Atención a la familia
CAPÍTULO2- Manejo de las principales situaciones de transición del ciclo vital (I)

FORMACIÓN DE LA PAREJA (INCLUYE
EL MATRIMONIO)

Las transiciones que afectan a los jóvenes independientes y a las parejas recién casadas tienen mucho que ver con la familia de origen: se trata de diferenciarse de la familia y de redefinir las relaciones que se mantienen con aquella a un nivel adulto. La construcción de un hogar propio significa, en gran medida, el realizar la transferencia de algunas funciones familiares a los amigos y a las instituciones. Cuando una pareja decide casarse se ve inmersa en una transición que implica comprometerse a formar un sistema familiar nuevo con su correspondiente red de confianza.

El médico de familia desempeña una labor fundamental al ayudar a los pacientes o a sus familias a afrontar todos estos cambios. En primer lugar, el médico ha de detectar las señales que indican que uno de los miembros de la pareja joven está inmerso en un proceso de transición. A veces son alteraciones psicosomáticas en los jóvenes o en sus padres, consultas frecuentes por problemas banales, exámenes rutinarios, etc. En segundo lugar, el médico de familia es la persona a la que acude el joven cuando enferma, lo que le da al médico la oportunidad para tratar sobre cómo está realizándose la diferenciación con la familia de origen, cuestiones sexuales o cuestiones laborales. En tercer lugar, este es un momento crucial a la hora de construir una relación médico-paciente de confianza que facilite la atención sanitaria y potencie la capacidad terapéutica del médico de esta nueva familia.
La eficacia del médico de familia al abordar estos temas depende fundamentalmente de que sea capaz de comprender el contexto y la naturaleza de los cambios que acontecen en estas primeras etapas del ciclo vital familiar.

EL CASO DE LORENA

Lorena es una mujer de 25 años que consulta a su médico de familia porque se siente cansada y quiere hacerse unos análisis. Refiere que el trabajo de peluquera se le hace cada día más pesado. Nota las piernas pesadas, como si le fallaran al final de la jornada; aunque no se observan datos objetivos de edema, ni varices, ni inflamación. También se queja de alteraciones del sueño: para las nueve o nueve y media de la tarde tiene tanto cansancio y tanto sueño que sólo piensa en meterse en la cama. Se acuesta sobre las doce de la noche pero se despierta más pronto de lo habitual: a las seis de la mañana ya está dando vueltas en la cama (tiene puesto el despertador a las siete y media). Aunque los síntomas han aparecido de forma progresiva sin que pueda especificar una fecha de comienzo exacta, el último mes ha sido plenamente consciente de que su cuerpo no funciona bien.

Al preguntársele por algún acontecimiento o cambio reciente en su vida o en su entorno, comenta que lleva siete meses intentando quedarse embarazada. A continuación relata que, en su familia, todas las mujeres se han embarazado casi inmediatamente: su madre justo cuando lo decidía (3 hijos); la mujer de su hermano mayor, inmediatamente tras la boda; y la mujer de su hermano menor, en su primer coito. También está preocupada porque le han dicho que las peluqueras pueden tener problemas para quedarse embarazada.

Lorena se casó, hace ahora un año, con Armando (27 años) y está viviendo la etapa del ciclo vital familiar denominada de “formación de la pareja”. En esta etapa resulta esencial establecer un acuerdo sobre las normas de convivencia y los proyectos básicos de la pareja. También es fundamental alcanzar un equilibrio en las relaciones con la familia de origen de cada uno de los cónyuges.

La consulta de Lorena (miembro que ‘enferma’), traduce las tensiones de la pareja en su ajuste para bregar con un ‘retraso’ en la paternidad deseada y las presiones a que se ven sometidos por la familia de origen de la mujer (más aparentemente). Este caso nos ayuda a enfatizar que (McDaniel, 2005) (Tabla 2):

• La familia es la fuente principal de creencias relacionadas con la salud: ‘si no quedas embarazada enseguida, seguro que algo te funciona mal’ (por ello, debe acudir al médico).
• Las tensiones se manifiestan en forma de síntomas: cansancio y alteraciones del sueño.
• Los síntomas pueden cumplir una función adaptativa en el seno de la familia y ser mantenidos por los patrones de conducta familiares: solo faltaría que Lorena aprendiese que sintiéndose enferma la dejarán en paz (en este caso, le permitirían no quedarse embarazada por el momento). De esta forma, se puede cronificar la sintomatología y/o ser recurrente en el futuro, ante situaciones similares.

