Técnicas diagnósticas básicas
Cápitulo1- El Electrocardiograma.
El ECG normal, variantes de normalidad y crecimiento de
cavidades (I)
VALORACIÓN DEL TAMAÑO
DE LAS CAVIDADES CARDÍACAS. CRECIMIENTO E HIPERTROFIA
La magnitud de los vectores cardíacos
está en relación directa con el número
de cargas eléctricas, es decir, con la masa muscular;
por tanto, todo incremento de ésta determinará
un incremento de voltaje en las ondas correspondientes.
El crecimiento de una determinada cavidad puede deberse
a 1) aumento de tamaño global (dilatación),
2) aumento del espesor y/o fibrosis de su pared (hipertrofia),
3) la sobrecarga de presión y/o de volumen, es decir,
aumento de presión dentro de la cavidad, aunque aún
no haya dado lugar –quizás en fases iniciales-
a un crecimiento, dilatación o hipertrofia.
El crecimiento de una cavidad (aurícula o ventrículo)
se va a reflejar en un aumento del voltaje (onda P, complejo
QRS).
También podemos observar cambios en el eje por el
aumento de activación de dicha cavidad y/o alteraciones
de la repolarización, particularmente en el caso
de sobrecarga o hipertrofia ventricular.
Adicionalmente, hay que tener presentes a otros factores
extracardíacos que pueden limitar la transmisión
de las fuerzas eléctricas (obesidad, EPOC, derrame
pericárdico o pleural, alteraciones de la pared torácica,
etc.).
Crecimiento auricular
Los crecimientos auriculares en el ECG se
traducen en alteraciones de la onda P. En condiciones normales,
la despolarización de la AD precede a la de la AI,
de modo que la onda P del ECG es la “suma” de
estas dos ondas (Figura 9.1).
Crecimiento de la aurícula derecha
(P pulmonale)
Produce un aumento de las fuerzas eléctricas
generadas en la AD. Se manifiesta como un incremento de
voltaje de voltaje de la onda P que no afecta a la duración
de la despolarización (anchura conservada) (Figura
9.2).
• Etiología:
– Patología pulmonar o vascular pulmonar (ej:
tromboembolismo pulmonar –TEP–) que curse con
hipertensión pulmonar.
– Valvulopatía pulmonar o tricuspídea.
– Valvulopatía mitral evolucionada, Comunicación
interauricular (CIA).
• Morfología:
– Onda P picuda > 2,5 mm de altura en II, III y
aVF y anchura normal.
– Onda P bifásica en V1 con aumento del componente
(+) inicial.
La desviación del eje auricular a la derecha (ondas
P más grandes en III que en I), suele corresponder
a pacientes con patología pulmonar crónica,
mientras que las desviaciones a la izquierda (P mayor en
I que en III) se corresponden o asocian a cardiopatías
congénitas (P congenitale)
Una diferencia importante en el voltaje del QRS de V1 y
V2 (QRS V2/QRSV1 > 4) es un signo indirecto de crecimiento
de AD, útil en pacientes en fibrilación auricular.
Crecimiento de la aurícula izquierda
(P mitral)
Las fuerzas eléctricas generadas en
la AI dan lugar a la parte final de la onda P; por lo que
el crecimiento de esta cavidad se manifiesta en el ECG por
un aumento en la duración de la misma (Figura 9.3),
en ocasiones acompañada de muescas en probable relación
con alteraciones de la conducción intraauricular.
Como la AI está situada posterior anatómicamente,
en V1 las hipertrofias/crecimientos de la AI dan lugar a
ondas P con un componente negativo final predominante.
Diagnóstico ECG
– Onda P ancha > 0,12 seg (>3 mm) y mellada
(generalmente en II, III, AVF)
– Modo negativo en V1 (duración de la deflexión
negativa en segundos por su amplitud en mm) > 0,04 mm
x seg.
Crecimiento biauricular
Puede aparecer en cualquier cardiopatía
evolucionada que curse con sobrecarga crónica de
ambas cámaras auriculares (estenosis mitral, ICC,
etc.). En el ECG aparecerán ondas P > 2,5 mm de
altura y > 3 mm de anchura en II, III, AVF y ondas P
bifásicas en V1, con una porción inicial (+)
puntiaguda y porción final (-) ancha.
Valoración de los crecimientos auriculares
El hallazgo electrocardiográfico de
una hipertrofia/crecimiento auricular debe conducir a determinar
la causa; aunque la historia, la exploración y la
radiografía de tórax pueden orientar al diagnóstico
etiológico, en determinados casos, por ejemplo si
se sospecha una valvulopatía, el paciente deberá
ser valorado mediante una ecocardiografía. Por el
contrario, hay situaciones clínicas muy comunes en
atención primaria que producen crecimiento de la
AI (hipertensión arterial, con/sin criterios de HVI)
o bien crecimiento de la AD (EPOC) que no requieren más
estudios adicionales que los que aconseje la enfermedad
de base.
