INTRODUCCIÓN
La
hipertensión (HTA) y la diabetes (DM) son las dos entidades que más
frecuentemente se presentan en el quehacer diario del médico de familia.
Pero a pesar de las continuas y frecuentes revisiones que hacemos a este grupo
de pacientes los resultados que obtenemos son muy escasos: por una parte el grado
de control es del 36,1 por ciento de los hipertensos y sólo del 13,9 por
ciento cuando además son diabéticos (1), es decir a mayor riesgo
menor control (2). Y por otra parte, la actitud del médico ante estos resultados
suele ser bastante pasiva, sólo el 12 por ciento de los médicos
de Atención Primaria toman una decisión ante un paciente con mal
control tensional (1).
El caso clínico que a continuación
presentamos es muy frecuente, se trata de un paciente "normal" que no
tiene ninguna sensación de enfermedad; su significado es doble: por una
parte, es un claro ejemplo de la importancia que tiene el correcto diagnóstico
de una alteración exploratoria dentro de un determinado contexto: tratar
la hipertensión o la diabetes no sólo consiste en bajar unas cifras,
sino abordar el problema de forma más completa. Y por otra parte destaca
la importancia del tratamiento no farmacológico.
CASO
CLÍNICO
Anamnesis
Hombre de
57 años de edad, acude por vez primera a la consulta para solicitar una
analítica. Refiere fumar 10-15 cigarrillos al día desde su juventud.
En su historia no aparece ningún dato de interés: no antecedentes
patológicos, no yatrogenia. Antecedentes familiares sin interés.
Exploración
La
exploración por órganos y aparatos es totalmente normal; sólo
destacan los siguientes datos:
Talla: 172 cm.
Peso: 97 Kg.
IMC: 32.8.
Perímetro
Abdominal: 103 cm
Tensión arterial (media de 3 tomas): 158/92 mm Hg
Resultados
analíticos
Glucemia basal: 118 mg/dl.
Urea: 46 mg/dl.
Creatinina:
1.02 mg/dl.
Ac. Úrico: 7.9 mg/dl.
Colesterol Total: 276 mg/dl.
HDL:
42 mg/dl.
LDL: 197 mg/dl.
Triglicéridos: 183 mg/dl.
Resto de datos
analíticos dentro de normalidad.
ECG: Ritmo sinusal a 82 lpm. Sin signos
de Hipertrofia ni sobrecarga ventricular izda.
Juicio
clínico
En una rápida revisión (en consulta disponemos
de 5 minutos para anamnesis, exploración, diagnóstico y tratamiento)
encontramos los siguientes datos:
1) Obesidad.
2) Hipertensión
arterial (grado I).
3) Glucemia basal alterada.
4) Dislipemia.
Actitud
terapéutica
Recomendamos dieta hipocalórica, hiposódica,
ejercicio diario, abandono del tabaco e iniciamos tratamiento con Atenolol 100
mg/día.
Pasados 6 meses acude para nuevo control. Durante este tiempo
se ha encontrado bien. Continúa fumando. Ha dejado el tratamiento con el
b-bloqueante por disminución de la libido que él achacaba al tratamiento,
ya que tras dejarlo todo volvió a la normalidad.
Exploración
y analítica actual
Peso: 95 Kg.
TA: 150/95 mm Hg.
Glucemia:
120 mg/dl.
Colesterol Total: 260.
HDL: 41 mg/dl.
LDL: 182 mg/dl.
Triglicéridos:
189 mg/dl.
Resto de analítica Normal.
ECG: Ritmo sinusal a 92 lpm.
Se
decide insistir en hábitos dietéticos y se le pauta tratamiento
con Hidroclorotiazida 50 mg/día.
DISCUSIÓN
Ante
este caso, muy común en nuestras consultas se nos plantean varias preguntas
que intentaremos responder:
1) ¿Es correcto el diagnóstico?
2)
¿Habría qué realizar alguna otra prueba analítica?
3)
¿El tratamiento instaurado ha sido el más apropiado?
4) ¿Se
ha valorado correctamente el riesgo de este paciente?
Estamos de acuerdo
en que el paciente presenta una HTA grado I y que según las guías
de actuación procede modificar su estilo de vida e iniciar tratamiento
farmacológico (3). Pero si analizamos los datos de la primera visita vemos
que no se trata de un paciente más, tiene dislipemia, obesidad y unas cifras
de glucosa basal elevadas. Posiblemente estas alteraciones tengan un origen común,
y deban abordarse conjuntamente con la hipertensión. Y, si lo tenemos en
cuenta a la hora del diagnóstico podemos pensar en el Síndrome Metabólico
(SM) (ver
tabla I) (4).
En la primera visita presentaba un riesgo cardiovascular
del 30,6 por ciento en los próximos 10 años (según Framingham),
y según las tablas europeas un riesgo alto. Datos que no se modifican en
la segunda visita.
Las cifras de glucemia basal elevada pueden sugerirnos que
realicemos una sobrecarga oral de glucosa, o quizá una hemoglobina glicosilada
pero el resultado que obtengamos ¿modificaría nuestra actitud? o
sólo serviría para estratificar el riesgo de este paciente. Está
claro que este paciente reúne los criterios de la ATP- III que aparecen
en la tabla para ser catalogado como Síndrome Metabólico. El etiquetar
de "Síndrome Metabólico" supone definir a una población
sobre la que focalizar prioritariamente tanto las medidas de prevención
primaria como secundaria (5).
En cuanto al tratamiento preciso en este
paciente también nos podemos plantear varias cuestiones: ¿con cuántos
fármacos va a salir este paciente de la consulta? 2, 4
¿debemos
pautarlos todos de entrada, o de forma progresiva?...
