RIESGO CARDIOVASCULAR
CAPÍTULO2-Antiagregación y anticoagulación: indicaciones y pautas actuales

ANTIAGREGACIÓN

Las plaquetas presentan un papel primordial en la homeostasia sanguínea al estar implicadas en los procesos hemostásicos que evitan la extravasación de sangre cuando se altera la indemnidad vascular. Sin embargo, la progresión incontrolada de la adhesión y activación plaquetarias tras un daño vascular, pueden conducir a la formación de trombos intraluminales y a la oclusión vascular, con la consecuente interrupción del flujo sanguíneo. Los fármacos antiagregantes disponibles actúan interfiriendo en determinados pasos de la activación plaquetaria.

Tras una lesión vascular, las plaquetas se adhieren al subendotelio mediante el factor Von Willebrand, que se une a las glicoproteínas Ib de la membrana plaquetaria. A su vez, presentan un complejo glicoproteico (gp Ia/IIb) que contacta directamente con el colágeno del subendotelio. Tras este paso, se produce la liberación del contenido de sus gránulos citoplasmáticos, lo que favorecen la agregación plaquetaria. En ésta interviene otro complejo glicoproteico (gp IIb/IIIa) que se une al fibrinógeno, dando origen a puentes interplaquetarios.

Otro factor importante en la formación del trombo es el tromboxano A2 (TxA2), potente vasoconstrictor e inductor de la agregación plaquetaria, que se forma a partir del ácido araquidónico de los fosfolípidos de la membrana plaquetaria, mediante una activación rápida y coordinada de fosfolipasas, ciclooxigenasa-1 (COX-1) y tromboxano-sintasa (Tx-sintasa). Las células endoteliales también pueden metabolizar el ácido araquidónico y producir prostaciclina (PGI2), que por el contrario tiene un gran poder vasodilatador y antiagregante.

FÁRMACOS ANTIAGREGANTES

Existen unos 20 fármacos antiplaquetarios que, a través de diferentes mecanismos, actúan sobre la fisiopatología de la arteriosclerosis; sin embargo, hasta ahora sólo dos, el ácido acetil salicílico (AAS) y el clopidogrel, cumplen el requisito ideal para ser empleados en la clínica: la inactivación permanente de una proteína plaquetaria (enzima o receptor) que no puede ser resintetizada en 24 horas, limitando así la intensidad y la duración de cualquier efecto extraplaquetario.

Ácido acetil salicílico (AAS)

El AAS constituye el fármaco de elección en la mayoría de las ocasiones. Inhibe de forma irreversible la enzima COX-1 o prostaglandina H-sintasa (PGH-sintasa), responsable de la formación de PGH2, precursor de TxA2. Existe una forma inducible de la PGH-sintasa, la COX-2 o PGH-sintasa 2, que se inhibe a concentraciones más elevadas de AAS que las requeridas para inhibir la COX-1. Esto puede explicar, al menos en parte, las distintas dosis necesarias para obtener el efecto analgésico y antiinflamatorio en comparación con el efecto antiplaquetario (Tabla 1). El efecto antitrombótico del AAS se satura a dosis entre 75 y 100 mg, y se mantiene con intervalos de dosis de 24 a 48 horas, por lo que la recomendación actual es utilizar AAS a dosis bajas (75-162 mg/día) cuando esté indicada la terapia antiplaquetaria.

A pesar de su eficacia a dosis bajas en la prevención de ECV aterotrombótica, los pacientes tratados de forma crónica con AAS presentan un riesgo mayor de padecer complicaciones gastrointestinales, especialmente hemorragias digestivas. El riesgo de sangrado con el AAS se debe tanto a la inhibición del TxA2 como al deterioro de la citoprotección mediada por la PGE2 de la mucosa gastrointestinal. El primer mecanismo no depende de la dosis y aparece con cantidades muy pequeñas (30 mg/d), de forma que el tratamiento crónico con dosis antiagregantes duplica el riesgo de sangrado; el segundo mecanismo sí es claramente dosis-dependiente, multiplicándose el riesgo hemorrágico por 4-6 con el empleo crónico de dosis antiinflamatorias.

El factor de riesgo más importante para el desarrollo de complicaciones es la presencia de historia ulcerosa o de hemorragia digestiva previa; otros factores son la toma simultánea de AINE, la infección por Helicobacter pylori o la existencia de enfermedad grave concomitante.

