TRAUMATOLOGÍA PARA EL MÉDICO DE FAMILIA
CAPÍTULO1-
Abordaje terapéutico mediante infiltraciones: hombro
y codo
Introducción
La técnica de la infiltración
consiste muy esquemáticamente en la inyección
local intra o periarticular de un fármaco: un glucocorticoide,
anestésico local o ambos, con el fin de romper el
círculo dolor-inmovilidad y perdida funcional.
Es un tratamiento sintomático que por si mismo y
complementándose con otras herramientas terapéuticas
como la cinesiterapia, fisioterapia y ortésis intenta
recuperar la funcionalidad de la unidad articular afectada
en el menor tiempo posible.
Las primeras series de infiltraciones publicadas se realizaron
con hidrocortisona, pasando posteriormente a realizarse
con nuevos glucocorticoides de síntesis que son menos
solubles y mantienen un efecto local más prolongado.
La infiltración del glucocorticoide a nivel intraarticular
conlleva una elevada y prolongada concentración del
fármaco a nivel de la sinovial y en el líquido
articular con un alto efecto antiinflamatorio local y escasos
efectos sistémicos no deseados.
El efecto producido va a depender fundamentalmente: del
glucocorticoide utilizado, de su potencia anitinflamatoria,
de sus características farmacocinéticas y
de la dosis utilizada (Tabla
1).
Generalmente al infiltrar se asocia un anestésico
local, aunque no de forma imprescindible, dado que el efecto
deseado lo produce el glucocorticoide.
Los anestésicos locales más utilizados varían
fundamentalmente en su liposolubilidad, potencia, duración
de acción y toxicidad. Los de uso más frecuente
son mepivacaina, lidocaina, bupicaina y procaína.
Si se asocia a un vasoconstrictor se prolonga la duración
de su efecto pero también se favorece la posible
aparición de efectos secundarios tanto locales como
sistémicos (Tabla
2).
Material necesario para realizar Infiltraciones
y artrocentesis
A continuación se detalla el material
básico necesario para realizar infiltraciones en
una consulta de Atención Primaria y con el que hay
que familiarizarse dada su sencillez y disponibilidad.
Se debe seguir siempre la misma sistemática en su
preparación previa a la infiltración, para
ser lo más autónomo posible, no depender de
nadie, no interrumpir la ejecución de la infiltración
por olvidos y para asegurar la asepsia del material y su
correcta utilización hasta finalizar la infiltración.
Básicamente se necesitarían:
• Guantes de látex.
– Guantes estériles.
– Guantes no estériles.
• Paños estériles.
• Jeringas estériles desechables (2 ml, 5 ml,
10 ml, 20 ml).
• Agujas estériles desechables.
– Aguja subcutánea (naranja) (0,5 x 16 mm).
– Aguja intramuscular verde (0,8 x 40 mm).
– Aguja intravascular azul (0,6 x 25 mm).
– Trocar espinal (0,7 x 90 mm).
• Gasas estériles 10 x 10 cm, compresas estériles,
apósitos adhesivos.
• Material desinfectante.
– Povidona yodada (Betadine solución dérmica).
– Alcohol de 70º.
• Anestésicos locales.
– Mepivacaina al 1-2 por ciento. 2 ml sin vasoconstrictor.
– Bupicaina 0,25 por ciento 10 ml sin vasoconstrictor.
• Glucocorticoides.
– Parametasona.
– Acetónido de triancinolona.
– Acetato de Metilprednisolona.
– Betametasona.
También es importante disponer de una buena iluminación
y si es posible de una fuente de luz dirigible.
La Infiltración local es una técnica accesible,
sencilla, eficaz y bastante segura realizándola con
la sistemática y prudencia adecuada. No obstante,
es preciso un correcto y progresivo aprendizaje de la técnica
para conseguir un manejo adecuado y obtener unos resultados
clínicos satisfactorios.
Indicaciones
• En general son susceptibles de infiltrar
aquellas estructuras articulares y periarticulares que sean
accesibles técnicamente, y para las que se esté
suficientemente entrenado (Tabla
3).
• Entre los cuadros clínicos, destacamos por
su frecuencia: tendinitis, bursitis, periartritis, artrosis,
esguinces ligamentosos, gangliones, dedo en resorte, síndromes
de atrapamiento nervioso, neurinomas, etc.
• En algunas ocasiones la infiltración se utiliza
como prueba diagnóstica, en cuyo caso sólo
se inyecta anestésico local. La utilización
de anestésicos locales asociados al corticoide en
la infiltración puede tener utilidad a parte de para
disminuir el dolor post-infiltración mientras permanece
su efecto, para realizar una predicción aproximada
de la efectividad a medio-largo plazo del corticoide (si
el anestésico mejora el dolor probablemente la infiltración
al menos mientras dure el efecto del fármaco activo
–corticoide– va a ser efectiva).
Contraindicaciones
De forma muy resumida podemos distinguir:
Relativas
• Coagulopatías. Tratamiento
anticoagulante activo.
• Osteoporosis yuxtaarticular severa.
• Articulaciones inestables.
• Articulaciones de carga sin que el médico
que infiltra tenga suficiente experiencia en la técnica.
Absolutas
• Alergia o hipersensibilidad a alguno
de los componentes.
• Sospecha de artritis infecciosa. La más importante
por las graves consecuencias si no se realiza un diagnóstico
precoz.
• Infección periarticular o celulitis activa
próxima al punto de entrada.
• Inestabilidad articular.
• Artritis séptica diagnosticada.
• Fractura intraarticular.
• Diagnóstico impreciso.
• Falta de respuesta a infiltraciones previas: Revisar
el diagnóstico.