Crecimiento o hipertrofia
ventricular
En el ECG, los crecimientos ventriculares se manifiestan
por incrementos en los voltajes de los complejos QRS (ondas
S muy profundas o R muy altas), desviaciones del eje de
despolarización ventricular hacia el lado del ventrículo
hipertrofiado y alteraciones en la repolarización,
visibles en las derivaciones que corresponden al ventrículo
hipertrofiado.
El aumento del voltaje tiene una correlación más
estrecha con la hipertrofia de la pared ventricular, mientras
que las alteraciones en la onda T y en el segmento ST pueden
traducir las sobrecargas de presión y/o volumen.
Crecimiento o hipertrofia del ventrículo
derecho
El crecimiento del VD produce un aumento
del voltaje de la onda R en las derivaciones precordiales
derechas, que generalmente se acompaña de una desviación
derecha del eje.
Diagnóstico ECG (en adultos):
• En el plano frontal:
– Ondas S profundas en I y aVL.
– Ondas R altas en II, III y aVF.
– Desviación derecha del eje entre ($ +100º)
• En precordiales:
– Onda R > 7 mm en V1.
– Onda R V1 > onda S V1.
– Onda R V1 > onda R V5-6.
– Disminución progresiva de la R de V1 a V6.
– Alteraciones de la repolarización en derivaciones
derechas (V1-3).
En los niños existe una hipertrofia fisiológica
del VD que va disminuyendo con la edad, por tanto estos
criterios de hipertrofia no son aplicables.
Los criterios electrocardiográficos de los crecimientos
del VD están menos estandarizados que los del VI,
variando en un amplio margen en función de la etiología.
En las cardiopatías congénitas que cursan
con hipertrofia del VD, existe un gran predominio de las
fuerzas de ese ventrículo, que dan lugar a ondas
R de gran voltaje en V1, incluso con patrones qR;
mientras que en las hipertrofias adquiridas las fuerzas
del VD están aumentadas en menor grado y se balancean
con las del VI, dando lugar a complejos RS en V1 con ondas
R de similar tamaño que las S. Las hipertrofias del
VD que acompañan a la EPOC se caracterizan por la
existencia de fuerzas dirigidas hacia la derecha al final
de la activación ventricular, que dan lugar a complejos
rS de V1-6.
Crecimiento o hipertrofia del ventrículo
izquierdo (HVI)
En el caso del el ventrículo izquierdo
la correlación fisiopatológica entre los distintos
criterios electrocardiográficos de HVI y la presencia
y magnitud de la HVI medida mediante métodos incruentos
(ecocardiografía) ha sido ampliamente estudiada,
particularmente en el contexto de la hipertensión
arterial tanto en varones como en mujeres. El ECG presenta
una elevada especificidad para el diagnóstico de
la HVI en sujetos hipertensos, superior al 95 por ciento.
Sin embargo, la sensibilidad es pobre y varía en
función de los diferentes criterios aplicados (Tabla
2). Por tanto, la ausencia de HVI electrocardiográfica
no descarta la presencia real de HVI mediante otros métodos
más sensibles, como el ecocardiograma
En los crecimientos del VI se produce un aumento de las
fuerzas eléctricas en esa cavidad, localizada hacia
la izquierda y atrás, que se traduce en un aumento
del voltaje de las ondas S en las derivaciones derechas
y de la onda R en las izquierdas. El aumento del grosor
del miocardio es también responsable de la mayor
duración de la despolarización ventricular
(aumenta, por tanto el tiempo de activación ventricular
del ventrículo izquierdo) y del retraso del inicio
de la repolarización en el epicardio, que permite
que la repolarización se inicie en el endocardio
(se invierte, en consecuencia, la dirección de la
onda T en las derivaciones izquierdas). Esto se une a los
cambios debidos a la sobrecarga ventricular.
Diagnóstico ECG:
Criterios de voltaje en precordiales (válidos en
sujetos mayores de 35 años de edad).
– RV5 + SV1 > 35 mm, (índice de Sokolov).
– RV5 > 26 mm.
– Suma de la R más alta y la S más profunda
> 45 mm.
– RV6 > RV5.
Criterios de voltaje en el plano frontal:
– RI + SIII > 26 mm.
– RaVL > 11 mm.
– RI > 13 mm.
– RaVL + SV3 > 20 mm en mujeres y de 28 mm en varones
(Criterio de Cornell).
Otros criterios:
– Crecimiento de la AI.
– Deflexión intrinsecoide en V5-6 > 0,05
seg.
– Eje izquierdo > (-) 30º.
– QRS > 0,09 seg.
– Alteraciones de la repolarización en derivaciones
izquierdas.
Los criterios clásicos de voltaje (Tabla
3) presentan una elevada especificidad, pero son poco
sensibles para el diagnóstico de hipertrofia del
VI (entre un 25 y un 50 por ciento). Romhilt y Estes describieron
un sistema de puntuación que, además del voltaje,
valora la presencia del resto de parámetros (Tabla
4). Con su aplicación, se consigue elevar la
sensibilidad al 60 por ciento, manteniendo una elevada especificidad
del 97 por ciento.
