Trastornos
respiratorios agudos y crónicos Control del paciente asmático por
el médico de familia
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El
asma es una "vieja" enfermedad respiratoria, descrita ya por los egipcios
hace 3.500 años, y que Hipócrates definió como "respiración
jadeante" hace 2.500 años. A pesar de este hecho, los mecanismos que
subyacen en la enfermedad se han comenzado a comprender en los últimos
años, pero todavía no se conoce cuál es la causa definitiva
que origina este problema respiratorio crónico. Lo que está claramente
demostrado es que el asma es una enfermedad compleja y nada banal.
En las
dos últimas décadas el concepto de asma, las pautas de tratamiento
y la forma de administrar los medicamentos necesarios para el control de esta
enfermedad han cambiado totalmente. Algunos de los aspectos de la fisiopatología
y de la epidemiología de la enfermedad hasta hace poco eran desconocidos,
incluso siguen apareciendo conceptos importantes, como el de remodelado de la
mucosa bronquial y su importancia en la historia natural de la enfermedad. Sí
se conoce en este momento que la inflamación es el mecanismo más
importante en la patogenia del asma, hecho demostrado en estudios histoquímicos
y en ensayos clínicos, en los que los pacientes alcanzaban la normalización
de la estructura de su epitelio bronquial con tratamiento antiinflamatorio. Este
aspecto ha supuesto un enorme avance en el control de la enfermedad y en la mejoría
de la calidad de vida de los pacientes con asma.
Pero sigue sin existir
una definición de la enfermedad que sirva para todos los casos y edades,
a pesar del esfuerzo internacional para encontrarla, reflejado en la abundante
literatura que sobre el asma aparece cada día y en las revisiones periódicas
de documentos internacionales extensamente difundidos y aceptados, y también
esfuerzos nacionales, como la reciente Guía Española para el Manejo
del Asma (GEMA).
Su trascendencia sanitaria es enorme cuando se conocen
los datos epidemiológicos del asma. La prevalencia de la enfermedad se
ha duplicado en las dos últimas décadas, ocasiona una muy importante
morbilidad en un gran número de individuos (entre 100 y 150 millones de
personas según datos de la OMS, además de representar la enfermedad
crónica más frecuente en la infancia), y es responsable de gastos
sanitarios y pérdidas económicas enormes. Es necesario recordar
en este punto que la mortalidad por asma es prevenible en el mayor número
de los casos. Por todo ello, el asma se considera un problema real de salud pública
en muchos países, y existe un gran empeño en conocer las causas
de este incremento y de las importantes variaciones geográficas en su prevalencia.
Además de la evidente carga genética, la interacción entre
factores de susceptibilidad y ambientales podrían explicar el origen de
la enfermedad. Entre las causas ambientales, parecen ser claves aquellas que intervienen
en la maduración del sistema inmunitario y del patrón de células
Th. En esta línea de investigación se han puesto en marcha estudios
prospectivos que realizan un seguimiento a niños desde su nacimiento hasta
la edad en que el fenotipo asma es claramente identificable, y que podrán
dar respuesta a alguna de estas cuestiones.
A pesar de los interrogantes
existentes, un gran paso adelante ha sido el conocimiento sobre la patogenia del
asma, hasta el punto que ha supuesto la modificación del concepto de la
enfermedad. De forma unánime se destaca la inflamación como el fenómeno
primordial en el asma, y de ella se derivan la obstrucción y la hiperrespuesta
bronquial, así como los síntomas que refiere el paciente. Se ha
observado vasodilatación, hiperplasia e hipertrofia del músculo
liso bronquial, engrosamiento de la membrana basal, hiperplasia glandular, descamación
epitelial, edema de la mucosa, tapones de moco en la luz bronquial y abundante
infiltración celular, con especial relevancia del eosinófilo. Estos
cambios inflamatorios son los que provocan un estrechamiento bronquial, con la
consiguiente obstrucción al paso del aire característica de la enfermedad.
Este paso ha sido trascendental tanto para la búsqueda de una prueba diagnóstica
capaz de objetivar esta inflamación, como para realizar un abordaje farmacológico
distinto de la enfermedad, con el tratamiento antiinflamatorio como piedra angular.
Y avanzando en el conocimiento del tratamiento farmacológico del
asma, asistimos a nuevas evidencias respecto a la utilización de los corticoides
inhalados y su techo terapéutico, a la eficacia de los antileucotrienos
como controladores de la inflamación bronquial mediada por la vía
de los cisteinil-leucotrienos, o al mayor efecto terapéutico al asociar
un corticoide inhalado a un broncodilatador de larga duración frente a
doblar dosis de corticoides inhalados, como se venía recomendando.
A
pesar de todos los avances comentados, resulta que el control real del asma en
los últimos trabajos realizados en diferentes países del mundo es
francamente pobre. Podría ser consecuencia de olvidar, o no dar la importancia
que merece, a dos de los pilares que, además del tratamiento farmacológico,
los consensos sobre el asma recomiendan tener en cuenta como base del abordaje
terapéutico: la educación sanitaria del paciente y las normas de
evitación de desencadenantes. En ambos aspectos, los profesionales que
trabajamos en Atención Primaria tenemos mucho que decir, y también
que hacer. El asma es una enfermedad compleja, y las diferentes revisiones sistemáticas
realizadas sobre estrategias educativas en asma también lo confirman. En
el paciente con asma informar sólo no supone educar, es necesario cambiar
las creencias y las actitudes, conocer sus dudas y preocupaciones. Parece claro
que los efectos de la educación disminuyen con el paso del tiempo, y que
no todas las estrategias sirven. Los planes de acción escritos son eficaces,
pero siempre que exista una revisión médica regular, algo que, en
nuestra estructura sanitaria, tenemos la obligación de realizar desde Atención
Primaria.
En definitiva, el asma es una enfermedad que en el momento actual
no se controla adecuadamente a pesar de los importantes avances en el conocimiento
fisiopatológico y en el tratamiento farmacológico de la misma. Algo
hay que cambiar o mejorar en el abordaje del paciente con asma, y quizá
Atención Primaria puede tener alguna de las claves para una más
adecuada asistencia integral al paciente con este problema de salud.
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