PROBLEMAS METABÓLICOS Y ENDOCRINOLÓGICOS
CAPÍTULO1- Recomendar una dieta saludable

Introducción

El ser humano necesita alimentarse para vivir. Partiendo de ésta máxima, en el momento actual es incuestionable el papel que juega la alimentación en la balanza salud-enfermedad, un binomio inestable y dinámico en donde los alimentos juega un papel crucial bien por exceso (países desarrollados o en vías de desarrollo) o por defecto (casi el 30 por ciento de la población mundial sufren de una o más múltiples formas de malnutrición) o por desequilibrio en sus nutrientes. Ya hace más de cinco siglos Miguel de Cervantes ponía en boca de D. Quijote como consejo a Sancho Panza “…la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago…”. El libro más emblemático de nuestra literatura clásica resaltaba por aquel entonces el pensamiento del hombre sobre los alimentos.

A pesar de que esto no es un pensamiento de los tiempos modernos, pues Hipócrates ya relacionaba nutrición y salud cuando daba recomendaciones sobre dieta, es a partir del siglo XVIII, a través de múltiples observaciones, cuando empieza a construirse la ciencia de la nutrición, estudios científicos sobre energía y proteínas (año 1750), descubrimiento de las vitaminas (año 1912), problema insospechado en la alimentación de los soldados en la primera guerra mundial por deficiencia de tiamina, Justus von Liebig (1803-1873) inicia el estudio de la composición química de los alimentos y sus funciones, aparece la primera dietista americana (1877), descubrimiento de nuevas vitaminas, apareciendo el concepto de prevención de enfermedades carenciales con recomendaciones de alimentos con vitaminas (1930).

Después de la segunda guerra mundial se crea organismos internacionales como la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas (FAO), con el objetivo de dar respuesta a países que por aquel entonces padecían de una falta de alimentación, y es en la segunda mitad del siglo XX cuando hay un acelerado desarrollo de organizaciones, asociaciones e implicación de las instituciones gubernamentales en torno a la alimentación, nutrición y seguridad alimentaria.

Pero tan solo en éstas últimas dos décadas, es cuando aparecen investigaciones que intentan cuantificar que parte de responsabilidad puede tener la alimentación en la conservación o pérdida de la salud. De esta forma hace 10 años se realiza por primera vez en Europa unas estimaciones hechas en Suecia, que permiten cuantificar la magnitud de la enfermedad atribuible a la nutrición, concluyendo que un 9,7 por ciento de la enfermedad era atribuible a una nutrición inadecuada, exceso de peso e inactividad física, siendo los factores relacionados con la dieta responsables directos del 8,3 por ciento y la actividad física del 1,4 por ciento. En la línea de estas estimaciones hay bastantes estudios ecológicos que han relacionado los patrones alimentarios de cada área geográfica con la diferencias entre países en cuanto a la incidencia y mortalidad de determinadas enfermedades crónicas no transmisibles (eventos cardiovasculares, diabetes y cáncer). En el estudio "Global Burden of Disease", se identificó y cuantificó el número de años perdidos debidos a muerte prematura y el número de años de discapacidad atribuibles a los principales determinantes de la enfermedad. Así se estimó que en el año 2000, el 4,4 por ciento de la “carga” global de enfermedad en Europa podría ser atribuido al bajo consumo de frutas y verduras y el 7,8 por ciento al sobrepeso y la obesidad.

En relación con las causas de muerte por enfermedades cardiovasculares, se ha estimado que una tercera parte pudiera estar relacionada con dietas no adecuadas y en el mismo sentido se estimó que el 35 por ciento de las muertes por cáncer en EE.UU. eran atribuibles a la dieta y en países en desarrollo alrededor del 20 por ciento.

En general las estimaciones sobre los factores que están implicados en enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) (obesidad diabetes, enfermedad cardiovascular, cáncer, osteoporosis, enfermedad dental…), responsabilizan casi en una tercera parte a la alimentación (Tabla 1).

Por lo tanto si la salud del individuo en gran parte depende de su estado nutritivo, es obvio que si queremos mejorar éste, sólo podemos hacerlo mejorando nuestros hábitos alimenticios. Así pues la alimentación es considerada un importante factor para la promoción y mantenimiento de la salud. Además, su papel como determinante de ECNT, hace situarla en una posición clave en las actividades dirigidas a la prevención de éstas. Recordemos que en un informe de la OMS, globalmente se ha estimado un incremento de un 46 por ciento a un 57 por ciento las ECNT para el año 2020, lo que hace acrecentar la carga de discapacidad y mortalidad y consecuentemente la obligación de acrecentar las medidas de prevención.







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