Técnicas diagnósticas básicas
Cápitulo3- Electrocardiografía
para el médico de Atención Primaria (III)
ECG en la cardiopatía
isquémica
Isquemia, lesión y necrosis miocárdica
Cuando se ocluye una arteria coronaria epicárdica
por formación de un trombo sobre una placa de ateroma
(causa más frecuente en la clínica), el potencial
de acción transmembrana de los miocitos irrigados
por ese vaso sufre una serie de modificaciones graduales,
hasta que la célula muere y se vuelve eléctricamente
inactiva.
La enfermedad coronaria causará cambios regionales
que serán visibles en las derivaciones cercanas a
la zona de miocardio dañado. Serán visibles,
también, cambios especulares en las derivaciones
opuestas en el espacio. La enfermedad coronaria afecta únicamente
a aquella región del miocardio irrigada por el vaso
obstruido.
La actividad eléctrica de la membrana de los miocitos
consume una gran cantidad de energía, por lo que
es muy sensible a las situaciones de hipoxia miocárdica.
Cuando se reduce el aporte de sangre a una región
miocárdica o aumentan las demandas de oxígeno,
se alteran las funciones metabólicas de los miocitos,
los cuales no pueden mantener la situación eléctrica
de sus membranas. A medida que aumenta el grado de hipoxia
las células isquémicas se lesionan y si esta
situación perdura, las lesiones se hacen irreversibles
y los miocitos mueren, transformándose el miocardio
en una zona “muda” eléctricamente.
La isquemia celular se va a traducir en un potencial de
acción de mala calidad, de menor amplitud y duración,
y con la célula despolarizada en su fase de reposo.
En el ECG estos cambios van a producir alteraciones en la
onda T.
La lesión celular va a conllevar alteraciones más
importantes del potencial de acción, con despolarización
diastólica y que van a traducirse en alteraciones
del ST. La necrosis supone que una zona se hace eléctricamente
inactiva, lo que va a traducirse en modificaciones del complejo
QRS, ya que éste es el resultado de la despolarización
uniforme y sincrónica de ambos ventrículos
por las ramas del haz de His y la red de Purkinje.
La isquemia puede afectar al endocardio
o al epicardio
En una escalera de gravedad hacia la necrosis,
el primer paso lo ocupa la isquemia subendocárdica,
ya que esta región interna está irrigada con
mayor dificultad desde las arterias epicárdicas,
y además sufre mayor compresión durante la
contracción sistólica, estando sujeta también
directamente a la presión diastólica de la
cavidad ventricular. En el subepicardio, el endocardio ventricular
se activa precozmente, a través de la red de Purkinje,
y se repolariza después.
La primera alteración que produce la isquemia es
un retraso en el comienzo de la repolarización en
la zona afectada. Si la zona isquémica es subendocárdica,
la repolarización comenzará en el epicardio,
como ocurre en condiciones normales, dando lugar a una onda
T positiva, estrecha y simétrica, pero más
alta y picuda que la normal, en las derivaciones que recogen
la zona isquémica. Está onda T de isquemia
subendocárdica suele aparecer en los primeros minutos
de la isquemia. Partiendo de la base de que el ECG clínico
es la suma del potencial de acción transmembrana
(PAT) del subendocardio y del subepicardio, podemos deducir
las morfologías electrocardiográficas de isquemia
subendocárdica. En este caso la imagen ECG (onda
T alta y picuda) se explica por la suma del PAT subendocárdico
más largo y que termina más tarde que el PAT
subendocárdico normal con el PAT normal de subepicardio.
Puesto que la zona isquémica es la última
que se repolariza, el vector de repolarización se
dirige de subendocardio a subepicardio. originando la onda
T positiva (alta y picuda) en los electrodos enfrentados
con el subepicardio. El vector de isquemia subendocárdica
“huye” de la zona isquémica (Figura
1).
Cuando la zona isquémica interesa a todo el miocardio
y alcanza al subepicardio, el retraso en la repolarización
de esta zona hace que se invierta el sentido de la repolarización,
que se dirigirá de endocardio a epicardio, produciendo
un vector de sentido contrario al de la despolarización.
