PROBLEMAS METABÓLICOS Y ENDOCRINOLÓGICOS
CAPÍTULO3- Manejo de la disfunción tiroidea por el médico de familia


Hipertiroidismo

El síndrome hipertiroideo o la tirotoxicosis es el conjunto de manifestaciones clínicas y biológicas por el exceso de hormonas tiroideas debidas a un grupo heterogéneo de enfermedades tiroideas y extratiroideas. Se reserva el término de hipertiroidismo para la hiperproducción de origen tiroideo, que es la causa más frecuente.

Hasta en el 90 por ciento de los casos de hipertiroidismo se deben a la enfermedad de Graves, en áreas no bociosas. El bocio multinodular tóxico es la causa más frecuente en ancianos. Menos frecuentes son los nódulos solitarios autónomos, las tiroiditis, la amiodarona y la tirotoxicosis facticia o iatrogénica. Las mujeres resultan afectadas por el hipertiroidismo con mayor frecuencia que los varones, en proporciones que varían entre 4:1 y 10:1.

Se producen síntomas y signos que afectan a múltiples órganos lo que da lugar a confusión y retraso en el diagnóstico.

Los pacientes se encuentran nerviosos, pierden peso con frecuencia pese al aumento del apetito y presentan intolerancia al calor. Son frecuentes la disnea, palpitaciones y debilidad de los músculos proximales, que se traduce en dificultad para subir escaleras. Conviene señalar que los síntomas abdominales (vómitos, náuseas y dolor abdominal) son bastante comunes. La aparición de bocio, temblor fino, taquicardia y piel caliente y húmeda son los signos más frecuentes.

Se sabe que el hipertiroidismo provoca o exacerba otros problemas de salud. Las complicaciones más importantes se relacionan con el aparato cardiovascular, siendo la fibrilación auricular la más frecuente y en menor medida la aparición de insuficiencia cardiaca, angina de pecho, infarto de miocardio y muerte súbita. El metabolismo cálcico y óseo se ven afectados por la tirotoxicosis, que facilita la osteoporosis y aumenta el riesgo de fracturas óseas. La fibrilación auricular y la osteoporosis pueden aparecer incluso en casos de hipertiroidismo subclínico.

La confirmación del hipertiroidismo clínico se establece por el análisis de la TSH, que presentará cifras muy bajas, salvo en casos de adenoma hipofisario. La T4 elevada confirma el diagnóstico. Sólo en caso de TSH baja y T4 normal se solicitará la determinación de T3. Es frecuente encontrar aumento de transaminasas y de fosfatasa alcalina, y un descenso del colesterol.

Confirmado el hipertiroidismo se determinarán los anticuerpos antimicrosomales (positivos en el 55 por ciento de los casos de enfermedad de Graves) y los anticuerpos tiroestimulantes (TSI).

En la gammagrafía observaremos un aumento difuso de captación en la enfermedad de Graves, un aspecto moteado con áreas hipercaptantes en el bocio multinodular y un único nódulo hipercaptante con ausencia del resto del tiroides en el nódulo tóxico. La ecografía nos permitirá detectar la presencia de nódulos.

Enfermedad de Graves-Basedow

Se define por la triada de bocio difuso, hiperfunción tiroidea y oftalmopatía infiltrativa; ocasionalmente aparece mixedema pretibial. Se trata de una enfermedad autoinmune, con cierto componente familiar y con tendencia a la aparición de otros procesos autoinmunes. Se caracteriza por la aparición de anticuerpos estimulantes del tiroides (TSI), específicos de esta enfermedad, y que producen crecimiento e hiperproducción hormonal. La oftalmopatía infiltrativa es específica de esta enfermedad, no depende del grado de hipertiroidismo y su pronóstico y evolución es independiente de éste. Se produce una infiltración del tejido orbitario retroocular y miopatía de la musculatura extrínseca del ojo, con exoftalmos y paresia de los músculos óculomotores.

En el hipertiroidismo existe una oftalmopatía no infiltrativa con retracción del párpado superior, que se explora con el signo de Graeffe (el párpado no sigue al globo ocular al mirar al suelo), de pronóstico benigno y que mejora cuando mejora el hipertiroidismo.