Tienopiridinas (ticlopidina, clopidogrel)

Inhiben selectivamente la agregación plaquetaria inducida por la ADP, bloqueando de forma irreversible su receptor de las plaquetas (P2Y12) sin afectar la vía de la COX. Con la administración repetida diaria de clopidogrel a dosis de 50 a 100 mg se consigue un 25-30 por ciento de inhibición plaquetaria al 2º día, que es máxima (50-60 por ciento) tras 4 a 7 días (similar a la administración de 500 mg de ticlopidina, fármaco de similar eficacia, pero con peor perfil de seguridad). El clopidogrel, a dosis de 75 mg/dia, ha demostrado ser ligeramente más eficaz que 325 mg/d de AAS, con una menor tasa de complicaciones hemorrágicas; no obstante, a pesar de dicha ventaja, la magnitud de cualquier beneficio adicional es estadísticamente incierta y no se puede garantizar su superioridad frente al AAS. El clopidogrel, a una dosis diaria de 75 mg, es una alternativa apropiada para pacientes de alto riesgo con CI, ECBV o ArP que presentan contraindicaciones para recibir AAS a dosis bajas (Tabla 2).

Otros antiagregantes de menor interés
para la AP

Inhibidores reversibles
de la COX-1

La sulfinpirazona, el trifusal y otros antiiflamatorios no esteroideos (AINE) pueden inhibir de forma menos eficaz la agregación plaquetaria dependiente de TxA2 mediante una inhibición competitiva y reversible de la COX-1; pero distintos estudios observacionales de base poblacional no han podido demostrar una asociación entre la prescripción de AINE distintos del AAS y la reducción en el riesgo de desarrollar episodios cardiovasculares.

Dipiridamol
Inhibe la fosfodiesterasa y la adenosindeaminasa, además de estimular la liberación de PGI2 causando vasodilatación arterial. La adición de dipiridamol al AAS no ha demostrado de forma clara ser capaz de producir una reducción adicional de los episodios vasculares graves, salvo en la incidencia de ECBV.

Antagonistas de los receptores de la gp IIb/IIIa
El abciximab es de uso intravenoso y el resto, xemilofiban, orbofiban, sibrafiban y lotrafiban, son de administración oral. La biodisponibilidad oral es baja y, por tanto, su actividad antiplaquetaria es pobre. No son más efectivos que el AAS y cuando se combinan con él tampoco son superiores al placebo, pudiendo incrementar la mortalidad.

Antagonistas del P2Y12
Son fármacos en desarrollo, pero al parecer con una mayor capacidad de bloqueo de este receptor que el clopidogrel.

INDICACIONES DE
LA ANTIAGREGACIÓN

La hipertensión arterial junto con el resto de factores de riesgo cardiovascular, son los responsables del inicio y la perpetuación de la ECV. Actualmente, dicha enfermedad es considerada como un proceso sin solución de continuidad que afecta a distintos órganos diana (corazón, riñones, circulación arterial periférica y cerebro), no siempre de forma clínicamente evidente, y que requiere un tratamiento farmacológico específico (control de los distintos factores de riesgo, antiagregación, etc.) que ha de ser más agresivo cuanto más evolucionada esté la enfermedad.

Para poder establecer el efecto beneficioso neto de la antiagregación en el tratamiento de la ECV, se requiere una estimación individualizada del balance entre el riesgo y el beneficio de la profilaxis, en función de la probabilidad de complicaciones hemorrágicas y del riesgo basal de complicaciones trombóticas del paciente.

Antiagregación
en prevención primaria

Respecto a la prevención de eventos cardiovasculares con el uso de AAS en pacientes de alto riesgo, pero que aún no han presentado ninguna de las manifestaciones clínicas de dicha enfermedad, distintos estudios han demostrado que la antiagregación reduce de forma significativa la incidencia de CI (aproximadamente en un tercio), pero no la de ECBV ni de muerte por causa cardiovascular. En todos los caso, también se ha constatado un aumento en el riesgo de hemorragia mayor (habitualmente gastrointestinal) y menor (epistaxis y gingivorragias).

En conclusión, la decisión de realizar profilaxis de la ECV en individuos asintomáticos se ha de basar en la evaluación individual del equilibrio entre el riesgo de sangrado y el beneficio de la antiagregación. Dado que el benéfico de la profilaxis depende del riesgo basal del paciente, y el riesgo de sangrado permanece constante, resuelta imprescindible la cuantificación individual del riesgo coronario mediante la aplicación de las tablas de riesgo que mejor se adecuen a la población cuestión. Con estas premisas, la relación riesgo beneficio permite recomendar la antiagregación con AAS a dosis bajas en individuos con riesgo coronario elevado (riesgo de padecer un episodio coronario en los próximos 10 años del 15 por ciento o más, según las tablas de Framinghan) y desestimarla en pacientes con riesgo bajo (< 6 por ciento).