Es importante recordar
que la atención a estos pacientes comprende dos objetivos fundamentales
(6):
a) Reducir las causas subyacentes: obesidad, sedentarismo, tabaquismo,
etc.
b) Tratar los factores de riesgo asociados: dislipemia, hiperglucemia
e hipertensión.
La modificación de la dieta, la realización
de ejercicio y el abandono del tabaco mejorará el riesgo cardiovascular
en unos porcentajes muy significativos incluso frente a pacientes tratados con
metformina (31 por ciento frente al 58 por ciento) (7). Por tanto las medidas
encaminadas a la pérdida de peso (pérdida del 10 por ciento; en
el caso que nos ocupa unos 9 Kg), cese de hábitos tóxicos y ejercicio
son las más aconsejables en esta población.
Posiblemente, este
paciente no consiga modificar sus hábitos, ni perder el peso recomendado,
por lo que es un firme candidato a la polifarmacia:
1) Antihipertensivo:
Para lograr los objetivos deseados, posiblemente precisemos asociar varios antihipertensivos.
Los fármacos que actúan sobre el eje renina-angiotensina (IECA y
ARA II) son los recomendados ya que la vasodilatación y la disminución
de noradrenalina que producen origina un incremento de la sensibilidad a la insulina
(8) (la insulinorresistencia parece ser el defecto común en estos pacientes).
A éstos se pueden asociar bloqueadores alfa y beta y la monoxidina. Los
diuréticos siguen siendo respaldados por las autoridades como los más
indicados en el tratamiento de la HTA, pero su predisposición a estimular
el sistema nervioso simpático y la actividad del sistema renina-angiotensina
hacen que no sean considerados como primera elección en el SM (9).
2)
Antidiabético: Metformina sería el fármaco más indicado,
aunque también pueden ser utilizados glitazonas (pioglitazona y rosiglitazona)
o acarbosa. La pregunta podría ser ¿cuándo los introducimos,
cuando se confirme la diabetes o ante cifras elevadas de glucosa basal en este
tipo de pacientes? Parece ser que las recomendaciones generales abogan por su
uso en estadios muy tempranos de insulinorresistencia y no sólo en diabetes
establecida (10).
3) Hipolipemiantes: El tratamiento debe iniciarse con
estatinas (recomendación AA) y si es necesario se combina con fibratos
y derivados del ácido nicotínico (recomendación D) (11).
4)
Antiagregantes: El uso de ácido acetilsalicílico a bajas dosis (325
mg/día) parece ser una buena estrategia de prevención secundaria
de las complicaciones cardiovasculares en pacientes con SM (12).
En resumen,
recordar que se trata de una entidad de alta prevalencia (2/3 diabéticos
tipo 2 ya tienen un SM), y que diagnosticar uno sólo de los componentes
del síndrome supone una alta probabilidad de diagnosticarlo en su totalidad;
así el reconocimiento de la fase precoz (como ocurría en nuestro
caso clínico) constituye el primer paso a seguir en el abordaje integral
de este tipo de pacientes.
BIBLIOGRAFÍA
1.-
Coca A et al. Estudio Controlpress 2001 Hipertensión 2002; 19: 390-399.
2.-
Aguirre Rodríguez, JC et al. Cálculo del riesgo cardiovascular en
diabéticos e hipertensos de nuestra zona básica. Educación
Diabetológica 2005; 1: 23-28.
3.- Chobanian. AV et al. Seventh report
of the Joint National Committe on prevention, detection, evaluation and treatment
of high blood pressure. Jama 2003; 289 (19):2560-2572.
4.- Scott, M et al.
Definition of Metabolic Syndrome. Circulation 2004; 109: 433-438.
5.- Aguirre
Rodríguez, JC. Síndrome metabólico. Nuevas perspectivas de
antiguos conocidos. Semergen 2004; 30 (Supl 1): 25-26.
6.- Aguirre Rodríguez,
JC. Tratamiento del Síndrome metabólico: nuevas perspectivas. JANO
Junio 2005; 1571: 39-42.
7.- Diabetes Prevention Program Research Group. The
diabetes prevention program reduction in the evidence of type 2 diabetes with
life-style intervention or metformin. N Engl J Med. 2002; 346: 393-403.
8.-
Feldman, R. ACE inhibitors versus AT1 blockers in the treatment of hypertension
and Syndrome X. J Cardiol 200; 16 (Supl E): 41-44.
9.- 2003 European Society
of Hypertension-European Society of Cardiology Guidelines for the Management of
Arterial Hypertension.
J Hypertens 2003; 21: 1011-1105.
10.- López
de la Torre M. Algoritmo diagnóstico y terapéutico de la resistencia
a la insulina. Endocrinol Nutr. 2003; 50 (Supl 1): 47-49.
11.- Steinmetz, A
et al. Treatment of dyslipoproteinemia in the metabolic síndrome. Exp Clin
Endocrinol Diabetes 2001; 109: 548-559.
12.- Martín Rioboó, E
et al. Perspectivas y tratamiento actual del síndrome metabólico.
Semergen 2004; 30 (Supl 1): 29-36.
Coordinador:
Sergio Giménez Basallote
Médico de familia. Coordinador del Grupo
de Trabajo de Locomotor de Semergen. Centro de Salud de Ciudad Jardín.
Málaga
Autor: Juan Carlos Aguirre Rodríguez
Médico
de Familia. Grupo de Trabajo de Diabetes
de Semergen. Centro de Salud de Armilla.
Granada
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