Técnicas diagnósticas básicas
Cápitulo2- El Electrocardiograma.
Arritmias y trastornos de la conducción cardíaca (II)
Alteraciones del ritmo cardiaco.
revisión teórica
ritmo sinusal normal
El impulso eléctrico generado en las
células marcapaso del nodo sinusal (NS) se transmite
por fascículos específicos de conducción
internodales hasta el nodo aurículo-ventricular (NAV),
donde se detiene. En este recorrido, el estímulo
va despolarizando a los miocitos auriculares, primero de
la aurícula derecha y posteriormente de la izquierda,
para provocar a continuación su contracción.
En el NAV constituye el único punto permeable a la
corriente eléctrica que existe entre la aurículas
y los ventrículos. A su paso por él, la conducción
del impulso sufre un retraso fisiológico que permite
el vaciamiento total de ambas aurículas. Posteriormente,
el impulso alcanza el sistema especial de conducción
ventricular constituido por el haz de His, sus ramas y el
sistema de Purkinje, que lo distribuye de forma muy rápida
por todo el miocardio ventricular, permitiendo la contracción
sincrónica y eficaz de ambos ventrículos (Figura
1). El sistema de transmisión de impulsos cumple
su función gracias a las distintas velocidades de
conducción de los miocitos de cada nivel (Tabla
1).
El ritmo cardiaco normal viene determinado por las células
marcapasos del NS, que disparan a una frecuencia comprendida
entre los 60 y los 100 lpm, bajo el control del sistema
nervioso autónomo a través de la estimulación
vagal (bradicardizante) y simpática (taquicardizante).
Las características electrocardiográficas
del ritmo sinusal (RS) normal se recogen en la Tabla
2.
Para realizar un cálculo rápido, aunque aproximado,
de la frecuencia cardiaca, puede aprovecharse el hecho de
que ésta es proporcional a la distancia que existe
entre dos RR consecutivos. Cuando el corazón va a
300 lpm, la distancia RR es de 0,20 seg. (5 mm, o un cuadro
grande a la velocidad estándar de 25 mm/seg.); cuando
la frecuencia es de 150 lpm, el RR mide 0,4 seg. (dos cuadrados
grandes), y cuando es de 100 el RR alcanza 0,6; es decir,
la frecuencia puede calcularse dividiendo 300 por el intervalo
RR expresado como el número de cuadrados grandes
que aparecen entre dos complejos consecutivos. En las arritmias
que cursan con intervalos RR irregulares, la frecuencia
cardiaca promedio se calcula contando el número de
complejos que existen en un intervalo determinado, por ejemplo
10 seg. (50 cuadrados grandes), y multiplicándolo
por 6.
Arritmias: Mecanismos
de producción
El único ritmo cardiaco normal es
el ritmo sinusal que disparan a una frecuencia comprendida
entre 60 y 100 lpm, de forma que cualquier ritmo que no
cumpla estas condiciones, constituirá una arritmia.
No obstantes, no todas las arritmias tienen trascendencia
clínica, ya que en ocasiones constituyen meras adaptaciones
fisiológicas.
Alteraciones del ritmo sinusal
El ritmo sinusal lento, con una frecuencia
menor de 60 lpm, se denomina bradicardia sinusal; y el rápido,
si la frecuencia es superior de 100 lpm, constituye la taquicardia
sinusal. Generalmente son secundarios a cambios en el tono
nervioso autónomo o consecuencia de procesos patológicos
extracardiacos. Distintos estímulos pueden alterar
la frecuencia del NS latido a latido, siendo el más
importante las modificaciones que en la precarga provocan
los movimientos respiratorios. En las arritmias sinusales,
todas los estímulos eléctricos se originan
en el NS, pero a intervalos no constantes.
Ritmos no sinusales
Las descargas no sinusales, a su vez, se
dividen en dos grandes grupos:
Latidos y ritmos de escape
Cuando la lesión afecta a la célula marcapaso
normal o al sistema de conducción se produce una
pausa mayor de un ciclo, seguida de la descarga posterior
de un foco no sinusal, que puede corresponder a un latido
único o a un ritmo de escape. La presencia o no de
onda P y la morfología del complejo QRS, dependerá
del foco que asuma el ritmo (Tabla 3):
Extrasístoles y taquicardias
Cuando la lesión asienta en la célula que
descarga o foco ectópico, aparecen complejos QRS
antes de lo esperado, que se denominan extrasístoles
cuando son únicos, o taquicardia si son más
de tres. A su vez, las taquicardias serán no sostenidas
si duran menos de 30' y no producen deterioro hemodinámico,
y sostenidas en caso de duración mayor. La morfología
de los ES dependerá de la localización anatómica
del foco ectópico (Tabla
4).
Los extrasístoles ventriculares (ESV) se identifican
fácilmente, ya que presentan alteraciones en la morfología
del QRS y de la onda T. Los complejos QRS son más
anchos debido a que la conducción es más lenta
por realizarse al margen del sistema de conducción,
y de mayores voltajes, ya que la despolarización
de ambos ventrículos no se realiza de forma simultánea
y no se contrarrestan los voltajes. La activación
anormal de los ventrículos por fuera del sistema
de conducción da lugar a una repolarización
también anómala, de forma que la onda T será
(-) en las derivaciones con complejos QRS (+), y (+) en
las derivaciones con complejos ventriculares (-). En los
ESV suele existir pausa compensadora: el intervalo pre-ESV
es menor que el intervalo entre dos latido normales y el
post-ESV es mayor, de forma que la distancia entre el complejo
previo y el posterior al ESV es el doble del ciclo cardíaco
normal. El ESV no despolariza a la aurícula por lo
que no altera el ritmo sinusal. El primer latido sinusal
normal tras el-ESV no activa el ventrículo por encontrarse
éste en periodo refractario, pero el siguiente sí,
lo que da lugar a una pausa mayor. En ocasiones el ESV sí
despolariza la aurícula retrógradamente y
no aparece pausa compensadora. Tampoco aparece pausa compensadora
si el ESV es muy precoz y no impide la conducción
del primer latido auricular normal (ESV interpolado).
