Técnicas diagnósticas básicas
Cápitulo3- Electrocardiografía
para el médico de Atención Primaria (III)
ECG EN LA PERICARDITIS
Es una de las causas más frecuentes
de alteraciones de la repolarización, y siempre debe
sospecharse ante un paciente joven, con dolor torácico
y alteraciones de la repolarización generalizadas
en el electrocardiograma.
El ECG es la prueba más importante para el diagnóstico
de una pericarditis aguda. Igual que sucede con el roce
pericárdico, los cambios del ECG en la pericarditis
aguda pueden ser dinámicos. Los registros frecuentes
suelen llevar al diagnóstico en pacientes con sospecha
de pericarditis que no presentan inicialmente un roce pericárdico
ni elevación de ST.
Las alteraciones electrocardiográficas de la pericarditis
aguda son evolutivas y cursan en cuatro fases:
I. Elevación difusa ST de concavidad
superior, sin imágenes especulares. Se observa en
todas las derivaciones, excepto en aVR (y, en ocasiones,
aVL, V1 y V2). En esta primera fase, la onda T es positiva.
Estas alteraciones duran entre dos días y dos semanas.
II. Normalización progresiva del ST en varios días,
con aplanamiento de la T.
III. Inversión de la onda T en la mayor parte de
las derivaciones (igual que la elevación del ST).
En la pericarditis no aparecen ondas Q, ni las ondas R pierden
amplitud, como ocurre en el infarto de miocardio.
IV. Normalización total del ECG, puede tardar semanas
o incluso meses.
En el 80 por ciento de los pacientes con pericarditis aguda
aparece una depresión difusa del segmento PR que
algunas veces precede a las alteraciones de la repolarización
ventricular. En algunos casos no se asocia a elevación
de ST y puede ser la manifestación inicial en el
ECG de una pericarditis aguda. Por tanto, encontrar esta
alteración puede resultar útil en casos de
pericarditis sin roce ni elevación de ST (Figura
8). En un 20 por ciento de los pacientes se detectan arritmias,
sobre todo de origen supraventricular (taquicardia o bradicardia
sinusal, taquicardia paroxística supraventricular,
aleteo o fibrilación auriculares). La presencia de
bloqueo ventricular o taquiarritmias ventriculares sugiere
la propagación del proceso inflamatorio hacia el
miocardio, o bien la asociación con isquemia miocárdica.
En el seno de una pericarditis, los complejos QRS de bajo
voltaje sugieren derrame pericárdico moderado. En
caso de derrames importantes, con taponamiento, es frecuente
la presencia de alternancia eléctrica de los complejos
que se evidencia como variaciones latido a latido en el
voltaje de los QRS y de la P. (Figura
9).
En pacientes que acuden de forma tardía desde la
aparición de los síntomas puede resultar difícil
distinguir estos cambios del ECG de una isquemia miocárdica
(Tabla
7).
ECG EN LA EMBOLIA DE PULMÓN
En la embolia pulmonar (EP) se produce
una sobrecarga aguda del VD que se traduce en alteraciones
del ECG en el 85 por ciento de los casos, aunque un ECG
normal no excluye su presencia. Las alteraciones son transitorias
y reversibles, por lo que es muy importante contar con registros
previos, incluyen:
1. Taquicardia sinusal, fibrilación auricular.
2. Desviación derecha del eje.
3. Inversión de la T y descenso del ST en derivaciones
derechas.
4. BCRD
5. R altas en V1 y S profundas en I y aVL.
6. Patrón SI-QIII-TIII (de McGinn-White), específico,
pero poco frecuente (25 por ciento).
7. Signos claros de crecimiento ventricular derecho y onda
P pulmonale en pocos pacientes.
Aunque no existe una buena correlación entre los
hallazgos del ECG y el grado de obstrucción (embolia
pulmonar masiva o submasiva), las alteraciones electrocardiográficas
son más frecuentes y características en la
embolia pulmonar masiva y en los pacientes con cardiopatía
previa.
En un paciente con ECG previo normal, la aparición
de un patrón electrocardiográfico de sobrecarga
aguda del VD con clínica sospechosa, o sólo
en presencia de factores de riesgo, obliga a remitirlo al
hospital para descartar una EP (Figura 10).
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