Atención a la familia
CAPÍTULO3- Manejo de las principales situaciones de transición del ciclo vital (y II)

FAMILIA CON HIJOS ADOLESCENTES

Los médicos de familia que tratan a los pacientes teniendo en cuenta su contexto familiar respetan tanto la creciente autonomía de los adolescentes como la responsabilidad de los padres sobre su educación y bienestar. Por una parte, es importante favorecer la independencia de los adolescentes fomentando la adquisición de cotas crecientes de responsabilidad sobre sus propias actuaciones y sobre el cuidado de su salud. En este sentido, el médico tratará con respeto y dedicación los problemas de salud que le presente el adolescente, haciendo hincapié en los aspectos de educación que fomenten la comprensión y el auto cuidado. La consulta por una faringitis, por ejemplo, se convierte así en una oportunidad para educar al adolescente sobre cómo cuidarse, cómo detectar signos de alarma, cómo consultar de forma autónoma, etc. Por otra parte, es importante que los padres se sientan seguros sobre la salud de sus hijos. El médico dará muestras inequívocas de que entiende la preocupación de los padres y les ayudará a establecer los límites de seguridad apropiados: en qué punto puede deteriorarse la salud de sus hijos con relación al peso, a la toma de anticonceptivos, al contacto con drogas legales o ilegales, etc. Los médicos aceptaremos que los padres acompañen a los adolescentes en sus consultas y, a la vez, fomentaremos la cesión de responsabilidad y confianza a los hijos sobre el cuidado de su propia salud, porque lo cierto es que los adolescentes desarrollan mejor la confianza en sí mismos en la medida en que sus padres confían en ellos.

La adolescencia comienza con la pubertad y termina alrededor de los veinte años. Durante este periodo, la persona experimenta drásticos cambios físicos, emocionales y en sus relaciones; se inicia en muchas cuestiones importantes:

• Hace nuevos descubrimientos sobre su cuerpo y la sexualidad.
• Empieza a explorar y a entablar relaciones nuevas e íntimas con sus iguales.
• Empieza a desarrollar un sentido propio de identidad y a establecer sus propios valores.
• Da el primer paso hacia el mundo laboral.
• Empieza a independizarse de los padres.

A su vez, es posible que los padres estén reevaluando su propia vida; quizás estén pasando una crisis de la mediana edad (de los 40 o de los 50) en la que pongan en cuestionamiento la carrera que han elegido, sus decisiones de cara al futuro o incluso su matrimonio. En lo que se refiere a los abuelos, pueden encontrarse en procesos de valoración y recapitulación de su vida a medida que se acercan a la jubilación y/o se enfrentan a un deterioro de sus capacidades acorde con el proceso normal de envejecimiento. Adicionalmente, algunos adolescentes pueden estar viviendo los cambios que se producen cuando los padres se divorcian o con motivo de la muerte de los abuelos.

En general, durante este periodo de transición familiar los padres modifican la forma de cuidar a sus hijos al tiempo que reconocen que sus hijos adolescentes ya no son niños pero tampoco son adultos. Los padres continúan protegiendo a sus hijos adolescentes, aunque al mismo tiempo intenten darles más responsabilidad. Aunque pueda parecer que solo buscan más independencia, lo indudable es que siguen contando sobre todo con sus padres.

Proceso central y tareas específicas (Carter y McGoldrick, 1980, 1996): El proceso central familiar en el periodo de la adolescencia comprende flexibilizar los límites y las transacciones para hacer posible la independencia de los hijos, para lo cual se tendrán que desarrollar las tareas específicas que se desarrollan en la Tabla 2.

CASO DE LA FAMILIA CABELLO

Mari Cruz trae a la consulta a su hija Isabel, de 16 años, para que el médico le pida unos análisis; piensa que su hija debe estar enfermando porque come poco y se está quedando muy delgada; teme que pueda “quedarse anoréxica”. El médico hace una serie de preguntas para descartar las patologías más frecuentes que pueden llevar a una pérdida de apetito y de peso, se interesa por la dieta habitual de la familia Cabello y pesa y talla a Isabel, pero no encuentra datos que le indiquen que su salud esté afectada. No obstante, acepta realizar un análisis de sangre por si existiera alguna alteración que se pudiera escapar en la anamnesis y en la exploración física. Mientras hace el papeleo, el médico se involucra en una charla ‘más social’ con Mari Cruz. Ya sabía que Isabel es hija única. Además, Mari Cruz cuenta que, hasta este curso, Isabel ha sacado muy buenas notas en el instituto, pero ahora que ha empezado el bachiller (“y es cuando debe aplicarse de verdad”), los profesores dicen que está bastante despistada en clase. Como consecuencia, las notas han caído estrepitosamente las dos primeras evaluaciones. Su padre no quiere hablar con ella porque acaban gritándose uno al otro.

Llegados a este punto, el médico decide aprovechar la oportunidad para profundizar en un abordaje del problema centrado en la familia (Tabla 1). Comienza obteniendo más información sobre la etapa del ciclo vital familiar que está atravesando la familia Cabello: “¿Qué cambios ha habido últimamente en la familia?”.

Mari Cruz informa de la muerte reciente de su padre y de lo mucho que lo han sentido todos, pero especialmente Isabel que estaba muy unida a su abuelo. Cuando el médico pregunta si han sucedido más cambios, es Mari Cruz quien de nuevo cuenta que Isabel está empezando a salir con un chico y que ha dejado de verse con las amigas de siempre.

