Aspectos
de interés en las demencias
Nuevas herramientas en el diagnóstico
del deterioro cognitivo en Atención Primaria
LA
PROBLEMÁTICA DEL INFRADIAGNÓSTICO DEL DETERIORO COGNITIVO EN LA
AP
No obstante, un punto destaca sobremanera al hablar
del diagnóstico del deterioro cognitivo, en general, y de las demencias,
en particular. Nos referimos al problema del infradiagnóstico, situación
ésta que compete de forma muy directa a los profesionales que trabajan
en AP. Las tasas de detección de demencia son tan bajas como del 30 por
ciento en personas mayores de 70 años que viven en la comunidad, según
estudios recientes realizados en nuestro país. No sólo eso, los
casos detectados habitualmente lo son con un retraso de 5 años desde la
aparición de los síntomas. En este contexto tan desfavorable parecen
intervenir distintos factores que pueden agruparse en: factores dependientes del
paciente, factores dependientes del contexto socio-familiar, factores dependientes
del propio diagnóstico y en factores dependientes del sistema sanitario.
Factores
dependientes del paciente
El deterioro cognitivo,
y, en especial, la demencia confiere a la persona que lo padece una de las vivencias
más crueles que los seres humanos podemos experimentar a lo largo de nuestra
vida: la pérdida de facultades hasta dejar de ser lo que uno era. Es por
ello que en la fase inicial del proceso, en la que existe conciencia de las pérdidas,
aparece con bastante frecuencia un síndrome depresivo que, por otro lado,
complica el diagnóstico diferencial y la selección terapéutica.
Además, en el caso de la demencia, el paciente afecto suele tener cierto
grado de condescendencia con lo que le está ocurriendo, mayor a medida
que avanza el proceso. Todo ello, junto a los problemas de memoria, decremento
progresivo en la conciencia de enfermedad y capacidad de introspección
de los pacientes con demencia, hace que sea muy raro que el propio paciente acuda
a los servicios sanitarios demandando ayuda. Suelen ser los familiares y allegados
los que se ponen en contacto con nosotros para presentarnos las quejas relativas
al declive cognitivo de su conocido.
Factores
dependientes del contexto socio-familiar
Tradicionalmente
existen enfermedades que conllevan una injusta etiqueta de marginalidad social.
La demencia no permanece ajena a ello, y circunstancias tales como el miedo al
deterioro de las relaciones familiares o sociales, o a las consecuencias legales
derivadas del proceso (inhabilitación legal del paciente, prohibición
de conducción, etc.) hace que, en ocasiones, los familiares tarden mucho
tiempo en contactar con los servicios sanitarios. Otro problema no resuelto es
el que los familiares atribuyan los déficits al proceso normal de envejecer,
lo que ocurre con más frecuencia en personas muy mayores y con niveles
culturales pobres. Esto retrasa en gran manera la prontitud en la asistencia.
Factores
dependientes del propio diagnóstico
El diagnóstico
del deterioro cognitivo, al igual que el del síndrome demencia, es clínico,
no existiendo un marcador biológico o de otro tipo que lo facilite como
ocurre con otras enfermedades. Además, el límite entre lo que podemos
considerar envejecimiento normal y patológico es muchas veces sutil y forma
una interfase difícil de interpretar. Será la desadaptación
para la vida diaria que produce el deterioro cognitivo, es decir, la limitación
de la autosuficiencia, lo que va a marcar esta diferencia. Cada individuo en función
de las exigencias sociolaborales de su entorno pondrá de manifiesto con
mayor celeridad este desequilibrio patológico. Todo ello hace que la evaluación
clínica adquiera una relevancia especial para el establecimiento de un
diagnóstico correcto.
Factores
dependientes del sistema sanitario
Nuestros
mayores utilizan regularmente los servicios sanitarios, particularmente la AP,
con una tendencia creciente y hasta un 60 por ciento más que el resto de
grupos etarios. Luego, no es lícito atribuir el déficit diagnóstico
del DC exclusivamente a las características de la enfermedad o al marco
socio-familiar. Algo ocurre en nuestros centros de salud que está dificultando
el proceso. Podríamos analizarlo desde la perspectiva de los propios profesionales
y desde las estructuras organizativas.
Los profesionales de AP largamente
han carecido de una formación específica acerca de aspectos relacionados
con el deterioro cognitivo y demencia. La actitud de alerta ante los síntomas
de sospecha o el manejo de determinados instrumentos psicométricos son
actividades que se han ido incorporando lentamente desde hace pocos años
a nuestra práctica diaria. Así, durante mucho tiempo ha prevalecido
una nebulosa de indefinición acerca del conocimiento y el manejo de este
tipo de problemas, lo que ha redundado en un sentimiento de que "poco podemos
hacer". Más aún, al igual que pasa con determinados núcleos
familiares, algunos profesionales todavía creen que los síntomas
ligados al deterioro de las funciones cerebrales son propios del proceso normal
de envejecimiento, cerrando todas las puertas a una adecuada evaluación.
Si a eso añadimos que los instrumentos diagnósticos al uso carecen
de una buena rentabilidad diagnóstica para la detección de los casos
leves de DC (aspecto éste que repasaremos posteriormente), se explica que
todo ello contribuya al infradiagnóstico.
Por otro lado, hay elementos
organizativos clave que, aun siendo consustanciales a la realidad actual del primer
nivel asistencial, no dejan de ser esenciales para la perpetuación de éste
y otros problemas. Así, los excesivos cupos de población adscrita
junto con la falta de una adecuada disponibilidad de tiempo asistencial para cada
paciente, más aun, si hablamos de personas mayores en las que, además,
sospechamos un déficit intelectual suponen un obstáculo de primer
orden para garantizar una correcta evaluación diagnóstica (entrevista
clínica de orientación diagnóstica).
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