Los extrasístoles auriculares y nodales son frecuentes
en individuos sanos. Pueden aparecer en el seno de cualquier
cardiopatía, pero su presencia no obliga a descartar
patología orgánica. Los ESV también
pueden darse en individuos normales, pero la prevalencia
de cardiopatía es mayor. Los ESV, per se, no empeoran
el pronóstico del paciente, éste viene determinado
por la cardiopatía de base. Los ESV de foco múltiple
o polimórfos (de distinta morfología), los
frecuentes (más de 6 ESV por min.) y los acoplados
al ritmo normal (bigeminismo, alternancia de un ESV con
un latido normal; trigeminismo, dos latidos normales seguidos
del ESV, etc.) se acompañan con mayor frecuencia
de cardiopatía orgánica, por lo que actúan
como marcadores de peor pronóstico.
Existen dos mecanismos fisiopatológicos fundamentales
de producción de extrasístoles y taquicardias.
Un foco determinado o ectópico, puede iniciar descargas
rápidas a una frecuencia determinada, lo que generalmente
traduce la presencia de alteraciones eléctricas en
la membrana de sus células; o puede instaurarse un
mecanismo de reentrada. En este segundo caso se establece
un cortocircuito, anatómico o funcional, a partir
de una vía anómala que se encuentra en período
refractario para la conducción anterógrada,
pero que permite la conducción retrógrada
posterior y la reintroducción del estímulo
en el circuito (Figura
2).
Diagnóstico electrocardiográfico
de las arritmias
El manejo crónico de las arritmias
excede generalmente la responsabilidad del médico
de Atención Primaria. No obstante, la frecuencia
de algunas arritmias crónicas, como la fibrilación
auricular, o la elevada morbi-mortalidad de otras cuando
no se tratan adecuadamente, caso de las taquicardias ventriculares,
hacen necesario que el médico de Atención
Primaria domine su diagnóstico electrocardiográfico,
se familiarice con los principios generales del tratamiento
y conozca más a fondo el tratamiento concreto de
algunas de ellas.
El RS constituye el único ritmo cardiaco normal,
de forma que cualquier ritmo que no cumpla las condiciones
ya descritas constituirá una arritmia. Éstas,
por tanto, pueden definirse como aquellas alteraciones en
la formación del impulso eléctrico o en su
transmisión a lo largo del sistema específico
de conducción. Las primeras suelen cursar con frecuencias
elevadas y se denominan taquiarritmias; las segundas, generalmente
de baja frecuencia, constituyen los bloqueos.
Arritmias por alteración en la formación
del impulso: Taquiarritmias
La siguiente clasificación está
basada en criterios electrocardiográficos, no en
criterios clínicos, ni fisiopatológicos. Desde
un punto de vista diagnóstico práctico, las
taquiarritmias pueden clasificarse en función de
dos parámetros sencillos: la regularidad de los ciclos
y la morfología de los complejos QRS. Todas las arritmias
pueden ser englobadas en alguna de las cuatro categorías
que se obtienen al aplicar estos parámetros, de forma
que ante un patrón determinado el diagnóstico
diferencial queda reducido a unas pocas posibilidades. Está
clasificación facilita el proceso diagnóstico,
pero hay que tener en cuenta que los distintas arritmias
englobadas en una misma categoría pueden obedecer
a procesos fisiopatológicos distintos y presentar
implicaciones pronósticas y terapéuticas también
muy diferentes.
Taquicardias de QRS estrecho
y RR regular
Taquicardia sinusal (TS)
La TS se caracteriza por la presencia de ondas P de características
sinusales, con una frecuencia superior a los 100 lpm, aunque
rara vez se alcanzan frecuencias superiores a los 150 lpm
en reposo. Su inicio y su fin se alcanzan de forma progresiva
y generalmente obedecen a estados de activación adrenérgica,
ya sean fisiológicos (ejercicio físico) o
secundarios a procesos patológicos (ICC, TEP, fiebre,
hipertiroidismo o estados de ansiedad), o a situaciones
de alto gasto (anemia, embarazo).
Un significado similar tiene la taquicardia no paroxística
de las unión. En condiciones normales, la frecuencia
intrínseca del NAV es de 40-60 lpm; en esta taquicardia
el nodo dispara a 70-130 lpm, por lo que sustituye al nodo
sinusal como marcapasos del ritmo cardiaco. Su inicio y
su fin son progresivos, el QRS es estrecho y no existen
ondas P, aunque en ocasiones se produce la despolarización
retrógrada de la aurícula desde el nodo, lo
que determina la aparición de ondas P (-).
Taquicardia auricular monomórfica
(unifocal)
En ellas se identifica una única onda P de morfología
distinta a la P sinusal, en tamaño y eje, en función
del origen de la activación auricular. En ausencia
de cardiopatía suelen corresponder al aumento del
automatismo de un foco ectópico, y en caso de cardiopatía
con afectación atrial (p.e.: estenosis mitral) se
deben a mecanismos de reentrada auricular.
Clínicamente pueden aparecer de forma paroxística
manifestándose como palpitaciones, o de forma incesante.
Está últimas suelen cursar de forma asintomática
y evolucionar a disfunción ventricular, de modo que
suele diagnosticarse en la fase de taquimiocardiopatia en
forma de disnea de esfuerzo.
Taquicardia supraventriculares
por mecanismos de reentrada
Estas arritmias se caracterizan por ser de inicio y final
bruscos, en función de la activación o desactivación
del cortocircuito que las produce, con una frecuencia, por
lo general, superior a los 180 lpm. Cuando no se observan
ondas de despolarización auricular no se puede indentificar
el mecanismo, pero la presencia de un onda P’ posterior
al QRS (PR > RP) es diagnóstica del mecanismo
de reentrada, ya sea por una reentrada intranodal (RIN)
o por una reentrada ortodrómica por el haz anómalo
en un WPW.
