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Tema 2. Interacciones medicamentosas
Interacciones farmacocinéticas
Las interacciones farmacocinéticas son las que se producen
sobre uno o varios de los procesos cinéticos de: absorción,
distribución, metabolización o eliminación.
Con este tipo de interacciones lo que sucede en último
termino es que se modifica la cantidad del fármaco que
llega a ponerse en situación de actuar sobre el receptor.
Cuando la cantidad de uno de los fármacos implicados
en la interacción, que alcanza el receptor aumente se
producirá una interacción de sinergia y cuando
suceda lo contrario una interacción de antagonismo.
Describiremos los diferentes tipos de interacciones farmacocinéticas
distribuyéndolas según el tipo de proceso que
modifican.
Interacciones de absorción
Las interacciones de absorción pueden tener dos tipos
de consecuencias:
a) Modificación de la cantidad del fármaco que
se absorbe. Puede ser aumentándola sobre lo que sucede
en circunstancias normales, lo que equivaldría a un incremento
de la dosis o reduciéndola lo que sería igual
que el haber realizado una disminución de la dosis administrada.
b) Modificación de la velocidad de absorción.
Si la velocidad de absorción disminuye la consecuencia
más inmediata es que se retrasa la aparición del
efecto o que el fármaco funcione como si se hubiera administrado
en una formulación de liberación retardada y se
prolongue la duración del efecto. También puede
ocurrir que el fármaco no llegue a alcanzar en plasma
la concentración suficiente como para producir su efecto
ya que los procesos de metabolización o eliminación
pueden ser lo suficientemente rápidos como para ir eliminando
prácticamente todo el fármaco que se está
absorbiendo y así aunque puedan aumentar algo las concentraciones
plasmáticas nunca llegan a ser lo suficientemente elevadas
como para alcanzar el nivel de eficacia.
Es posible que la interacción produzca los dos efectos
al mismo tiempo, es decir modificar la cantidad y la velocidad
de la absorción.
Las interacciones de absorción más frecuentes
son las que se producen en el aparato digestivo.
La cantidad de fármaco que se absorbe a través
de la mucosa del aparato digestivo depende fundamentalmente
de la cantidad de fármaco que se encuentra en forma no
ionizada porque se produce, para la inmensa mayoría de
los fármacos, a través de un proceso de difusión
pasiva. Por tanto, el pH del medio donde se produzca la absorción
juega un papel importante y sus modificaciones inducidas por
la administración de otro fármaco concomitante
se traducen en una alteración de la cantidad de fármaco
absorbida. También depende del pH la solubilidad de los
fármacos que es otro de los factores que influyen en
la absorción. Un ejemplo en este sentido es que todos
los fármacos que reducen la acidez gástrica dan
lugar a una reducción en la absorción de ketoconazol
que se solubiliza peor en un medio menos ácido.
La velocidad de vaciamiento gástrico o de la motilidad
intestinal influye en otro aspecto fundamental de la absorción
que es el tiempo que el fármaco permanece en contacto
con la mucosa donde se produce la absorción. Por lo tanto,
las modificaciones inducidas dependerán de donde se produzca
la absorción de cada fármaco.
Los fármacos procinéticos, como la metoclopramida,
aceleran el vaciamiento gástrico de forma que los fármacos
que son absorbidos en el intestino, lo harán antes reduciendo
así su tiempo de latencia y aumentando sus efectos ya
que de esta manera alcanzan concentraciones plasmáticas
mas elevadas. No se modifica la cantidad absorbida.
Los anticolinérgicos o los fármacos que tienen
efecto anticolinérgico, que son muchos, reducen la motilidad
gástrica y la motilidad intestinal al igual que los opioides.
Esto hace que los fármacos estén más tiempo
en contacto con la mucosa intestinal y si se absorben a este
nivel, se puede incrementar considerablemente la cantidad que
se absorbe.
Algunas sales de metales di y trivalentes (calcio, magnesio,
aluminio, etc.) pueden formar complejos difícilmente
solubles con otros fármacos (tetraciclinas, quinolonas)
que son prácticamente inabsorbibles y por lo tanto reducen
tanto su absorción que los convierten en terapéuticamente
ineficaces. Otro ejemplo muy claro son las resinas de intercambio
iónico que no solamente bloquean la absorción
de ácidos biliares, a través de la que ejercen
su efecto terapéutico, sino que también bloquean
otras muchas sustancias algunas de ellas de margen terapéutico
muy estrecho como es el caso de la digoxina y la warfarina.
