PROBLEMAS METABÓLICOS Y ENDOCRINOLÓGICOS
CAPÍTULO1-
Recomendar una dieta saludable
EVIDENCIA CIENTÍFICA
DE UNA ALIMENTACIÓN SALUDABLE
La investigación en alimentación
y nutrición tiene muchos campos abiertos, desde patrones
de alimentación poblacionales, hábitos en
la alimentación, estudios de composición y
estado nutricional,seguridad alimentaría, nuevos
productos alimentarios, etc..., nosotros vamos a examinar
la relación entre alimentación y riesgos de
enfermedades bajo el punto de vista de la evidencia.
En los últimos años, se han publicado numerosas
investigaciones epidemiológicas que buscan una asociación
entre enfermedades crónicas no transmisibles y diversos
componentes de la dieta (Tabla 11). A pesar de ello la evidencia
científica alcanzada en este campo es para relativamente
pocos alimentos, no cabe duda que esto es por el grado de
dificultad que tiene la alimentación para este tipo
de estudios fundamentalmente observacionales que en su mayor
parte presentan limitaciones relacionadas con los métodos
de recogida de información, sesgos, falta de poder
estadístico y/o homogeneidad de hábitos alimentarios
de los individuos participantes en los estudios. A esto
se añade que la relación entre alimentación
y salud es un proceso donde intervienen otro tipo de factores
(metabólicos, hormonales y genéticos) que
aumenta el grado de complejidad.
Teniendo en cuenta estas dificultades y sirviendo de sustento
la evidencia científica en nuestra práctica
clínica, se ha realizado una revisión utilizando
el fondo bibliográfico donde hayan utilizado un grado
de evidencia y en su caso también un grado de recomendación.
Una de las primeras revisiones que se realizaron fue la
de la U.S. Preventive Services Task Force en 1995 (Tabla
12) que posteriormente han actualizado en una revisión
sistemática en 2002 encontrando una razonable buena
evidencia en las dietas bajas en Ac. Grasos saturados y
trans y altas en frutas, vegetales, fibra y pescado con
unos resultados en salud buenos. Dietas altas en calcio
para mujeres y bajas en sodio para personas con hipertensión
o alto riesgo de desarrollarla, está también
correlacionado con mejor salud (densidad ósea e hipertensión
arterial respectivamente).
La OMS publicó en el 2003, una revisión donde
puntualizó el grado de evidencia (Tabla
13) utilizando como criterios los que establecieron
la Fundación Mundial para la investigación
sobre el Cáncer: evidencia convincente (estudios
epidemiológicos que presentan asociación entre
exposición y enfermedad, estudios prospectivos observacionales
relevantes, ensayos clínicos aleatorios), evidencia
probable (asociaciones medianamente coherentes entre la
exposición y la enfermedad pero donde hay defectos
en el estudio o alguna estudio en contra pero con plausibilidad
biológica), evidencia posible (estudios de casos-control
y transversales o ensayos clínicos no randomizados)
y evidencia insuficiente (el resultado está basado
en pocos estudios estudios los cuáles son sugestivos,
pero insuficientes establecer a una asociación la
exposición y enfermedad).
Una de las fuentes más importantes para acudir a
la mejor evidencia es la Colaboración Cochrane, en
donde en el campo de la nutrición tiene un número
importante de revisiones sistemáticas, concluyendo
en algunas que hay suficientes pruebas sobre la avena integral
para sugerir que los profesionales de la asistencia sanitaria
pueden recomendar la avena como parte de los programas de
disminución del colesterol, en otra revisión
no encuentran pruebas convincentes de que los suplementos
antioxidantes posean un efecto beneficioso sobre la incidencia
de cánceres gastrointestinales o sobre la mortalidad
global, con la posible excepción del selenio. Los
antioxidantes (betacaroteno, vitamina A, vitamina C, o vitamina
E) pueden incrementar la mortalidad global. Por lo tanto,
no se pueden recomendar la utilización de suplementos
antioxidantes como una medida preventiva. Con respecto a
la grasa indican que el cambio dietético para reducir
o modificar la ingesta de grasas en la dieta parece reducir
la incidencia de los eventos cardiovasculares combinados.
Hay una sugerencia de que la modificación de las
grasas en la dieta tiene efectos protectores sobre la mortalidad
total y sobre la mortalidad cardiovascular cuando la modificación
dietética se continúa durante al menos dos
años, sin embargo esta tendencia no es estadísticamente
significativa. Refieren que los hallazgos de ingestas con
bajo índice glucémico y reducción de
cardiopatía coronaria y factores de riesgo de cardiopatía
coronaria son débiles. Puede haber un efecto beneficioso
sobre HbA1c particularmente a largo plazo. Con respecto
a los omega-3 dietéticos o suplementarios concluyen
que no está claro si reducen o aumentan la mortalidad
total, los eventos cardiovasculares combinados, o los casos
de cáncer, en las personas con riesgo alto, moderado
o bajo de enfermedades cardiovasculares. Debido a que no
se observaron riesgos significativamente elevados para cualquier
evento (mortalidad total, casos de cáncer, accidentes
cerebrovasculares), no hay necesidad de que las personas
dejen de consumir pescado graso o fuentes suplementarias
de ácidos grasos omega-3 si lo están haciendo
actualmente. Para finalizar encuentran que las personas
mayores débiles que viven en instituciones pueden
presentar menos fracturas de cadera y no-vertebrales si
reciben vitamina D con suplementos de calcio.
Como vemos la investigación en nutrición no
es un cúmulo de certezas absolutas, pero cada vez
la producción científica es más abundante
y disponemos de datos contrastados, unos apuntando en la
misma dirección y otros sin llegar a un acuerdo,
sin embargo tenemos que tener en cuenta que aunque los beneficios
sean pequeños en términos relativos, su impacto
puede ser grande si se aplican a toda la población.
Una reciente revisión resume por grupos de alimentos
los hallazgos científicos en el momento actual (Tabla
14).
Hace más de tres décadas, se evidenció
un patrón alimenticio que disminuía la morbimortalidad
cardiovascular, que se ha ido confirmando hasta la fecha
por diferentes estudios epidemiológicos demostrando
además su papel protector sobre la mortalidad por
todas las causas y sobre el cáncer, es la conocida
dieta mediterránea, un modelo de alimentación
saludable que combina alimentos tradicionales, de una forma
equilibrada rica en carbohidratos complejos, fibras, sustancias
antioxidantes (A, B1, C, E, zinc, cobre, selenio,...) y
una elevada relación ácidos grasos monoinsaturados/
saturados. En términos de alimentos se trata de un
elevado consumo de frutas y frutos secos, verduras, legumbres,
cereales y pescado, moderado de productos lácteos,
un bajo consumo de carne, un moderado consumo de alcohol
y como principal fuente de grasa el aceite de oliva.
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