INTRODUCCIÓN
El
dolor de cabeza es una de las afectaciones más frecuentes e incapacitantes,
crónicas o episódicas, que padece la humanidad. Se convierte por
ello en uno de los motivos de consulta más frecuente, no sólo a
demanda, sino, en el área de urgencias en Atención Primaria. Por
lo tanto, los médicos de familia, como responsables de la salud de nuestros
pacientes, debemos valorar, etiquetar y dar solución al problema que dicha
situación clínica nos plantea.
Aproximadamente el 90%
de las cefaleas que nos encontraremos en Atención Primaria las podríamos
etiquetar de primarias, aumentando estas a un 96%, si sumamos las de origen secundario
de etiología tóxica (alcohol, tabaco), farmacológica, o la
provocada por procesos víricos benignos1.
Dentro de las primarias,
la más prevalente sería la cefalea tensional (38% al 78% según
la serie), seguida de la migraña (12% al 18%)2. Dichas cefaleas primarias
son aquellas que no tienen en su etiología procesos estructurales ni metabólicos
subyacentes.
Así pues, la IHS3 (International Headache Society),
del 2004, distingue 4 tipos de cefaleas primarias
o Migraña.
o
Cefalea tipo tensional.
o Cefaleas en racimos y otras cefaleas autonómicas
trigeminales.
o Otras cefaleas primarias.
CASO
CLÍNICO
Varón de 29 años, repartidor
de prensa que viene desplazado de cupo. Desde hace 10 años padece múltiples
episodios de cefaleas de intensidad variable y de presentación atípica
(a veces rinorrea, molestias en ojo, lagrimeo, congestión nasal y ansiedad)
que en los últimos tiempos se están unificando en su forma de aparición.
El paciente los define actualmente como dolor de inicio frontal y retroocular,
unilateral, pulsátil, que provoca vómitos y náuseas y que
mejora con el reposo y la oscuridad. El proceso suele ser de varios días
de evolución y se presenta con una frecuencia de 6 a 7 veces al año.
Nos comenta que antes del inicio del dolor suele ver como "estrellas",
"olas de agua" y "sensación de perdida de fuerza en brazo
y mano derecha". Se filió como "cefalea tensional" debido
al ritmo estresante de su trabajo y al no mejorar, previo tratamiento con ansiolíticos,
paracetamol y metamizol, se derivó al neurólogo para estudio. La
variabilidad de su sintomatología clínica en su evolución,
según comenta, y la falta de diagnóstico lo han llevado a múltiples
consultas de diversos especialistas (otorrinolaringólogo, neurólogo,
psiquiatra, etc.), habiendo sido etiquetado de diversas patologías (cefalea
en racimos, migraña tensional, sinusitis, poliposis nasal, depresión,
etc.), sin tener aún diagnostico concreto de su patología. Las cefaleas
cada vez son más intensas y no mejoran con los tratamientos para la fase
aguda ni preventiva que le han prescrito.
Entre sus antecedentes familiares
destaca: Madre y una hermana mayor con diagnóstico de migrañas.
En la actualidad ambas están en tratamiento preventivo con buenos resultados.
Como
antecedentes personales no destaca ninguna patología de comorbilidad. Es
fumador de 20 cigarrillos/día y no consume bebidas alcohólicas.
Dada
su condición laboral de conductor de ruta para distribución de prensa,
el dolor le limita su labor profesional con el consiguiente estrés y los
problemas de incapacidad laboral que ello conlleva.
DISCUSIÓN
La
migraña es una cefalea primaria que se caracteriza por presentar diversos
grados de frecuencia, intensidad y duración, suele ser hemicraneal y pulsátil
y asociada a síntomas vegetativos, neurológicos (fotofobia, olorofobia,
sensibilidad al movimiento, alteración del estado de ánimo, fonofobia,
etc.) y gastrointestinales (náuseas y vómitos).
Su prevalencia,
como ya comentamos anteriormente no se conoce con exactitud, aunque no es la más
frecuente de las cefaleas (afecta alrededor del 12% de la población general).