En estos casos se produce un cortocircuito favorecido por
la presencia de dos zonas con distintas características
de conducción: una de conducción rápida
y periodo refractario largo y otra de conducción
más lenta, pero con un periodo refractario más
corto. En condiciones normales el impulso solo se conduce
por la vía de conducción rápida, pero
un estímulo precoz puede encontrar a esta vía
en periodo refractario y quedar bloqueado. En este caso
el estímulo se conducirá hacia los ventrículos
por la vía más lenta y de forma retrógrada
se conducirá también hacia las aurículas
por la vía rápida. La llegada del estímulo
al punto inicial de bifurcación producirá
una nueva conducción anterógrada por la vía
lenta, con lo que el circuito reentrante queda establecido.
Estos circuitos pueden establecerse por alteraciones en
las fibras de conducción intranodales, dando lugar
a las RIN (Figura 2), o pueden emplear los fascículos
anómalos que unen a las aurículas y los ventrículos
al margen del nodo A-V en los síndromes de preexcitación
(Figura 3). En las taquicardias ortodrómicas del
W-P-W, el estímulo baja de aurículas a ventrículos
por el NAV y sube de ventrículos a aurículas
a través del haz anómalo, con la consecuente
activación ventricular a través de las vías
específicas de conducción, que dará
lugar a un QRS de anchura normal.
En las reentradas, por lo general, la activación
auricular se produce de forma simultánea a la de
los ventrículos, por lo que la onda P coincide con
el QRS y no es visible en el ECG. No obstante, si la conducción
por las aurículas es más lenta, la onda P
sí puede ser observada inmediatamente por detrás
del QRS, de forma que el intervalo RP será menor
que el intervalo PR. En las taquicardias auriculares por
foco ectópico, el intervalo PR puede ser variable,
pero siempre más corto que el intervalo RP.
Las reentradas suelen cursar con frecuencias superiores
a los 180 lpm. Su inicio y su fin son bruscos, su duración
es muy variable (de minutos a varias horas) y tienden a
recurrir con períodos de tiempo también muy
variables entre las crisis. El pronóstico suele ser
bueno y no depende de la taquicardia en sí, sino
de su duración y, fundamentalemte, de la situación
previa del miocardio.
Cualquier fenómeno que bloquee el estímulo
en su movimiento circular producirá el cese brusco
de la taquicardia, siendo las maniobras vagalas (Valsalva,
masaje del seno carotídeo) el tratamiento inicial
de elección. En los pacientes con crisis recurrentes
se recomienda la realización de estudios electrofisiológicos
para descartar la presencia de vías anómalas,
siendo la ablación por radiofrecuencia el tratamiento
de elección en estos casos.
Flútter auricular con bloqueo
AV fijo
El flútter es un ritmo auricular rápido, organizado
y regular que suele aparecer en pacientes con dilatación
auricular. La activación auricular en esta arritmia
es tan elevada (entre 250 y 300 lpm) que siempre debe existir
un cierto grado de bloqueo A-V. El bloqueo es responsable
del patrón típico en "dientes de sierra",
donde la línea basal es sustituida por la sucesión
de varias ondas de flútter (ondas F) entre dos complejos
QRS. La frecuencia auricular permanece estable, pero la
respuesta ventricular varía en función del
grado de bloqueo en el nodo AV; cuando éste es fijo,
el flútter responde al patrón electrocardiográfico
descrito.
En el flútter derecho típico, el más
frecuente, la activación auricular se produce a una
frecuencia entre 240 y 340 lpm, mediante un frente eléctrico
que va girando continuamente alrededor de la aurícula
derecha en sentido antihorario: el frente sube por la cara
anterior (deflexión negativa en derivaciones de la
cara inferior) y baja por la posterior hacia la zona de
la desembocadura de la cava inferior (deflexión positiva
en derivaciones inferiores que termina en una zona en meseta
que corresponde a la conducción más lente
por el istmo cavo tricuspídeo). El frente está
siempre girando alrededor de la aurícula, por lo
que no se registra línea isoeléctrica entre
dos ondas de flútter, sino una ondulación
continua positivo-negativa.
El tratamiento depende del compromiso hemodinámico
y de la reversibilidad de la causa; la cardioversión
suele ser eficaz, pero las recidivas son frecuentes si no
se controla la patología de base. La ablación
por radiofrecuencia del istmo cavo tricuspídeo es
de elección en los flútter derechos, ya que
puede solucionar de forma definitiva la arritmia.
Taquicardias de QRS estrecho
y RR irregular
Taquicardia auricular multifocal
(TAM)
En la TAM múltiples focos auriculares ectópicos
son capaces de despolarizar a la aurícula y conducir
el estímulo al ventrículo. Esta arritmia puede
aparecer en individuos sanos o como escape en situaciones
de estimulación vagal intensa, pero generalmente
se ve en pacientes portadores de cardiopatías que
cursan con dilatación auricular: valvulópatas,
EPOC, etc., por lo que suelen preceder a la fibrilación
auricular.
En el ECG se observan ondas P de distinta morfología
delante de cada QRS, con intervalos PR y PP distintos. La
activación ventricular es normal.
Flútter auricular con bloqueo
AV variable
El NAV siempre bloquea periódicamente la conducción
de los estímulos auriculares en el flútter,
lo que da lugar a distintos grados de bloqueo A-V. En los
pacientes no tratados, el bloqueo suele ser 2:1, lo que
produce una frecuencia ventricular cercana a los 150 lpm.
con ritmo regular. En ocasiones el bloqueos A-V varía
de intensidad latido a latido, lo que da lugar a un ritmo
irregular en el que la distancia entre los distintos RR
es variable pero siempre múltiplo de la frecuencia
auricular, que generalmente corresponde a 300 lpm.
Fibrilación auricular
En la FA se producen microrreentradas auriculares múltiples
que dan lugar a la descarga simultánea de múltiples
focos auriculares ectópicos de forma desorganizada,
ninguno de los cuales es capaz de despolarizar a la aurícula;
no se registra, por tanto, onda P en el ECG, ni existe actividad
contractil auricular. La despolarización ventricular
se produce de forma errática según el estado
de conducción del nodo AV. En el ECG, no se observan
ondas P, la línea basal es irregular y la respuesta
ventricular irregular y rápida (> 150 lpm.) en
pacientes no tratados, con intervalos RR distintos latido
a latido.