Por tanto, en situaciones de isquemia subepicárdica,
la onda T se hace negativa en las derivaciones que exploran
la zona isquémica. En la isquemia, las ondas T presentan
una morfología simétrica con las ramas ascendente
y descendente igualmente rápidas. La imagen ECG de
isquemia subepicárdica (onda T aplanada o negativa)
se explica por un mecanismo parecido al que ocurre en la
isquemia subendocárdica. La onda T negativa se explica
por la suma del PAT más largo de lo normal del subepicardio,
el cual en este caso termina más tarde que el normal
con el PAT normal del subendocardio. Si el retraso es pequeño,
la onda T no será negativa, sino aplanada. Puesto
que la zona isquémica es la última que se
repolariza, el vector de repolarización se dirige
de subepicardio a subendocardio, originando la onda T negativa
en los electrodos enfrentados con el mismo. El vector de
isquemia subepicárdica “huye” también
de la zona isquémica (Figura
2).
La despolarización se produce en forma de dipolo
eléctrico que avanza del endocardio al epicardio
con una cabeza positiva y una cola negativa. Por ello, lleva
una señal positiva de la P o el complejo QRS al electrodo
o derivación al que se acerca. La repolarización
es un dipolo o vector eléctrico de carga invertida
que va del epicardio al endocardio, avanzando con la cabeza
negativa y la cola positiva. La isquemia subendocárdica
no altera el sentido del dipolo, y las ondas T son positivas,
mientras que si existe isquemia subepicárdica, el
sentido de dicho vector cambia y se acerca al subepicardio
haciéndose negativa la onda T. en cualquier caso,
lo que sí se altera es la dirección del dipolo,
que se aleja a la zona con isquemia. El vector eléctrico
de la isquemia huye siempre de la zona isquémica.
Cuando la disminución del flujo
coronario es más severa, se produce la lesión
del miocito
En estas circunstancias la célula
cardiaca es capaz de despolarizarse y repolarizarse, aunque
lo hace de forma incompleta. Al final de la despolarización,
el espacio extracelular que corresponde a la zona lesionada
será menos negativo que el espacio que rodea al miocardio
normal, lo cual da lugar a la producción de vectores
eléctricos en un momento del ciclo cardiaco en el
que, en condiciones normales, no se detecta actividad eléctrica
y que en el ECG corresponde al segmento ST.
Cuando la zona de isquemia es subendocárdica, la
presencia de tejido normal entre el endocardio lesionado
y un electrodo epicárdico situado en la zona lesionada,
hace que dicho electrodo registre una corriente que se aleja,
lo que se traduce en un descenso del ST de distinta intensidad
según el grado de lesión. Por el contrario,
si la lesión afecta al subepicardio o la afectación
es transmural, lo cual es más frecuente, un electrodo
situado inmediatamente por encima del área lesionada
registrará un vector con la carga positiva dirigida
hacia el electrodo, por lo que el ECG mostrará un
ascenso del segmento ST.
Estas morfologías se pueden explicar también
partiendo del concepto de que la morfología del ECG
es la suma de los PAT de subendocardio y subepicardio. En
el caso de lesión subendocárdica la imagen
deriva de la suma del PAT de mala calidad del subendocardio
con el PAT normal de subepicardio. La imagen ECG de lesión
subendocárdica se puede explicar también considerando
que existe, como consecuencia de la diferencia entre el
potencial de superficie de la parte lesionada (menos polarizada,
menos cargada eléctricamente) y la sana (más
polarizada), una corriente de lesión (Figura
3).
Por el contrario, si la lesión afecta al subepicardio
o es transmural, el ascenso del ST se puede explicar por
la suma del PAT normal del subendocardio con el PAT de mala
calidad del subepicardio. También la imagen ECG de
lesión subepicárdica se entiende si se considera
que existe, como consecuencia de la diferencia entre el
potencial de superficie de la parte lesionada (menos polarizada,
menos cargada eléctricamente) y la sana (más
polarizada), una corriente de lesión. (Figura
4).
