda T por afectación pericárdica. Finalmente,
en pacientes con valvulopatía podemos encontrar arritmias auriculares (flutter,
taquicardia multifocal o fibrilación) por elevación aguda de la
presión con dilatación auricular.
Histología
Cuando
existe carditis, el estudio anatomopatológico de las valvulas pone de manifiesto
vegetaciones perladas en el borde libre de la cara auricular de la válvula
mitral y cara ventricular de la válvula aórtica. En casos evolucionados
se aprecia engrosamiento progresivo de las valvas, fusión de las comisuras,
acortamiento y esclerosis de las cuerdas tendinosas y músculos papilares
de las válvulas AV y retracción de las sigmoideas. A nivel articular
existe edema de la sinovial, necrosis focal de la cápsula, inflamación
periarticular y derrame.
Histológicamente, el patrón más
específico y característico de la inflamación reumática
se encuentra en el nódulo de Aschoff, considerado patognomónico
de la fiebre reumática. Se encuentran situados en el endocardio, regiones
perivasculares del miocardio y el pericardio. El nódulo de Aschoff es un
foco de inflamación perivascular que consiste en un área de necrosis
central rodeada por una roseta de células mononucleares grandes y de células
gigantes multinucleadas. El núcleo de estas células puede tener
un área clara dentro de la membrana nuclear (núcleos en ojo de búho)
o presenta una apariencia serrada ("oruga") dependiendo de la orientación
del corte microscópico. Tales células se denominan miocitos de Anichkov,
aunque estudios inmunohistoquímicos han demostrado que parecen originarse
de histiocitos/macrófagos.
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