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Tema8. Manejo de los factores de riesgo cardiovascular Diabetes
De todos los factores que contribuyen
a aumentar el RCV, sin duda, es la diabetes el factor que por si mismo más
riesgo aporta.
Así, el paciente diabético es considerado
de alto riesgo cardiovascular, con un manejo de parámetros de tratamiento
y vigilancia, al mismo nivel que el paciente que ya ha sufrido un evento vascular
grave. En este sentido la Guía Europea de Prevención de Riesgo Cardiovascular,
al repasar las prioridades médicas, establece en segundo lugar, junto con
todos los pacientes de alto riesgo, el manejo del paciente diabético.
En
septiembre del 2004 la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó
que el 8,7 por ciento de españoles mayores de 20 años padece diabetes,
lo que sitúa a España entre los países del mundo con mayor
prevalencia de esta enfermedad. Esta prevalencia aumenta de forma significativa
en relación a la edad: alcanza cifras entre el 10 y 15 por ciento en la
población mayor de 65 años y del 20 por ciento en los mayores de
80 años.
Del total de diabéticos, el 90 por ciento son tipo
2, siendo del tipo 1 el restante 10 por ciento.
De acuerdo con cifras estadísticas,
en los últimos 5 años el porcentaje de diabéticos en España
ha experimentado un crecimiento evidente debido al aumento de factores de riesgo
como la obesidad, el sedentarismo y la mayor expectativa de vida de la población
de mayor edad.
Por todo ello no cabe duda sobre la importancia tanto de
la prevención y diagnostico en fases tempranas, como del manejo correcto
del paciente diabético, especialmente si se asocian otros factores de riesgo
cardiovascular. Cribaje y diagnóstico precoz
Aunque
por ahora no existe ningún estudio que demuestre los beneficios de una
estrategia para el diagnóstico precoz de la diabetes tipo 2 en individuos
asintomáticos, parece evidente la necesidad de la búsqueda de nuevos
casos entre las personas de alto riesgo.
Se ha demostrado que se puede
prevenir o retrasar la progresión a la diabetes mediante la intervención
con medidas higiénico dietéticas (dieta y ejercicio) en sujetos
que presentan una intolerancia a la glucosa, y así lo ha reconocido la
reciente guía europea de prevención cardiovascular. Así las
diferentes sociedades implicadas en prevención primaria de diabetes dan
consejos de cribaje (Tabla 7).
En resumen podemos asumir como criterios
de cribado de diabetes los del siguiente listado:
1) Cada 3 años
en mayores de 45 años. 2) Anualmente, y a cualquier edad, en población
de riesgo de diabetes:
o Antecedentes familiares de DM (en 1º grado). o
Antecedentes personales de diabetes gestacional y/o fetos macrosómicos
(4 Kg de peso al nacer). o Diagnóstico previo de ITG o GBA. o Etnias
de alto riesgo. o Antecedentes personales de enfermedad cardiovascular.
-
Otros marcadores de resistencia insulínica. - Dislipemia (HDL<35
y/o TG >250). - Obesidad (IMC >27) y/o perímetro abdominal >
102(H) ó >88 (M). - HTA. - Síndrome de ovario poliquístico
o acantosis nigricans. Pruebas de cribado. - Población general y
grupos de riesgo: Glucemia basal en plasma venoso. - Gestantes: Test de O´Sullivan.
En
todos estos casos estará indicada la realización de una glucemia
basal en sangre venosa en ayunas, que nos dará el diagnóstico. Diagnóstico
Parece
haber consenso generalizado en cuanto a los criterios diagnósticos en diabetes
que podrían recogerse de la siguiente forma:
- Glucemia en ayunas
(al menos durante 8 horas) > 126 mg/dl. - Glucemia > 200 mg/dl 2 horas
después de sobrecarga oral con 75 grs. de glucosa. - Glucemia al azar
> 200 mg/en presencia de síntomas de diabetes (polidipsia, poliuria
o pérdida de peso inexplicada). Los pacientes con cifras límite
tanto en glucemia basal, como en la prueba de sobrecarga oral de glucosa han de
ser etiquetados como tales, ya que está indicada la intervención
sobre ellos, así como su seguimiento: - Glucemia basal alterada (GBA):
Paciente con niveles de glucemia basal entre 110-125 mg/dl. - Intolerancia
a la glucosa (ITG): Pacientes con niveles a las 2 horas. del TTOG (Test de Tolerancia
oral a la Glucosa) entre 140-199 mg/dl.
