Atención a la familia
CAPÍTULO3-
Manejo de las principales situaciones de transición del
ciclo vital (y II)
LA EMANCIPACIÓN DE
LOS HIJOS (LA PLATAFORMA DE DESPEGUE)
La práctica diaria del médico
de familia demuestra que, en muchos aspectos, los problemas
de los pacientes sufren modificaciones según las
características y el contexto familiar en el que
viven. En ocasiones, las familias potencian y favorecen
la recuperación de las personas mientras que, en
otras, las familias disfuncionales tienden a prolongar los
problemas, cuando no a producirlos (Landick R, Gerard R.
1990) Debido a su posición privilegiada como puerta
de acceso al sistema sanitario, los médicos de familia
tienen la oportunidad de captar y reconocer las sutiles
señales que traducen la presencia de estrés
familiar. El hecho de ser el médico que puede ver
a la familia en su conjunto le pone también en una
posición inmejorable para intervenir. No obstante,
el médico de familia necesita tener un conocimiento
básico de las tareas a las que se enfrentan las familias
en cada fase de su ciclo vital para poder realizar una intervención
profesional.
En este sentido, merece la pena recordar algunos datos sobre
la fase de “La plataforma de despegue” (capítulo
1).
La plataforma de despegue comienza cuando el primer hijo
abandona el hogar y se prolonga hasta que lo hace el último.
En resumen, el proceso central de esta fase es el despegue
de los hijos. La familia tendrá que empezar a aceptar
la existencia de un gran número de entradas y salidas
en el sistema familiar. De este modo, hay una serie de tareas
específicas descritas en la
Tabla 3.
Es decir, tanto los padres como los hijos tienen una serie
tareas psicoevolutivas que cumplir durante esta etapa.
CASO DE MARTA
Marta es una mujer de 52 años
que tiene 3 hijos; dos de ellos, se han casado y viven fuera
del hogar. Su marido, Antonio, se pasa el día trabajando
o en el bar, con los amigos. El hijo menor, Ernesto, de
23 años, ha sido siempre el hijo preferido de Marta.
Recientemente, Ernesto ha contado en casa que está
pensando en irse a vivir por su cuenta con su novia. Aunque
Ernesto solo consigue trabajos eventuales de forma esporádica,
éstos le proporcionan el dinero suficiente para afrontar
sus gastos personales. Marta piensa que la pareja no va
a ser capaz de afrontar económicamente los gastos
que genera un hogar propio. Lo cierto es que madre e hijo,
cada vez discuten con más frecuencia y más
agriamente por la razón más nimia. Estos días,
Marta acude a la consulta de su médico de familia
por un cuadro de vértigo que le está durando
más de una semana y que no cede con el tratamiento
que le fue bien en ocasiones anteriores. A cada consulta
viene acompañada bien por Antonio o bien por Ernesto,
con lo que el médico puede observar que ambos la
tratan con mucho cariño y se preocupan enormemente
por la enfermedad de Marta. Entonces, el médico se
pregunta: ¿cuál es la estrategia de Marta?
Si nos proponemos analizar la situación, podemos
pensar que Marta ha adoptado un papel negativo (de enferma)
con tal de ‘salirse con la suya’. Pero también
se puede pensar que trata de proteger a su hijo menor de
los problemas derivados de una decisión prematura
e inadecuada desde su punto de vista. El vértigo
de Marta trata de conservar las relaciones en la familia
a salvo de las discrepancias existentes. Lástima
que, en este caso, la madre eligiese seguir un camino que
ayuda poco al funcionamiento de la familia. Lo que ocurre
es que no es funcional asumir el papel de enfermo para defender
sus razones o para ayudar al desarrollo de los miembros
de la familia. El médico de familia sabe que es más
funcional y adecuado resituar la relación a nivel
de adultos; es decir, buscar una actuación transparente
y evitar la manipulación. Además de tratar
de aliviar los síntomas de tipo vertiginoso que presenta
Marta (y descartar otros posibles orígenes del mismo),
ayuda a poner en claro, cuando menos:
a) Que los síntomas se producen como respuesta a
una situación,
b) Cuál es la situación que está generando
los síntomas, y
c) Cómo se puede responder de una manera más
funcional (que permita abordar los problemas).
La actuación profesional del médico puede
seguir, de nuevo, las directrices que hemos marcado para
ayudar a los pacientes en las delicadas transiciones que
se producen en la vida de las familias (Tabla
1). El médico mostrará a Marta que comprende
su preocupación por el bienestar de Ernesto y que
entiende que le duela que este tome decisiones que puedan
llevarle a padecer sufrimientos (empatiza con Marta). Le
dirá también que estos temores son propios
de los padres que quieren a sus hijos (legitima sus temores).
A Marta le servirá mucho que el médico le
explique que aunque todos los padres se afanan en conseguir
que sus hijos se defiendan en la vida por sí solos
y lleguen a independizarse y formar su propia familia, eso
no quita para que, cuando llega ese momento, sientan que
algo suyo se va y sufran dolor por la marcha de sus hijos.
El médico puede culminar su trabajo ayudando a los
pacientes a tomar sus propias decisiones: esto es, hablando
con Marta sobre cuál es la mejor forma de respetar
la voluntad de Ernesto al tiempo que le hace llegar sus
propios sentimientos; ayudando a Ernesto a comprender las
razones de su madre al tiempo que toma las decisiones que
estima más convenientes para su propia vida; fomentando
que Marta y su marido hablen abiertamente de cómo
han llevado su vida en pareja y cómo han sacado adelante
a toda la familia al tiempo que delinean nuevos proyectos
para ambos…
El médico de familia estará alerta a la existencia
de una posible insatisfacción conyugal que pueda
representar un obstáculo en el proceso de desvinculación:
si la jubilación de la función materna coincide
con un ‘divorcio emocional crónico’,
existen muchas posibilidades de que uno o ambos miembros
de la pareja desarrolle una descompensación psíquica
(las depresiones en las madres son las más frecuentes).
La implicación de un hijo en el ‘impasse’
de la pareja o en el conflicto oculto de ésta, apoyando
secretamente a uno de los padres en contra del otro, no
le dejará ni el tiempo, ni las energías ni
la motivación para hacer frente a las dificultades
materiales y psicológicas de la individualización
y de la desvinculación. Así mismo, los problemas
de paro juvenil y las costumbres socioculturales en torno
al momento idóneo para la salida de casa pueden encubrir
con frecuencia problemas ligados a las dificultades de desvinculación
de las familias: es lo que se ha llamado el síndrome
del ‘nido atestado’. En estos hogares se respira
un ambiente de tensión y aunque a simple vista puede
parecer que los padres se sienten incómodos y no
tienen nada que ver, lo cierto es que uno de los dos (de
forma clara o encubierta) ‘retienen’ al hijo
en la casa paterna. Por otra parte, el médico también
puede ayudar (Aiartzaguena, 2003):
• Explicando las características de esta fase
que es una etapa de dispersión familiar. Todos sabemos
desde el principio, que llegará el momento que los
hijos se independicen y formen su propia familia, pero no
por ello es menos doloroso ya que implica que una parte
de nuestra vida ya se ha marchado, con todo el duelo que
eso conlleva.
• Explorando y normalizando los sentimientos de resentimiento
por la marcha de los hijos.
• Explicando que esos sentimientos no indican que
se es mal padre sino que, como se les quiere mucho, es normal
que afloren.
• Explicando que con la independencia de los hijos
es importante retomar el proyecto de pareja.
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