La hipertrofia del VI altera la función diastólica
del mismo, el cual consigue llenarse a expensas de contracciones
auriculares potentes. Esta sobrecarga retrógrada
de la AI da lugar a la presencia de criterios electrocardiográficos
de crecimiento/dilatación de la AI y favorece la
caída en fibrilación auricular a medio y largo
plazo.
Sobrecarga ventricular
Las sobrecargas ventriculares crónicas,
tanto de presión como de volumen, producen alteraciones
en la funcionalidad del miocardio con expresividad electrocardiográfica
relacionada con los criterios de hipertrofia ventricular.
En las sobrecargas de presión o sobrecarga sistólica
(debida generalmente a HVI en el seno de hipertensión
arterial mantenida, o menos frecuentemente, estenosis aórtica)
podemos observar signos de hipertrofia ventricular (su principal
sustrato anatómico) acompañados de signos
ECG de sobrecarga sistólica consistentes en alteraciones
de la repolarización ventricular: aplanamiento e
inversión (generalmente asimétrica) de la
onda T, descenso del segmento ST, de una magnitud todo ello
similar a la de la sobrecarga. El término strain
pattern es utilizado ampliamente en la HVI debida a hipertensión
arterial mantenida (su causa más frecuente) con morfología
de sobrecarga de presión llamativa (Figura 10). Sin
conocer la historia del paciente, exploración y el
resultado de otras pruebas, no es posible diferenciar una
HVI severa debida a la hipertensión arterial, a una
valvulopatía (estenosis aórtica) o incluso
(en determinados casos) a una miocardiopatía hipertrófica.
Las alteraciones de la repolarización aparecerán
fundamentalmente en las derivaciones más próximas
al ventrículo hipertrofiado.
En las sobrecargas crónicas de volumen (debidas a
insuficiencia aórtica, insuficiencia mitral, miocardiopatía
dilatada) denominadas sobrecarga diastólica observamos
ondas T altas y picudas, con un leve descenso del segmento
ST.
En estadios avanzados de la mayoría de las cardiopatías,
donde se ha alcanzado una gran dilatación ventricular,
cardiomegalia radiológica, fallo contráctil
del ventrículo izquierdo y síntomas clínicos
asociados (insuficiencia cardiaca) es frecuente que se produzca
un bloqueo completo de rama izquierda (BCRI) que se relaciona
con la disfunción ventricular. En estos casos los
criterios de sobrecarga e hipertrofia mencionados no tienen
valor, debido a la importante alteración del voltaje
y de la repolarización que se produce en presencia
de BCRI.
Aunque la sobrecarga ventricular izquierda (acompañada
o no de criterios de HVI) es mucho más común
electrocardiográficamente, la sobrecarga ventricular
derecha debe también reconocerse (Figura
11) Clínicamente se relaciona con sobrecargas
agudas o crónicas del VD: tromboembolismo pulmonar,
Hipertensión pulmonar debida a EPOC (cor pulmonale)
u otras causas incluyendo la esencial, determinadas cardiopatías
congénitas (estenosis pulmonar, cortocircuitos izquierda-derecha
–CIV-, etc.). De igual forma, el BCRD puede traducir
tanto hipertrofia como dilatación del ventrículo
derecho.
Hipertrofia biventricular
La hipertrofia biventricular puede verse
en las hipertrofias del ventrículo izquierdo muy
evolucionadas con dilatación de todas las cavidades,
en pacientes con cardiopatías que afectan a ambos
lados del corazón y en pacientes con importante comorbilidad
(EPOC + HTA severa, EPOC + insuficiencia cardiaca, etc.).
– Morfología: Coexistencia en un ECG de criterios
de hipertrofia de ambos ventrículos; no obstante,
puede existir «balanceo» o compensación
eléctrica y presentar el ECG un aspecto «normal»
o sólo con con discretas alteraciones inespecíficas
de la repolarización.
Diagnóstico ECG:
– Eje derecho (> +90º) con R altas en V5-6.
– R altas en V1-2 y V5-6.
Valoración de la hipertrofia o crecimiento
ventricular
El hallazgo de criterios electrocardiográficos
de hipertrofia ventricular (acompañados o no de sobrecarga)
obliga a la búsqueda del diagnóstico etiológico
a través de la historia clínica, la exploración
física y las pruebas complementarias necesarias;
en estos casos, a menudo está indicada la confirmación
ecocardiográfica de la hipertrofia, la valoración
etiológica, de su magnitud, repercusión en
las cavidades cardiacas y en la función ventricular,
estado de las válvulas cardiacas, etc. En cualquier
caso, el pronóstico de la hipertrofia ventricular
dependerá del factor causal o enfermedad de base,
si bien en la hipertensión arterial, aspecto extensamente
estudiado, la HVI en sí misma, tanto ECG como ecocardiográficamente,
tiene un valor pronóstico independiente y aditivo
para la incidencia de episodios cardiovasculares mayores
(cardiopatía isquémica, ictus) como de mortalidad
cardiovascular y global.
Los criterios de hipertrofia ventricular no son válidos
en presencia de bloqueos de conducción ventricular
(BCRD, BCRI).
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