El tratamiento va dirigido a controlar los efectos del aumento de hormona tiroidea y disminuir la producción de ésta.
Los betabloqueantes controlan sobre todo la taquicardia, el temblor y otros síntomas relacionados con el exceso de hormona por bloqueo de la acción periférica de estas sobre los receptores de catecolaminas y por bloqueo de la conversión periférica de T4 a T3. Su utilidad se centra en las primeras fases hasta que los antitiroideos hacen su efecto, aunque pueden ser el único tratamiento en el caso de la tiroiditis subaguda o en la tiroiditis de postparto. Se prescribirán siempre salvo contraindicación absoluta y siempre que la frecuencia cardiaca supere los 80 latidos/minuto en reposo. Se empieza con 20-40 mg de propranolol, de dos a cuatro veces al día, y se aumenta la dosis progresivamente hasta que se normaliza el ritmo cardíaco. Se reduce lentamente hasta su retirada en cuatro semanas. También se puede utilizar el atenolol (50-100 mg/día). Se puede utilizar verapamilo, diltiazem o clonidina cuando no es posible utilizar betabloqueantes.

El control de la producción de hormona se puede conseguir mediante la administración de fármacos antitiroideos (metimazol/carbimazol y propiltiouracilo), que inhiben la síntesis y la liberación de hormonas tiroideas o con la ablación del tejido tiroideo con cirugía o mediante yodo radiactivo. La elección del tratamiento dependerá de la presentación clínica, la edad del paciente y la capacidad y disposición de éste para seguir el régimen terapéutico.

La dosis inicial de metimazol/carbimazol en el adulto es de 10-40 mg/día (dosis inicial habitual 30 mg/día – 6 comprimidos-), dividida en tres tomas. En los pacientes con hipertiroidismo grave y un bocio de grandes dimensiones está justificada la dosis más alta. El estado eutiroideo se suele alcanzar al cabo de 4-6 semanas, a juzgar por la clínica y las pruebas de función tiroidea (T4 y T3); entonces se reduce la dosis a 20 mg/día si el paciente está asintomático. Posteriormente se ajustará cada 4-6 semanas hasta alcanzar una pauta de mantenimiento de 5 a 15 mg/día en una sola dosis. El tratamiento se mantendrá de 6 meses a 2 años, con control analítico cada dos meses. La TSH no ayuda a controlar la respuesta terapéutica, puesto que puede permanecer suprimida durante varios meses después de la normalización de T4 y T3.

El propiltiouracilo (medicamento extranjero no comercializado en España) está indicado en el embarazo, la alergia a metamizol/carbimazol o situaciones en las que se precise un rápido control (cardiopatía isquémica, brote psicótico, cirugía…). Se inicia el tratamiento con 300 mg/día en 2-3 tomas y la dosis de mantenimiento es de 100-150 mg/día.
La tiroidectomía subtotal es el método más eficaz y definitivo en el tratamiento del hipertiroidismo cuando éste recidiva, el bocio es muy grande o no responde al tratamiento con antitiroideos. Son poco frecuentes las complicaciones como la parálisis del nervio recurrente o el hipoparatiroidismo permanente. Sin embargo conviene determinar la calcemia a los 3, 6 y 12 meses tras la intervención.

El tratamiento con I131 da buenos resultados y es más barato y cómodo que la cirugía. Está indicado en todos los casos de hipertiroidismo, pero suele indicarse sobre todo en ancianos, en casos de alto riesgo quirúrgico o en recidivas de hipertiroidismo postquirúrgico. No se ha demostrado mayor incidencia de leucemia u otras neoplasias tras su administración, aunque se desaconseja el embarazo hasta pasados 6-12 meses de su administración. Su principal efecto secundario es el hipotiroidismo, que puede llegar al 80 por ciento a los 10 años.

Los yoduros sólo están indicados en algunas crisis tirotóxicas y en la preparación de la cirugía.

En resumen, las opciones terapéuticas en el hipertiroidismo dependen del tipo de bocio, de las caracteristicas clínicas y de la edad.

En un bocio difuso pequeño en menores de 50 años se recomienda los fármacos antitiroideos y si es grande la cirugía. En un bocio difuso en mayores de 50 años se recomienda el I131.

En el bocio multinodular y nódulo tóxico se recomienda la cirugía y si se trata de ancianos considerar I131.

En el hipertiroidismo recurrente tras cirugía o yodo radioactivo se recomienda fármacos o I131. En la infancia los antitiroideos, en la gestación el propiltiouracilo y en enfermedad asociada severa el I131.





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