La FA puede aparecer como la complicación de una
cardiopatía subyacente evolucionada (generalmente
las que cursan con dilatación auricular), ser secundaria
a una enfermedad extracardiaca (hipertiroidismo, embolismo
pulmonar, ingesta aguda o crónica de alcohol) o presentarse
de forma aislada como una cardiopatía específica
(FA aisladas, sin cardiopatía subyacente). Constituye
la arritmia persistente más común, con una
prevalencia en la población adulta del 2 por ciento.
Su frecuencia aumenta con la edad, de forma que su incidencia
se dobla con cada década a partir de los 60 años
(el 50 por ciento de los pacientes con FA son > de 75
años, situándose la prevalencia en este grupo
de edad sobre el 10 por ciento).
Su presencia se asocia a una elevada morbimortalidad; de
modo que, en ausencia de otros factores de riesgo asociados,
la mera presencia de la FA multiplica por dos la mortalidad
general.
El estasis saguíneo intraauricular secundario a la
falta de contracción induce la formación de
coágulos auriculares, por lo que la aurícula
izquierda se convierte en un importante foco de embolias
sistémicas. Cerca del 20 por ciento de los ACVA tienen
un origen cardiogénico, siendo la FA responsable
de la mayoría de ellos.
Arritmia respiratoria
No constituye una situación patológica, sino
la adaptación fisiológica del NS a las variaciones
que en la precarga provocas los movimientos respiratorios.
Durante la inspiración, la contracción del
diafragma disminuye la presión intratorácica
y se incrementa el retorno venoso, lo que produce un efecto
inotropo y cronotropo positivos. Durante la espiración
se produce el fenómeno inverso.
Taquicardias de QRS ancho y RR regular
Taquicardias supraventriculares conducidas
con aberrancia
Cualquier taquicardia regular que tenga su origen por encima
del Haz de His (TS, TA, flútter auricular, taquicardia
intranodal, etc.) y que se conduzca en los ventrículos
con bloqueo de rama, responderá a este patrón
electrocardiográfico. En el ECG se observarán
las alteraciones específicas de cada arritmia, pero
con complejos ventriculares anchos y de morfología
típica de bloqueo completo de rama izquierda o derecha.
En caso de lesión incipiente en el sistema de conducción
ventricular, es posible que los estímulos se transmitan
de forma adecuada, con QRS estrecho en el ECG, cuando la
frecuencia sea normal, pero que se conduzcan con aberrancia
en caso de taquicardia.
Taquicardias supraventriculares conducidas
por vías accesorias
(haz de Kent)
Cualquier taquicardia supraventricular regular conducida
a los ventrículos a través de un haz de Kent
permeable dará lugar a este patrón electrocardiográfico,
con un QRS ancho secundario a la presencia de las ondas
d típicas del WPW.
Taquicardia antidrómica en
el WPW
La presencia de un haz anómalo paralelo al NAV que
comunica aurículas y ventrículos permite la
aparición de reentradas que dan lugar a taquicardias
de inicio súbito. En las antidrómicas, menos
frecuentes que las ortodrómicas, el estímulo
baja de aurícula a ventrículo por el haz anómalo
y sube de ventrículo a aurícula a través
del NAV, lo que da lugar a complejos QRS anchos al presentan
la morfología de la máxima prexcitación
durante la taquicardia (Figura
3). Las vías accesorias con conducción
bidireccional pueden sustentar taquicardias antidrómicas
y ortodrómicas.
Taquicardia ventricular (TV)
Por sus implicaciones pronósticas, esta debe ser
siempre la primera posibilidad a barajar en caso de presentación
de este patrón electrocardiográfico. Rara
vez aparece en individuos sanos, por lo que es obligado
descartar patología orgánica, fundamentalmente
cardiopatía isquémica aguda o crónica,
miocardiopatías, intoxicación medicamentosa
(digoxina, quinidina), alteraciones iónicas (hipopotasemia,
hipomagnesemia) o a entidades más específicas
como la displasia arritmogénica del ventrículo
derecho, la cual ha de ser sospechada en caso de taquicardias
ventriculares con morfología de BCRI en pacientes
jovenes.
La TV se caracteriza por ser regular, de QRS ancho (>
0,12 s) y con una frecuencia superior a los 100 lpm. La
actividad auricular puede observarse en el 50-60 por ciento
de los casos, suele ser independiente de la ventricular
y más lenta (disociación aurículo-ventricular),
aunque a veces es posible ver latidos de fusión (activación
ventricular por una doble vía: supraventricular y
ventricular, que da lugar a complejos anchos pero de distinta
morfología que los previos) y de captura (complejos
de QRS estrechos precedidos de onda P).
Existen dos mecanismos fundamentales en la génesis
de las TV, la reentrada, por microrreentradas, que explican
la mayoría de las TV sostenidas, crónicas,
recurrentes y monomorfas, o por macrorreentradas que engloban
una amplia zona aneurismática o necrosada; y el foco
ectópico, que explican algunas TV rápidas
y la mayoría de las TV lentas (ritmos idioventriculares
acelerados -RIVA-), que se observan durante la fase aguda
de los síndromes coronarios agudos (SCA) y que suelen
ser un signo de repermeabilización coronaria.
No siempre es sencillo diferenciar las TV de las TSV conducidas
con aberrancia; la presencia de disociación auriculo-ventricular
y la concordancia en precordiales (QRS de la misma morfología
en todas las derivaciones precordiales) son diagnósticas
del origen ventricular de la taquicardia.
Los ESV y las TV no sostenidas (> 3 complejos seguidos,
pero de < 30 seg de duración) son frecuentes.
Los ESV pueden aparecer en individuos normales, aunque si
son muy frecuentes y de distinta morfología la probabilidad
de que exista patología estructural es mayor. Los
ESV, como marcadores de cardiopatía estructural evolucionada,
implican peor pronóstico, pero su tratamiento no
mejora la supervivencia, por lo que no deben emplearse fármacos
antiarrítmicos.
