TRAUMATOLOGÍA PARA EL MÉDICO DE FAMILIA
CAPÍTULO2-
Abordaje terapéutico mediante infiltraciones:
muñeca-mano, cadera, rodilla y pie
RODILLA DOLOROSA
Introducción
y bases anatómico-funcionales
La rodilla constituye la articulación
más grande del cuerpo humano, es una trocleartrosis
formada por multitud de estructuras y comprende a su vez
dos articulaciones: la articulación fémoro-patelar
por un lado, y la articulación fémoro-tibial
por otro, que ayudan en diferente medida tanto a la movilidad
de la rodilla como al soporte de fuerzas de carga, que hacen
de la rodilla una de las articulaciones más “maltratadas”
del cuerpo humano.
Motivo de consulta
Paciente de 57 años que consulta por
imposibilidad para la bipedestación y la marcha,
sin antecedente de traumatismo previo. Presenta aumento
del perímetro de la rodilla con limitación
de la flexo extensión y cojera.
Exploración física de la rodilla
Se trata quizás de uno de los aspectos
cada vez más en desuso con el auge de las nuevas
tecnologías diagnósticas, sobre todo la RMN,
pero no por ello menos importante en el quehacer del médico
de familia. Un detalle muy importante es que debe realizarse
en ambas rodillas y siempre en bipedestación y en
decúbito.
Al igual que sucede con otras articulaciones, debemos seguir
una sistemática que incluye la inspección,
la palpación y la exploración de la movilidad,
pasiva, activa y contrarresistencia.
Inspección
Haremos una inspección ocular y los
aspectos a valorar serán las asimetrías entre
ambas rodillas, la existencia de lesiones dérmicas,
las atrofias musculares, los defectos en la marcha y las
alteraciones axiales.
Dentro de las alteraciones de los ejes podemos destacar
cuatro supuestos.
1. Genu valgo o rodillas en X.
2. Genu varo o rodillas en O.
3. Genu recurvatum.
4. Flexión fija de las rodillas.
Palpación
Seguimos un orden establecido: comenzamos
palpando en la cara anterior de la rodilla todo el reborde
de la rótula y la tuberosidad anterior de la tibia,
buscando posibles puntos dolorosos.
Después palpamos la cara posterior de la rodilla
(con ésta en flexión de 60º) o hueco
poplíteo, buscando, por un lado, la existencia de
tumefacciones localizadas y, por otro, el pulso poplíteo.
Por último, palpamos las caras laterales localizando
la interlínea articular tanto interna como externa
y los puntos de anclaje de los ligamentos laterales. Podemos
palpar el ligamento lateral externo en todo su trayecto
si colocamos la rodilla en abducción forzada y flexión
de la misma, forzando el varo de rodilla (Prueba del 4 de
Moragas). Asímismo, palpamos la zona de inserción
del tendón de la pata de ganso situado en la cara
súperointerna de la pierna.
Al mismo tiempo, valoramos con el dorso de la mano, la existencia
de cambios de temperatura.
Exploración
de la movilidad
Antes de comenzar con la exploración
“funcional” de la rodilla, debemos conocer los
arcos de movimiento máximos:
1. Flexión: 130º.
2. Extensión: 0º-15º.
3. Rotación externa e interna: 10º.
Debemos realizar una exploración de la movilidad
de la rodilla tanto pasiva, como activa y resistida. La
movilidad de la articulación de la rodilla comprende,
fundamentalmente, los movimientos de flexión (que
se acompaña de un movimiento de rotación interna
de la tibia), de extensión (que se asocia a un movimiento
de rotación externa de la tibia) y movimientos de
rotación, tanto interna como externa y de lateralización.
En estos últimos, la rodilla debe estar obligatoriamente
en semiflexión.
Manejo terapéutico
En la rodilla podemos aplicar las infiltraciones
a diferentes patologías, las distintas tendinopatías,
las infiltraciones de las diferentes bursitis según
su situación anatómica, la infiltración
de distintos puntos óseos dolorosos, la infiltración
intrarticular con sus distintas variantes técnicas…
Sin embargo, vamos a destacar la infiltración de
tres patologías dada su relevancia y su alta prevalencia
en las consultas de Atención Primaria: el derrame
articular con la infiltración intraarticular, la
infiltración de la tendinitis de la pata de ganso
y la infiltración de la bursitis prerrotuliana (Tabla
4).
Derrame articular. Infiltración intrarticular.
Artrocentesis
En la exploración física es
positiva la maniobra del choque o peloteo rotuliano, importante
para descartar la presencia de derrame articular. Consiste
en colocar una mano encima del tendón cuadriccipital,
presionando, y con la otra presionamos la rótula.
Si existe un derrame articular la rótula se “hunde”
como consecuencia de la presión, existe una limitación
de la flexo-extensión de la rodilla y el dolor y
la tensión articular se hacen más evidentes
con la contracción del cuadriceps.
Siempre comenzaremos la exploración de la rodilla
por esta maniobra, pues si existe un derrame articular el
resto de la exploración se ve dificultada por la
presencia de líquido intraarticular.