El reto del profesional, en este caso, es identificar a la paciente en el contexto de su momento evolutivo (individual y familiar). Además, debe ser capaz de detectar los miedos y las dificultades que afronta la paciente en su transición.

Tratará de entender que Lorena se enfrenta a la tarea decidir qué comportamientos y valores de su familia de origen son válidos para su vida matrimonial y en qué medida debe cambiarlos y adaptarlos para hacer viable la relación con su marido (y la familia de origen de él). En esta etapa el trabajo de ajuste supone grandes dosis de incertidumbre para los miembros de la pareja. Además, el no quedar embarazada de forma tan rápida como suele ser habitual en su familia le hace pensar que pueda tener algún problema físico, con lo que se siente aún más vulnerable. Un análisis sencillo puede tener valor para asegurarse de que las condiciones físicas de Lorena son las correctas y puede tener la facultad de aportar una base de confianza.

Adicionalmente, el médico debería tratar de mostrarse empático, respetuoso con las creencias y los temores de Lorena y, por descontado, muy amable con ella. Por otra parte, las familias son un recurso valioso y una fuente de ayuda inestimable para el paciente; por tanto, el médico tratará de que sea la familia (la pareja, en primer lugar y el resto, con la madre al frente, quienes le apoyen y la tranquilicen para que pueda tomar las mejores decisiones y éstas sean aceptadas). En este sentido, el profesional puede actuar de la siguiente forma:

1. Empatizando con la paciente: El médico reconoce lo difícil que puede ser adaptarse a la situación diciendo alguna frase como: “Entiendo que tiene que ser duro ver que te llega la regla un mes tras otro…; sobretodo, cuando en tu familia todo el mundo se embaraza con tanta facilidad…”.

2. Normalizando la crisis vital: El médico realiza una intervención terapéutica del tipo: “De todas maneras, a ti a lo mejor te parece poco (¿…?), pero en unos meses se te han acumulado unas cuantas cosas: el matrimonio tan reciente, el piso, hacer todo en casa, seguir trabajando… ¿no te parece?” Esta intervención constituye un ejemplo típico de intervención basada en el conocimiento de la escala de Acontecimientos Vitales Estresantes de Holmes y Rahe (1976).

3. Implicando a la familia: ¿De qué forma, bien su familia o bien sus amigos le pueden ayudar a abordar el problema? Según Lorena, por ahora, es la asistencia sanitaria (el médico) quien debe tomar cartas en el asunto. No obstante, cree que podrá, si lo necesita, contar con Armando, su marido (por supuesto) y con toda su familia.

La esfera de interacción primordial a la que se enfrenta el médico de familia en esta etapa es la de ajuste de la pareja, tanto desde el punto de vista sexual como del desarrollo temprano de ambos, para lograr una buena integración y comunicación con la adecuada incorporación de los roles conyugales. Por otra parte, el médico también puede ayudar (Aiartzaguena, 2003):

• Explorando y normalizando los sentimientos que pueden producir el contraste entre las expectativas generadas y la realidad que conlleva a la convivencia.
• Explicando las características de esta fase para entenderla como un proceso de aprendizaje (con aciertos, errores, dificultades…) en la construcción de un proyecto en común, sin anular ninguno de los proyectos individuales.
• Explicando que las personas somos distintas, que cada persona tiene su esquema/forma de ver y entender las cosas.
• Explicando que el que se quieran no significa que sus esquemas sean los mismos, por lo que es bueno negociar la cotidianidad (tareas domésticas, relajación con las familias de origen, tiempo en común, tiempo para cada uno...).

 


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