Otra fuente de interacciones en el proceso de absorción
que se lleva a cabo en el aparato digestivo son los alimentos.
La administración conjunta de fármacos y alimentos
puede dar lugar a modificaciones significativas en la tasa de
absorción. La mayor parte de las veces se produce una
disminución de la fracción absorbida pero también
puede producirse lo contrario. Por ejemplo los alimentos ricos
en grasas pueden incrementar considerablemente la absorción
de medicamentos lipófilos. La administración conjunta
de alimentos ricos en calcio, como la leche, puede dar lugar
a la formación de quelantes con algunos fármacos,
como las tetraciclinas y reducir de una manera clínicamente
significativa su absorción.
Algunos antibióticos pueden modificar la flora intestinal
de manera que se reduzca sensiblemente la absorción de
otros fármacos como las sales de hierro, etc.
Interacciones de distribución
Son fundamentalmente las interacciones en la fijación
de fármacos a las proteínas plasmáticas.
El número de puntos de unión de los fármacos
a las proteínas plasmáticas es limitado y la propia
naturaleza de esta unión hace que fármacos distintos
compartan los mismos sitios de fijación y puedan competir
por ellos. Como consecuencia de ello un fármaco puede
ser desplazado de sus puntos de fijación por otro que
tenga mayor afinidad o consiga una concentración mayor.
La consecuencia inmediata es el incremento de la fracción
libre del primero con el consiguiente aumento de su efecto farmacológico.
Como es lógico cuanto mayor sea la fijación del
fármaco a las proteínas plasmáticas mayor
trascendencia tiene la interacción porque proporcionalmente
se incrementa más la fracción libre. De hecho
este tipo de interacciones tiene importancia solamente para
los fármacos que tienen más de un 90 por ciento
de fijación proteica y además tienen un volumen
de distribución pequeño.
El problema es que algunos de estos fármacos tienen un
margen terapéutico estrecho y el incremento brusco de
su fracción libre puede tener consecuencias clínicas.
Por ejemplo, la warfarina se une a las proteínas plasmáticas
en un 99 por ciento y por lo tanto su fracción libre
es el uno por ciento, si otro fármaco produce un desplazamiento
de únicamente el tres por ciento de la fracción
fijada, la concentración de la fracción libre
pasa a ser del cuatro por ciento; es decir, se multiplica por
cuatro. No hace falta insistir mucho sobre las repercusiones
que puede tener multiplicar por cuatro el efecto de un anticoagulante.
Algo muy similar pasa con la tolbutamida que tiene una fijación
del 96 por ciento o con la fenitoína cuya fijación
a las proteínas es del 90 por ciento.
Este tipo de interacción puede producirse también
por desplazamientos debidos a sustancias endógenas como
es el caso de algunos ácidos grasos libres que pueden
desplazar al diazepam de su fijación a la albúmina
incrementando así su efecto ansiolítico.
Interacciones de metabolización
Las interacciones de metabolización tienen lugar fundamentalmente
en los sistemas enzimáticos localizados en el hígado
que como ya se ha señalado es el órgano más
importante en la transformación química de los
fármacos aunque esta pueda tener lugar también
en otros órganos.
El conjunto de las isoformas del citocromo P-450 (CYP) es el
que desempeña un papel preponderante en la metabolización
de los fármacos y por ello la mayor parte de las interacciones
se producen por interferencias en su funcionamiento.
Una de las interacciones de metabolización se produce
cuando dos o más fármacos utilizan la misma vía
de metabolización. Cuando esta vía es saturable
puede producirse un aumento de la concentración plasmática
de uno de los dos fármacos por que no puede ser metabolizado
en el tiempo que es habitual. El aumento de las concentraciones
plasmáticas puede acompañarse de un incremento
del efecto o de manifestaciones tóxicas si su concentración
supera el límite terapéutico.
Sin embargo, los dos tipos más frecuentes de interacción
metabólica son los de inducción e inhibición
enzimática.