Complicaciones
• Infección intraarticular:
es la complicación más temida de todas. Ocurre
según diferentes series entre el 0,001 por ciento
de Gray et al y el 0,072 por ciento de Hollander (18 casos
en 250.000 infiltraciones). Se puede prevenir siguiendo
un estricta sistemática en la preparación
y manejo del material preservando su esterilidad y la del
campo a infiltrar (como en toda técnica quirúrgica:
sutura, punción, cirugía cutanea, etc.).
• Dolor local: es recomendable informar al paciente
de que la mejoría inicial tras la infiltración
es pasajera y que aún persistirá el dolor
48-72 horas después de la infiltración.
• Sinovitis reactiva por deposito de microcristales
del glucocorticoide en relación con el tipo de glucocorticode,
solubilidad, dosis y vía de administración.
Se presenta entre el 1-10 por ciento de las infiltraciones,
Se disminuye su incidencia si se realiza reposo articular
las 24-48 hora posteriores a la infiltración. Cuando
aparece hay que hacer el diagnóstico diferencial
con otros tipos de artritis de aparición aguda.
• Lesión de vasos o nervios: Siempre debemos
aspirar antes de infiltrar para cerciorarnos que no estamos
dentro de un vaso sanguíneo especialmente si utilizamos
anestésico con vasoconstrictor.
• Rotura tendinosa, siendo difícil discriminar
si se produjo por una alteración degenerativa o inflamatoria
persistente, por un traumatismo o sobrecarga de un tendón
dañado y el papel de la infiltración en dicho
desenlace. Como medida de precaución se aconseja
evitar infiltraciones directas intratendinosas especialmente
a nivel de tendón del bíceps y tendón
de Aquiles agotando otras medidas terapéuticas antes,
especialmente en deportistas habituales.
• Hipopigmentación o acromia y atrofia de tejido
graso subcutáneo como efecto del glucocorticoide
entre el punto de entrada proximal el trayecto y el punto
objetivo de la infiltración, sin relevancia clínica
y poco frecuentes aunque se debe advertir de su posibilidad.
La atrofia del tejido graso se relaciona directamente con
el número de infiltraciones y la dosis de corticoide
administrada.
• Hematoma postinfiltración. cuando se trabaja
en planos superficiales como en la epicondilitis epitrocleitis,
etc., son autolimitados y sin trascendencia clínica.
• Síncope vaso-vagal como reacción al
estimulo nociceptivo en personas más sensibles a
presentar bradicardias vasovagales autolimitadas y sin complicaciones.
Se recomienda realizar la infiltración con el paciente
sentado o tumbado.
• Reacción nitroide: similar a la causada por
las sales de oro: cefalea, y rubefacción facial y
de torso, diaforesis, apareciendo a los pocos minutos de
la infiltración.
Recomendaciones generales para realizar
una infiltración
1. Informar al paciente sobre la naturaleza
de la técnica, posibles riesgos y complicaciones,
así como el beneficio que puede esperar. Se debe
utilizar el documento de consentimiento informado.
2. Una vez preparado el campo estéril no realizar
exploraciones innecesarias que rompan dicha asepsia.
3. Nunca debe tocarse la aguja para evitar el riesgo de
infección.
4. Elegir la vía de acceso, más adecuada,
adaptándola a la anatomía y patología
de cada paciente.
5. No infiltrar contrarresistencia ni realizar manipulaciones
bruscas o imprevistas. No movilizar innecesariamente la
aguja. Si tenemos que infiltrar “en abanico”
retirar la aguja al menos un 60 por ciento de su longitud
antes de cambiar la dirección de la misma.
6. Aspirar antes de proceder a la inyección inicialmente
y en cualquier cambio de posición de la aguja para
estar seguros de no estar dentro de un vaso, especialmente
si se utiliza anestésico con vasoconstrictor.
7. Mantener reposo al menos 48 horas después de la
infiltración y pautar un analgésico para aliviar
el dolor.
8. Se aconseja no realizar más de 2-3 infiltraciones
sin revisar el diagnóstico y el resultado clínico.
Entre una y otra infiltración esperar entre 2-4 semanas.
Genéricamente se desaconseja realizar más
de 4 infiltraciones en un año en la misma localización,
individualizando cada caso.
9. Reevaluar al paciente entre 2-7 días según
la evolución clínica.
Técnica
Una vez realizada una minuciosa exploración
funcional del grupo articular afecto, se deberá colocar
al paciente en la posición correcta, que dependerá
de la estructura que vayamos a infiltrar y que mantendrá
hasta que se acabe la infiltración.
Posteriormente se procederá a localizar el punto
de abordaje o de infiltración, el cual marcaremos,
bien con un rotulador quirúrgico o haciendo presión
con un instrumento de punta roma (p.e. bolígrafo
con punta retractil).
Una vez marcado este punto procederemos a esterilizar la
zona, en la misma forma que lo hacemos para cualquier técnica
de cirugía menor. Se prepara una jeringa estéril
precargada y se infiltra de forma precisa y con seguridad,
con escasa resistencia y manteniendo en todo momento las
medidas de asepsia adecuadas.
En ocasiones, dependiendo del tipo de patología,
tenemos que realizar una infiltración “en abanico”,
es decir, mediante sucesivas angulaciones de la aguja cambiando
de dirección antes de extraerla, evitando lesionar
estructuras contiguas.
Finalmente se realiza una presión y masaje local
en el punto de infiltración para mejorar la difusión
del fármaco administrado, evitar fugas del corticoide
y el sangrado local, colocándose por último
un apósito estéril.
A continuación de forma resumida se describen las
entidades clínicas más prevalentes en el ámbito
de Atención primaria y que pueden ser abordadas por
el Medico de Familia entrenado en esta técnica.
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