Atención a la familia
CAPÍTULO1-
Identificación del ciclo vital familiar
Introducción
Aunque nadie discute la importancia de la
familia en el bienestar de sus miembros, aún son
pocos los profesionales que consideran, a la hora de abordar
los problemas de salud de los pacientes, los aspectos psicosociales
sistemáticamente y en paralelo con los aspectos más
biologicistas. La estimación del impacto que la familia
tiene no sólo sobre cuestiones físicas, sino
también sobre los aspectos psicosociales, es un camino
que no terminamos de recorrer. Dentro de este mismo marco
teórico es imprescindible también señalar
como esencial, el conocimiento de la conexión existente
entre las emociones y la experiencia vital del paciente,
y la forma de aparición y manifestación de
dichos síntomas.
Aún a riesgo de repetirnos tenemos que insistir en
la necesidad de aprender a pensar en términos de
familia (Ian MC Whinney, 1995): “Parte del ‘pensar
en términos de familia’ es darse cuenta de
las dificultades a las que se enfrenta una familia para
adaptarse a los cambios (nacimiento, muerte, matrimonio,
divorcio, incapacidad, pérdida de trabajo)…
‘Pensar en términos de familia’ es ver
la responsabilidad del médico para proporcionar una
buena información y permanecer vigilante a los bloqueos
de la comunicación que aparecen en una familia. ‘Pensar
en términos de familia’ es ser sensible a las
tensiones intrafamiliares no expresadas que muchas veces
subyacen en los cuadros depresivos y los síntomas
somáticos, como las cefaleas, la dispepsia o el dolor
abdominal recurrente. Es también darse cuenta de
los efectos del sistema familiar de las acciones del propio
médico (ingresar a alguien en el hospital, establecer
un diagnóstico grave). ‘Pensar en términos
de familia’ es ser conscientes de algunas de las trampas
en las que puede caer el médico inexperto: ser captado
por una de las partes en caso de conflicto familiar, aceptar
las opiniones de la familia sobre un adolescente problemático,
transmitir a otros miembros de la familia información
que debe ser absolutamente confidencial”.
De las afirmaciones anteriores podemos deducir que el ‘pensar
en términos de familia’ lleva implícito
diferentes grados de intervención familiar, los cuales
ya fueron descritos por Doherty y Baird (1986) y que a continuación
también recordaremos.
• Nivel uno: Mínimo énfasis en la familia.
En este caso, se trata con la familia del paciente sólo
si es necesario (por razones prácticas o médico-legales).
Por ejemplo, en casos de hospitalización o de algún
tipo de intervención quirúrgica.
• Nivel dos: Información continua y consejos
médicos. Incluye todas aquellas situaciones en las
que se hace necesario informar a la familia, bien sea en
su conjunto o a varios de sus miembros. Implicar a los diferentes
familiares en el tratamiento dado a un miembro de la familia
sería un ejemplo. La información a proporcionar
puede incluir hallazgos diagnósticos, opciones terapéuticas
o consejos para la familia sobre cómo llevar a cabo
las tareas necesarias para el cuidado del paciente.
• Nivel tres: Sentimiento y apoyo. La práctica
en este nivel supone interesarse activamente por las preocupaciones
y los sentimientos de la familia para proporcionarle apoyo
emocional si fuera necesario (desde el conocimiento del
desarrollo normal del individuo y del funcionamiento de
la familia), con el fin de “normalizar” situaciones
generadoras de estrés. Incluye también aquellas
actividades que tiene como finalidad ayudar al sistema familiar
a la expresión y participación conjunta de
sus emociones favoreciendo las muestras de apoyo y afecto
entre sus miembros. El manejo del paciente terminal y su
familia sería un buen ejemplo de intervención
a este nivel.
• Nivel cuatro: Evaluación sistemática
e intervención planificada. En este nivel, el médico
de familia puede realizar una valoración del funcionamiento
familiar y planificar una actuación diseñada
para facilitar la resolución de sus problemas.
Aquí se plantearán aquellas estrategias dirigidas
a mejorar la capacidad de la familia, que provoquen y lleven
a la práctica soluciones alternativas para afrontar
y resolver sus problemas. En esta situación, por
ejemplo, el médico realiza intervenciones dirigidas
a promover cambios en los patrones de comunicación
del sistema familiar para lo que es necesario contar con
cierto entrenamiento que permita hacer una valoración
funcional de la familia. Para ejercer este nivel, el médico
de familia necesita comprender la teoría de sistemas
y contar con la capacidad suficiente para convocar una entrevista
familiar.
• Nivel cinco: Terapia familiar. El objetivo final
en este caso es realizar un abordaje familiar para modificar
pautas de comportamiento, en principio, severas. La terapia
familiar exige entrar a formar parte del sistema familiar
para cambiar el sistema. Requiere de un entrenamiento especial
o la posibilidad de trabajar conjuntamente con el segundo
nivel de atención, en calidad de coterapeutas. De
cualquier forma, el médico de familia puede colaborar
también en este nivel identificando aquellas familias
que presenten disfunciones para derivarlas, ayudando a disminuir
la posible resistencia, por parte de la familia o de algunos
miembros del sistema familiar, de acudir a la terapia.
Todo ello nos lleva a afirmar que para poder atender al
paciente de una forma integral, esto es, verlo como una
persona en su contexto más cercano, se hace necesario
conocer profundamente el desarrollo humano a los largo de
las diferentes etapas del ciclo vital familiar. Este conocimiento
nos parece un recurso fundamental no sólo para llegar
a entender a nuestros pacientes, sino incluso para afinar
nuestras impresiones diagnósticas y planes terapéuticos.
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