En casos de riesgo intermedio (entre el 7 por ciento y el 14 por ciento) otras circunstancias adicionales han de ser valoradas: preferencia del paciente, correcto control de la hipertensión arterial (HTA) en pacientes con afectación de órgano diana, presencia de diabetes, escasa actividad física del paciente (Figura 1).

Antiagregación
en prevención secundaria

La mayor evidencia de la eficacia de la antiagregación en pacientes con un evento cardiovascular previo, ha sido aportada por el Antithrombotic Trialists’ Collaboration, metaanálisis que incluyó a 287 ensayos clínicos aleatorizados, publicados hasta septiembre de 1997. En este metaanálisis se analizaron pacientes con un evento cardiovascular previo, agudo o que tenían alguna condición predisponente, en un grupo de los cuales (135.000 pacientes) se comparaba un régimen antiagregante frente a placebo y en otro (77.000 pacientes) se compararon distintos regímenes antiagregantes.
Entre la población asignada a la terapia antiagregante el riesgo de padecer una ECV grave (infarto de miocardio no fatal, ictus no fatal o muerte de causa vascular) se reducía un 25 por ciento. Individualizando los resultados por subgrupos, el régimen antiagregante reducía los IM no fatales en un tercio, los ictus no fatales en un cuarto y las muertes vasculares en un sexto. En términos absolutos, en pacientes con ECV previa antiagregados durante 2 años, por cada 1.000 pacientes con infarto o ictus o accidente isquémico transitorio (AIT), la reducción era de 36 y 34 eventos mayores respectivamente; y tras un evento agudo la antiagregación durante un mes redujo 38 eventos por cada 1.000 pacientes con infarto agudo, 9 en pacientes con ictus agudo y 22 en pacientes de alto riesgo de otra categoría (angina estable, ArP y FA). Todos estos resultados fueron estadísticamente significativos. En cada una de dichas categorías de riesgo, el beneficio siempre fue superior al riesgo de sangrado mayor. Por tanto, hay evidencia clara del beneficio que supone la antiagregación plaquetaria entre los pacientes de alto riesgo (Tabla 3).

Otro resultado que se extrajo de dicho metaanálisis fue la conveniencia de empezar cuanto antes con la terapia antiagregante en los pacientes que se sospechara un ACVA, incluso sin confirmación por prueba de imagen, para posteriormente continuarlo a largo plazo.

En cuanto a los regímenes antiplaquetarios recomendados, la evidencia disponible apoya el uso de AAS en dosis de 75 a 150 mg en una única toma diaria para la prevención de ECV en pacientes de alto riesgo, y en el caso de IAM, angina inestable o ictus isquémico agudo, una dosis de carga inicial de 150-300 mg.

En determinadas circunstancias, la asociación al AAS de un segundo antiagregante con diferente mecanismo de acción, ha supuesto una mayor reducción del riesgo de sufrir un nuevo evento. En este sentido, la asociación de clopidogrel (dosis de carga inicial de 300 mg, seguida de 75 mg/d) al AAS en el tratamiento a largo plazo de los pacientes con síndromes coronarios agudos sin ascenso del ST ha demostrado ser eficaz y segura, y la asociación de AAS y clopidogrel se ha convertido en el tratamiento estándar de un mes tras la implantación de stent coronarios.

Antiagregación en la diabetes mellitus (DM)

Los pacientes diabéticos, por sintetizar metabolitos de prostaglandinas y TxA2 en exceso, son especialmente sensibles a los agentes proagregantes y, quizá por esta razón, presentan un mayor riesgo de morir por un evento CV. De hecho, el riesgo de la DM se ha equiparado con el de haber padecido ya un evento cardiovascular. El riesgo también parece ser mayor entre las mujeres diabéticas que entre los hombres, por lo que también se ha sugerido que, a cualquier edad, la DM iguala el riesgo de padecer enfermedad coronaria entre los hombres no diabéticos y las mujeres que sí lo son. Lo que no está claro es si tal riesgo se puede aplicar también a los pacientes con DM de reciente diagnóstico.

Distintos estudios han obtenido resultados positivos al realizar profilaxis con AAS en pacientes diabéticos con alto riesgo CV; de forma que la American Diabetes Association (ADA) desde 1997 aconseja el uso de AAS a dosis bajas (75-162 mg al día) en prevención primaria en todo paciente diabético mayor de 40 años y en todos los menores de 40 y mayores de 21 que presenten otro factor de riesgo CV además de la diabetes (antecedente familiar de ECV, HTA, tabaquismo, dislipemia o albuminuria), y siempre en prevención secundaria (Tabla 4).