La artrocentesis e infiltración, hasta hace relativamente
poco tiempo, ha sido tremendamente discutida en cuanto a
su práctica habitual. Tras la última revisión
sistemática realizada por Bellamy N et al. en 2007
para la Cochrane, se detemina que las infiltraciones con
glucocorticoides intraarticulares en el tratamiento de la
gonartrosis son eficaces, aunque no se puede mantener este
efecto a largo plazo (no más de cuatro semanas) y
presentan un perfil de seguridad más que aceptable
en contraposición con la creencia clásica.
Ambas técnicas tienen un doble objetivo, por un lado
diagnóstico, mediante la observación macroscópica
del líquido articular, y por otro, terapéutico
mediante el alivio de la tensión a que está
expuesta una articulación ocupada y posterior efecto
analgésico del glucocorticoide inyectado.
Técnica de Infiltración
Existen diferentes vías de abordaje para realizar
la infiltración de rodilla, pero siempre debe ir
precedida de una artrocentesis evacuadora.
Una de las vías de abordaje más utilizada
es la vía lateral infrarrotuliana que puede realizarse
tanto por la cara lateral como por la cara medial. El paciente
está en decúbito supino con la rodilla en
extensión completa. El lugar de inyección
se encuentra en el punto de intersección del tercio
superior con los dos tercios inferiores de la rótula,
introduciendo la aguja entre la rótula y los cóndilos
femorales para lo que precisamos dirigir la aguja oblicuamente
(45º sobre el eje del miembro inferior y ligeramente
descendente, a posterior, sobre el plano horizontal)
(Foto 7).
Precisamos agujas 40/8 (verdes) y jeringas de 10 cc para
la artrocentesis y de 2 cc para la infiltración con
glucocorticoide depot.
Tras la evacuación del derrame articular, si existe,
procedemos a la infiltración de la rodilla, utilizando
la misma aguja que permanece en el interior de la articulación,
con 2 cc de corticoide depot que tendremos cargado previamente
en una jeringa de 2 cc.
Posteriormente, colocaremos un vendaje compresivo durante
24-48 horas.
Tendinitis de la pata
de ganso. Infiltración
La pata de ganso es la inserción distal
conjunta de tres tendones: semitendinoso, sartorio y recto
interno, que intervienen en la flexión y la rotación
interna de la rodilla. Su inserción es en la metáfisis
tibial, justo por delante de la inserción distal
del ligamento lateral interno.
Suele ser una lesión que aparece en deportistas jóvenes
y en mujeres obesas, con gonartrosis y postmenopáusicas
(el genu valgo marcado predispone a padecerla). El paciente
refiere dolor sobre todo al subir escaleras y con determinados
deportes que requieren flexión y extensión
repetida de la rodilla como ocurre con el tenis o el esquí.
En la exploración física encontraremos signos
inflamatorios (dolor, eritema, tumefacción, discreto
aumento de temperatura…) en una zona localizada perpendicularmente
a la tuberosidad anterior de la tibia, 2-3 cm por debajo
de la misma, en la cara interna de la pierna. El dolor será
más evidente si realizamos una flexión resistida
de la rodilla (Foto 8).
Bursitis prerrotuliana
Conocida tradicionalmente como “rodilla
de las beatas” o “mal de las fregonas”
consiste en una tumefacción localizada como su propio
nombre indica en la cara anterior rotuliana. Se produce
por microtraumatismos repetitivos sobre esa zona como ocurre
en determinadas profesiones: soladores, fontaneros, mecánicos...
En la exploración física observamos la tumefacción
descrita fluctuante y circunscrita a los límites
de la rótula, que no se modifica con la contracción
del cuadriceps, lo que la diferencia del derrame articular
y, en ocasiones, se acompaña de signos inflamatorios
como eritema, aumento de temperatura…
Técnica de Infiltración
El paciente se coloca en decúbito supino con la rodilla
en extensión. Para realizar la infiltración
precisamos en primer lugar extraer el líquido que
existe en la bursa (no es infrecuente encontrar un líquido
hemático o serohemático) para lo que utilizaremos
aguja 40/8 (verde) cuidando no introducirla completamente
y atravesar la bursa, con el consiguiente riesgo de punción
accidental, y jeringas de 10 cc. Se puede realizar tanto
por la cara interna como por la cara externa, perpendicular
al eje del miembro y paralelo al plano de la piel (entre
piel y rótula) (Foto
9).
Una vez extraído todo el líquido acumulado
y sin retirar la aguja realizamos la infiltración
con 2 cc de glucocorticoide depot. Tanto la evacuación
del líquido contenido en la bolsa prerrotuliana como
la infiltración se hará “en abanico”,
intentando romper los tabiques que pudieran existir.
Tras la infiltración realizaremos un vendaje compresivo
que será evaluado posteriormente a las 24-48 horas.
A menudo, comprobamos que se trata de una bursitis infecciosa,
en cuyo caso no procederemos a la infiltración, sino
al drenaje y tratamiento antibiótico adecuado.
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