Si la TV es mal tolerada y condiciona una disminución
del nivel de conciencia o una hipotensión severa,
el tratamiento de elección es la cardioversión
eléctrica inmediata; aunque en situaciones menos
comprometidas es preferible el tratamiento farmacológico.
La lidocaína es eficaz para el tratamiento de las
TV que acontecen en el seno de los SCA, pero fuera de éste
es preferible el empleo de otros fármacos antiarrítmicos:
procainamida o amiodarona.
Ritmo idioventricular acelerado (RIVA)
El RIVA constituye un tipo especial de arritmia ventricular
caracterizado por la ausencia de ondad P y la presencia
de complejos ventriculares anchos, a una frecuencia de 70-100
lpm. En condiciones normales, los miocitos ventriculares
tienen una frecuencia de descarga muy baja, en torno a los
30 lpm; pero en determinadas circunstancias, un foco ventricular
puede disparar a frecuencias más elevadas, llegando
a anular el ritmo sinusal normal. El RIVA no constituye
una taquicardia, ya que suele presentar una frecuencia entre
70 y 100 lpm. Es una arritmia a menudo benigna, bien tolerada
y de vida corta, que suele ocurrir en el seno de los SCA,
aunque ocasionalmente puede asociarse a otra cardiopatía
o ser el resultado de una intoxicación digitálica.
Generalmente no requiere tratamiento específico,
a no ser que la falta de contracción auricular sea
causa de insuficiencia cardiaca. Si es necesario el tratamiento,
la lidocaína es el fármaco de elección.
Taquicardias de QRS ancho y RR irregular
Torsades de Pointes
Constituye un tipo especial de taquicardia ventricular polimorfa
en la que los complejos QRS cambian de dirección,
retorciéndose alrededor de la línea isoeléctrica.
Aparece cuando un ESV coincide con el período de
máxima vulnerabilidad del QT (el intervalo QT se
corresponde con el período refractario del ciclo
cardíaco, salvo la cima y la rama descendente de
la onda T, que coincide con el período vulnerable
o de excitabilidad supernormal), siendo este fenómeno
más frecuente en los casos de QT prolongado (QTc
> 0,42”) (Tabla 5). Es una arritmia de mal pronóstico,
que suele conducir a la parada cardiaca en poco tiempo.
Fibrilación ventricular (FV)
En la FV, al inicio, aparecen complejos ventriculares irregulares
polimorfos, que en poco tiempo se van transformando en una
línea basal irregular sin claros complejos QRS, todo
ello en ausencia de contracciones cardiacas eficaces.
En la FV se produce el disparo simultáneo de múltiples
focos ectópicos ventriculares que son incapaces de
despolarizar organizadamente el ventrículo y producir
su contracción, provocando el fallo ventricular como
bomba. Esta situación desencadena en poco tiempo
un shock cardiogénico con hipotensión severa
y ausencia de pulso, que si no se trata de forma inmediata
conducirá a la muerte en pocos minutos. Cualquier
arritmia ventricular no controlada o supraventricular con
respuesta ventricular rápida, puede derivar en una
FV. La FV es muy frecuente durante los SCA y como complicación
final de cualquier cardiopatía muy evolucionada;
también puede aparecer en el seno de las alteraciones
iónicas extremas, de una hipoxia severa mantenida
o de una intoxicación medicamentosa.
El tratamiento siempre ha de ser el choque eléctrico
inmediato empleando el desfibrilador en modo “asincrónico”
a 200-360 J.
Síndrome de Brugada
Descrito hace pocos años, este síndrome cursa
con un ECG basal en el que puede observarse un imagen de
bloqueo de rama derecha con elevación del segmento
ST en derivaciones precordiales derechas (V1-3), que clínicamente
da lugar a episodios sincopales y/o de muerte súbita,
en pacientes con un corazón estructuralmente normal.
Dichos episodios son causados por crisis de taquicardia
ventricular polimórfica rápida, que aparecen
de forma brusca sin pródromos y sin prolongación
del segmento QTC. Este síndrome, determinado genéticamente
(anomalías en el cromosoma 3 con transmisión
autosómica dominante y predominio en varones) y que
consiste en una alteración de los canales del sodio,
constituye la causa más frecuente de muerte súbita
en pacientes < 50 años sin cardiopatía
conocida. Tanto en pacientes asintomáticos (alteraciones
en el ECG basal) como en pacientes con síncopes o
recuperados de una muerte súbita, el pronóstico
es malo (elevada mortalidad por fibrilación ventricular),
por lo que su diagnóstico casual obliga a valorar
la necesidad de implantar un desfibrilador.
FA en el síndrome de WPW
En esta arritmia no se observan ondas P, los intervalos
RR son muy irregulares, la respuesta ventricular es muy
rápida y los complejos QRS son anchos con un empastamiento
inicial que corresponde a la onda d. Típicamente,
la anchura de los complejos varía latido a latido
en función de la velocidad de conducción de
la vía anómala. El síndrome de WPW
en el ECG basal no siempre está presente.
Sin que se sepa la causa, la FA es más frecuente
en los pacientes con WPW que en los controles. En ocasiones
puede ser la presentación del WPW y, generalmente,
no suele haber otra cardiopatía orgánica subyacente.
Esta arritmia ha de sospecharse siempre que exista FA con
QRS ancho, por las importantes implicaciones terapéuticas
que conlleva, ya que están contraindicados todos
los fármacos que bloquean o enlentecen la conducción
por el NAV (digoxina, calcioantagonistas, b-bloqueantes)
por favorecer la conducción por la vía accesoria,
pudiéndose transmitir al ventrículo una cantidad
muy elevada de estímulos auriculares y desembocar
en una fibrilación ventricular. Los fármacos
más empleados son los del grupo Ia, Ic y III, aunque
si se requiere una rápida vuelta al ritmo sinusal
es preferible la CVE, dada la elevada posibilidad de desembocar
en una FV. Para el tratamiento a largo plazo es más
segura la ablación por radiofrecuencia de la vía
anómala.
