PROBLEMAS METABÓLICOS Y ENDOCRINOLÓGICOS
CAPÍTULO2-
Diabetes: novedades en el tratamiento
NUEVA ESTRATEGIA TERAPÉUTICA
DE CONTROL GLUCÉMICO
La estrategia terapéutica del manejo
de la diabetes tipo 2 ha ido modificándose en los
últimos años a la luz de los estudios y las
evidencias disponibles, así han ido apareciendo diferentes
Consensos y Recomendaciones internacionales que establecen
cuál es la mejor estrategia de abordaje de la diabetes
tipo 2 en el momento actual. El más reciente es el
alcanzado por las sociedades europea y americana de Diabetes
(ADA y EASD) que plantea el siguiente algoritmo terapéutico
en la diabetes tipo 2 (Figura
3).
Este esquema terapéutico aporta algunas novedades
que merece la pena destacar.
En primer lugar se establece, que además de las modificaciones
en el estilo de vida deberíamos de iniciar tratamiento
con metformina en la mayoría de los diabéticos
tipo 2. El fundamento para justificar esta recomendación
es múltiple y se basa en la dificultad de alcanzar
objetivos terapéuticos exclusivamente con dieta y
ejercicio en la mayoría de los diabéticos
tipo 2 y especialmente en los beneficios de la metformina
a largo plazo. Recordemos que la metformina es un fármaco
en general bien tolerado, barato y es el único fármaco
que ha demostrado la disminución de mortalidad cardiovascular
en los pacientes con sobrepeso que recibieron dicho tratamiento
en el estudio UKPDS.
La metformina debe de comenzarse con la dosis mínima
posible durante la ingesta para minimizar efectos secundarios
e incrementarse al cabo de 1-2 semanas hasta alcanzar la
dosis objetivo que debe de ser superior a 1.500 mgr/día,
dado que esta dosis fue la utilizada en el estudio UKPDS.
Si tras un periodo prudencial de 2-3 meses no se lograra
alcanzar el objetivo terapéutico de HbA1c <7 por
ciento, o bien en pacientes previamente tratados se observara
el deterioro del control glucémico con el paso del
tiempo pasaríamos al siguiente escalón.
El segundo escalón terapéutico plantea tres
probables opciones que los profesionales deben de valorar
a la hora de elegir un fármaco, en primer lugar la
asociacion de sulfonilureas que es la opción de mayor
experiencia de uso, la utilizada mayoritariamente hasta
el momento actual y la más barata en coste económico
directo, probablemente y salvo situaciones concretas siga
siendo la alternativa más eficaz aunque presenta
como inconveniente el mayor riesgo de hipoglucemias.
La segunda alternativa es la asociación de una glitazona
con la metformina, esta asociación de introducción
más reciente en el mercado presenta la ventaja de
no producir hipoglucemias y sería una opción
útil en aquellos pacientes que presentaran obesidad
central y/o signos sugestivos de insulinorresistencia. Su
principal desventaja radica en el coste económico
y algunos efectos indeseados como el aumento de la tasa
de fracturas, de degeneración macular o de incremento
de los episodios de insuficiencia cardiaca asociado a su
uso en pacientes de riesgo.
La tercera alternativa es la introducción de insulina
basal asociada a metformina, sería especialmente
interesante en pacientes con peor control metabólico
especialmente si presentan cifras de HbA1c superiores a
8,5-9 por ciento dada su mayor efectividad terapéutica.
Produciría lógicamente mayor riesgo de hipoglucemias.
No existe por tanto, una recomendación claramente
definida sobre el segundo fármaco a elegir, que debe
de ser valorado por el profesional en función de
las características individuales de cada paciente,
su edad, función renal y patología concomitante,
así como de los objetivos de control que nos propongamos
con el mismo.
Cuando este segundo escalón no es suficiente para
alcanzar el objetivo terapéutico, nos plantearemos
pasar al tercer escalón tal como se refleja en el
algoritmo. En realidad lo que se hace es combinar o bien
fármacos no utilizados en el escalón anterior
o intensificar la pauta de insulina en los pacientes ya
insulinizados.
La combinación de tres fármacos aparece por
primera vez como una de las posibles estrategias de tratamiento,
en este caso la pauta más estudiada es aquella que
combina metformina con sulfonilureas y glitazonas. Aún
no siendo probablemente la estrategia más adecuada,
podría indicarse en algunas situaciones con importante
resistencia o dificultades para la insulinización.
Sin embargo en fases avanzadas, la insulina, primero basal
y luego con pauta intensiva permanece siendo la opción
más adecuada. A destacar el hecho de que el último
escalón terapéutico sería aquel en
el que el paciente estaría con insulinización
intensiva (insulina en múltiples dosis) pero siempre
que sea posible asociada a metformina, que se mantendría
de esta forma en todas las etapas terapéuticas de
la diabetes tipo 2.