Es
más frecuente en mujeres que en varones (2-3/1), sobre todo a partir de
la pubertad. La edad de inicio se sitúa en la segunda década de
la vida, debutando y alcanzando su máxima expresión de prevalencia
hacia los 40 años, remitiendo a partir de esa edad. Nuestro paciente, aunque
varón, se encuentra en el grupo etario típico de padecer dicha patología.
La
IHS (2004)3, clasifica la migraña en seis tipos diferentes, no obstante
dicha clasificación (Tabla 1), es poco útil para los médicos
de Atención Primaria que nos debemos guiar por una clasificación
basada en la prevalencia de la población4 que atendemos en nuestras consultas.
Como
toda cefalea primaria basaremos su diagnóstico fundamentalmente en criterios
clínicos, confirmándolo mediante pruebas complementarias y de neuroimagen.
La
historia clínica juega un papel fundamental al permitirnos identificar
los criterios propuestos por la IHS en las diversas fases evolutivas de la migraña.
En
el caso de nuestro paciente, la exploración neurológica básica
fue normal sin que precisara ninguna intervención exploratoria más.
El
dolor presentaba unas características típicas y criterios de migraña
con aura. La localización unilateral y frontal junto con las náuseas
y vómitos y presencia del cortejo del aura así lo indicaban4. El
factor desencadenante en este caso parece ser el estrés laboral, habiendo
antecedentes familiares que apoyan el factor hereditario del cuadro.
Nos basamos
pues en la Historia Clínica mediante una Anamnesis bien estructurada para
llegar al diagnóstico de presunción del cuadro clínico de
"Migraña con Aura"5,6.
Al inicio de la patología, el
médico de familia, pudo confundir el cuadro clínico con una cefalea
tensional, habida cuenta, que el paciente no presentaba "aura", según
expresa en su relato. Por ello, ante esta situación, es importante conocer
el diagnostico diferencial entre ambos tipos de patologías (Tabla 2)7.
El
largo peregrinar del paciente migrañoso por múltiples consultas
de especialistas es muy típico como es el caso que nos ocupa. Existen componentes
de ansiedad y estrés, habiendo situaciones en las que nos podemos encontrar
con migrañas transformadas8. No obstante, nuestro paciente habría
confundido en su apreciación diagnóstica al neurólogo, que
lo etiquetó de cefalea en racimos (al hablar de componente de rinorrea,
lagrimeo y congestión nasal). Estos síntomas clínicos podrían
tener su base en la poliposis nasal que padecía y que fue confirmada con
posterioridad.
La cefalea del paciente a estudio provoca una gran incapacidad,
exacerbada si tenemos en cuenta que su profesión de conductor y que el
aura acompañante limita los reflejos y disminuye la capacidad de concentración.
A ello podemos unir que la toma de analgesia y sedantes merma, aún más
si cabe, dichas aptitudes.
Respecto al tratamiento, nos planteamos proporcionar
a nuestro paciente una terapia que solucione este problema con eficacia y con
los mínimos efectos secundarios.
Hoy día el ácido valproico
se utiliza como tratamiento de elección en la crisis de migraña
con aura, siendo muy útil para tratar pacientes que además presenten
migrañas que se acompañen con cefaleas tensionales. Debemos utilizarlo
a dosis de 500-1500 mg/día9. En el caso que nos concierne y debido a la
profesión del paciente, debemos tener en cuenta que este fármaco
puede alterar la capacidad de conducción. Por ello, la hora de escoger
la terapia adecuada sería importante. Sería conveniente debido al
componente estresor y dada la profesión del paciente, recomendar, además,
ejercicio de autorelajación y fisioterapia para evitar contracturas musculares
en cuello.
Como tratamiento preventivo nos podríamos plantear administrar
betabloqueantes. Serían los fármacos de elección (si no hay
contraindicación) para la profilaxis de la migraña. Dentro de este
grupo los más utilizados son el propranolol (Nivel de evidencia 1A) y el
nalodol (Nivel de evidencia 1B), máxime si esta se asocia a síntomas
de ansiedad o estrés y en migrañosos que presenten temblores o hipertensión.