En ambos casos, GBA e ITG, existe
un riesgo cardiovascular aumentado. Se ha demostrado que modificaciones en el
estilo de vida (dieta, ejercicio y control del peso) reducen este riesgo y también
la proporción de estos pacientes que evolucionan a diabetes. Esto es especialmente
importante en pacientes con síndrome metabólico, que son pacientes
con riesgo cardiovascular alto. La glucemia basal alterada es un criterio de diagnóstico
de Síndrome metabólico y es en estos pacientes, en los que la modificación
en los estilos de vida, incidiendo especialmente en el control del peso y el ejercicio,
tiene mayor importancia. A su vez existen ensayos clínicos en los que se
ha demostrado que con el uso de fármacos (Metformina y Acarbosa), también
se consiguen estos beneficios, aunque en menor medida que con los cambios en el
estilo de vida.
El paciente diabético tipo 1, padece una enfermedad
endocrinológica específica cuyo manejo y atención se escapa
al objetivo de esta revisión. Sin embargo, a efectos de riesgo cardiovascular,
el paciente diabético tipo 1 adquiere los mismos niveles de riesgo que
el paciente diabético tipo 2, cuando aparece microalbuminuria. Estaría
indicado plantearse diagnóstico diferencial en diabéticos adultos
no obesos y de rápida progresión para diferenciar entre diabetes
tipo 2 o tipo1 de inicio lento en el adulto (tipo LADA), la cual debería
recibir tratamiento con insulina desde etapas precoces con el fin de preservar
la función residual pancreática. Para ello la determinación
de anticuerpos contra el ácido glutámico decarboxilasa (anti GAD)
ha demostrado ser útil en el diagnóstico de la diabetes LADA. Manejo
del paciente diabético
El manejo del paciente con diabetes incluye
dos aspectos diferenciados, aunque en la práctica el manejo es simultaneo.
Por un lado un tratamiento específico de la diabetes, y por otro al manejo
de los factores de riesgo cardiovascular, que en general en este tipo de pacientes
van a ser más ambiciosos.
Aproximadamente el 65 por ciento de los
diabéticos fallecen a consecuencia de una enfermedad CV, en parte debido
a la propia diabetes (el riesgo CV se multiplica por dos en hombres y por cuatro
en mujeres), pero también debido a su frecuente asociación con otros
FRCV como son la HTA, la dislipemia y la obesidad. Esto es debido a que todos
ellos comparten un mecanismo fisiopatológico común: resistencia
a la insulina-hiperinsulinismo, señas de identidad del llamado Síndrome
metabólico. En los últimos años recomiendan los mismos objetivos
de control y tratamiento para los pacientes diabéticos, al igual que para
aquellos que han sufrido un evento cardiovascular (prevención secundaria).
Un resumen de guías del año 2003 recoge los siguientes objetivos
especificados en la Tabla 8.
Sin embargo en la utilización de SCORE
para riesgo de evento vital recomendada por la guía europea de prevención
cardiovascular, nos obliga a objetivos más ambiciosos, tendiendo en la
actualidad a una revisión a la baja del colesterol LDL (Tabla 9).
A
pesar de todo ello, y dado lo ambicioso de los objetivos, todas la guías
de manejo coinciden en la necesidad de individualizar cada caso, estableciendo
unos objetivos iniciales realistas, así como intentar consensuarlos con
el paciente, para que este se vea implicado en la consecución de los mismos. Tratamiento
de la diabetes tipo 2 El tratamiento de la diabetes tipo 2, ha sido tradicionalmente
estructurado de forma escalonada. La necesidad de mejorar los parámetros
definidos previamente en el curso de una enfermedad crónica y en general
progresiva, nos hará ir subiendo los peldaños del tratamiento (Figura
2).