Vamos a comentar a continuación las principales novedades
en los fármacos utilizados en diabetes tipo 2.
METFORMINA
Su principal mecanismo de acción es
aumentar la sensibilidad a la insulina en tejido hepático:
Disminución de la neoglucogénesis (formación
de glucosa a partir de otros sustratos como aminoácidos
o glicerol) y la glucogenolisis (liberación hepática
de glucosa). También aumenta la sensibilidad a la
insulina en tejido periférico (principalmente en
músculo), directa e indirectamente (por disminución
del efecto tóxico de la hiperglucemia). La metformina
reduce la glucemia basal sobre 60-70 mg/dl y la HbA1c en
1,5-2 por ciento.
Los problemas gastrointestinales son el principal efecto
adverso y ocurren en el 20-30 por ciento de los pacientes.
Puede también interferir con la absorción
de vitamina B12. La temida acidosis láctica es excepcional
cuando se usa correctamente.
La metformina está contraindicada en aquellas situaciones
que predispongan a padecer hipoxemia (insuficiencia respiratoria,
insuficiencia cardiaca descompensada) o tengan riesgo “per
se” de inducir acidosis láctica (insuficiencia
renal o alcoholismo). Se ha discutido mucho cuál
es el umbral de función renal hasta el que pueda
usarse metformina, así en un reciente documento de
consenso entre las Sociedades Españolas de Nefrología
y Medicina Familiar y Comunitaria se establece que no deberían
usarse antidiabéticos orales con filtrados glomerulares
inferiores a 30 ml/min y deberían usarse con precaución
por debajo de 40 ml/min.
SULFONILUREAS
Tienen un efecto hipoglucemiante agudo por
estimulo de la secreción de insulina a nivel de la
célula beta pancreática mediante exocitosis
y también un efecto hipoglucemiante crónico
que se debe a la potenciación de la acción
de la insulina a través de un aumento de receptores
de la insulina o de su unión a ellos en los tejidos
sensibles a la misma. Sobre este ultimo efecto existe gran
controversia y hoy se piensa que más bien se debe
a un control del efecto tóxico de la hiperglucemia
(el concepto de "toxicidad de la glucosa" se refiere
a que la hiperglucemia disminuye, por si misma, la secreción
y sensibilidad insulínica).
Podemos esperar una reducción en la glucemia basal
de 50-60 mg/dl, y en 1,5-2 por ciento en la HbA1c. No se
ha demostrado en ningún ensayo clínico que
alguna sulfonilurea sea superior a las demás en cuanto
a potencia hipoglucemiante.
La frecuencia de efectos adversos es baja (2-5 por ciento)
y su principal efecto secundario es la hipoglucemia.
Contraindicadas al igual que metformina en insuficiencia
renal con los mismos condicionantes y en alérgicos
a sulfamidas.
GLITAZONAS
Son fármacos agonistas PPAR-gamma
(peroxisome proliferator-activated receptor-gamma). Actúan
a través de la activación del receptor PPAR-gamma
reduciendo con ello la resistencia a la insulina, fundamentalmente
a nivel de tejidos periféricos (tejido graso y muscular),
aunque también tienen un cierto efecto a nivel del
tejido hepático (inhibición gluconeogénesis
hepática).
La disminución de HbA1c es similar a la descrita
con las sulfonilureas y la metformina.
Entre sus efectos adversos están la ganancia ponderal,
que puede ser tanto o mayor que la de las sulfonilureas.
También puede presentarse edemas, sobre todo en pacientes
que reciben tratamiento combinado con insulina (15 por ciento).
Aumentan el volumen plasmático, producen disminución
de la hemoglobina y el hematocrito por hemodilución,
y cardiomegalia sin HVI.
Se encuentran contraindicadas en Insuficiencia cardiaca
grados III-IV NYHA y en insuficiencia hepática.
Se pueden administrar con o sin alimentos. La pioglitazona
se comienza con 15 mg una vez al día, pudiendo aumentarse
a 30 mg. La rosiglitazona se comienza con 4 mg, pudiendo
aumentarse a 8 mg, una o dos veces al día.
Las glitazonas se encuentran en el momento actual con ciertos
problemas derivados de la posibilidad de que aumentaran
la tasa de eventos cardiovasculares isquémicos (IAM),
sin embargo los pronunciamientos de las entidades reguladoras
han sido a favor de mantener estos fármacos en el
mercado incluyendo una advertencia de seguridad sobre su
uso en pacientes con insuficiencia cardiaca o riesgo cardiovascular
elevado. Por otro lado, es probable que no sean los fármacos
a indicar cuando los pacientes están en tratamiento
con insulina.
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