Isabel admite que pasa la mayor parte de su tiempo libre en casa o con su novio. Los pacientes, generalmente, han tenido mucho tiempo para pensar sobre lo que les está sucediendo, con lo que son capaces de dar la información esencial de forma muy concisa y en muy poco tiempo.

A continuación, el médico se interesa por los miedos y las dificultades que atraviesan los pacientes: “¿Cómo os hace sentir toda esta situación?”. Mari Cruz se muestra preocupada por la posibilidad de que Isabel enferme, de que pierda el curso y de que las discusiones con el padre vayan a mayores; se siente atrapada entre padre e hija; le asaltan muchas dudas sobre si debe permitir que Isabel siga los dictados de su voluntad o si debe ser más estricta con ella. Por su parte, Isabel solo sabe que ‘no está bien’ y que solo encuentra consuelo cuando está con su novio. En este momento, el futuro no cuenta mucho para Isabel.

Una vez realizada esta anamnesis básica (obtener información sobre el ciclo vital y sobre los miedos y dificultades que atraviesan los miembros de la familia), el médico se puede dedicar a un trabajo más resolutivo:

a) Mostrar empatía con frases como “Ahora entiendo que estéis tan preocupadas”. Mari Cruz, probablemente, agradecerá que el médico aporte frases empáticas más específicas para su situación como, por ejemplo: “Tiene que ser difícil sentirse atrapado entre dos seres queridos” o “Ya veo que te angustia el no saber si lo estás haciendo bien”. Quizás sea muy apropiado empatizar también con Isabel con fórmulas como: “Por lo que veo, tú Isabel lo estás pasando mal”, etc.

Lo importante aquí es que los pacientes puedan apreciar que entendemos lo que están sintiendo.

b) Legitimar y normalizar: Una vez que los pacientes se sienten comprendidos, es necesario que sepan que son humanos y tienen derecho a sentirse como lo hacen. Más aún, han de saber que no están enfermos por tener estos sentimientos sino que puede ser una expresión natural derivada de la situación que están viviendo. Por ejemplo, se les puede decir:

“Si ya es difícil saber cómo actuar, tanto los padres como los hijos, cuando nos enfrentamos a los problemas de la adolescencia, lo es más aún cuando, además, tenernos que encajar la muerte de los seres queridos…”.

c) Ofrecer explicaciones sobre lo que le está ocurriendo al paciente que estén relacionadas con su fase del ciclo vital: son útiles explicaciones adaptadas a la situación que están viviendo los pacientes. Por ejemplo, el médico puede informar de que “En esta fase, los padres, aunque quieren respetar la voluntad de sus hijos, siguen teniendo una responsabilidad sobre su educación. Por eso se preocupan e insisten en que se deben obtener buenos resultados en las notas del instituto”. También puede informar de que “En esta fase, los hijos, quieren tomar las riendas de su vida y quieren decidir, entre otras cosas, a qué dedicar sus energías. A veces, están centrados en establecer nuevas relaciones y otras cosas importantes pasan a ocupar un segundo plano…”.

d) Apoyar al paciente en su toma de decisiones. Finalmente, el médico ayudará a los pacientes a concretar actuaciones que tengan en cuenta los diferentes puntos de vista de los padres y de los hijos.

Siempre es conveniente alcanzar acuerdos concretos (comportamientos observables) que puedan ser seguidos en consultas posteriores. En este caso no sólo había problemas de ajuste de entre los miembros de una familia con hijos adolescentes sino que la familia entera se estaba enfrentando a los ajustes derivados de un duelo aún en proceso. El médico de familia acordó con Mari Cruz e Isabel hacer varias consultas de seguimiento. En la primera valorarían los resultados de los análisis junto con la evolución del duelo por el abuelo. Además, valorarán las medidas tomadas por Mari Cruz, su marido e Isabel en el sentido de garantizar la salud de Isabel y la buena marcha de sus estudios en el instituto.

En esta fase del ciclo vital familiar, de forma general, el médico de familia planteará a la pareja la necesidad de formar un equipo parental potente, capaz de definir nuevamente las normas y los límites, y de negociarlas con el propio adolescente. Instará al joven a asumir nuevas responsabilidades y preparará a la familia para la salida de los hijos fomentando siempre el mantenimiento del sentimiento de pertenencia y la seguridad dentro del sistema familiar. Por otra parte, el médico también puede ayudar (Aiartzaguena, 2003):

• Explicando las características de esta fase.
• Explicando cómo es el proceso de aprendizaje, para pasar de niño a adulto.
• Hablando de las diferencias entre niños y adultos.
• Explicando que no tiene por qué coincidir el proyecto del hijo con el de los padres.
• Contextualizando los desplantes del adolescente en su miedo a hacerse mayor.
• Normalizando los posibles sentimientos de los padres de estar haciéndolo mal.
• Explicando la necesidad de límites rígidos ante comportamientos que puedan poner en peligro su vida o la de los demás.
• Recordando que en última instancia la responsabilidad de lo que haga es del propio adolescente, ayudándole con nuestra influencia.
• Analizando la adaptación de los diferentes miembros del sistema a los nuevos roles de esta etapa.


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