Sus efectos adversos serían cansancio, astenia con disnea, opresión
torácica y alteraciones de memoria y del sueño. Dentro de este grupo
las dosis se pueden incrementar progresivamente, tal es el caso del propranolol
en el que se puede llegar a dar dosis de 160 mg/día comenzando con 20 mg
repartidos en cada comida. La presentación retard de este producto, debido
a su larga semivida, hace muy cómoda su administración una vez alcanzados
los niveles sanguíneos adecuados.
Caso de que fallaran los betabloqueantes
solos, podríamos plantearnos utilizar como una segunda opción en
la profilaxis, la combinación con amitriptilina a dosis bajas o el ácido
valproico a dosis de 500-1500 mg/día, (nivel de Evidencia 1 Recomendación
A). Entre sus efectos secundarios destaca la hepatitis aguda que habrá
que vigilar periódicamente mediante petición de analíticas
de control. También puede provocar alopecia, aumento de peso y alteraciones
gastrointestinales.
La evolución del paciente fue satisfactoria y a
los dos meses había sufrido solo una crisis de migraña que controló
que una dosis de ácido valproico, encontrándose muy satisfecho de
la evolución de su migraña. Comenta que ha frenado otros inicios
de posibles crisis de migraña con la toma de naproxeno sódico a
dosis de 1.100 mg y con ejercicios de relajación y reposo. También
practica ejercicios en su domicilio y en situaciones de estrés y asiste
a un gimnasio donde practica clases de yoga.
En la actualidad sigue a la espera
de una revisión con el neurólogo, aunque según comenta, sin
un gran convencimiento de que le vayan a mejorar su diagnóstico y tratamiento.
Es
importante el aprendizaje del caso clínico debido a que tras la reevaluación
en la consulta programada, se ha conseguido diagnosticar y tratar en Atención
Primaria un caso más de "migraña con aura".
BIBLIOGRAFÍA
1.
Castillo J, Muñoz P, Guitera V, Pascual J. Epidemiology of chronic daily
headache in the general population. Headache 1999; 39: 190-196.
2. H Liaño
Martínez, M. Liaño Riera. Cefaleas: Concepto, Epidemiología
e impacto socioeconómico. Medicine 2003; (8): 5013-5020.
3. Headache
Classification Subcommittee of the International Headache Society. The International
Classification of Headache Disorders 2ª ed. Cephalalgia 2004; 24 (Suppl 1):
1-150. URL disponible en: http://www.i-h-s.org (acceso 4 de octubre de 2003).
4.
J. Castillo Obeso. Migraña. Guía de Buena Práctica Clínica
. Migraña y otras cefaleas. 2003 Madrid, Ed. IMC. SA
5. García
Criado EI, Historia Clínica y Anamnesis. Guía de Buena Práctica
Clínica. Migraña y otras cefaleas. 2003 Madrid, Ed. IMC. SA 13-
29.
6. Pascual J. Diagnóstico y diagnóstico diferencial. En Pascual
J, Migraña. Barcelona. Masson. 2001;75-88.
7. Silvia Copetti Fanlo Cefalea
Tensional Episódica. FMC 1999: (6) supl 10: 43-49.
8. Davidoff RA. Differential
diagnosis, En: Migraine: manifestations, pathogenesis, and management. Contemporary
neurology series, vol. 42. Philadelphia: F. A. Davis, 1995: 108.
9. Silberstein
SD. Saper JR, Freitag FG. Migraine: Diagnosis and Treatment. En: Wolff S Headache
and Other Head Pain. Silberstein SD, Lipton RB, Dalessio DJ. ed. Oxford University
Press. New York 2001. 121-237.
Autor:
Sergio Giménez Basallote
Médico de familia. Coordinador
de Grupos de Trabajo de Semergen. Centro de Salud de Ciudad Jardín. Málaga
Coordinador:
Emilio Ildefonso García Criado. Médico de Familia. C.S. de El Carpio.
Córdoba.
Francisco Javier Fonseca del Pozo. Médico de Familia.
Consultorio de Pedro Abad. Córdoba. Enrique Martín Rioboó.
Médico
de Familia. CS de la Fuensanta. Córdoba. Carlos Sánchez Ortiz. Especialista
en Neurología. Hospital Universitario Reina Sofía. Córdoba.
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