En general si los objetivos de glucemia no se alcanzan en 2-4 meses
hay que intensificar intervenciones en el estilo de vida y avanzar al siguiente
nivel terapéutico. Dieta y actividad física Las
recomendaciones de la terapia no farmacológica en diabetes han demostrado
evidencia incluso antes del diagnóstico de la enfermedad. Por otra parte
a los consejos específicos sobre dieta de diabetes, se han ido añadiendo
las recomendaciones generales para el correcto control del resto de factores de
riesgo cardiovascular. La guía europea de prevención cardiovascular
en su anexo de recomendaciones dietéticas generales, hace referencia no
solo a aspectos relacionados con ingesta calórica y consumo de hidratos
de carbono, sino también a consumo de sal, porcentaje de grasa en la dieta,
fomento de alimentos recomendados, e ingesta de alcohol. Todo ello constituye
la base de la llamada dieta mediterránea, que se vuelve a recomendar como
altamente saludable y constituye un resumen de todos los consejos en este ámbito.
Así la abundancia de frutos frescos de origen vegetal, la escasez de productos
ricos en azucares refinados, el bajo porcentaje de carnes rojas, la presencia
del aceite de oliva como fuente principal de grasa y la ingesta de queso, yoghurt,
pollo y pescado en cantidades moderadas, constituye un patrón alimenticio
considerado como ideal en la prevención de enfermedades cardiovasculares.
Con
respecto a la actividad física se recomienda realizar ejercicio de intensidad
ligera o moderada (dependiendo de la situación basal de cada persona) durante
al menos 30 minutos, y como mínimo 3 días a la semana. Terapia
farmacológica El tratamiento farmacológico de la diabetes
tipo 2 no ha ofrecido grandes novedades en los últimos años. Quizás
los aspectos más destacados de las revisiones son:
- La aparición
de un nuevo grupo de antidiabéticos orales: las tiazolidindionas. -
Las mayores evidencias sobre terapia combinada de antidiabéticos orales. -
La utilización de insulina combinada con antidiabéticos orales. Antidiabéticos
orales En la Tabla 10 se muestran todas las posibilidades actuales en nuestro
medio. Sulfonilureas Estimulan la secreción de insulina
preformada en el páncreas. En ancianos son de elección las de vida
media corta (glipicida o gliquidona). En caso de sospecharse problemas de cumplimentación.
La
glimepirida en dosis única puede ser una buena opción. Los efectos
secundarios más frecuentes de las sulfonilureas son el aumento de peso
y las hipoglucemias. Son el fármaco de elección en pacientes sin
sobrepeso.
Efectos adversos: hipoglucemia; alteraciones hematológicas:
aplasia medular, agranulocitosis, anemia hemolítica y trombocitopenia;
alteraciones cutáneas: rash, púrpura, prurito; alteraciones gastrointestinales:
náuseas, vómitos, colestasis; alteraciones tiroideas, hiponatremia
(clorpropamida), efecto antabús (clorpropamida).
Interacciones:
Potencian
su acción: sulfonamidas, sulfinpirazona, salicilatos, esteroides anabolizantes,
clofibrato, guanetidina, IMAO, fenilbutazona, metrotexato, alcohol, dicumarínicos,
alopurinol.
Inhiben su acción: tiazidas, cloranfenicol, propranolol,
diazóxido, furosemida, corticoides, contraceptivos, barbitúricos,
rifampicina.
Contraindicaciones: diabetes tipo 1, embarazo y lactancia,
insuficiencia renal, alergia a las sulfonilureas, presencia de cetosis. Biguanidas:
Metformina Inhibe la neoglucogénesis hepática. Es el fármaco
de elección en pacientes con sobrepeso u obesidad. No produce aumento de
peso. Es el único antidiabético oral que demostró una reducción
de las complicaciones macrovasculares a largo plazo. Nunca produce hipoglucemia
en monoterapia.