FA conducida con aberrancia
En esta arritmia tampoco se observan ondas P, los intervalos
RR son irregulares y los complejos ventriculares son anchos
y con la morfología del bloqueo completo de la rama
correspondiente. En los ECG basales en ritmo sinusal la
imagen de BCR será idéntica a la previa.
En la FA son muy frecuentes los complejos QRS anchos, ya
sea por conducción aberrante o por ESV. La rama derecha
del haz de His tiene un periodo refractario más largo
que la izquierda, lo que hace que ante respuestas ventriculares
rápidas la rama derecha se bloquee con más
frecuencia. La entrada en FA de un corazón cuyos
ventrículos en condiciones basales conducen con BCR,
dará lugar también a este patrón electrocardiográfico.
En este caso, la presencia de complejos anchos no depende
de la frecuencia de la respuesta ventricular.
Arritmias por alteración en la conducción
del impulso: Bloqueos
La transmisión del impulso eléctrico
por el sistema especial de conducción puede verse
alterada en cualquier punto. En los caso leves, se producirá
una conducción más lenta, pero en los más
graves el impulso puede quedar completamente bloqueado.
Todos los elementos del sistema de conducción (NS,
NAV y haz de His y sus ramas) son susceptibles de bloquearse
(Figura 1).
Bloqueos sinoauriculares
La activación del NS no se puede observar en el ECG
de superficie. En los bloqueos sinoauriculares el estímulo
producido en el NS no se transmite adecuadamente a las aurículas;
de forma que los trastornos de conducción entre el
nodo y las aurículas sólo pueden deducirse
por las modificaciones producidas en el ritmo de la onda
P.
En los bloqueos leves, o de 1º grado, todos los impulso
del NS se transmite a las aurículas, pero de forma
más lenta, por lo que no tienen traducción
en el ECG de superficie. En los moderados o de 2º grado,
algún impulso sinusal no se transmite a las aurículas,
lo que da lugar a la ausencia de alguna onda P. Este bloqueo
puede ser de tipo I, con acortamiento progresivo del PP
hasta que falla un latido (fenómeno de Wenckebach),
o de tipo II, con falta de algún ciclo completo (P-QRS-T),
sin acortamiento progresivo del PP; en este caso, la distancia
entre la P previa al bloqueo y la posterior será
el doble del ciclo PP normal, o el intervalo de la pausa
será múltiplo del intervalo PP normal si se
bloquea más de un impulso, ya que el NS continúa
descargando a su frecuencia normal. Los bloqueos fijos 2:1,
son indistinguible de la bradicardia sinusal.
En los bloqueos severos o de 3º grado, ningún
impulso de NS es capaz de despolarizar a las aurículas,
provocando la ausencia de varios ciclos sinusales. Tras
una pausa sinusal, el ritmo sinusal puede restaurarse o
instaurarse un ritmo de escape más bajo: auricular,
de la unión AV o ventricular.
El bloqueo de salida del impulso del NS es generalmente
secundario a un tono vagal aumentado o a una isquemia del
NS, el cual está irrigado en el 60-75 por ciento
de los casos por una rama de la coronaria derecha. Pueden
pasar inadvertidos o producir bradicardias sintomáticas
e incluso síncopes; de forma que hasta un 30 por
ciento de los síncopes cardiogénicos son secundarios
a bloqueo sinusal con parada ventricular. Si los bloqueos
son sintomáticos hay que valorar la colocación
de un marcapasos.
La enfermedad del seno es una manifestación frecuente
de la disfunción del NS que se caracteriza por episodios
recurrentes de gran variedad de arritmias supraventriculares,
con la presencia de síncopes secundarios a episodios
de bloqueo seno auricular de 3º grado o parada sinusal.
En el ECG es frecuente la alternancia de bradicardia y taquicardias
(taquicardia sinusal, fibrilación o flútter
auriculares) y la presencia de un ritmo sinusal irregular
o de grados variables de bloqueo seno auriculares con parada
sinusal y ritmos de escape de la unión.
Bloqueos aurículoventriculares
(AV)
En los bloqueos AV se produce un aumento del retraso fisiológico
que sufre la conducción del impulso a través
del seno AV, que en los casos extremos determina la no transmisión
del impulso desde las aurículas a los ventrículos.
En los bloqueos de 1º grado, todas las ondas P son
conducidas, aunque con retraso, lo que determina un alargamiento
del PR > 0,2 seg. (5 mm).
En los de 2º grado alguna onda P no es conducida por
el NAV. Existen también dos tipos, en el tipo I se
observa un aumento progresivo del PR en cada ciclo, hasta
que una onda P queda bloqueada (fenómeno de Wenckebach),
y en los de tipo II el PR es constante y < 0,2 seg.,
quedando la onda P súbitamente bloqueada.
En los bloqueos AV completos o de 3º grado, ninguna
onda P es conducida a los ventrículos. En este caso,
los complejos QRS han de generarse por medio de focos de
escape en el NAV (ritmo idionodal) o en focos ventriculares
(ritmo idioventricular), de forma que ventrículos
y aurículas se despolarizan y contraen de forma independiente
(los intervalos PP y RR son fijos e independientes entre
sí). La morfología y la frecuencia del QRS
dependerán del ritmo de escape: en los escapes idionodales
el QRS es estrecho y la frecuencia se sitúa en torno
a los 50-60 lpm, y en los escapes idioventriculares el QRS
es ancho y a la frecuencia menor de 40 lpm.
Los bloqueos AV de 1º grado generalmente son debidos
a un aumento del tono vagal (fisiológico o farmacológico),
aunque también pueden aparecer en el seno de infecciones
agudas, en las miocarditis y en la cardiopatía isquémica
(el NAV está irrigado por la coronaria derecha en
el 90 por ciento de las personas). Los bloqueos de 2º
y 3º grado son casi siempre secundarios a cardiopatía
isquémica, aunque también pueden aparecer
en algunas infecciones agudas, en las miocarditis, en las
cardiopatías infiltrativas, en las fibrosis y con
el empleo de fármacos que enlentecen la conducción
AV (digoxina, calcioantagonistas, b-bloqueantes). El 65
por ciento de los síncopes cardiogénicos son
debidos a los bloqueos AV completos con parada ventricular.