La interacción de inducción enzimática
se produce cuando uno de los fármacos incrementa la actividad
enzimática, generalmente, porque se produce in incremento
de la síntesis de la enzima responsable del metabolismo
del otro fármaco. Esta estimulación incrementa
el aclaramiento del fármaco cuya metabolización
ha sido inducida y por consiguiente reduce sus concentraciones
plasmáticas y su vida media de eliminación. Por
lo general la duración del proceso de inducción
está relacionada con la vida media de eliminación
del fármaco inductor. Por ejemplo, la inducción
se prolonga durante más tiempo con inductores como el
fenobarbital que tiene una vida media de eliminación
larga y es mas corta con rifampicina que tiene una eliminación
mucho más rápida.
Las consecuencias clínicas de la inducción enzimática
pueden ser de dos tipos. Por un lado la duración del
efecto del fármaco inducido, si es que alcanza las concentraciones
suficientes como para producir efectos, es más corta
lo que obliga a replantearse el esquema posológico. Por
otro lado la producción de metabolitos es más
rápida lo que puede llevar a la saturación del
sistema encargado de su eliminación y por lo tanto a
su acumulación en plasma, que puede llegar a alcanzar
concentraciones tóxicas.
Hay muchas sustancias y fármacos que son inductores del
metabolismo. Entre los más conocidos figuran los siguientes:
alcohol, sustancias producidas por la combustión de los
cigarrillos, barbitúricos, carbamazepina, ciprofloxacino,
clofibrato, corticoides, isoniazida, fenilbutazona, fenitoína,
primidona, rifampicina, ritonavir y teofilina. La utilización
de cualquiera de estas sustancias en un tratamiento combinado
obliga a, por lo menos, plantearse la posibilidad de que pueda
producirse una inducción metabólica del fármaco
asociado.
Actualmente también conocemos, de algunas interacciones,
las isoformas del CYP que están implicadas en la inducción
de metabolización. Algunos ejemplos figuran en la Tabla
1.
En esta Tabla figuran solamente algunos ejemplos y como puede
verse son posibles muchas interacciones de inducción
enzimática y siempre que se utilicen fármacos
metabolizados a través de la misma isoforma del CYP.
Merece la pena consultar cuadros de este tipo porque la probabilidad
de que una interacción con estos fármacos tenga
consecuencias clínicas es muy elevada.
Las interacciones de inhibición enzimática tienen
un signo completamente contrario a las de inducción.
Cuando se produce una interacción por inhibición
disminuye el aclaramiento del fármaco cuya metabolización
se inhibe y se prolonga su vida media de eliminación
lo que también obliga muchas veces a replantearse el
esquema posológico. En estos casos las consecuencias
clínicas son de aumento del efecto del fármaco
inhibido, prolongación de la duración del efecto
y muchas veces incremento de su toxicidad. Si se mantiene el
esquema posológico habitual se puede ir incrementando
la concentración plasmática paulatinamente hasta
sobrepasar la concentración mínima tóxica
con lo que las manifestaciones clínicas pueden tener
diversos tipos de consecuencias pero casi nunca buenas.
Actualmente se conocen en algunas interacciones de inhibición
enzimática cuáles son las informas del CYP implicadas
en este tipo de inhibición. En la Tabla 2 figuran algunos
ejemplos.
Interacciones de eliminación
Las interacciones de eliminación tienen lugar fundamentalmente
en el riñón como órgano que tiene un papel
fundamental en la eliminación de los fármacos
y sus metabolitos.
A través de la filtración glomerular se elimina
la fracción libre, por tanto los fármacos que
reducen el flujo renal podrían disminuir esta eliminación.
De todas formas este tipo de interacción no suele tener
repercusiones clínicas.
En el túbulo renal el proceso de reabsorción por
difusión pasiva depende del grado de ionización
de los fármacos que se encuentren en la luz tubular y
por lo tanto los cambios en el pH de la orina facilitan o reducen
la reabsorción tubular. También hay fármacos
que pueden bloquear indirectamente la eliminación de
otros, como es el caso de los diuréticos que al inhibir
la reabsorción de sodio favorecen la retención
de litio.
Por lo que respecta a la secreción tubular algunas sustancias
pueden bloquear la eliminación de los fármacos
disminuyendo su aclaramiento renal y prolongando su vida media
de eliminación. El ejemplo más clásico
en este sentido es el bloqueo que hace el probenecid a la secreción
tubular de penicilina. Algunos fármacos bloquean la proteína
P transportadora y también bloquean la secreción
tubular de otros. Amiodarona, quinidina y verapamilo bloquean
de esta forma la secreción tubular de digoxina incrementando
de forma significativa su concentración plasmática
que puede llega a limites tóxicos.
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