En el paciente diabético, el empleo diario de dosis bajas de AAS incrementa también el riesgo de sangrado intestinal y produce un aumento moderado de los ictus hemorrágicos (1 evento por cada 1.000 tratados en 3-5 años), pero no se asocia con un incremento del riesgo de hemorragia retiniana o vítrea como se esperaba.

Antiagregación
en la mujer

Aunque el AAS es efectivo en la prevención secundaria de ECV tanto en hombres como en mujeres, su uso en prevención primaria entre las mujeres es controvertido. Ya se hizo referencia a los estudios que comparaban el uso de AAS frente al placebo, cuyo resultado fue la reducción de un 32 por ciento en el riesgo de IAM, pero los resultados relativos al riesgo de ictus y de mortalidad CV no fueron concluyentes. Además, la mayoría de dichos estudios evaluaron exclusivamente a hombres. Por tanto, las recomendaciones hasta el momento del uso de AAS en prevención primaria en mujeres se basaban en datos limitados sobre ellas. El Women’s Health Study ha sido el primer estudio aleatorizado, doble ciego a gran escala, realizado para determinar la eficacia de la prevención primaria de la ECV con dosis bajas de AAS (100 mg en días alternos), que incluyo un nº importante de mujeres sanas mayores de 45 años y sometidas a seguimiento durante 10 años para contabilizar eventos CV mayores (IM, ictus y muerte de causa CV). Los resultados fueron una reducción no significativa del riesgo de episodios CV mayores, una reducción significativa del riesgo total de ictus y de ictus isquémicos, un aumento no significativo del riesgo de ictus hemorrágicos y un descenso no significativo del riesgo de IM y de muertes de causa cardiovascular. En resumen, el tratamiento antiplaquetario en mujeres reduce significativamente un 19 por ciento el riesgo de ictus (RR 0,81) sin reducción significativa del riesgo de IM (RR 0,99). No obstante, en el subgrupo de mujeres > 65 años (el 10 por ciento del total de mujeres del estudio, con un tercio de los eventos CV), el empleo de AAS sí consiguió una reducción significativa en el número de eventos CV mayores, infartos de miocardio e ictus.

En definitiva, el empleo de AAS en prevención primaria se asocia a una reducción significativa en el riesgo de eventos cardiovasculares en ambos sexos, pero en relación al riesgo basal específico de cada sexo: en las mujeres esta reducción se alcanza predominantemente a través de una reducción en la tasa de ictus isquémicos y a edades más tardías, mientras que en los hombres es a través de una reducción en la tasa de IAM, siendo el beneficio mayor. Por lo tanto, los elementos clave para realizar profilaxis en un paciente concreto son la cuantificación del riesgo cardiovascular total y las preferencias del paciente.

Alternativas al AAS

El estudio CAPRIE mostró una eficacia discretamente superior del clopidogrel frente al AAS para la prevención de ECV (se necesitaban tratar 200 pacientes al año para evitar un evento CV), con menor riesgo de sangrado, pero con un coste 60 veces superior. El factor de riesgo más importante para el desarrollo de complicaciones tras la toma de AAS es la presencia de historia ulcerosa o de hemorragia digestiva previa, por lo que en caso de intolerancia o contraindicación para la toma de AAS (Tabla 2), la alternativa más utilizada es el empleo de clopidogrel a dosis de 75 mg diarios. No obstante, un estudio reciente ha puesto de relieve la mayor seguridad de la estrategia que asocia el empleo AAS con un inhibidor de la bomba de protones en la prevención de sangrado recurrente por úlceras en pacientes de alto riesgo, cuando se compara con el clopidogrel. En él se observó que un 8,6 por ciento de los pacientes que tomaron clopidogrel presentaron hemorragia digestiva alta frente al 0,7 por ciento de los pacientes que tomaron AAS y esomeprazol; resultados, que discrepan de las recomendaciones actuales de administrar clopidogrel a pacientes con intolerancia gastrointestinal grave por AAS.

Doble Antiagregación

La existencia de un riesgo no despreciable de padecer un evento cardiovascular a pesar del empleo preventivo de AAS y la eficacia de la doble antiagregación en determinadas circunstancias clínicas (síndromes coronarios agudos sin ascenso del ST) han animado a la realización de ensayos clínicos que valoran la eficacia y la seguridad de añadir clopidogrel al AAS en la provención de la ECV. Los resultados del estudio más importante han sido recientemente publicados y demuestran que la asociación del clopidogrel al AAS no es significativamente más eficaz que el AAS solo para reducir la incidencia de IM, ictus o muertes de causa cardiovascular en pacientes de alto riesgo, y además implica un mayor riesgo de sangrado.





volver