Si el déficit coronario es severo
y mantenido en el tiempo, el miocardio isquémico
se necrosa
La necrosis es una situación irreversible
en la que los miocitos inviables son incapaces de despolarizarse
y de repolarizarse, es decir, no generan ninguna actividad
eléctrica. En las necrosis que afectan a todo el
espesor del miocardio, el electrodo situado sobre ellas
sólo recogerá los vectores generados en el
resto del endocardio sano, los cuales se alejan de la zona
infartada y producen, por tanto, una deflexión negativa
(onda Q) al principio del QRS. En algunas ocasiones de isquemia
mantenida menos intensas, solo la porción subendocárdica
más alejada de la arteria se necrosa. En estas situaciones,
la presencia de tejido miocárdico eléctricamente
activo situado en el subepicardio, entre la zona infartada
y el electrodo, dará lugar a pequeñas corrientes
dirigidas de endocardio a epicardio que serán recogidas
como pequeñas deflexiones positivas por dichos electrodos.
Aunque la correlación anatómica no se cumple
en todas las ocasiones, los infartos severos que afectan
a todo el espesor ventricular o "transmurales"
suelen generar en el ECG ondas Q patológicas (>0,04
seg., o de una profundidad >25 por ciento de la R siguiente)
(Figura
5) (Tabla 1) o complejos QS; mientras que los infartos
"subendocárdicos", menos importantes, se
manifiestan en el ECG por ondas R amputadas o de poco voltaje.
La despolarización del tabique intraventricular da
lugar al primer vector del QRS, el cual se dirige de izquierda
a derecha, produciendo pequeñas ondas q en las derivaciones
izquierdas (I, II, aVL, V4-6) que hay que diferenciar de
las ondas Q patológicas más anchas y angostas;
no obstante, la presencia de ondas Q de cualquier tamaño
en las derivaciones que habitualmente no las tienen (V1-3),
siempre será patológica. En la derivación
III pueden aparecer ondas Q o complejos QS en condiciones
normales; por lo que su presencia solo se considerará
patológica si se acompaña de ondas Q en II
y aVF.
La necrosis miocárdica puede producir desviaciones
del eje del QRS en el plano frontal, al predominar las fuerzas
eléctricas de la zona no infartada. En los infartos
de la cara inferior, el eje suele estar desviado hacia arriba
y hacia la izquierda, y en los laterales, hacia la derecha.
Patrones electrocardiográficos
El análisis de la cardiopatía
isquémica en el ECG se realiza a través de
la valoración del complejo QRS, de la onda T y del
segmento ST. No obstante, ningún dato electrocardiográfico
es por sí solo patognomónico de cardiopatía
isquémica y un ECG normal tampoco la descarta.
Tanto desde el punto de vista electrocardiográfico
como clínico, la isquemia se manifiesta por dos cuadros:
la angina de pecho, con alteraciones reversibles en el ECG,
y el infarto de miocardio, con alteraciones electrocardiográficas
generalmente permanentes.
Angina miocárdica
Las alteraciones electrocardiográficas
de la angina son reversibles por lo que, en ausencia de
síntomas, el ECG suele ser normal. Las alteraciones
que se describen a continuación aparecen durante
el episodio anginoso, normalizándose el ECG tras
ceder la clínica.
La primera manifestación de la isquemia en el ECG
suele ser la aparición de ondas T altas, simétricas
y de base estrecha. Indican la presencia de isquemia sin
lesión de los miocitos; suelen ser precoces y poco
duraderas, por lo que con frecuencia no se observan en el
ECG. Si la isquemia progresa se produce la lesión
del miocito, en estos casos se alteran la despolarización
y la repolarización, y aparecen respectivamente la
desnivelación del ST y el aplanamiento o la inversión
de la onda T
(Tabla 2).
Cuando existe lesión miocárdica, los electrodos
situados directamente sobre el músculo lesionado
reflejarán ascenso del ST en caso de lesión
transmural, o descenso del ST si existe miocardio sano entre
el electrodo y la zona isquémica (lesión subendocárdica).
Las elevaciones reversibles del ST durante el episodio anginoso
son frecuentes en las anginas por vasoespasmo coronario
(angina de Prizmetal, generalmente durante el reposo nocturno).
Infarto de miocardio
La muerte celular de una zona miocárdica
irrigada por una arteria coronaria es la consecuencia irreversible
de la obstrucción al flujo sanguíneo que le
aporta oxígeno y nutrientes. Aunque no todos los
miocitos sometidos a esa corriente de lesión isquémica
mueren, si lo hacen los que sufren isquemia más grave
y, tardíamente, son sustituidos por tejido fibroso
cicatricial.