Los bloqueos AV proximales, los que afectan al haz de His,
suelen ser de mejor pronóstico y mejor tolerados
hemodinámicamente; por lo general son secundarios
a estímulos vagales intensos y, los que son de origen
isquémico, se asocian a lesión en la coronaria
derecha o a infartos agudos de localización inferior;
mientras que los distales suelen obedecer a cardiopatías
isquémica que afecta a la coronaria izquierda y asociarse
a infartos anteriores. En los bloqueos completos proximales
el ritmo de escape idionodal es más rápido
y mejor tolerado que el ritmo idioventricular de escape
de los distales.
Bloqueos de rama
Son debidos a la interrupción del impulso eléctrico
en una de las ramas del Haz de His, con el consiguiente
retraso en la despolarización de ese ventrículo.
En esta situación ambos ventrículos no se
despolarizan de forma simultánea, sino uno detrás
de otro. La rama derecha del Haz de His es única,
mientras que la rama izquierda se subdivide en dos fascículos:
anterosuperior y posteroinferior. En cualquier punto del
trayecto de ambas ramas o fascículos la conducción
puede estar bloqueada.
La despolarización del ventrículo cuya rama
está bloqueada se hace de forma lenta por fuera del
sistema de conducción, por lo que el ECG registrará
un QRS más ancho; además la ausencia de vectores
de despolarización del ventrículo contrario
que la contrarresten dará lugar a deflexiones con
mayor voltaje (la presencia de un BCR imposibilita el diagnóstico
electrocardiográfico de las hipertrofias ventriculares).
Se observará, por tanto, un QRS con dos complejos
adosados, una onda R normal y una onda R’ posterior
correspondiente al ventrículo cuya rama está
bloqueada. La duración del QRS será siempre
> 0,12". Siempre que la despolarización de
un ventrículo no es normal, la repolarización
también se altera, de forma que en los bloqueos de
rama se invierte la onda T y desciende el ST en las derivaciones
que miran a la rama bloqueada.
Bloqueo de rama derecha (BCRD)
En el ECG se observa un QRS > 0,12” (3 mm), un
patrón rSR’ en derivaciones derechas y ondas
S anchas en derivaciones izquierdas; con alteraciones de
la repolarización en derivaciones derechas.
En los BCRD, el análisis de la porción inicial
del QRS, que corresponde a la despolarización normal
del ventrículo izquierdo, si permite identificar
la presencia de cicatrices postinfarto.
La presencia de un BCRD es asintomática; pero puede
auscultarse un desdoblamiento amplio del segundo tono que
aumenta en inspiración.
Los BCRD no son infrecuentes en individuos normales y su
presencia no obliga a descartar cardiopatía; no obstante
también pueden aparecer en presencia de coronariopatía,
en el IAM septal o inferior y en las situaciones que cursan
con hipertrofia o dilatación del VD o ante sobrecargas
agudas o crónicas de este ventrículo.
Bloqueo de rama izquierda (BCRI)
En los BCRI el QRS es mayor de 0,12”, se observan
complejos RR’ en derivaciones izquierdas y ondas S
o complejos QS profundos en derivaciones derechas, junto
a alteraciones de la repolarización en derivaciones
izquierdas.
La presencia de un BCRI dificulta el diagnóstico
electrocardiográfico de la cardiopatía isquémica.
Como los derechos, los BCRI son asintomáticos, y
en ellos se ausculta un desdoblamiento paradójico
del segundo tono audible en espiración
El BCRI es más raro en pacientes sin cardiopatía,
suelen asociarse a coronariopatías y a cardiopatías
que cursan con hipetrofia o dilatación del VI: miocardiopatía
hipertensiva, miocardiopatías dilatadas, miocardiopatías
infiltrativas, etc; por lo que su diagnóstico ocasional
generalmente si obliga a descartar cardiopatía de
base.
Bloqueo intraventricular inespecífico
Se debe a un retraso en la conducción a través
de las fibras de Purkinje. En el ECG se observa un QRS ancho
(> 0,12 seg), con una onda P siempre presente antes del
QRS y sin la imagen típica del BCRD ni del BCRI.
Bloqueo incompleto de rama
En estos caso se observa la morfología típica
de los bloqueos completos de rama, pero con un QRS entre
0,10 y 0,12 segundos.
Hemibloqueos o bloqueos fasciculares
de la rama izquierda
La rama izquierda pronto se divide en dos fascículos,
uno anterosuperior dirigido hacia la izquierda y otro pósteroinferior
dirigido hacia abajo, que activan de forma simultánea
distintos segmentos del ventrículo izquierdo y que
están entrelazados en su extremo distal a través
de las fibras de Purkinje.
En el bloqueo del fascículo anterior o hemibloqueo
anterior de la rama izquierda (HARI) está retrasada
la activación de los segmentos anterosuperiores del
VI, los cuales se despolarizan más tarde y de forma
retrógrada. Estas fuerzas terminales, que se dirigen
desde la punta hacia arriba y la izquierda, provocan que
el eje de despolarización ventricular se desplace
hacia la izquierda. En los hemibloqueos posteriores (HPRI),
la fuerzas terminales se dirigen desde la punta hacia abajo
y la derecha para activar a los segmentos inferiores y posteriores,
lo cual desvía el eje a la derecha. En los hemibloqueos
nunca se produce un ensanchamiento significativo del QRS,
ya que ambos fascículos están unidos en su
extremo distal y el ventrículo siempre se despolariza
por tejido específico de conducción. Por la
misma razón, tampoco se producen alteraciones de
la repolarización.
En el ECG, el HARI da lugar a desviaciones muy izquierdas
del eje de despolarización ventricular en el plano
frontal (mayores de - 30º), QRS discretamente ensanchados
(entre 0,10 y 0,12”) y ondas S estrechas y profundas
en II, III, aVF, V1-6.