Efectos adversos: Alteraciones gastrointestinales (diarreas,
nauseas, vómitos), alteraciones gustativas, acidosis láctica, efecto
anorexígeno.
Contraindicaciones: Tratamiento de la DM1, insuficiencia
renal, insuficiencia hepática, insuficiencia respiratoria, embarazo- lactancia,
alcoholismo. Reguladores de la absorción de glucosa: Acarbosa
y Miglitol Actúan retardando la absorción de hidratos de
carbono a nivel intestinal. Son útiles si existe hiperglucemia postprandial
con glucemia basal no muy elevada. Nunca producen hipoglucemias en monoterapia.
Cuando se utilizan en combinación con sulfonilureas, secretagogos o insulina
pueden producirse hipoglucemias que se tratarán con glucosa oral, pero
no con sacarosa (azúcar), debido a que ésta tardará en hacer
efecto, al estar retardada su absorción. Su efecto secundario más
frecuente es la flatulencia que se produce hasta en un 30 por ciento de los casos.
Efectos
secundarios: flatulencia-meteorismo, dolor abdominal, diarreas.
Interacciones:
reducen el efecto de la acarbosa: antiácidos, resíncolestiramina.
Contraindicaciones:
tratamiento de primera elección de la DM1, pacientes con trastornos gastrointestinales,
embarazo-lactancia. Secretagogos de acción rápida: Repaglinida
y Nateglinida Producen una liberación postprandial de insulina a
través de un receptor diferente al de las sulfonilureas. Son ventajosos
para el control de hiperglucemias postprandiales y tienen menor riesgo de hipoglucemias
que las sulfonilureas. Se debe advertir a los pacientes que omitan la dosis si
se saltan una comida, debido a que producen una liberación rápida
de insulina y de corta duración por lo que podría desencadenarse
una hipoglucemia. También pueden ser útiles en pacientes con un
horario y distribución de comidas irregular. Pueden ser utilizadas en pacientes
ancianos y con insuficiencia renal leve-moderada. Sus efectos secundarios son
hipoglucemias y discreto aumento de peso. Glitazonas (Tiazolidindionas)
Este nuevo grupo de fármacos, que inicialmente en la práctica
clínica venían a retrasar el paso a la insulina de los pacientes,
utilizándolos en terapia combinada, ha venido a hacerse su propio lugar
en el tratamiento en monoterapia.
Existen dos en la actualidad: pioglitazona,
rosiglitazona (la troglitazona fue retirada por producir toxicidad hepática
grave).
Su acción se produce aumentando la captación y el
uso de glucosa en músculo y tejido graso, por lo que aumenta la sensibilidad
de la insulina. Su efectividad es inferior a la de sulfonilureas y metformina.
Su principal indicación sería como combinación en pacientes
obesos en los que fracasa la monoterapia con sulfonilureas o metformina. Al igual
que esta última no producen hipoglucemias, sin embargo producen retención
de líquidos que puede dar lugar a anemia dilucional, descompensación
insuficiencia cardiaca ó edemas. También suelen producir un discreto
aumento de peso. La rosiglitazona aumenta el colesterol total, LDL y HDL. La pioglitazona
tiene además aprobada por la FDA su uso asociada con insulina.
El
papel que juega la resistencia a la insulina en la fisiopatología del diabético
tipo 2 y también en el obeso, se demuestra cada vez más importante.
Se ha asociado a disfunción endotelial vascular, desarrollo de dislipemia
aterogénica y alteraciones en la hemostasia. Todo ello asociado a la micro
y macro angiopatía que estos pacientes van desarrollando, con todas sus
complicaciones. Este grupo de fármacos aumentan la sensibilidad a insulina
y hay estudios que demuestran la mejora en los factores de riesgo cardiovascular.
Por lo tanto se ha abogado por el uso de los mismos también en tratamientos
de primera línea, dentro de una tendencia de manejo agresivo de la diabetes
tipo 2 desde el comienzo.