En todo infarto de miocardio existe, desde el punto de vista
histológico, un centro de necrosis, rodeado por células
lesionadas y por otra zona periférica de células
isquémicas (Figura
6).
El primer cambio que se detecta es la aparición de
una onda T alta y picuda de isquemia subendocárdica,
seguida de la alteración del segmento ST, como expresión
de la lesión miocárdica (elevación
en caso de lesión subepicárdica y descenso
en la lesión subendocárdica). Posteriormente,
a partir de 6 a 12 horas comienzan a aparecer los cambios
típicos de necrosis en el QRS, en las mismas derivaciones
que presentaron el ST alterado: ondas Q de necrosis en los
infartos con ascenso previo del ST (infartos con ascenso
del ST, con onda Q o transmurales) y amputación de
la R en los que cursaron con descenso (infartos sin ascenso
del ST, sin onda Q o subendocárdicos). Pasadas 48-72
horas comienza a normalizarse el ST y la onda T se aplana
primero y posteriormente se invierte.
Los cambios electrocardiográficos descritos: presencia
de onda Q, ascenso del segmento ST e inversión de
la onda T, aparecen en los derivaciones cuyo electrodo positivo
se sitúa directamente sobre una zona de infarto transmural.
Por el contrario, los electrodos situados en la zona opuesta
a la necrosis, mostrarán alteraciones inversas o
especulares: ondas R altas, descensos del ST y ondas T positivas.
Estos cambios hay que buscarlos activamente en los infartos
inferiores que con frecuencia se asocian a infartos posteriores,
y que dan lugar a las imágenes especulares descritas
en la zona opuesta, recogidas por V1-2.
Los infartos del ventrículo derecho, más raros,
también suelen asociarse a los infartos inferiores;
en este caso, a las alteraciones típicas en las derivaciones
de la cara inferior se asocia la elevación del segmento
ST en las derivaciones V1-2. La sospecha de un infarto del
ventrículo derecho ha de confirmarse buscando las
alteraciones típicas en derivaciones precordiales
derechas (V3R, V4R)
En el infarto, las alteraciones del QRS aparecen de forma
paralela a la negativización progresiva de la onda
T y a la normalización del ST; de forma que la fase
crónica se caracteriza por la presencia de ondas
Q y de ondas T negativas.
Aunque la secuencia más frecuente de las alteraciones
es la descrita, el tiempo de aparición, la secuencia
y la magnitud de los cambios electrocardiográficos
del infarto están sometidos a una gran variabilidad.
La onda Q suele perdurar en el tiempo (> 80 por ciento),
aunque en la actualidad, debido a los tratamientos trombolíticos
y de revascularización de la fase aguda, es frecuente
que disminuya de tamaño o incluso que desaparezca.
En la mitad de los infartos inferiores se produce la disminución
o la desaparición de la onda Q en el plazo de 6-12
meses. En ocasiones, generalmente tras infartos anteriores
muy extensos, el ST puede permanecer crónicamente
elevado, indicando la presencia de una amplia zona ventricular
disquinética o aneurismática (en torno a un
10 por ciento). La onda T puede permanecer negativa mostrando
isquemia subepicárdica (40-50 por ciento de los casos)
durante meses o años y con mayor o menor voltaje
según la evolución, si bien puede llegar a
normalizarse con el tiempo.
Diagnóstico diferencial
Las alteraciones electrocardiográficas
típicas de la cardiopatía isquémica
no son exclusivas de esta patología, sino que pueden
aparecer también en múltiples situaciones,
a la vez que un ECG normal tampoco descarta la presencia
de una isquemia miocárdica. La lectura y la interpretación
del ECG siempre ha de realizarse en el contexto clínico
del paciente. En las Tablas 3, 4, 5, se enumeran las situaciones
que hay que incluir en el diagnóstico diferencial
de las alteraciones electrocardiográficas de la cardiopatía
isquémica.
La HVI puede producir una imagen QS en V1-2, y la hipertrofia
patológica y a menudo asimétrica de la miocardiopatía
hipertrófica, ondas Q anormales en distintas localizaciones.