En los HPRI el eje es muy derecho (mayor de + 110 grados),
el QRS está comprendido entre 0,10 y 0,12”
y son típicos los patrones qR en II, III y aVF, y
rS en I y aVL.
El HARI es más frecuente que el posterior, ya que
el fascículo anterior es anatómicamente más
fino y sólo está irrigado por la coronaria
izquierda, mientras que el posterior es más robusto
y presenta irrigación doble.
Los hemibloqueos pueden asociarse a BCRD. Los bloqueos bifasciculares,
trifasculares (BCRD + hemibloqueo + PR largo) y alternantes
presentan un alto riesgo de evolución a bloqueos
AV de 3º grado distales, con ritmos de escape idioventriculares
y mala tolerancia hemodinámica.
En general, las bradicardias a que dan lugar los bloqueos
no suelen producir síntomas si la frecuencia de escape
es superior a 40 lpm. Con frecuencias menores o siempre
que la bradiarritmia sea sintomática, ha de emplearse
la atropina si el origen del bloqueo es transitorio (estímulo
vagal intenso), o colocarse un marcapasos si el bloqueo
es definitivo.
Síndromes de preexcitación
En condiciones normales, las aurículas
están conectadas eléctricamente con los ventrículos
solo a través del NAV. En ocasiones existen vías
de conducción adicionales que conectan ambas cámaras,
de modo que el estímulo eléctrico puede ser
conducido a través del haz anómalo y despolarizar
a los ventrículos sin detenerse en el NAV. Estas
vías anómalas conducen los estímulos
eléctricos de forma rápida, y pueden hacerlo
en ambos sentidos o sólo en una dirección
(anterógrada o retrógraga). Las vías
que conducen anterógradamente dan lugar a preexcitación
ventricular, la cual tiene reflejo en el ECG de superficie.
Las vías accesorias sin conducción anterógrada
se denominan ocultas, no tienen manifestación en
el ECG de superficie, pero sí pueden participar en
la producción de taquicardias. Otras vías
pueden conducir anterógradamente sólo de forma
intermitente, o en presencia de otras arritmias, pero no
en ritmo sinusal.
Existen tres tipos fundamentales de síndromes de
preexcitación.
Síndrome de Wolff-Parkinson-White
(WPW)
Constituye una anormalidad congénita relativamente
frecuente (3 por mil de la población general), consistente
en la presencia de un haz anómalo (haz de Kent) que
salva el sistema normal de conducción formado por
el nodo AV y el haz de His, y une directamente a las aurículas
con las fibras del miocardio ventricular. Cuando el haz
de Kent conduce anterógradamente el impulso, se produce
una fusión entre la corriente eléctrica provocada
por la vía anómala (onda d), más precoz
pero conducida de forma más lenta, y la provocada
por la vía de conducción normal, más
retrasada pero de morfología normal.
En el ECG, el síndrome de WPW se caracteriza por
tener el intervalo PR corto (< 0,12”), el QRS ancho
(latido de fusión entre la onda d y el QRS normal)
y la repolarización alterada.
La activación del ventrículo a través
del haz de Kent se suele producir de epicardio a endocardio,
por lo que las derivaciones próximas al dicho haz
registraran a la onda d como una onda negativa o Q, lo que
facilita la localización del haz anómalo.
Con frecuencia en un mismo paciente pueden asociarse haces
anómalos en distintas localizaciones, lo que dará
origen a ondas d de distinta morfología.
La vía anómala puede permanecer oculta y no
conducir o ser un hallazgo exclusivamente electrocardiográfico
al conducirse el estímulo anterógradamente
por ambas vías; pero en determinadas ocasiones puede
ser causa de paroxismos recurrentes de taquicardia supraventricular.
A través del haz de Kent puede establecerse un mecanismo
de reentrada con conducción anterógrada por
la vía anómala y retrógrada por la
vía normal, lo que dará lugar a una taquicardia
paroxística de QRS ancho, o con conducción
anterógrada por la vía normal y retrógrada
por el haz de Kent, lo que provocará una taquicardia
paroxística de QRS estrecho. La conducción
anterógrada por el haz anómalo permite respuestas
ventriculares muy elevadas, de forma que las taquiarritmias
auriculares conducidas por este haz son la principal causa
de muerte en estos pacientes. Por tanto, es obligado el
estudio electrofisiológico en todo paciente con un
síndrome de WPW e historia de palpitaciones o taquicardias,
para proceder a la ablación por radiofrecuencia del
haz anómalo. Para el tratamiento de las taquicardias
podrá emplearse el verapamil si el QRS es estrecho,
pero éste estará contraindicado si el QRS
es ancho: En este caso es preferible recurrir a la CVE.
Síndrome de Lown-Ganong-Levine
(LGL)
Obedece a la presencia de un haz anómalo que salta
el NAV, pero que se introduce en el sistema de conducción
intraventricular distal al nodo (haz de James). Por tanto,
no se produce el retraso fisiológico del impulso
en el nodo AV, pero la activación de los ventrículos
se realiza a través del sistema específico
de conducción.
En el ECG, se diagnostica por la presencia de un intervalo
PR corto (< 0,12”), un QRS normal sin onda d y
una repolarización también normal.
Generalmente es un hallazgo del ECG, aunque hace al paciente
propenso a taquicardias supraventriculares por un mecanismo
de reentrada.
Preexcitación por el haz de
Mahaim
Constituyen vías anómalas que conectan el
haz de His con el músculo miocárdico. El estímulo
sufre el retraso fisiológico en el nodo AV, pero
el QRS se ve alterado en su parte inicial por la estimulación
precoz de una porción del miocardio, responsable
de la aparición de una onda d. En el ECG, el intervalo
PR es normal, pero se observa una onda d.
Dado que esta vía anómala no conduce retrógradamente,
su presencia puede dar lugar a taquicardias antidrómicas
con morfología de BCRI, ya que suelen estar conectadas
con la rama derecha del haz de His.
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