Efectos adversos: Pioglitazona en combinación
con metformina: anemia, aumento de peso, cefalea, anomalías de la visión,
flatulencia, artralgia, hematuria, impotencia.
Pioglitazona en combinación
con sulfonilurea: aumento de peso, glucosuria, hipoglucemia, aumento de la dehidrogenasa
láctica, aumento del apetito, cefalea, vértigo, anomalías
de la visión, flatulencia, sudoración, proteinuria, fatiga.
Rosiglitazona
en combinación con metformina: anemia, hipoglucemia, hiperglucemia, dislipemia,
acidosis láctica, hipercolesterolemia, cefalea, vértigo, diarrea,
flatulencia, náuseas, dolor abdominal, dispepsia, astenia.
Rosiglitazona
en combinación con sulfonilurea: hipoglucemia, hiperglucemia, aumento de
peso, hipercolesterolemia, somnolencia, vértigo, dispepsia, edemas, anemia.
Contraindicaciones:
alergia a glitazonas, insuficiencia cardiaca, insuficiencia hepática. Terapia
oral combinada La terapia combinada se basa en el aprovechamiento del efecto
sinérgico de los diferentes mecanismos de acción de los fármacos.
Se han utilizado, y demostrado eficaces casi todas las combinaciones.
Las
sulfonilureas se han utilizado clásicamente en asociación con los
reguladores de la absorción de glucosa para el mejor control postprandrial.
Sin embargo la sinergia de la asociación con metformina ha demostrado alta
reducción de glucemias, siempre y cuando no existan contraindicaciones
para ninguna de las dos. Cuidado especial a pacientes diabéticos de larga
evolución que han podido desarrollar cierto grado de insuficiencia renal.
Finalmente la asociación con glitazona se ha promovido en pacientes con
resistencia a pasar a la insulinización, aunque no ha demostrado que este
retraso sea beneficioso.
La metformina igualmente admite la asociación
mencionada, también con secretagogos y en pacientes obesos estaría
indicada en asociación con glitazona a pesar de compartir mecanismos de
acción. Terapia con Insulina nocturna y agentes orales Esta
combinación se puede plantear en el tratamiento de diabetes desde los dos
lados de la terapia:
Los tratamientos con sulfonilureas o terapia combinada,
como paso previo a la insulinización definitiva, en pacientes que requerirían
3 inyecciones diarias, o ante el temor de aumentos importantes en el peso. La
terapia con insulina puede comenzarse añadiendo una dosis de insulina intermedia
(NPH) nocturna al tratamiento oral que se iniciaría con 0,1-0,2 UI/Kg/día.
Desde
el otro lado, el paciente en tratamiento con insulina puede beneficiarse de mejor
control asociando un agente oral que en general estaría indicada, la metformina
en el obeso, y los inhibidores de las a-glucosidasas, para el mejor control de
glucemias post-pandriales. Terapia con insulina El inicio de tratamiento
con insulina en diabetes tipo 2, se establece según las siguientes indicaciones:
-
Contraindicaciones para el uso de fármacos orales. - Control metabólico
deficiente (HbA1c >8 por ciento) a pesar de dosis plenas de fármacos
orales. - Pérdida de peso no explicable por dieta hipocalórica,
persistencia de síntomas cardinales o cetonuria. - Embarazo o lactancia. -
De forma transitoria en casos de descompensación hiperglucémica
aguda, enfermedad febril intercurrente, tratamiento con corticoides, cirugía
mayor, infarto agudo de miocardio o traumatismo grave.
El paso a la insulinización
plena del diabético tipo 2 es habitualmente una circunstancia vital trascendente
en la vida de estos pacientes. La resistencia psicológica de estos, a dar
este paso, lo retarda con frecuencia durante un tiempo en el que el mal control
de la enfermedad aumenta mucho el riego vascular. La mentalización de que
la diabetes en si misma, es una enfermedad silente pero devastadora tiene que
ayudarnos en la toma de decisiones.
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