Los infartos anteriores pueden asociarse a hemibloqueos
anteriores, ya que el fascículo anterior de la rama
izquierda del haz de His está irrigado sólo
por la coronaria izquierda.
El BCRI impide el diagnóstico por ECG del IAM, aunque
ambos pueden y suelen coexistir; debe prestarse especial
atención a la clínica, a los enzimas y a la
presencia de ondas Q en I y aVL (o eventualmente en la cara
inferior si se trata de un infarto inferior) que no aparecen
en el BCRI.
El BCRD no impide el diagnóstico electrocardiográfico
de IAM, ya que no se altera la despolarización del
VI.
Los infartos subendocárdicos cursan sin onda Q y
con descenso prolongado del ST, que no se normaliza al desaparecer
el dolor anginoso.
Los infartos inferiores y posteriores suelen asociarse a
bradicardia, ya que los nodos sinusal y AV están
irrigados por la coronaria derecha y se producen reflejos
vagales (síndrome de bradicardia-hipotensión).
La cardiopatía isquémica es una patología
de diagnóstico eminentemente clínico. El ECG
constituye un medio de diagnóstico imprescindible
para la valoración inicial del dolor precordial,
que debe estar siempre al alcance de todo médico
de AP. No obstante, hay que recordar que ningún dato
del ECG es patognomónico de cardiopatía isquémica,
y que pueden existir tanto angina como infarto en ausencia
de cambios electrocardiográficos típicos.
Por tanto, la actitud frente a un dolor precordial dependerá
fundamentalmente de los condicionantes clínicos:
características del dolor, presencia de factores
de riesgo coronario, etc., y no exclusivamente de los hallazgos
del ECG.
Todo paciente con clínica sospechosa ha de ser derivado
siempre de forma urgente al hospital más cercano,
aun en ausencia de alteraciones típicas en el ECG.
Distribución
del riego coronario. Localización
de las lesiones
El flujo coronario fluye de epicardio a endocardio;
por tanto, las lesiones subendocárdicas se corresponden
con un grado menor de compromiso miocárdico que las
subepicárdicas o transmurales. Durante la sístole,
la contracción de los miocitos colapsa el flujo coronario,
por lo que el aporte de oxígeno a las fibras miocárdicas
se realiza fundamentalmente durante la diástole.
El riego coronario se distribuye por las dos arterias coronarias,
que nacen en la raíz de la aorta, en el seno de las
valvas de la válvula aórtica (Figura
7).
Coronaria izquierda (CI)
Descendente anterior (DA):
Septo interventricular, en su mayor parte.
Pared antero-lateral y ápex del VI.
Sistema de conducción intraventricular.
Circunfleja:
Pared póstero-lateral del VI.
Aurícula izquierda.
Nodo sinusal (40 por ciento).
Dominante en el 10 por ciento de la población (origen
de la descendente posterior).
Coronaria derecha (CD)
Descendente posterior (dominante en el 90 por ciento de
la población):
Porción posterior del septo interventricular.
Pared posterior del VI.
VD y AD.
Nodo sinusal (60 por ciento).
Nodo AV (90 por ciento).
Apoya a la CI en la irrigación del sistema de conducción
ventricular (el fascículo anterior de la rama izquierda
está irrigado sólo por la DA).
En el ECG, según qué derivaciones muestren
las alteraciones descritas, se puede establecer una aproximación
a la localización de la coronaria lesionada y de
la zona de miocardio afectada:
Descendente anterior
Antero-septal: V1-3.
Antero-apical: I; II; III; V3-4.
Circunfleja
Antero-lateral: V4-6.
Lateral alta: I, aVL.
Coronaria derecha o circunfleja,
según dominancia
Diafragmática o inferior: II; III; aVF.
Posterior: imagen especular en V1-3.
Las lesiones puras del VD, por obstrucción de la
CD, son muy raras; generalmente suelen acompañar
a las lesiones inferiores y posteriores. Si se sospechan
clínicamente, hay que hacer registros con electrodos
precordiales derechos.
La Tabla 6 resume las diferentes localizaciones del infarto
agudo de miocardio según el ECG.
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